Por Canuto  

Un joven gestor que se volvió una referencia del boom de la inteligencia artificial sorprendió al mercado con una rotación agresiva: tomó cerca de USD $8.000 millones en posiciones cortas contra grandes nombres del ecosistema de chips, mientras reforzó apuestas en energía, memoria, centros de datos y hasta mineras de Bitcoin reconvertidas para IA.
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  • El fondo elevó sus posiciones bajistas contra Nvidia, AMD, Broadcom, Intel, Micron, ASML y otras firmas del sector semiconductor.
  • Al mismo tiempo, mantuvo o aumentó exposición en CoreWeave, Bloom Energy, Applied Digital, IREN, CleanSpark y Riot Platforms.
  • La tesis central apunta a que el cuello de botella de la IA ya no está en los chips, sino en la energía, la memoria y la infraestructura física.


Uno de los nombres más seguidos del auge bursátil vinculado a la inteligencia artificial ha dado un giro que no pasó desapercibido en Wall Street. Leopold Aschenbrenner, presentado como ex investigador de OpenAI y gestor de un fondo que habría pasado de cerca de USD $220.000.000 a unos USD $14.000.000.000 en valor nocional en menos de dos años, apareció con una postura mucho más defensiva frente al segmento más celebrado del mercado.

De acuerdo con el análisis expuesto en The Best AI Investor Just Shorted the Entire Market, del canal Limitless Podcast, el inversionista montó una exposición corta de aproximadamente USD $8.000.000.000 contra varios de los mayores nombres del negocio de semiconductores y diseño de chips para IA. La lista incluye a Nvidia, AMD, Broadcom, Oracle, Micron, ASML, Intel y Corning, entre otras compañías.

La maniobra resulta llamativa porque llega tras uno de los ciclos alcistas más intensos del sector tecnológico reciente. Durante los últimos dos años, el entusiasmo por la IA empujó con fuerza a las empresas ligadas a GPUs, aceleradores, memoria y centros de datos, y buena parte del alza del mercado estadounidense se concentró en un pequeño grupo de gigantes tecnológicos.

El cambio, sin embargo, no equivale a una salida total del tema IA. Más bien sugiere una rotación interna dentro de la misma tesis. En vez de seguir favoreciendo de forma casi exclusiva a los diseñadores de chips, el fondo parece estar apostando a que la siguiente fase del crecimiento dependerá más de la energía, la memoria y la capacidad física para desplegar infraestructura computacional.

Un corto agresivo contra la cadena de semiconductores

La posición más visible dentro del libro bajista apunta a Nvidia. Según el desglose comentado, la firma tendría alrededor de USD $1.500.000.000 de exposición corta directa sobre el fabricante, a través de opciones put. Ese tipo de instrumento otorga el derecho, pero no la obligación, de vender el activo subyacente a un precio predeterminado si la cotización cae.

Por encima de Nvidia aparece además una apuesta bajista de unos USD $2.000.000.000 sobre el ETF de semiconductores VanEck Semiconductor ETF, identificado por el ticker SMH. Como Nvidia representa cerca del 20% de dicho fondo cotizado, la exposición total efectiva contra la empresa se acercaría a unos USD $1.900.000.000, al combinar ambos frentes.

La relevancia de esa cifra va más allá del tamaño. Nvidia se consolidó como el emblema bursátil de la revolución de la IA y como la mayor empresa del mundo por capitalización en este ciclo. Por eso, ponerse en su contra implica cuestionar al menos una parte del consenso dominante en el mercado, que ha tratado a la compañía como un activo casi imposible de frenar.

La lista de ventas en corto también alcanzó a firmas que han sido pilares del ecosistema. Broadcom, muy asociada a la infraestructura tecnológica de grandes proyectos de IA, quedó dentro de las posiciones nuevas. Intel, una acción que según los presentadores llegó a ser una de las operaciones más lucrativas en la historia del fondo, también aparece ahora en el lado bajista.

La agresividad del movimiento se vuelve aún más notoria frente al tamaño original del fondo. El comentario del programa señala que la exposición corta actual es cerca de 40 veces superior al valor que tenía el vehículo de inversión apenas 18 meses atrás. Aun así, parte de esa cifra debe leerse con cautela, ya que las opciones representan apuestas apalancadas y no el capital desembolsado en su totalidad.

La tesis no abandona la IA, pero sí cambia de cuello de botella

Para entender el giro, conviene separar el juicio sobre las empresas del juicio sobre el sector. Los analistas de Limitless Podcast sostienen que Aschenbrenner no necesariamente se volvió bajista en inteligencia artificial a largo plazo. Lo que estaría cuestionando es la saturación del trade en semiconductores y diseño de chips, un rincón del mercado que, a su juicio, podría estar demasiado concurrido y sobrevalorado.

La nueva lectura es que el obstáculo ya no se encuentra únicamente en conseguir GPUs. El cuello de botella habría migrado hacia la electricidad, la conexión a la red, la memoria y la infraestructura física necesaria para alojar y operar clústeres de cómputo a gran escala. En otras palabras, el mercado habría pasado de un problema de silicio a un problema de electrones.

Esa idea cambia el foco del dinero. Si antes la mayor prima se concentraba en diseñadores como Nvidia, AMD o Broadcom, ahora podría desplazarse hacia empresas que controlen permisos energéticos, acceso a red, despliegue de data centers o capacidad de memoria especializada. Bajo esa lógica, el verdadero activo escaso sería la infraestructura utilizable, no solo el chip más avanzado.

La lectura también sirve para explicar por qué el fondo puede mostrarse corto en algunas capas del stack y seguir largo en otras. Si el negocio de diseño se enfría por múltiplos exigentes o por más competencia, pero la demanda de computación sigue creciendo, entonces la siguiente rentabilidad extraordinaria podría capturarse en compañías que hagan posible encender y operar esas máquinas.

