El fallo judicial que favoreció a OpenAI no cerró la rivalidad entre Elon Musk y Sam Altman. Ahora, la disputa entra en una etapa más decisiva: convencer a Wall Street de que SpaceX y OpenAI pueden sostener valoraciones gigantescas, pese a las dudas sobre gobernanza, liderazgo y consumo de capital.
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- SpaceX, valorada en USD $1,25 billones tras su fusión con xAI, podría presentar su folleto de IPO tan pronto como esta semana.
- OpenAI, con una valoración superior a USD $850.000 millones, apunta a salir a bolsa más adelante en 2026, tras la victoria judicial frente a Musk.
- Ambas compañías llegan al mercado con retos delicados: gobernanza, credibilidad de sus líderes, presión competitiva y enormes necesidades de capital para IA.
La batalla entre Elon Musk y Sam Altman dejó de ser solo un pleito de alto perfil en los tribunales de California. Tras el veredicto que rechazó la demanda de Musk contra OpenAI y Altman, el foco empieza a desplazarse hacia un terreno todavía más exigente: Wall Street.
El cambio de escenario importa porque tanto SpaceX como OpenAI se preparan para posibles ofertas públicas iniciales que podrían redefinir el mercado tecnológico. Si concretan sus debuts con las valoraciones que hoy se manejan, ambas compañías entrarían en una liga reservada para muy pocos nombres en la historia bursátil de Estados Unidos.
Según reportó CNBC, la expectativa es que SpaceX revele su folleto de salida a bolsa tan pronto como esta semana. La empresa de Musk fue valorada en USD $1,25 billones en febrero, después de fusionarse con la startup de inteligencia artificial xAI.
OpenAI, por su parte, está valorada en más de USD $850.000 millones y se estaría preparando para cotizar más adelante este año. Musk ayudó a fundarla en 2015, pero la relación con Altman derivó en una ruptura profunda que terminó convertida en una disputa judicial y pública durante los últimos dos años.
El mercado mira este duelo con interés porque las cifras son extraordinarias. Hasta ahora, solo dos tecnológicas, Facebook y Alibaba, lograron valoraciones de al menos USD $100.000 millones después de su primer día de cotización en las bolsas estadounidenses.
Gene Munster, socio director de Deepwater Asset Management, resumió el cambio de etapa con una idea simple: el teatro terminó. En su lectura, ahora viene lo sustancial, es decir, demostrar qué tan capaces son estas empresas de construir negocios masivos alrededor de la inteligencia artificial.
Del juicio a la prueba del mercado
El lunes, un jurado asesor determinó que Musk presentó su demanda demasiado tarde. La jueza federal Yvonne Gonzalez Rogers adoptó de inmediato esa conclusión, cerrando esta fase del caso sin entrar al fondo de la acusación sobre un presunto incumplimiento de fideicomiso benéfico.
El núcleo de la decisión fue procesal. El tribunal concluyó que las reclamaciones quedaban fuera del plazo de prescripción de tres años, por lo que no resolvió si los señalamientos de Musk contra OpenAI y sus directivos tenían o no sustento material.
Los abogados de Musk dijeron que apelarán ante la Corte de Apelaciones del 9.º Circuito de Estados Unidos. El empresario, además, calificó la decisión como una “tecnicidad del calendario” y sostuvo que Altman y Greg Brockman se enriquecieron al desviar una organización benéfica, insistiendo en que la discusión real es cuándo ocurrió ese cambio.
Aunque la apelación mantiene viva la confrontación, el contexto para inversores cambió. El cierre de este juicio elimina una distracción relevante, pero también deja expuestas preguntas incómodas sobre carácter, control corporativo y prioridades estratégicas en dos empresas llamadas a captar cantidades masivas de capital.
Para el mercado público, esos aspectos importan tanto como la tecnología. En compañías con valoraciones tan elevadas, la confianza en el liderazgo es una variable crítica, sobre todo cuando sus máximos ejecutivos son figuras tan polarizantes como Musk y Altman.
Las dudas que persiguen a Musk y SpaceX
Ross Gerber, CEO de Gerber Kawasaki y antiguo partidario de las empresas de Musk, dijo que la apelación es una mala noticia para los inversores de SpaceX. A su juicio, Musk no parece comprender cómo lo percibe parte del público y corre el riesgo de ser visto como un mal perdedor frente al éxito de otro fundador.
Gerber también cuestionó la narrativa de Musk sobre la defensa de las instituciones sin fines de lucro. Recordó que el año pasado The New York Times informó, con base en declaraciones fiscales, que la Fundación Musk había descuidado el mínimo de donaciones exigido por ley y que gran parte de sus aportes fue a organizaciones estrechamente vinculadas al propio empresario.
Más allá del litigio, SpaceX enfrenta el reto de explicar con claridad un conglomerado cada vez más complejo. Su negocio principal sigue siendo el lanzamiento de cohetes reutilizables bajo contratos gubernamentales, pero hoy también incluye Starlink, la integración de xAI y la red social X.
