Por Canuto  

Ucrania intenta que la Cámara de Representantes de EE.UU. vote nuevas sanciones contra Rusia antes de un receso electoral que redujo drásticamente el calendario legislativo. Aunque el Senado aprobó la iniciativa por 86 votos contra 11, las dudas demócratas sobre los poderes arancelarios del presidente Donald Trump podrían retrasar su avance.
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  • El Senado aprobó el proyecto de sanciones contra Rusia e Irán con una votación de 86-11, pero la Cámara aún no define cuándo lo llevará al pleno.
  • Vladyslav Vlasiuk asegura que existe apoyo bipartidista para aumentar la presión sobre Moscú y considera posible una votación bajo un procedimiento acelerado.
  • Demócratas cuestionan que el texto otorgue más autoridad arancelaria a Donald Trump y que convierta las sanciones en medidas opcionales.


Ucrania intensificó su presión sobre el Congreso de Estados Unidos para que apruebe un proyecto de sanciones contra Rusia antes del receso electoral, después de que los líderes republicanos redujeran el calendario de trabajo de la Cámara de Representantes. La iniciativa, conocida como Ley de Sanciones a Rusia e Irán de 2026, ya obtuvo un respaldo contundente en el Senado, pero todavía enfrenta dudas sobre su tratamiento en la Cámara y sobre las facultades que concedería al presidente Donald Trump.

Vladyslav Vlasiuk, comisionado de sanciones del presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, visitó Washington durante la semana para reunirse con legisladores y asesores de ambos partidos. Según un reporte de ZeroHedge basado en información de RFE/RL y OilPrice.com, el funcionario sostuvo alrededor de 20 encuentros y salió de ellos con un optimismo prudente, aunque reconoció que el presidente de la Cámara, Mike Johnson, aún debe decidir si someterá el proyecto a votación.

Una ventana legislativa cada vez más estrecha

El Senado aprobó la legislación el 7 de agosto con 86 votos a favor y 11 en contra, una mayoría bipartidista poco habitual en un Congreso marcado por fuertes divisiones. El texto ampliaría la capacidad del Ejecutivo para imponer aranceles punitivos a países que continúen comprando combustibles fósiles rusos e incorporaría disposiciones dirigidas contra Irán, país que Kyiv considera estrechamente vinculado con Moscú en el ámbito militar e industrial.

El avance en la Cámara resulta más incierto porque algunos demócratas objetan que la iniciativa otorgue al presidente autoridad adicional para aplicar aranceles. Aunque varios legisladores apoyan una presión más dura contra Rusia, sus reservas sobre el uso amplio de esa herramienta comercial podrían impedir que el proyecto reciba el respaldo necesario para una aprobación rápida.

La incertidumbre aumentó el 3 de septiembre, cuando los líderes republicanos anunciaron la cancelación de las últimas dos semanas de sesiones preelectorales de la Cámara. Se espera que los representantes abandonen Washington a más tardar el 17 de septiembre y que no regresen hasta mediados de noviembre, aunque todavía está prevista una semana adicional de trabajo después del receso por el Día del Trabajo.

Ese calendario comprimido deja a los partidarios de las sanciones con muy poco margen para negociar, modificar y votar el texto. Los líderes republicanos sostienen que la medida sigue siendo una prioridad del partido, mientras que asesores demócratas expresaron un optimismo cauteloso y señalaron que el principal interrogante no es el apoyo general a Ucrania, sino la decisión de Johnson de llevar la iniciativa al pleno.

Una de las opciones analizadas consiste en utilizar el procedimiento de suspensión de reglas, una vía acelerada que suele reservarse para proyectos con respaldo amplio y permite reducir el tiempo de debate. Vlasiuk describió ese mecanismo como un escenario realista y dijo que, pese al receso, existe una buena probabilidad de que la propuesta llegue al pleno.

Las dudas sobre el poder arancelario de Trump

Thomas Melia, exfuncionario del Departamento de Estado y exsubdirector de personal del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, sostuvo que el obstáculo principal no es un desacuerdo general sobre la necesidad de enfrentar a Rusia. A su juicio, los demócratas tienen motivos políticos e institucionales para desconfiar de una versión que, además de sanciones, entregaría al presidente una herramienta arancelaria con potencial para afectar a socios comerciales de Estados Unidos.

