Zoox puso en cuarentena su flota de vehículos autónomos de pruebas en Atlanta después de que varios conductores reportaran mareos, vómitos, olores extraños y posibles síntomas de exposición a gases. OSHA abrió una investigación que posteriormente cerró, mientras la empresa de Amazon asegura que solo detectó dióxido de carbono y anunció nuevas medidas de monitoreo.
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- La flota de SUV modificados quedó fuera de servicio luego de varios incidentes reportados durante agosto.
- Una carta de OSHA mencionó que hasta 40 trabajadores podrían haber estado expuestos, aunque Zoox sostiene que la cifra es menor.
- La empresa retiró e inspeccionó baterías de 12 voltios, revisó los escapes y anunció monitores de dióxido de carbono para sus vehículos.
🚨 Zoox pone en cuarentena su flota de pruebas en Atlanta
Conductores reportaron mareos, vómitos y olores extraños. Hasta 40 trabajadores podrían haber estado expuestos, según OSHA.
Zoox detectó dióxido de carbono, revisó escapes y baterías de 12V. OSHA cerró su investigación. pic.twitter.com/iqjLuyDZ02
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Zoox retiró de servicio su flota de vehículos autónomos de pruebas en Atlanta después de que trabajadores reportaran síntomas compatibles con una posible exposición a gases dentro de los automóviles. Los incidentes, registrados durante agosto, incluyeron mareos, vómitos, aturdimiento y olores extraños, mientras la compañía investigaba si los vehículos habían acumulado dióxido de carbono, monóxido de carbono o sulfuro de hidrógeno.
La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos, conocida como OSHA, abrió una investigación después de que Jay Davis, uno de los contratistas afectados, presentara una queja. Una carta de la agencia dirigida a Zoox indicó que hasta 40 trabajadores podrían haber estado expuestos, aunque la empresa, propiedad de Amazon, afirmó que el número real era menor y que había identificado a 28 empleados vinculados con seis vehículos que presentaban un olor inexplicable.
La flota quedó en cuarentena
Los reportes se acumularon durante buena parte de agosto y llegaron a un punto crítico el 22 de ese mes, cuando alguien llamó al número de emergencias 911 por un trabajador enfermo en la instalación de Zoox ubicada en el noroeste de Atlanta. Desde entonces, el centro operó con capacidad limitada y los vehículos de prueba quedaron en cuarentena mientras la compañía examinaba lo ocurrido, según dos empleados citados por TechCrunch.
La suspensión afecta a los SUV Highlander modificados que Zoox utiliza para probar sensores, computadoras de conducción autónoma y otros sistemas antes de desplegar sus robotaxis diseñados desde cero. Los vehículos completamente eléctricos construidos específicamente como robotaxis no están incluidos en la medida, porque el problema se concentra en la flota de pruebas con motores de combustión interna.
Davis contó que el episodio más grave que vivió ocurrió el 14 de agosto, cuando cuatro trabajadores viajaban juntos en un SUV como parte de la capacitación de nuevos empleados. Según su relato, el grupo conversaba con normalidad hasta que todos comenzaron a sentirse extraños y quedaron en silencio; poco después, uno de los compañeros vomitó al salir del vehículo durante una parada en un restaurante.
El SUV fue remolcado hasta la base y los trabajadores regresaron en un vehículo contratado, pero Davis afirmó que Zoox los colocó posteriormente en otro automóvil de pruebas y les pidió volver a la carretera. El trabajador dijo que él y sus compañeros continuaron conduciendo durante la tarde, hasta que volvió a vomitar mientras comía en una plaza de comidas y buscó ayuda a través del representante de HireArt, la compañía que técnicamente emplea a los conductores de prueba en Atlanta.
Disputa sobre el gas involucrado
Tres de los trabajadores acudieron a una sala de emergencias, donde fueron evaluados por una posible exposición a monóxido de carbono. Davis aseguró que los médicos no encontraron niveles elevados de ese gas en su organismo, aunque le indicaron que los síntomas observados eran compatibles con una intoxicación por monóxido de carbono, una conclusión que no estableció por sí sola el origen del episodio.
La queja ante OSHA mencionó una posible exposición a dióxido de carbono, mientras que algunos trabajadores describieron un olor similar al de huevo podrido, característico del sulfuro de hidrógeno. La empresa sostuvo que no encontró monóxido de carbono en los vehículos, un gas que además es inodoro, y afirmó que el único gas detectado en los automóviles afectados fue dióxido de carbono.
En una carta enviada a OSHA el 10 de septiembre, Zoox informó que examinó los vehículos en busca de señales de dióxido de carbono y retiró todas las baterías de 12 voltios para inspeccionarlas y reemplazarlas. Las baterías dañadas pueden producir sulfuro de hidrógeno, pero la empresa no indicó si encontró evidencias de daños en las unidades retiradas ni si ese gas explicó los olores denunciados.
