Por Canuto  

Las autoridades de Corea del Sur imputaron a 23 personas por presunto lavado de criptomonedas vinculado a una red de estafas con base en Camboya, en un caso que movió USD $11,1 millones en USDT y reaviva el debate sobre el uso de stablecoins en flujos ilícitos transnacionales.

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  • La policía surcoreana remitió a 23 sospechosos por presuntas violaciones de leyes cambiarias y financieras.
  • El grupo habría movido cerca de USD $11,1 millones entre febrero de 2024 y abril de 2025 usando USDT.
  • Chainalysis advirtió que las redes criminales del sudeste asiático siguen siendo resilientes pese a mayores operativos.

 


Corea del Sur imputó a 23 personas por presunto lavado de criptomonedas para una operación de phishing con base en Camboya.

El caso vuelve a poner bajo presión a las stablecoins y a las redes transnacionales que conectan fraude digital, lavado de dinero y plataformas de intercambio. Según reportó Decrypt al citar a medios locales, la división de investigación criminal de la Agencia de Policía Metropolitana de Seúl remitió a los sospechosos por cargos que incluyen violaciones de la Ley de Transacciones de Cambio Extranjero y la Ley de Información Financiera Específica.

Las autoridades también arrestaron a dos personas identificadas únicamente como A y B. El presunto líder de la red, identificado como C, sigue prófugo y ahora enfrenta una Notificación Roja de Interpol.

El expediente describe una estructura que habría movido alrededor de USD $11,1 millones entre febrero de 2024 y abril de 2025. Para ello, el grupo compraba USDT, lo transfería entre exchanges nacionales y extranjeros, y luego lo convertía en moneda extranjera o won a cambio de una comisión.

La investigación no se limita al circuito de lavado. Una revisión de más de 11.300 cuentas vinculadas detectó 265 casos de daños por phishing, entre ellos fraudes de voz y estafas de inversión, con pérdidas valoradas en USD $17 millones.

Los cargos, las detenciones y el alcance financiero del caso

La redada en Corea del Sur produjo además 33 sospechosos adicionales acusados de intercambiar ilegalmente unos USD $4,1 millones en criptomonedas. Ese dato sugiere que el caso no se limitaba a un solo núcleo operativo, sino a una malla más amplia de intermediarios y facilitadores.

La policía informó que aseguró cerca de USD $431.000 en ganancias mediante confiscación previa a la acusación. Esa cifra equivale a unos KRW 650 millones, de acuerdo con los montos citados por las autoridades.

El señalamiento penal se apoya en actividades que, para un lector no especializado, pueden parecer grises pero no lo son en el marco regulatorio local. La policía advirtió que actuar como agente para el comercio de activos virtuales de otra persona o cambiar esos activos por won surcoreano también puede derivar en sanciones.

Ese mensaje apunta a una práctica frecuente en redes de fraude y lavado. Los criminales suelen recurrir a terceros para fragmentar operaciones, dispersar fondos y dificultar el rastreo de la ruta del dinero.

En este caso, las autoridades sostienen que las órdenes provenían del líder prófugo C. Bajo esa coordinación, la organización habría usado stablecoins para conectar fondos procedentes de fraudes con mecanismos de cambio dentro y fuera de Corea del Sur.

El uso de USDT no resulta casual. En el ecosistema cripto, las stablecoins se usan para mover valor con rapidez entre plataformas, mantener relativa estabilidad frente a la volatilidad del mercado y facilitar la conversión posterior a otras monedas.

Cómo operan estas redes y por qué las stablecoins siguen en el centro

Una stablecoin es un token diseñado para mantener un valor estable, normalmente vinculado al dólar estadounidense. Esa característica la vuelve útil para traders legítimos, pero también para actores que buscan mover dinero sin exponerse a fuertes oscilaciones de precio.

Xue Yin Peh, jefa de estrategia de investigación y recopilación para APAC en Chainalysis, dijo a Decrypt que el ecosistema de estafas en el sudeste asiático sigue siendo una “preocupación persistente”. A su juicio, los avances de las autoridades han sido reales, pero aún insuficientes para desmontar toda la infraestructura criminal.

Peh señaló que el escrutinio internacional ya produjo resultados tangibles. Entre ellos mencionó la recuperación récord de 61.000 bitcoins (BTC) por parte de autoridades del Reino Unido y una confiscación de USD $15.000 millones vinculada al Prince Group.

Según la ejecutiva, esos expedientes reflejan “un cambio significativo hacia el desmantelamiento de la infraestructura financiera global que apoya el fraude con criptomonedas”. Sin embargo, también remarcó que las organizaciones transnacionales han mostrado gran flexibilidad para reubicarse y reorganizarse.

Ese patrón de adaptación se parece a un juego de golpear topos. Cuando una jurisdicción aumenta la presión, parte de la operación se desplaza hacia otro territorio con menor capacidad de control o con vacíos regulatorios aprovechables.

