Google y Blackstone dieron un paso decisivo en la carrera por la infraestructura de inteligencia artificial al anunciar una nueva empresa de nube centrada en capacidad de centros de datos, redes, operaciones y acceso a las TPU de Google Cloud. La operación, respaldada por una inversión inicial de USD $5.000 millones, refleja hasta qué punto Wall Street busca capturar el negocio físico que sostiene el auge de la IA.
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- Google y Blackstone lanzarán una empresa conjunta que ofrecerá computación como servicio con las TPU de Google Cloud.
- Blackstone compromete una inversión inicial de USD $5.000 millones y espera activar los primeros 500 megavatios para 2027.
- La alianza subraya la creciente competencia en chips e infraestructura de IA frente a Nvidia, Amazon, CoreWeave y Cerebras.
🚨 Google y Blackstone lanzan nueva empresa de nube centrada en IA 🚨
La iniciativa busca aprovechar el boom del sector con una inversión inicial de USD $5.000 millones.
Ofrecerán computación como servicio con acceso exclusivo a las TPU de Google Cloud.
Se espera activar 500… pic.twitter.com/lfsDPtHEnp
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) May 19, 2026
Google y Blackstone anunciaron la creación de una nueva empresa de nube enfocada en inteligencia artificial, en una señal clara de que los grandes capitales de Wall Street están entrando con mayor fuerza en el negocio de la infraestructura que sostiene el boom de la IA.
La nueva compañía conjunta ofrecerá capacidad de centros de datos, operaciones, redes y acceso a las Tensor Processing Units, o TPU, de Google Cloud bajo un modelo de computación como servicio. En la práctica, esto abre una nueva vía para que clientes corporativos alquilen potencia de cómputo especializada para cargas de trabajo de inteligencia artificial.
La iniciativa también coloca a ambas firmas en una posición estratégica dentro de un segmento que hoy concentra buena parte de la atención del mercado: la infraestructura física necesaria para entrenar y operar modelos avanzados de IA. En este terreno, el dinero no solo va a software y modelos, sino también a energía, espacio, refrigeración, conectividad y chips.
Blackstone informó que realizará una inversión inicial de capital de USD $5.000 millones a través de sus fondos. Además, espera que los primeros 500 megavatios de capacidad energética de la empresa entren en funcionamiento para 2027, un dato importante si se considera que la disponibilidad eléctrica se ha convertido en uno de los principales cuellos de botella para expandir centros de datos de IA.
Aunque no se divulgaron cifras detalladas sobre la estructura accionaria, una persona familiarizada con el acuerdo indicó que Blackstone será el accionista mayoritario. Ese punto sugiere que el grupo de inversión no solo participa como financiador, sino como actor dominante en una apuesta de largo plazo por uno de los segmentos más codiciados del mercado tecnológico.
La operación recuerda, en parte, al modelo de CoreWeave, una empresa que ha ganado notoriedad por ofrecer acceso a infraestructura de cómputo intensivo para inteligencia artificial. En este caso, el diferencial es que la nueva sociedad permitirá a los clientes acceder específicamente a las TPU de Google, los procesadores diseñados por la compañía para competir en tareas de IA de gran escala.
Wall Street acelera su exposición a la infraestructura de IA
El anuncio refuerza una tendencia que se ha venido consolidando durante los últimos trimestres: los activos físicos detrás de la inteligencia artificial se están convirtiendo en una de las apuestas favoritas de las finanzas tradicionales. Ya no se trata solo de invertir en startups de modelos generativos, sino en todo el andamiaje material que permite que esos modelos existan y se escalen.
Según los resultados del primer trimestre de las grandes tecnológicas, las principales compañías del sector esperan gastar más de USD $700.000 millones este año en gastos de capital vinculados a la expansión de la IA. Esa cifra da una idea del tamaño de la carrera actual, pero al mismo tiempo sugiere que la demanda de infraestructura aún supera la capacidad disponible.
La oportunidad puede ser incluso mayor. El gestor de activos privados Ares señaló en abril que solo el mercado de centros de datos de terceros se estima en USD $900.000 millones. Ese cálculo ayuda a entender por qué firmas de inversión, bancos y fondos quieren posicionarse de forma temprana en activos relacionados con energía, terreno, redes y capacidad de procesamiento.
Para Blackstone, este acuerdo encaja con una ofensiva más amplia en infraestructura y tecnologías emergentes. A finales de abril, la firma anunció una nueva unidad en la Costa Oeste dedicada a invertir en inteligencia artificial y otras áreas tecnológicas de rápida aparición, reforzando su presencia en uno de los nichos con mayor crecimiento del mercado global.
