Por Canuto  

Los precios del petróleo cayeron ligeramente el viernes, pero se encaminaban a una sólida ganancia semanal ante el deterioro de la seguridad en el estrecho de Ormuz. La nueva escalada entre Estados Unidos e Irán elevó la prima de riesgo y volvió a poner en duda las previsiones de abundancia para el mercado energético global.
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  • El Brent bajó USD $0,19 y quedó en USD $76,11, mientras el WTI cedió USD $0,21 hasta USD $71,87.
  • Pese al retroceso diario, el Brent apuntaba a una ganancia semanal cercana al 6% y el WTI a un avance de alrededor del 5%.
  • El tráfico de tanqueros por el estrecho de Ormuz quedó casi paralizado, en medio de ataques, explosiones y mayor tensión entre EE. UU. e Irán.


Los precios del petróleo retrocedieron el viernes, pero seguían en camino a cerrar la semana con ganancias importantes. El mercado continuó incorporando una fuerte prima de riesgo por la interrupción del tránsito energético en el estrecho de Ormuz.

El Brent bajó USD $0,19, equivalente a 0,3%, hasta USD $76,11 por barril hacia las 10:07 GMT. El crudo West Texas Intermediate de Estados Unidos cayó USD $0,21, también 0,3%, hasta USD $71,87.

Aun con esa baja intradía, el balance semanal seguía siendo positivo para ambos contratos. El Brent se perfilaba para ganar cerca de 6% en la semana y el WTI alrededor de 5%.

El trasfondo del movimiento es geopolítico y logístico al mismo tiempo. La renovada confrontación entre Estados Unidos e Irán interrumpió el transporte marítimo en una de las rutas energéticas más sensibles del planeta.

Para lectores menos familiarizados con el tema, el estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con mercados internacionales y es clave para el flujo mundial de crudo y gas. Antes del inicio de la guerra el 28 de febrero, por esa vía circulaba cerca de 20% de los suministros diarios globales de petróleo y gas.

La prima de riesgo vuelve a dominar al mercado

La caída del viernes no eliminó la tensión acumulada durante la semana. Más bien reflejó una toma de ganancias parcial luego de los máximos vistos a mitad de semana.

Vandana Hari, de Vanda Insights, dijo que los precios se han alejado de esos picos recientes, pero que sigue existiendo una prima de riesgo sustancial. Su argumento central fue que las transacciones en Ormuz han vuelto casi a un punto de parálisis.

Según la analista, no existen señales claras sobre cuándo podría restablecerse la normalidad en la ruta marítima. Ese elemento es crucial porque el mercado energético reacciona no solo a daños concretos, sino también a la incertidumbre sobre su duración.

Reuters reportó que el tráfico de tanqueros por el estrecho estaba casi paralizado el jueves, de acuerdo con datos de seguimiento de barcos. Los propietarios de los buques seguían evaluando el riesgo tras los ataques recientes.

Ese freno operativo tiene un efecto inmediato en la formación de precios. Si los cargamentos no pueden cruzar con normalidad, el mercado descuenta posibles demoras, mayores costos de seguro y menor disponibilidad en destinos clave.

En otras palabras, aunque el suministro físico no haya colapsado por completo, la sola amenaza sobre el corredor marítimo ya alcanza para sostener al alza los futuros. Eso explica por qué una baja diaria moderada no cambió el tono semanal del mercado.

Escalada militar y nuevos incidentes en el Golfo

La tensión empeoró después de que las fuerzas armadas iraníes lanzaran ataques contra infraestructura militar de Estados Unidos en estados del Golfo el jueves. Esa acción llegó tras bombardeos estadounidenses en provincias costeras del sur y del este de Irán.

El choque añadió presión sobre un alto el fuego que ya era descrito como frágil. En este tipo de contextos, los operadores suelen reaccionar con rapidez porque cualquier deterioro militar puede alterar rutas, puertos o coberturas de seguros.

Por separado, medios iraníes informaron sobre múltiples explosiones en el sur de Irán. Esa zona incluía Bushehr, donde se encuentra una de las plantas nucleares del país.

La sensibilidad del mercado se explica por la combinación de factores militares y energéticos en una misma región. Una escalada cerca de instalaciones estratégicas eleva el temor a daños colaterales, represalias o nuevos cuellos de botella logísticos.

También se conoció que Irán atacó a un buque de gas natural licuado de Qatar que salía de la ruta marítima cerca de Omán. Ese episodio, según la cobertura citada, provocó los ataques más recientes y agravó la percepción de riesgo para la navegación comercial.

