Mientras el mercado teme que la inteligencia artificial destruya los negocios de datos y software, dos inversores legendarios toman posiciones en S&P Global y Adobe. ¿Qué ven que el resto no?
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- Bill Ackman compró acciones de S&P Global, que cae 15% en el año, argumentando que el miedo a la IA está mal dirigido.
- Michael Burry invirtió en Adobe, que cae 23%, pues su foso no es solo el software sino el flujo de trabajo y su IA con derechos.
- Ambas acciones ofrecen valor tras el castigo, pero los analistas advierten sobre riesgos como el crédito privado y la conversión de usuarios gratuitos.
En el mundo de las inversiones, pocos nombres generan tanta atención como Michael Burry y Bill Ackman. Mientras el mercado sigue obsesionado con Nvidia y el frenesí de la inteligencia artificial, estos dos multimillonarios han decidido tomar un camino opuesto: comprar acciones castigadas por el pánico tecnológico. La lógica detrás de sus movimientos es que el miedo a que la IA destruya negocios centenarios es exagerado, y las caídas han creado oportunidades de valor.
Según una publicación financiera que reportó los movimientos, Ackman reveló en su carta a inversores que compró acciones de S&P Global (NYSE:SPGI), mientras que Burry, a través de su firma Scion Asset Management, tomó una posición en Adobe (NASDAQ:ADBE). Ambas empresas han sufrido retrocesos significativos en 2026, pero los inversores creen que los temores están mal dirigidos. La pregunta que muchos se hacen es si estos movimientos son señales de que el mercado ha reaccionado en exceso o si hay razones para evitar estas acciones.
El contexto: el miedo a la IA como factor de caída
El pánico se desató por la creencia de que la inteligencia artificial generativa hará obsoletos los productos de compañías que cobran por contenido o software. S&P Global vende datos financieros y análisis, y Adobe domina el diseño y la creatividad con Photoshop e Illustrator. La preocupación es que los modelos de IA puedan replicar estas funciones a muy bajo costo, erosionando los márgenes y las ventas. Ese temor explica por qué ambas acciones han caído más del 20% desde sus máximos recientes, mientras Nvidia sigue subiendo impulsada por la demanda de chips.
Sin embargo, Burry y Ackman ven un matiz que el mercado ignora. En el caso de S&P Global, el negocio de Ratings es un duopolio con Moody’s, y los préstamos corporativos dependen de sus calificaciones para obtener tasas más bajas. En el caso de Adobe, la dependencia no está en el software de edición, sino en los flujos de trabajo creativos y en su propia herramienta de IA, Firefly, entrenada con contenido con licencia. Ambos argumentan que la IA no puede reemplazar la confianza regulatoria ni la infraestructura corporativa establecida.
Este contexto es clave para entender por qué estos inversores se posicionan antes de que la ola de ventas se estabilice. Al mismo tiempo, es necesario recordar que ambos tienen un historial de detectar oportunidades en momentos de pesimismo extremo. Burry se hizo famoso por predecir la crisis de las hipotecas subprime, y Ackman ha tenido grandes victorias con apuestas contrarias. Por eso, sus movimientos merecen atención.
Bill Ackman apuesta por S&P Global
Bill Ackman, fundador de Pershing Square, confirmó en su última carta a inversores que adquirió una posición en S&P Global. La acción ha retrocedido más de un 20% desde su máximo de 2025, y el temor es que los modelos de IA, como Claude Cowork de Anthropic, hagan que los datos financieros sean baratos y mercantilizados. Ackman rebate esa lógica argumentando que el miedo está dirigido a la parte equivocada de la empresa.
S&P Global no es solo un proveedor de datos: opera tres franquicias clave que son Ratings, Indices y Platts, el servicio de precios de energía. Ackman subraya que estos negocios tienen altos márgenes y que ninguno es un producto de consulta que la IA pueda replicar fácilmente. El negocio de Ratings, por ejemplo, es un duopolio junto con Moody’s, y ambas agencias califican más del 95% de la deuda corporativa de Estados Unidos. Las empresas pagan por una calificación de S&P porque les ahorra aproximadamente tres veces el costo en intereses, y porque los prestamistas confían en la marca.
La IA no puede fabricar esa confianza ni el foso regulatorio que rodea a las agencias de calificación. Además, la deuda sigue emitiéndose, y las empresas enfrentan un muro de refinanciamiento en 2027 y 2028, lo que beneficia al negocio de Ratings. El cambio hacia fondos indexados pasivos también alimenta el negocio de Indices, y Ackman espera que las recompras de acciones reduzcan el número de títulos en un 4% anual, impulsando las ganancias a un ritmo de entre 10% y 15% anual.