Las apuestas largas: energía, neocloud, memoria y centros de datos

Dentro del lado alcista del portafolio se mantiene CoreWeave, una de las posiciones emblemáticas del fondo. La empresa ha sido vista como un jugador central del segmento neocloud, enfocado en aprovisionar GPUs y capacidad computacional para grandes laboratorios de IA. Según el análisis del programa, Aschenbrenner también participó en operaciones relacionadas con Core Scientific, lo que reforzaría esa exposición a infraestructura.

Otra posición importante es Bloom Energy. La compañía, conocida por sus soluciones energéticas portátiles, fue descrita como un proveedor capaz de llevar generación de energía a donde estén los centros de datos. Esa característica cobra relevancia en un momento en que la red eléctrica estadounidense es señalada como una limitación práctica para activar grandes volúmenes de hardware.

El fondo habría reducido cerca de USD $1.000.000.000 de esa posición, aunque todavía conservaría algo más de USD $1.000.000.000 en acciones de Bloom Energy. El ajuste, según el programa, tendría sentido tras una apreciación muy fuerte del valor en pocos meses, pasando de cerca de USD $800.000.000 a unos USD $2.500.000.000 en valor potencial.

También se mencionan aumentos en compañías como CleanSpark, Riot Platforms, Applied Digital e IREN. Esos nombres conectan con el universo de centros de datos y capacidad energética, pero también con un ángulo especialmente interesante para la audiencia cripto: varias de esas firmas vienen del negocio de minería de Bitcoin o tienen vínculos directos con infraestructura ya desplegada para esa actividad.

En memoria, el programa destaca un refuerzo en SanDisk. Los presentadores afirman que el valor se ha disparado de forma extraordinaria en el último año y subrayan su papel en NAND flash, una tecnología usada para almacenamiento. Su tesis es que el negocio de memoria no estaría tan saturado como el de chips de cómputo, o al menos seguiría capturando una parte creciente del valor en la cadena de IA.

El giro también devuelve a escena a las mineras de Bitcoin

Uno de los elementos más llamativos del análisis es la lectura sobre las mineras de Bitcoin en Estados Unidos. El argumento es que muchas de estas empresas ya cuentan con un recurso escaso para la nueva economía de la IA: acceso real a energía, capacidad de interconexión y espacio físico para cómputo intensivo.

Según los datos comentados en el programa, los mineros estadounidenses de Bitcoin pondrían en línea cerca de 30 gigavatios de capacidad de energía interconectada durante este año. La comparación utilizada es contundente: se trata de una magnitud cercana a lo anunciado de forma combinada por Microsoft, Google, Amazon y Meta.

La tesis es sencilla, pero poderosa. Cuando el dinero rota desde minería hacia IA, muchas de esas empresas no parten desde cero. Ya tienen suelo industrial, contratos energéticos, centros de datos y experiencia operativa. Lo único que necesitan en algunos casos es adaptar o sustituir parte del hardware para prestar servicios ligados a inteligencia artificial.

Para el mercado cripto, esta visión refuerza una narrativa que ha ganado terreno desde 2024. La minería de Bitcoin ya no solo se analiza por el precio de BTC o por el halving, sino también por su potencial para transformarse en proveedor de infraestructura para cargas de IA. Si esa tendencia se acelera, el valor de ciertos operadores podría empezar a depender tanto de sus megavatios como de sus bitcoins.

Riesgos, dudas y límites del mensaje para inversionistas minoristas

Pese al impacto del movimiento, el propio análisis advierte que una declaración trimestral tipo 13F es apenas una foto del cierre de un período anterior. En este caso, refleja posiciones mantenidas entre el 1 de enero y el 31 de marzo. Eso significa que el gestor pudo haber modificado parte relevante de su libro en semanas posteriores.

También hay dudas evidentes sobre el timing. Uno de los ejemplos citados es AMD, acción que habría subido 74% en el último mes pese a figurar entre las posiciones cortas. ASML también sorprende, dado que sigue siendo vista por muchos inversores como un monopolio práctico en litografía avanzada. Esos casos alimentan la idea de que la tesis puede estar correcta en dirección general, pero no necesariamente en su ejecución inmediata.

Otro punto delicado es Nvidia. Los propios presentadores admiten escepticismo ante una apuesta bajista tan grande contra una firma con márgenes muy altos, fuerte demanda de Blackwell y una ventaja competitiva reforzada por CUDA, su ecosistema de software. Si esa barrera resulta más durable de lo que supone el fondo, el corto podría sufrir bastante.

En paralelo, el programa cita mercados de predicción para matizar una lectura excesivamente dramática. Según esos contratos, la probabilidad de que la burbuja de IA estalle antes del 31 de diciembre sería de 24%. Además, la probabilidad de que Nvidia siga siendo la empresa más grande del mundo a finales de mayo se ubicaba en 93%.

Para el inversionista minorista, el mensaje no es copiar ciegamente la cartera de un hedge fund. Más bien sugiere vigilar la siguiente etapa del ciclo. Si la IA sigue creciendo, la pregunta ya no sería solo qué chip comprarán los laboratorios, sino quién podrá alimentarlos con electricidad, alojarlos en centros de datos y sostener el flujo de memoria y almacenamiento que exige esa expansión.

En ese sentido, la rotación planteada por Aschenbrenner no niega el futuro de la inteligencia artificial. Lo que hace es desplazar la discusión hacia los activos físicos, la infraestructura crítica y las empresas que controlan cuellos de botella menos visibles. Para cripto, eso incluye un dato cada vez más relevante: los mineros de Bitcoin podrían convertirse en una de las piezas inesperadas del siguiente capítulo del boom de la IA.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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