El impacto va más allá del petróleo. Cuando una zona crítica para crudo y gas entra en estrés militar, los mercados energéticos tienden a moverse juntos, ya que los actores de la cadena temen disrupciones cruzadas.

Ormuz, el cuello de botella que inquieta al sistema energético

El estrecho de Ormuz tiene una importancia desproporcionada para el comercio energético global. Su valor estratégico proviene de que concentra un volumen enorme de exportaciones en un paso marítimo angosto.

Antes del inicio de la guerra el 28 de febrero, por allí transitaba aproximadamente 20% de los suministros diarios globales de petróleo y gas. Cualquier caída material en ese flujo altera expectativas sobre disponibilidad, tiempos de entrega y costos de transporte.

Los datos de seguimiento de embarcaciones mostraron que el tránsito de tanqueros estaba casi detenido el jueves. Esa imagen de inmovilidad fue suficiente para reforzar la idea de que el mercado enfrenta un shock de fricción, aunque sea temporal.

Giovanni Staunovo, analista de UBS, señaló que la ausencia de nuevos ataques de Estados Unidos contra Irán durante la noche probablemente pesó sobre los precios del viernes. Sin embargo, añadió que la caída en los flujos a través de Ormuz limita la presión bajista.

Esa observación resume bien el equilibrio actual del mercado. Por un lado, la falta de una escalada inmediata puede aliviar momentáneamente a los operadores; por otro, el bloqueo de hecho sobre la ruta impide una corrección más profunda.

Para inversionistas que también siguen activos como acciones energéticas, divisas o incluso Bitcoin, este tipo de evento sirve como recordatorio de cómo la geopolítica puede trasladarse rápidamente al precio de los commodities. Cuando sube la volatilidad del crudo, también suelen ajustarse las expectativas sobre inflación, tasas y apetito por riesgo.

Qué dicen la AIE, Trump y los estrategas del mercado

La reciente escalada entre Estados Unidos e Irán podría poner en peligro la previsión de la Agencia Internacional de Energía sobre un importante excedente en el mercado petrolero el próximo año. Ese señalamiento introduce una variable estructural más allá del ruido diario.

Si la interrupción en Ormuz se extiende o se intensifica, la idea de un mercado ampliamente abastecido en 2027 podría requerir ajustes. En los mercados de materias primas, las expectativas futuras cambian con rapidez cuando aparece una amenaza real sobre rutas de exportación.

El presidente Donald Trump dijo esta semana que no creía que la guerra se reiniciara. También afirmó que “cualquier cosa que suceda será muy rápido”.

Ese comentario fue interpretado en medio de un entorno cargado de ambigüedad. La frase no eliminó el nerviosismo, pero sí convivió con una percepción de que Washington estaba calibrando el alcance de su respuesta militar.

Daniel Hynes, estratega de materias primas de ANZ, sostuvo que el mercado halló cierto alivio en la decisión de la administración Trump de evitar ataques contra la infraestructura energética iraní. Ese matiz ayuda a explicar por qué los precios no se dispararon aún más.

La lógica es clara: castigar objetivos militares y evitar activos energéticos reduce, al menos por ahora, la probabilidad de una interrupción total del suministro regional. Aun así, con Ormuz semiparalizado, el alivio sigue siendo relativo y frágil.

Lectura de mercado y posibles implicaciones

El comportamiento del viernes sugiere que el mercado está intentando valorar dos fuerzas opuestas al mismo tiempo. Una es la ausencia de una escalada adicional inmediata; la otra es la persistencia de un cuello de botella crítico en el transporte marítimo.

Mientras ese balance no se resuelva, es probable que continúe la volatilidad en el petróleo. Los futuros seguirán reaccionando a titulares sobre ataques, tráfico naval, seguros marítimos y señales diplomáticas.

Para los operadores financieros, el alza semanal de 6% en Brent y de 5% en WTI no es un simple rebote técnico. Refleja una reevaluación del riesgo de suministro en una zona que sigue siendo central para el mapa energético global.

También vale notar que el mercado no respondió solo a destrucción física de infraestructura. Gran parte de la presión vino del deterioro operativo y del temor a que los armadores, por prudencia, mantengan limitados los cruces por la ruta.

Si la normalidad no regresa pronto a Ormuz, el foco pasará de la reacción inicial a la duración del trastorno logístico. Ese cambio es importante porque los precios suelen soportar mejor un shock breve que una interrupción sostenida.

Por ahora, el mensaje principal es que el mercado petrolero conserva una prima geopolítica relevante. Aunque el viernes cerró con bajas moderadas, la semana terminó dominada por el miedo a una disrupción más profunda del suministro en Medio Oriente.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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