Por Canuto  

El cofundador de Thorchain, Chad Barraford, sostiene que el protocolo no puede bloquear una dirección sin sacrificar su diseño sin permisos. Su respuesta a la petición de Bitget vuelve a poner en el centro una pregunta difícil para las finanzas descentralizadas: ¿quién debe tener autoridad para detener una transacción?

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  • Barraford afirma que Thorchain no tiene una función para incluir direcciones individuales en una lista negra y que nunca la incorporó deliberadamente.
  • El protocolo dispone de una parada de emergencia, pero esta pausa las operaciones de toda la red o de una cadena, no las de una cartera específica.
  • Según el cofundador, las plataformas centralizadas y las vías de salida a dinero fiduciario son los puntos donde puede frenarse el movimiento de fondos.

 


Chad Barraford, cofundador y desarrollador principal de Thorchain, defendió que el protocolo no bloquee direcciones individuales vinculadas a ciberdelincuentes, pese a la petición de Gracy Chen, directora ejecutiva de Bitget. La discusión surgió después de un ataque en el que presuntos hackers respaldados por Corea del Norte sustrajeron más de USD $388 millones en activos digitales de Bitget, y expone el choque entre la respuesta a robos y el diseño de redes sin permisos.

En declaraciones a Bitcoin.com News, Barraford sostuvo que Thorchain carece de un mecanismo para vetar selectivamente una cartera y que esa ausencia es intencional. También cuestionó que la atención se desplace desde las plataformas comprometidas hacia los protocolos utilizados para mover los fondos, y afirmó que la recuperación suele depender de los puntos donde las criptomonedas se conectan con el sistema financiero tradicional.

Una solicitud de bloqueo que Thorchain rechaza

Chen solicitó a Thorchain que impidiera el paso de fondos vinculados a los presuntos responsables del ataque contra Bitget. Para la directora ejecutiva, bloquear esas direcciones permitiría contener el lavado de activos a través de plataformas descentralizadas; Barraford, en cambio, dijo que la red no está diseñada para tomar decisiones de ese tipo sobre usuarios específicos.

El desarrollador explicó que la transparencia de las redes públicas vuelve visible el movimiento de activos y facilita que investigadores y observadores sigan las transacciones. A su juicio, esa visibilidad puede llevar a que las DEX reciban críticas cuando aparecen en la ruta de fondos robados, aunque ello no significa que tengan una herramienta selectiva para revertir o impedir cada operación sospechosa.

Barraford describió la diferencia entre no poder ejecutar una acción y decidir no ejecutarla. Dijo que Thorchain no incorporó una función para identificar una transacción individual y rechazarla mientras permite que el resto de la actividad continúe, pues considera que crearla otorgaría a quienes controlaran esa función la capacidad de censurar movimientos.

El protocolo sí dispone de una parada de emergencia, pero el cofundador la describió como un recurso general para responder a una amenaza contra la propia red. Según su explicación, puede detener operaciones en todo el protocolo o en una cadena concreta, pero no actuar como un mecanismo de precisión dirigido a una cartera particular.

El costo de mantener una red sin permisos

Barraford comparó la neutralidad que, según él, debe preservar Thorchain con la de los mineros de Bitcoin o los validadores de Ethereum. Su argumento es que una capa de intercambio entre cadenas necesita evitar decisiones selectivas sobre quién puede usarla para sostener la confianza en su funcionamiento sin permisos.

El cofundador también reconoció que esa postura tiene consecuencias: una red neutral puede ser utilizada por personas cuyas acciones sus operadores preferirían impedir. No presentó esa posibilidad como un problema inexistente, sino como un costo real que considera aceptable frente a la alternativa de conceder a un grupo reducido la potestad de decidir qué fondos pueden moverse.

La controversia no es nueva para Thorchain, que funciona desde 2021. En 2025, el protocolo ya había afrontado presión tras rechazar una solicitud de Bybit, respaldada por el FBI, para incluir en una lista negra direcciones de carteras vinculadas a ciberdelincuentes norcoreanos patrocinados por el Estado, según el relato de la fuente.

En ese episodio, investigadores de cadena observaban cómo los presuntos atacantes norcoreanos movían con rapidez los fondos robados, mientras aumentaban los pedidos para que las DEX establecieran controles. Barraford considera que esa presión confunde lo que algunos esperan que un protocolo haga con lo que su arquitectura permite hacer sin alterar su carácter neutral.

Rastreo en cadena y puntos de salida

Para Barraford, la recuperación de criptoactivos rara vez ocurre en la capa de intercambio descentralizado. Sostuvo que las posibilidades de intervención aparecen con mayor claridad en los extremos del recorrido, cuando los activos llegan a una plataforma centralizada, una vía de salida a moneda fiduciaria o un punto regulado donde alguien debe identificarse para retirar fondos.

Esos servicios pueden representar puntos de control porque allí existen procesos de identificación y actores con capacidad para tomar medidas sobre cuentas o retiros, según la explicación del cofundador. Su planteamiento no atribuye a las DEX la facultad de recuperar por sí solas activos robados, sino que diferencia entre facilitar el movimiento transparente en una cadena y controlar el acceso a servicios financieros tradicionales.

Barraford afirmó que las operaciones visibles en protocolos públicos permiten a los investigadores rastrear fondos, etiquetar direcciones y supervisar transacciones casi en tiempo real. En su lectura, esa transparencia es una ventaja para el seguimiento: cerrar o restringir esas vías no impediría necesariamente los robos y podría hacer más difícil reconstruir el recorrido del dinero.

La fuente también señala que los ciberdelincuentes adoptan herramientas de inteligencia artificial para ampliar su superficie de ataque, mientras las plataformas centralizadas afrontan un entorno de amenazas creciente. Ese contexto ayuda a explicar la urgencia de las demandas de bloqueo, aunque no modifica la postura de Barraford sobre el diseño de Thorchain ni demuestra, por sí solo, que una restricción en una DEX hubiera evitado el ataque.

Una tensión que sigue abierta

La disputa entre Bitget y Thorchain pone frente a frente dos prioridades: responder a un robo concreto y preservar una infraestructura que no seleccione quién puede operar. Para los actores afectados, bloquear una dirección puede parecer una medida inmediata; para Barraford, incorporar esa capacidad crearía una puerta de censura que podría utilizarse más allá de un caso particular.

La herramienta de emergencia tampoco resuelve ese dilema de forma quirúrgica, porque su alcance es detener operaciones de manera general en la red o en una cadena. Barraford la presentó como un cortacircuitos ante una amenaza para el protocolo, no como un instrumento para congelar fondos de una persona mientras los demás usuarios continúan sus transacciones.

La posición del cofundador no elimina el daño que provoca un robo ni garantiza que los fondos puedan recuperarse mediante plataformas centralizadas o vías fiduciarias. Su argumento se centra en dónde, a su juicio, existen puntos efectivos de intervención y en por qué no considera que una red descentralizada deba asumir una función selectiva de bloqueo.

Por ahora, el desacuerdo refleja una tensión estructural de las finanzas descentralizadas: la apertura que permite operar sin autorización también limita la capacidad de discriminar transacciones. Thorchain mantiene esa arquitectura pese a la presión de Bitget y a los antecedentes de solicitudes similares, mientras la investigación y el rastreo de fondos dependen de la transparencia de la cadena y de los puntos de control externos.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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