La compañía, además, informó el mes pasado que firmó un acuerdo que le da derecho a comprar la startup de codificación con IA Cursor por USD $60.000 millones. Ese tipo de movimientos puede reforzar la narrativa de crecimiento, pero también complica la lectura de su estructura y sus riesgos para futuros accionistas.
Esta misma semana, SpaceX apunta a un 12.º vuelo de prueba de Starship. La misión incluiría una nueva versión del cohete, que la empresa planea lanzar desde Starbase, en Texas, un elemento clave para sostener su discurso de expansión a largo plazo.
La gobernanza es otro frente delicado. La semana pasada, líderes de sistemas públicos de pensiones que administran en conjunto más de USD $1 billón en activos enviaron una carta a ejecutivos de SpaceX para expresar preocupación por la “novedosa y extrema estructura de gobernanza” de la empresa y por la escasez de recursos para accionistas.
En esa carta también se subrayaron las “demandas contrapuestas” sobre el tiempo y la atención de Musk. Los firmantes destacaron que los paquetes de compensación basados en hitos en SpaceX y Tesla colocan a ambas compañías en la posición inusual de competir entre sí por el foco de un mismo director ejecutivo.
OpenAI gana tiempo, pero no despeja sus riesgos
Para OpenAI, el final del juicio representa más alivio que celebración. La compañía puede volver a concentrarse en su operación central en San Francisco, pero la exposición pública del proceso dejó abiertas preguntas que potenciales inversores no necesariamente ignorarán cuando llegue la hora de evaluar una IPO.
Durante el juicio, el abogado de Musk puso en duda repetidamente el carácter de Altman. Lo acusó de no ser confiable y de mentir con frecuencia, mientras lo interrogaba sobre personas que han expresado preocupaciones sobre su conducta a lo largo de los años, entre ellas Dario Amodei, cofundador de Anthropic y ex empleado de OpenAI.
Altman también fue presionado por el episodio de 2023, cuando fue destituido brevemente por la junta de OpenAI. En ese momento, la propia junta afirmó que el ejecutivo no había sido consistentemente franco en sus comunicaciones con el directorio.
En el estrado, Altman negó haber intentado engañar a la junta. Sin embargo, el simple hecho de que esas tensiones reaparezcan en un juicio de alto perfil puede complicar la tarea de construir confianza plena ante el mercado, especialmente en un momento en que la empresa necesita justificar una valoración fuera de escala.
La otra gran cuestión es el dinero. Altman y otros ejecutivos testificaron que OpenAI necesita una cantidad extraordinaria de capital para asegurar los recursos de cómputo necesarios para entrenar y operar modelos de IA de frontera.
La empresa ya ha recaudado más de USD $180.000 millones de inversores y, aun así, continúa quemando efectivo a un ritmo histórico. Eso significa que una futura salida a bolsa no solo sería un hito de prestigio, sino también una prueba de viabilidad financiera ante analistas que exigirán claridad sobre costos, márgenes y escalabilidad.
Anthropic y el riesgo de llegar tarde
Mientras OpenAI resuelve sus propios desafíos, la competencia no se detiene. Anthropic está ganando tracción tanto en el mercado empresarial como en el segmento de codificación con IA, dos áreas que resultan clave para demostrar ingresos sostenibles más allá del entusiasmo inicial por los modelos generativos.
Desde que comenzó el juicio a finales de abril, Anthropic anunció una nueva empresa de servicios de IA para compañías, agentes para servicios financieros y un acuerdo importante de cómputo para capacidad en el centro de datos Colossus 1 de xAI en Memphis, Tennessee.
OpenAI también enfrenta cambios en su cúpula. Durante el juicio, Greg Brockman, presidente de la empresa y otro de los demandados principales en el caso, asumió oficialmente la estrategia de producto.
Ese ajuste se produjo después de que Fidji Simo revelara en abril que tomaría una licencia médica significativa por el agravamiento de una condición neuroinmunitaria. En una empresa que ya carga con gran presión operativa, estos movimientos aumentan la atención sobre la estabilidad interna del liderazgo.
Jake Dollarhide, CEO de Longbow Asset Management, advirtió que la victoria judicial de Altman podría ser breve si SpaceX y, por extensión, xAI, llegan antes al mercado público. En su opinión, el efecto de primer movimiento podría traducirse en un impulso fuerte por parte de los inversores.
Dollarhide añadió que, si Altman no actúa con cuidado, Anthropic podría incluso repetir esa ventaja con una siguiente IPO. En ese escenario, OpenAI correría el riesgo de quedar como la tercera gran salida a bolsa de la realeza de la IA, absorbiendo solo lo que reste del interés inversor.
Ese es, en el fondo, el nuevo campo de batalla. El juicio no definió qué visión del desarrollo de la IA prevalecerá. Lo que sí hizo fue abrir paso a una competencia más concreta, donde gobernanza, disciplina financiera, ejecución y credibilidad importarán tanto como la narrativa tecnológica.
Para Musk y Altman, la próxima sentencia no llegará desde un tribunal federal. Llegará desde los mercados, y será emitida por inversores que deberán decidir si estas compañías realmente merecen valoraciones históricas en medio de una carrera por la inteligencia artificial que apenas se está intensificando.
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