Blackstone ya cuenta con exposición relevante a este segmento a través de sus fondos de capital inmobiliario y de infraestructura, que poseen a QTS, una importante empresa norteamericana de centros de datos. Además, la firma mantiene participaciones significativas en nombres de alto perfil como Anthropic, OpenAI y SpaceX, propietaria de xAI.
El mes pasado, el CEO Stephen Schwarzman afirmó que cree que su firma es “el mayor inversor en infraestructura relacionada con la IA en el mundo”. Esa declaración, citada por la cobertura original de Yahoo Finance, da contexto a la magnitud estratégica que Blackstone le atribuye a este nuevo negocio con Google.
Google amplía el alcance comercial de sus TPU
Para Google, la nueva empresa también cumple un objetivo clave: ampliar el acceso a sus TPU fuera del esquema tradicional de su nube. Estos chips especializados han sido una pieza central en la estrategia de la compañía para reducir su dependencia de proveedores externos y competir en el mercado de cómputo acelerado para inteligencia artificial.
La empresa ya había firmado varios acuerdos para que otras compañías aprovechen sus procesadores. Meta, según un reporte de The Information mencionado en la noticia original, habría suscrito un acuerdo multianual de varios miles de millones de dólares para acceder a estos chips. Anthropic también se sumó al uso de los procesadores de Google.
Ese movimiento resulta relevante porque el mercado de semiconductores para IA ha estado dominado por Nvidia, cuyos GPU siguen siendo la referencia para entrenamiento e inferencia a gran escala. Sin embargo, los grandes hiperescaladores buscan alternativas propias para controlar costos, asegurar suministro y capturar una mayor parte del valor de la cadena.
En ese contexto, la alianza con Blackstone no solo representa una operación financiera. También funciona como una jugada competitiva para convertir las TPU de Google en una oferta más amplia, respaldada por infraestructura dedicada y capital externo, en vez de depender únicamente del crecimiento orgánico de Google Cloud.
La competencia se intensifica porque otros gigantes tecnológicos están siguiendo caminos parecidos. Amazon, por ejemplo, también arrienda sus chips personalizados Trainium a través de AWS, reforzando la idea de que los hiperescaladores ya no quieren ser solo consumidores de chips de terceros, sino también fabricantes y distribuidores de sus propias plataformas.
Durante la más reciente llamada de resultados de Amazon, el CEO Andy Jassy dijo que el negocio de chips de la compañía creció un 40% trimestre a trimestre y que su tasa anualizada de ingresos superó los USD $20.000 millones. Añadió que, si ese segmento operara como una empresa independiente que vendiera procesadores a AWS y a clientes externos, tendría una tasa anualizada de USD $50.000 millones.
Más presión sobre Nvidia y un mercado en ebullición
La nueva sociedad entre Google y Blackstone también pone bajo foco la creciente rivalidad entre Nvidia y algunos de sus propios clientes más grandes. Compañías como Google y Amazon siguen comprando tecnología del líder del mercado, pero al mismo tiempo desarrollan chips internos para reducir vulnerabilidades estratégicas y ganar influencia en la próxima etapa de la carrera por la IA.
El atractivo de este negocio no se limita a las firmas ya consolidadas. El jueves, Cerebras llevó a cabo su oferta pública inicial y atrajo un fuerte interés de los inversionistas, impulsado por una demanda que sigue pareciendo insaciable por potencia de procesamiento para inteligencia artificial.
Ese detalle es importante porque muestra que el entusiasmo de mercado no se concentra solo en software generativo o asistentes inteligentes de consumo. Cada vez más, el capital se dirige a la infraestructura base: centros de datos, energía, chips, redes ópticas y plataformas de cómputo especializadas.
Para los inversionistas, esta capa del mercado puede resultar especialmente atractiva porque combina narrativas de crecimiento tecnológico con flujos de caja potencialmente más estables, anclados en contratos de largo plazo y necesidades estructurales de capacidad. Para las tecnológicas, en cambio, representa una lucha por asegurar recursos críticos antes de que la demanda siga desbordando la oferta.
En conjunto, el anuncio de Google y Blackstone confirma que la fiebre por la inteligencia artificial ya no se juega solamente en laboratorios, modelos o aplicaciones finales. También se libra en terrenos, subestaciones eléctricas, salas de servidores y acuerdos de miles de millones de dólares que buscan asegurar quién controlará la infraestructura esencial de la próxima era digital.
Si las proyecciones de gasto y demanda se mantienen, esta nueva empresa podría convertirse en una pieza relevante dentro del tablero global de la IA. Por ahora, lo que queda claro es que Wall Street ya no observa desde la barrera: quiere ser propietario directo de los rieles que moverán el negocio.
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