Peh explicó que estas redes se apoyan en un ecosistema ilícito más amplio de lavado, infraestructura y mano de obra traficada. En su evaluación, se trata de una estructura “notablemente resistente”, en la que nuevos proveedores llenan con rapidez los espacios que dejan los operativos policiales.

Sobre el papel de las stablecoins, sostuvo que USDT y activos similares siguen siendo el vehículo preferido para flujos ilícitos por las mismas razones que atraen a usuarios legítimos. Citó liquidez, portabilidad y estabilidad relativa de precios.

Al mismo tiempo, matizó que las transacciones en cadena son transparentes y rastreables. También recordó que los emisores pueden congelar fondos una vez se identifica un uso ilícito, lo que convierte a la supervisión y a la coordinación institucional en factores decisivos.

Presión regulatoria creciente y cooperación internacional

Casos como el de Corea del Sur fortalecen el argumento a favor de una supervisión global más estricta sobre las stablecoins. La tesis es que, si bien no son intrínsecamente ilegales, sí pueden convertirse en rieles eficientes para mover recursos procedentes de fraude cuando el control es débil.

Peh planteó que los emisores de stablecoins deberían formar parte de la “frontera de prevención de fraude”. También pidió marcos legales más claros para que emisores, exchanges, bancos y autoridades coordinen respuestas cuando el dinero de las víctimas está en riesgo.

La presión internacional sobre los llamados compuestos de estafa ya venía en aumento desde 2025. En noviembre del año pasado, Interpol describió estas redes como una amenaza transnacional global.

Ese mismo mes, agencias estadounidenses establecieron un Grupo de Tarea del Centro contra Estafas para seguir la pista del dinero. De acuerdo con los datos citados en la cobertura original, ese grupo ha congelado, incautado y confiscado más de USD $580 millones en criptomonedas ligadas a redes que operaban desde Birmania, Camboya y Laos.

La cooperación tampoco se limita a Occidente. Fiscales de Taiwán imputaron a 62 personas por supuestos vínculos con la red del magnate camboyano Chen Zhi, presidente del Prince Group.

Chen Zhi fue extraditado a China a comienzos de este año en medio de acusaciones que vinculan su imperio empresarial con redes de ciberestafa. Ese telón de fondo ayuda a explicar por qué cualquier caso conectado con Camboya recibe ahora un escrutinio mucho mayor.

En abril, Camboya avanzó su ley antiestafa más dura hasta la fecha mediante un decreto real. La norma amenaza a los jefes de estos compuestos con penas de hasta cadena perpetua.

Aun así, analistas citados en la información de origen advirtieron que una ley más severa podría desplazar el negocio a través de las fronteras en vez de eliminarlo. Esa posibilidad encaja con la capacidad de adaptación que Chainalysis atribuye a estas redes.

Qué revela este caso para usuarios, exchanges y reguladores

El expediente surcoreano deja una advertencia concreta para el mercado minorista. No solo los autores intelectuales y operadores centrales quedan expuestos, también quienes sirven como agentes de cambio o prestan cuentas para mover fondos ajenos.

La revisión de más de 11.300 cuentas muestra la escala que puede alcanzar una operación de fraude cuando combina ingeniería social y rieles cripto. Los 265 casos detectados revelan que el daño no fue aislado ni anecdótico.

Los fraudes por voz y las estafas de inversión comparten una lógica simple. Primero generan confianza o urgencia, luego inducen a la víctima a transferir fondos a cuentas o billeteras controladas por intermediarios de la red.

Una vez que el dinero entra en el circuito, las stablecoins pueden facilitar una dispersión rápida entre exchanges y jurisdicciones. Ese recorrido no vuelve invisibles los fondos, pero sí puede dificultar la reacción temprana de las víctimas y de las plataformas si no existe coordinación inmediata.

Para los exchanges, el caso refuerza la necesidad de monitoreo transfronterizo y controles sobre patrones sospechosos de conversión entre fiat y cripto. Para los reguladores, subraya que las normas locales pierden eficacia cuando las redes combinan actores, cuentas y plataformas en varios países.

También deja ver un equilibrio delicado en el debate público. Las stablecoins no son la causa del fraude, pero sí una herramienta que puede aumentar la eficiencia del lavado si la supervisión queda rezagada frente a la velocidad operativa de los delincuentes.

En ese contexto, la acción de Corea del Sur se suma a una ofensiva más amplia contra la infraestructura financiera del fraude digital en Asia. El reto será sostener esa presión sin perder de vista que las redes criminales suelen mutar, tercerizar funciones y reaparecer donde la coordinación internacional es más débil.

Por ahora, el caso deja cifras contundentes y una señal política clara. Las autoridades surcoreanas no solo buscan castigar a los responsables directos, sino también advertir que el uso informal de criptoactivos para terceros puede tener consecuencias penales severas.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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