Por Canuto  

JPMorgan redujo en aproximadamente 25% su meta para el oro en el cuarto trimestre de 2026, al pasar de cerca de USD $6.000 a USD $4.500 por onza. El ajuste refleja una demanda más débil y una mayor sensibilidad a las tasas reales, aunque el banco conserva una visión alcista para el metal en el mediano y largo plazo.

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  • JPMorgan ahora proyecta un promedio de USD $4.300 por onza en el tercer trimestre y USD $4.500 en el cuarto trimestre de 2026.
  • El banco atribuye el recorte a una demanda más suave en los principales centros compradores y a la influencia de las tasas de interés reales.
  • Pese al ajuste, la entidad mantiene una tesis positiva hacia 2027 por compras de bancos centrales y coberturas institucionales.

 


JPMorgan adoptó una postura más cautelosa sobre el oro para el corto plazo tras recortar su objetivo para el cuarto trimestre de 2026 en aproximadamente 25%. La nueva meta se ubica en USD $4.500 por onza, frente a una previsión previa cercana a USD $6.000.

El ajuste no elimina la visión positiva de fondo que mantiene el banco sobre el metal precioso. Sin embargo, sí sugiere que la trayectoria alcista podría enfrentar una pausa más prolongada durante los próximos meses.

Para el tercer trimestre de 2026, JPMorgan ahora proyecta un precio promedio de USD $4.300 por onza. Luego espera un avance moderado hasta USD $4.500 en el cuarto trimestre.

La reducción del objetivo es relevante por su magnitud y por el momento en que ocurre. El mercado del oro venía siendo seguido de cerca por inversionistas que lo han usado como cobertura macroeconómica en un contexto de incertidumbre global.

Según información reportada por Yahoo Finance a partir de un artículo de BeInCrypto, la recalibración responde a una demanda más débil entre los principales focos compradores del metal. A eso se suma una mayor sensibilidad del oro a los cambios en las tasas de interés reales.

Un ajuste importante para el cierre de 2026

Un pronóstico de precio representa la estimación de un analista sobre el nivel al que podría cotizar un activo en un período específico. En este caso, JPMorgan revisó a la baja su expectativa para uno de los referentes más seguidos dentro del mercado de materias primas.

La diferencia entre la meta anterior y la actual es amplia. Pasar de cerca de USD $6.000 a USD $4.500 implica un recorte de alrededor de 25% para el mismo tramo del calendario.

Ese cambio sugiere que el banco ve un techo más limitado para el oro en el corto plazo. También apunta a una fase de menor impulso luego del fuerte recorrido que registró el metal en los últimos trimestres.

JPMorgan describió el panorama inmediato como uno de mercado “en rango”. En términos prácticos, eso suele interpretarse como un período de movimiento lateral, sin una ruptura clara al alza o a la baja.

El banco considera que los operadores deberían prepararse para una acción de precio lateral antes de una recuperación en la segunda mitad del ciclo observado. Esa lectura no implica un cambio estructural de tesis, sino una pausa táctica ante condiciones menos favorables.

Qué está frenando al oro en el corto plazo

La principal razón citada para el recorte es una demanda más suave en los centros clave de compra de oro. Cuando se debilita el apetito físico o financiero en esos mercados, el precio pierde parte del soporte que suele impulsar sus avances.

El otro factor señalado es la creciente sensibilidad del metal a las tasas de interés reales. En general, cuando esas tasas se vuelven más determinantes, los activos que no generan rendimiento, como el oro, enfrentan mayores restricciones para subir.

Para lectores menos familiarizados con este punto, las tasas reales suelen medirse como el rendimiento nominal ajustado por inflación. Si esas tasas aumentan, muchos inversionistas encuentran más atractivo mantener instrumentos con retorno, lo que reduce parte del atractivo relativo del oro.

Esa relación no siempre se mueve de forma lineal, pero sí influye en la valoración del metal. Por eso, una mayor sensibilidad del mercado a este indicador puede traducirse en techos de precio más bajos de lo que antes se esperaba.

En este contexto, JPMorgan optó por una revisión prudente para el cierre de 2026. La nueva estimación refleja una combinación de menor demanda y condiciones macrofinancieras menos favorables para un salto rápido hacia nuevos máximos.

El contraste con otros grandes bancos

No todas las instituciones financieras comparten el mismo grado de cautela. Otras firmas de Wall Street mantienen proyecciones más elevadas para el oro hacia finales de 2026.

