San Francisco aprobó una moratoria inmediata de 45 días para nuevos centros de datos, con posibilidad de extenderla hasta 22 meses, mientras revisa sus efectos sobre la energía, el agua, la calidad del aire y las comunidades. La decisión deja en pausa dos proyectos y contrasta con Europa, donde varias jurisdicciones también han frenado instalaciones por límites de la red, aunque la región busca ampliar la capacidad que necesita.
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- La junta de supervisores de San Francisco aprobó por unanimidad una moratoria de 45 días que podría extenderse hasta 22 meses.
- La pausa alcanza un sitio de NOVVA en Bayview y un proyecto de 49,5 MW en Dogpatch, mientras la ciudad estudia impactos ambientales y comunitarios.
- Europa también enfrenta tensiones entre consumo eléctrico y expansión: la Comisión Europea busca triplicar la capacidad de centros de datos en los próximos años.
⚡ San Francisco pausa nuevos centros de datos
La moratoria dura 45 días y podría extenderse hasta 22 meses. Afecta dos proyectos.
La ciudad evaluará consumo de energía y agua, calidad del aire e impacto comunitario.
Europa busca triplicar su capacidad, pero enfrenta límites… pic.twitter.com/zRRF4EU2ti
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 7, 2026
San Francisco, sede de OpenAI y Anthropic, suspendió temporalmente la aprobación de nuevos centros de datos mientras sus autoridades examinan las consecuencias de estas instalaciones. La junta de supervisores votó por unanimidad una moratoria de 45 días el martes 6 de octubre, con posibilidad de extenderla hasta 22 meses, y ordenó estudiar el consumo de energía y agua, la calidad del aire, el uso del suelo y el impacto comunitario.
La medida alcanza dos proyectos en una ciudad donde, según reportes citados por The Next Web, no existe un registro exhaustivo de cuántos centros de datos operan actualmente. El caso también refleja una tensión más amplia: mientras algunas jurisdicciones frenan proyectos por sus efectos locales o por falta de electricidad, Europa intenta acelerar una expansión de infraestructura que considera necesaria.
Una pausa para evaluar los efectos locales
El supervisor Shamann Walton, representante del Distrito 10, redactó la medida, que recibió el respaldo de Connie Chan, Jackie Fielder y Cheyenne Chen. La moratoria comenzó a regir de inmediato tras la votación del martes, y los funcionarios de planificación deberán analizar los posibles efectos antes de una audiencia sobre sus hallazgos prevista para noviembre.
“Necesitamos saber cuáles son estos impactos”, dijo Walton, según la información publicada por Mission Local. El supervisor sostuvo que, mientras la ciudad no tenga claridad sobre las consecuencias, el desarrollo debe detenerse; la revisión no se limita a la disponibilidad eléctrica, sino que abarca también el agua, el aire, el uso de terrenos y la relación con los vecindarios.
Uno de los proyectos afectados corresponde al sitio de NOVVA en 400 Paul Avenue, en Bayview. La instalación tenía 9 MW operativos en el verano de 2026 y prevé alcanzar una carga crítica de 36 MW, de acuerdo con datos de seguimiento de centros de datos. La pausa deja en suspenso esa expansión prevista.
El segundo caso se encuentra en Dogpatch, donde se proyecta un edificio de 49,5 MW junto al agua. En agosto, un representante de una firma de capital privado que promociona el proyecto se reunió con dos integrantes del equipo del alcalde Daniel Lurie, según informó San Francisco Standard. La moratoria introduce ahora una revisión municipal antes de que el proyecto pueda avanzar.
Los patrocinadores de la medida señalaron que Bayview-Hunters Point ya soporta una carga de contaminación del aire. El planteamiento sitúa el debate sobre centros de datos más allá de la infraestructura digital: también pregunta cómo se distribuyen los costos ambientales de instalaciones que requieren energía, agua y espacio en zonas habitadas.
La ciudad carece de un inventario completo
La falta de un registro exhaustivo dificulta medir el alcance de la industria local y establecer una base común para las decisiones de planificación. Bloomberg encontró que San Francisco no cuenta con una lista integral de centros de datos, mientras San Francisco Standard contabilizó seis sitios; esa diferencia de alcance deja a las autoridades sin una cifra definitiva en el material disponible.