Sin embargo, hay riesgos. El crédito privado es una amenaza silenciosa, ya que los préstamos que evitan las agencias de calificación podrían reducir el conjunto de tarifas si siguen creciendo. Además, los ingresos de Ratings son cíclicos y una recesión frenaría la emisión de deuda. Pese a ello, Ackman parece convencido de que el mercado ha castigado injustamente a una empresa con un foso competitivo único.
La estrategia de Ackman es una lección para los inversores en activos volátiles como Bitcoin: comprar cuando hay pánico requiere convicción y tolerancia al riesgo. Su apuesta por S&P Global refleja la idea de que los negocios con ventajas duraderas sobreviven a los cambios tecnológicos, una lección aplicable a muchas industrias.
Michael Burry y su jugada con Adobe
Michael Burry, fundador de Scion Asset Management, reveló a principios de año que compró acciones de Adobe (NASDAQ:ADBE). La acción ha caído un 23% en lo que va del año, y cotiza a menos de 11 veces las ganancias futuras, frente a un promedio de cinco años cercano a 27 veces. El temor es que la IA permita a cualquiera generar imágenes a partir de texto, eliminando la necesidad de herramientas como Photoshop.
Burry ve esa lectura como incompleta. El foso de Adobe no está en el software para hacer imágenes, sino en el flujo de trabajo en el que las empresas están encerradas. Los equipos creativos están entrenados en herramientas de Adobe, y formatos como PSD están integrados en la forma en que las compañías diseñan, comercializan y publican contenido. Solo el Experience Cloud de Adobe atiende a más de 12 mil clientes empresariales, incluyendo gran parte del Fortune 500. Sustituir todo eso por un modelo de IA bruto no es realista.
Además, la propia IA de Adobe, Firefly, podría ampliar el foso en lugar de encogerlo. Está entrenada con contenido con licencia, por lo que marcas como Coca-Cola y Disney pueden usar trabajo generado por IA en campañas reales sin riesgo de derechos de autor. Las empresas están dispuestas a pagar a Adobe para evitar problemas legales. Los números recientes respaldan la tesis alcista: los usuarios activos mensuales en niveles gratuitos saltaron de 50 millones a 90 millones en un año, con planes de convertirlos a suscripciones pagadas más adelante. Los ingresos recurrentes superan los 27 mil millones de dólares y siguen creciendo.
La estrategia freemium no está exenta de riesgos. Adobe está sacrificando el crecimiento de suscripciones a corto plazo para atraer usuarios, y si esos usuarios gratuitos nunca se convierten, el modelo se estancará. Además, los ingresos impulsados por IA todavía son pequeños, menos del 2% del total. Pese a ello, Burry parece apostar a que el valor de Adobe proviene de su posición dominante en el ecosistema creativo.
Es notable que Burry, conocido por sus apuestas en contra del mercado, ahora esté comprando acciones que parecen tener fundamentos sólidos. En el pasado, su reputación como contrarian le ha dado peso a sus movimientos. En el mundo de las criptomonedas, su interés en comprar en el pánico es comparable a los inversores de Bitcoin que acumulan en caídas.
¿Deberías seguir a estos inversores?
Las estrategias de Burry y Ackman son diferentes, pero ambas parten de una premisa común: el mercado ha castigado a estas acciones por miedo, no por fundamentos. S&P Global y Adobe tienen negocios con fosos competitivos, altos márgenes y flujos de efectivo recurrentes. Además, ambos inversores tienen el capital para esperar a que el tiempo demuestre que tenían razón, algo que el inversionista minorista no siempre puede hacer.
Sin embargo, hay riesgos que considerar. En S&P Global, la amenaza del crédito privado podría acelerarse, y en Adobe, la conversión de usuarios gratuitos es una incógnita. Por otro lado, la IA sigue evolucionando y podría superar las expectativas de los más escépticos. La compra de estas acciones no garantiza rendimientos inmediatos, y el contexto macroeconómico, con posibles recesiones, añade incertidumbre.
Los inversores deben analizar estos movimientos como estudios de caso sobre cómo interpretar el pánico tecnológico. No se trata de imitar ciegamente a los multimillonarios, sino de entender las tesis subyacentes. En el caso de S&P Global, es la confianza y el foso regulatorio; en Adobe, es la red de flujos y la ventaja en IA con licencia.
En el panorama más amplio, la IA seguirá transformando industrias, pero no todas las empresas son igualmente vulnerables. La lección es que el miedo indiscriminado crea oportunidades para quienes investigan a fondo. Así que, mientras Nvidia acapara los titulares, tal vez valga la pena mirar hacia las acciones que el mercado dejó atrás.
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