La compañía también revisó los sistemas de escape para detectar fugas y realizó una prueba de humo destinada a identificar posibles intrusiones de gases en la cabina. Zoox no precisó si esas revisiones encontraron fallas, aunque comunicó que agregará monitores de dióxido de carbono a los vehículos de prueba y que consultó a un experto médico externo durante la investigación.
Riesgos de una flota modificada
Los vehículos con motores de combustión pueden producir monóxido y dióxido de carbono cuando queman combustible, especialmente si existe una fuga en el sistema de escape o si el automóvil permanece encendido dentro de un espacio cerrado. El problema no es exclusivo de las empresas de robotaxis: la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras investigó durante seis años reportes de acumulación de monóxido de carbono en SUV Explorer de Ford.
En 2023, esa agencia señaló que los niveles más altos de monóxido de carbono aparecieron en vehículos policiales que habían recibido modificaciones como sirenas y luces. Esos cambios pueden crear problemas de sellado, un riesgo relevante para Zoox porque sus Highlander incorporan sensores, una computadora de autonomía y modificaciones adicionales dentro de la cabina.
Los empleados describieron un conducto interior sobre la pantalla central de infoentretenimiento que empuja aire hacia los pasajeros traseros. Zoox afirmó que no altera los sistemas de ventilación de los SUV, pero cualquier intervención en un vehículo puede aumentar el riesgo de que los gases entren en la cabina si afecta los sellos o el flujo de aire.
La empresa mantiene sus vehículos de prueba encendidos durante buena parte del día para conservar la calibración de los sensores y reducir el tiempo de arranque de la computadora autónoma. Sus depósitos interiores utilizan un sistema de captura de gases de escape similar al instalado en estaciones de bomberos, pero la existencia de ese mecanismo no resolvió por sí sola las dudas planteadas por los trabajadores.
Presión por expandir los robotaxis
El incidente ocurre mientras Zoox intenta ampliar sus operaciones y llegar a nuevas ciudades para competir con Waymo, líder del mercado de robotaxis. La expansión también alcanza mercados como Las Vegas y San Francisco, de modo que una interrupción en Atlanta agrega presión sobre una compañía que necesita probar sistemas, entrenar personal y mantener una operación consistente en distintas jurisdicciones.
Zoox es una excepción entre varios desarrolladores importantes de robotaxis porque sus vehículos de prueba utilizan motores de combustión interna. Waymo, Tesla, Avride y Motional emplean vehículos eléctricos para sus pruebas, mientras que la flota de May Mobility incluye algunas camionetas híbridas y Nvidia utiliza un número reducido de sedanes Mercedes-Benz tanto de gasolina como eléctricos.
La seguridad de los conductores de respaldo ya representa un desafío para la industria, incluso cuando no existen emisiones de escape involucradas. TechCrunch había informado anteriormente sobre lesiones de contratistas de Zoox provocadas por frenazos y giros bruscos, y Waymo también reportó ante OSHA lesiones similares entre sus conductores de prueba.
La compañía declaró que la seguridad y el bienestar de los operadores de su flota de pruebas constituyen su principal preocupación y que tomaría medidas cautelosas mientras examinaba los reportes. También indicó que cesó las operaciones de los vehículos de prueba en ese mercado, aunque la investigación de OSHA fue cerrada posteriormente y los hechos específicos que originaron los síntomas todavía no quedaron completamente establecidos.
Trabajadores reclaman respuestas
Davis y otros empleados afirmaron que comenzaron a comunicar posibles síntomas de exposición a Zoox desde principios de agosto. Después del episodio del 14 de agosto, los cuatro trabajadores que reportaron síntomas fueron instruidos para someterse a lo que la empresa describió como una prueba de drogas aleatoria, una medida que añadió tensión a un caso en el que los empleados buscaban determinar por qué se habían enfermado.
El relato de Davis sostiene que los trabajadores esperaban recibir tareas ligeras después de regresar a la base, debido a los mareos y al vómito, pero que en cambio fueron asignados a otro automóvil. El contratista dijo que escribió a Recursos Humanos para cuestionar la decisión y expresar que le parecía incorrecto haber sido enviado nuevamente al campo después de informar que se encontraba enfermo.
Durante los días siguientes, otros contratistas continuaron reportando malestares, según los cuatro trabajadores entrevistados para el reportaje. No quedó claro quién llamó al 911 el 22 de agosto ni cuál fue la evolución médica del empleado que provocó la llamada, un vacío de información que mantiene abiertas las preguntas sobre la respuesta interna de la compañía.
Zoox comunicó a OSHA que diez trabajadores se sometieron voluntariamente a una evaluación médica para determinar si había ocurrido una exposición y que recibió un solo informe médico que identificaba exposición a dióxido de carbono. Mientras la empresa instala nuevos monitores y revisa los automóviles, el episodio deja una advertencia para el desarrollo de vehículos autónomos: la automatización de la conducción no elimina los riesgos mecánicos, ambientales ni laborales asociados con las plataformas que sostienen las pruebas.
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