Por Canuto  

Kevin Warsh dejó claro en Portugal que la Reserva Federal no tolerará una inflación superior al 2%, incluso bajo la presión del presidente Donald Trump para bajar tasas. Su mensaje endureció las expectativas del mercado, reforzó la idea de una Fed independiente y anticipó una revisión más amplia de la forma en que el banco central comunica y diseña su política monetaria.

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  • Warsh aseguró que “decepcionará” a quien espere que la Fed acepte una inflación por encima de 2%.
  • El presidente de la Fed defendió la independencia del banco central frente a la presión de Donald Trump por recortar tasas.
  • También adelantó cambios en la forma de analizar la economía, con más datos en tiempo real y menos dependencia de estadísticas retrospectivas.

 


El presidente de la Reserva Federal de EE. UU. (FED), Kevin Warsh, afirmó en Sintra, Portugal, que mantendrá una defensa estricta del objetivo de inflación del 2% del banco central de Estados Unidos. Su mensaje apuntó directamente contra la idea de una política monetaria más laxa, incluso cuando el presidente Donald Trump ha pedido recortes en las tasas de interés.

Durante un panel del Banco Central Europeo, Warsh dijo que si había personas en los hogares o en el sector empresarial, en los mercados financieros, que pensaban que la Fed se sentiría cómoda con una inflación superior al 2%, quedarían decepcionadas. Con esa frase, dejó una de las señales más contundentes desde que asumió la presidencia de la Fed en mayo.

La declaración fue relevante porque los mercados habían especulado con que una Fed liderada por Warsh podría inclinarse por bajar rápidamente los costos de endeudamiento. Sin embargo, sus comentarios sugieren que el nuevo titular del banco central prioriza la credibilidad antiinflacionaria por encima de cualquier expectativa política o financiera de corto plazo.

El tono también importó por el momento en que llega. Warsh realizó su segunda aparición pública desde que asumió el cargo y lo hizo ante una audiencia internacional, junto a otros jefes de bancos centrales que lidian con presiones inflacionarias y con la incertidumbre derivada de la guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán.

Para inversionistas de mercados tradicionales y también para quienes siguen Bitcoin, acciones especulativas o inteligencia artificial, el mensaje es claro. Si la Fed mantiene una línea dura por más tiempo, las condiciones de liquidez podrían seguir siendo restrictivas y eso suele afectar la valuación de los activos de riesgo.

Independencia frente a Trump y una línea dura sobre inflación

Cuando se le preguntó si esa eventual decepción también se extendía a Trump, Warsh respondió que Estados Unidos ha sido un banco central independiente durante mucho tiempo. Añadió que seguirá siéndolo ahora y que no se verá ningún cambio en eso.

La respuesta fue observada con atención porque Trump eligió a Warsh para encabezar la Fed y ha dicho públicamente que espera una caída en los costos de endeudamiento. En ese contexto, el nuevo presidente buscó desmarcar la política monetaria de cualquier instrucción directa desde la Casa Blanca.

Su comentario llegó apenas dos días después de un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos sobre la gobernadora de la Fed, Lisa Cook. El tribunal determinó que Trump no podía despedirla, lo que reafirmó la posición institucional del banco central pese a una ampliación del poder presidencial sobre otros organismos aparentemente independientes.

Warsh señaló que leyó esa decisión judicial, pero dijo que no cree que vaya a cambiar la forma en que la Fed realiza su trabajo. Esa postura buscó transmitir continuidad institucional en medio de una coyuntura política cargada.

La combinación entre meta de inflación rígida e independencia operativa refuerza una narrativa que los banqueros centrales suelen considerar esencial. Sin confianza en que la autoridad monetaria actuará contra el alza de precios, las expectativas pueden desanclarse y volver más costoso el proceso de estabilización.

Sin guía futura y con decisiones cerradas dentro de la sala

Warsh dejó claro que no ofrecerá orientación futura sobre tasas de interés. Dijo que los responsables de la política monetaria decidirán si suben las tasas cuando cierren la puerta y comiencen su próxima reunión de dos días el 28 de julio.

En el panel, la moderadora de CNBC, Sara Eisen, intentó obtener alguna pista adicional sobre el rumbo de la política monetaria o sobre los riesgos que enmarcan el debate. Warsh respondió que ella fracasaría en hacerlo romper su regla de no comentar sobre decisiones de tasas.

Más tarde, extendió esa misma regla a las perspectivas económicas, un terreno donde históricamente la Fed suele ofrecer más contexto. Cuando Eisen le preguntó por su visión del crecimiento futuro, Warsh respondió con ironía: “¿Estamos jugando a los Mad Libs ahora?”.

Luego insistió en que ella estaba volviendo al terreno de la guía futura y que no iba a permitir que le extrajeran ese tipo de mensaje. Añadió que los mercados financieros y la economía real funcionan mejor cuando cada actor observa lo que ocurre en la economía real y forma sus propios juicios.

Ese enfoque representa una ruptura de estilo frente a años en los que la comunicación preventiva de la Fed se volvió un instrumento central de política. Para los mercados, menos pistas oficiales implican más dependencia de los datos y, por tanto, más volatilidad en la interpretación de cada indicador económico.