La incertidumbre no significa que la ciudad carezca de instalaciones, sino que no dispone de un inventario completo que reúna todos los emplazamientos. Esa carencia puede complicar la evaluación acumulada de necesidades eléctricas, uso de agua y efectos sobre el aire, precisamente los asuntos que el municipio incorporó a la revisión ordenada por la moratoria.
La pausa tampoco equivale a una prohibición permanente de los centros de datos ni anuncia el cierre de instalaciones existentes. Su alcance inmediato consiste en frenar nuevas aprobaciones durante 45 días, con una posible extensión de hasta 22 meses, periodo en el que la ciudad prevé examinar los efectos antes de decidir cómo proceder.
En ese sentido, la audiencia de noviembre será una instancia para exponer los hallazgos de planificación, no una conclusión anticipada sobre el futuro de cada proyecto. La medida deja abierta la posibilidad de que la evaluación municipal determine condiciones, impactos o necesidades que hoy no están documentados de forma completa.
Europa enfrenta el dilema opuesto
Europa llegó antes a restricciones para centros de datos, aunque inicialmente por motivos vinculados a la capacidad de la red eléctrica. En 2024, el South Dublin County Council rechazó una tercera instalación de Google en Grange Castle porque consideró insuficiente la capacidad disponible, una decisión que contrasta con el énfasis de San Francisco en evaluar también la calidad del aire y los efectos sobre las comunidades.
Las cifras irlandesas ayudan a dimensionar la preocupación: los centros de datos consumieron el 23% de la electricidad medida del país en 2025, frente al 5% en 2015. La Oficina Central de Estadísticas de Irlanda indicó además que su consumo superó al de todos los hogares urbanos combinados, una proporción que vuelve más visible el peso de estas instalaciones en el sistema eléctrico nacional.
Dinamarca tomó una decisión más amplia al detener este año todos los nuevos acuerdos de conexión a la red mediante su operador, Energinet. La cola de solicitudes ronda los 60 GW, frente a una demanda máxima nacional de 7 GW, una diferencia que muestra la distancia entre las peticiones de capacidad y el tamaño del pico de consumo del país.
Sin embargo, el problema europeo no se reduce a limitar conexiones: la región también enfrenta dificultades para construir con la rapidez que necesita. El proyecto de Nscale en Essex, valorado en GBP 2.000 millones y con Microsoft como cliente ancla, no puede obtener 90 MW a tiempo para su apertura prevista en 2027; algunas esperas para conectarse a la red británica rondan una década.
La expansión de la IA eleva la presión
Ese cambio de escenario explica el contraste entre las decisiones de San Francisco y las necesidades de Europa. En la ciudad californiana, las autoridades suspenden nuevos desarrollos para estudiar impactos locales y contar mejor las instalaciones; en el Reino Unido, la dificultad para asegurar electricidad amenaza los plazos de un proyecto que ya tiene una fecha prevista de apertura.
La Comisión Europea quiere triplicar la capacidad de los centros de datos del continente en un plazo de cinco a siete años. La meta, que elevaría la capacidad eléctrica del sector desde unos 12 GW hasta más de 27 GW antes de que termine la década, requeriría aproximadamente EUR 200.000 millones de inversión privada, según información publicada por DiarioBitcoin. El objetivo coloca a la infraestructura digital en el centro de una disyuntiva: ampliar la capacidad necesaria para procesar más actividad tecnológica y, al mismo tiempo, gestionar las restricciones físicas de la energía.
La moratoria de San Francisco no resuelve esa tensión a escala global, pero vuelve concretas las preguntas que acompañan a la expansión: cuánta electricidad y agua demanda cada desarrollo, qué efectos puede tener sobre el aire y cómo se reparte su impacto entre los vecindarios. La respuesta municipal dependerá de los estudios que encargó y de la información que logre reunir sobre los centros ya instalados.
Por ahora, dos proyectos permanecen en pausa y la ciudad tiene hasta noviembre para presentar hallazgos en una audiencia prevista. El contraste con Europa no ofrece una salida única: allí, frenar conexiones puede responder a la falta de capacidad eléctrica, mientras que en San Francisco la decisión busca medir primero los costos locales de seguir construyendo.
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