Goldman Sachs, por ejemplo, espera un precio de USD $4.900 por onza al cierre de 2026. Su argumento se apoya en la demanda soberana y en la diversificación de reservas por parte de bancos centrales de mercados emergentes.

UBS tiene una meta de USD $5.200 para los próximos 12 meses. Esa visión se vincula a una posible reevaluación de la política de la Reserva Federal y a una presión creciente sobre el dólar.

Morgan Stanley también apunta a USD $5.200 durante la segunda mitad de 2026. No obstante, esa firma advierte que el oro necesitaría antes entradas más fuertes en productos ETF para sostener ese escenario.

La divergencia entre pronósticos ilustra que el mercado no tiene un consenso absoluto sobre el ritmo del próximo movimiento del metal. La discusión no gira tanto en torno al valor estratégico del oro, sino al momento y a la intensidad de su siguiente tramo alcista.

Situación actual del precio y distancia frente al máximo

Al momento de la publicación original, el oro cotizaba en USD $4.175 por onza. Esa cifra representaba un alza de 1,26% en las últimas 24 horas, según los datos citados en la nota.

Pese a ese repunte diario, el metal seguía lejos de su techo reciente. En concreto, se ubicaba 26% por debajo de su máximo histórico cercano a USD $5.600 alcanzado en enero de 2026.

Ese dato ayuda a dimensionar la magnitud de la corrección o consolidación que ha vivido el activo desde comienzos de año. También explica por qué cualquier revisión de proyecciones por parte de grandes bancos genera atención inmediata en los mercados.

Cuando un activo permanece bastante por debajo de su máximo, los analistas suelen debatir si atraviesa una simple fase de descanso o un cambio más profundo de tendencia. En el caso del oro, JPMorgan se inclina por la primera interpretación.

La referencia a un comportamiento “en rango” encaja con esa lectura. El banco no está descartando nuevas alzas, pero sí moderando la velocidad con la que cree que podrían materializarse.

Por qué JPMorgan sigue siendo optimista a más largo plazo

A pesar del recorte para el cuarto trimestre de 2026, la entidad mantuvo firme su visión positiva para el mediano y largo plazo. El banco identificó dos fuerzas estructurales que, a su juicio, podrían sostener al oro hasta 2027.

La primera es la acumulación de reservas por parte de bancos centrales en distintas regiones del mundo. Esa tendencia ha ganado relevancia en años recientes, en parte por la búsqueda de diversificación frente al dólar y otros activos de reserva tradicionales.

JPMorgan también espera que la demanda física del metal continúe fortaleciéndose en los próximos meses. Esa combinación, según su tesis, ofrece un piso más duradero para los precios incluso si el corto plazo sigue dominado por la consolidación.

La segunda fuerza es la asignación institucional al oro como instrumento de cobertura dentro de portafolios más amplios. El banco considera que ese patrón sigue vigente y que no muestra señales de reversión inmediata.

En consecuencia, JPMorgan sostiene que el oro preservará su papel como activo refugio y como alternativa de reserva de valor. La prudencia táctica de hoy no equivale a un abandono de su narrativa alcista de varios años.

El vínculo con Bitcoin y el mercado cripto

La revisión del pronóstico también tiene implicaciones para el ecosistema de criptomonedas. El oro y Bitcoin han sido vistos por parte del mercado como coberturas macroeconómicas que compiten por una porción similar del capital institucional.

Durante 2025 y 2026, ambos activos han convivido en esa discusión como posibles resguardos frente a inflación, tensiones geopolíticas o dudas sobre monedas fiduciarias. Aunque sus perfiles de riesgo son muy distintos, comparten espacio dentro de ciertas tesis de inversión.

En ese marco, un oro moviéndose dentro de un rango podría favorecer el desvío temporal de algunos flujos hacia Bitcoin u otros activos digitales. La idea central es que, si el metal ofrece menos impulso inmediato, parte del capital podría buscar mayor rendimiento potencial en criptoactivos.

Eso no significa que el oro pierda relevancia ni que exista una sustitución automática entre ambos mercados. Más bien sugiere que algunos gestores podrían rebalancear exposición dependiendo del momento macroeconómico y de la expectativa de retornos.

La lectura de JPMorgan deja abierta esa posibilidad en el corto plazo, pero sin restarle importancia al oro como reserva de valor. Su postura final es la de una pausa temporal, no la de una ruptura estructural de la tendencia de fondo.

Para los mercados, esa distinción es clave. Un recorte de objetivos puede afectar el sentimiento inmediato, pero una tesis de largo plazo intacta suele moderar el impacto y mantener viva la narrativa alcista para los próximos años.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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