Reacción del mercado y cambio en las expectativas sobre tasas

Mientras Warsh hablaba, los traders redujeron ligeramente sus apuestas a un aumento de tasas. Aun así, el mercado seguía asignando una probabilidad del 70% a que la Fed eleve los costos de endeudamiento en su reunión del 15 y 16 de septiembre.

Ese dato mostró que, aunque hubo un ajuste marginal, el sesgo dominante no es de relajación monetaria inmediata. Más bien, los inversionistas parecen haber asumido que el banco central podría mantener o incluso endurecer su postura si la inflación no converge claramente al objetivo.

Oren Klachkin, economista de mercados financieros de Nationwide, escribió tras la aparición de Warsh que cada vez parece más claro que la hipótesis inicial de los inversores sobre una Fed dispuesta a recortar rápidamente las tasas no se cumplirá. También sostuvo que el equilibrio de riesgos cambió con claridad.

Klachkin agregó, sin embargo, que su expectativa sigue siendo que la Fed mantendrá las tasas estables durante todo el año. Esa visión refleja una lectura intermedia entre un banco central duro en el discurso y uno que aún podría abstenerse de actuar si la economía pierde impulso.

Para los activos digitales y los sectores más sensibles a liquidez, este matiz importa mucho. Un retraso en cualquier flexibilización monetaria suele presionar las valuaciones, especialmente en segmentos donde el apetito por riesgo depende de financiamiento barato y de expectativas de crecimiento acelerado.

Sintra, el giro internacional y el regreso a los principios básicos

En Portugal, Warsh compartió escenario con la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, y el gobernador del Banco de Canadá, Tiff Macklem. Todos enfrentan inflación elevada y los efectos del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, aunque con respuestas monetarias distintas.

Según la información reportada por Reuters, los comentarios de Warsh después de la reunión de política monetaria del 16 y 17 de junio llevaron a los inversores a elevar las probabilidades de una subida de tasas de la Fed tan pronto como septiembre. Al mismo tiempo, el BCE ya ha aumentado los costos de endeudamiento.

En contraste, los bancos centrales de Inglaterra y Canadá se han mostrado más cautelosos para endurecer su política debido al debilitamiento económico local. Esa divergencia subraya que, aunque la inflación es un problema compartido, las condiciones domésticas siguen dictando respuestas diferentes.

Warsh sugirió que el tono de sus colegas revela una disposición más amplia dentro de la banca central global para volver a los principios básicos. En su opinión, eso implica alejarse de herramientas y hábitos de comunicación que se consolidaron después de la crisis financiera de 2007 a 2009.

El ahora jefe de la Fed fue gobernador del organismo durante esos años y abandonó el cargo en desacuerdo con algunos de los programas desplegados entonces. Durante los 15 años siguientes, mantuvo una postura crítica frente a esas medidas, entre ellas los balances enormes y la provisión excesiva de señales a los mercados.

Revisión interna en la Fed, datos en tiempo real e inteligencia artificial

Warsh adelantó que la próxima semana se nombrarán varios grupos de trabajo para revisar políticas específicas y otros temas de funcionamiento dentro de la Fed. Incluso insinuó que banqueros centrales extranjeros podrían integrarse a algunos paneles, en línea con revisiones institucionales que él y otros han realizado para organismos como el Banco de Inglaterra.

También dijo que espera resultados rápidos de ese proceso. La intención aparente es rediseñar herramientas y prácticas que, a su juicio, quedaron sobredimensionadas tras la crisis financiera global y que hoy podrían no adaptarse bien a una economía que cambia con mayor velocidad.

Uno de los objetivos más concretos que mencionó fue su aspiración de que, dentro de un año, la Fed esté usando datos en tiempo real para formular la política monetaria. Eso implicaría depender menos de encuestas gubernamentales retrospectivas, que suelen ofrecer una fotografía tardía de la actividad económica.

Warsh vinculó esa prioridad con la inteligencia artificial y con lo que describió como un ritmo de cambio exponencial. A su juicio, las nuevas tendencias deben reconocerse mientras se desarrollan y no cuando ya quedaron registradas en los datos históricos.

Consultado sobre si la inteligencia artificial podría ser inflacionaria al menos por ahora, respondió de manera general que corresponde al banco central asegurarse de que no lo sea. Evitó profundizar en cómo algunos aspectos de la IA podrían tensionar recursos disponibles, incluso si a largo plazo elevan la productividad.

El mercado laboral ocupó un lugar especial en ese análisis. Warsh dijo que el mundo está en la primera o segunda entrada de esta revolución, que los empleos serán mayores y la prosperidad también, pero que la cuestión clave es el tiempo.

Con esa observación, conectó el debate tecnológico con el mandato dual de la Reserva Federal. Recordó que la institución debe cumplir tanto en el frente del empleo como en el de la estabilidad de precios, una tarea que podría volverse más compleja si la IA reordena la oferta laboral antes de producir sus beneficios de productividad.

En suma, la presentación de Warsh en Sintra no solo reafirmó una meta rígida de inflación. También anticipó una Fed menos comunicativa, más centrada en datos inmediatos y determinada a preservar su independencia en un momento en que la política, la geopolítica y la inteligencia artificial están reconfigurando el mapa económico global.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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