Melia también señaló que la administración ya dispone de amplias facultades para sancionar a personas y entidades rusas, por lo que el efecto práctico inmediato del proyecto podría ser limitado. En su evaluación, el valor principal de la iniciativa sería político y simbólico, porque una aprobación bipartidista demostraría que el Congreso está dispuesto a aumentar la presión sobre Moscú.

Otra fuente de tensión es que los líderes demócratas de la Cámara no habrían participado suficientemente en la negociación de la versión aprobada por el Senado. La preocupación adquiere especial relevancia para Gregory Meeks, representante demócrata de Nueva York y principal miembro de su partido en el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara, quien respalda en términos generales una postura más dura contra Rusia, pero ha planteado reparos al contenido final.

El texto también se aparta de una versión anterior al convertir las sanciones en medidas opcionales, en lugar de obligatorias. Melia afirmó que la administración apoyó una versión revisada y que ese proceso introdujo cambios para hacer no obligatorias las sanciones y sumar autoridad arancelaria, lo que a su juicio produjo una medida más débil que la propuesta original.

Aun así, el respaldo obtenido en el Senado conserva un peso político considerable, especialmente porque la votación de 86-11 mostró que la presión contra Rusia puede reunir apoyos de ambos partidos. El desafío para la Cámara consiste en preservar ese mensaje sin aprobar un texto que los demócratas consideren una delegación excesiva de poder comercial al Ejecutivo.

Kyiv defiende los aranceles como herramienta de presión

Vlasiuk defendió las disposiciones arancelarias como uno de los componentes más importantes de la iniciativa. Según el funcionario ucraniano, las sanciones pueden adaptarse o evadirse, mientras que los aranceles tendrían una aplicación más difícil de sortear porque encarecerían directamente las operaciones comerciales vinculadas con combustibles rusos.

El comisionado rechazó la posibilidad de que el proyecto permita atacar arbitrariamente a determinados países y afirmó que el texto establece criterios relacionados con sus compras de combustibles fósiles rusos. En particular, mencionó a China e India como actores centrales para la capacidad de Moscú de mantener sus exportaciones energéticas y sostener ingresos que, según Kyiv, contribuyen a financiar la guerra.

Vlasiuk sostuvo que una presión coordinada sobre esos compradores podría representar un golpe enorme para la capacidad rusa de financiar el conflicto. También respaldó la inclusión de Irán, al argumentar que la cooperación entre los complejos militares e industriales de Teherán y Moscú justifica que ambos países aparezcan en el mismo marco legislativo.

La posición ucraniana refleja una apuesta por combinar restricciones financieras, sanciones comerciales y medidas contra los ingresos energéticos de Rusia. Sin embargo, la aprobación de la ley no produciría necesariamente un efecto económico inmediato, ya que la aplicación de nuevas medidas puede tomar días y el impacto significativo sobre la economía rusa podría tardar semanas.

Para Kyiv, la votación tendría además una consecuencia política inmediata, incluso antes de que las sanciones comenzaran a aplicarse. Vlasiuk afirmó que el simple hecho de aprobar el proyecto enviaría una señal de apoyo al pueblo ucraniano y mostraría al gobierno ruso que el Congreso estadounidense mantiene la intención de elevar el costo de la invasión.

La presión aumenta antes de otro invierno de guerra

El representante republicano Don Bacon, de Nebraska, calificó como un fracaso la falta de acción legislativa después del resultado alcanzado en el Senado. El congresista cuestionó que una propuesta con 86 votos favorables siga sin una ruta definida en la Cámara y advirtió que la historia juzgará con dureza la inacción frente a la invasión rusa y los crímenes atribuidos a Vladimir Putin.

El calendario también podría alterarse si el Senado avanza con un paquete de reconciliación presupuestaria de carácter partidista, ya que los líderes de la Cámara han dicho que podrían convocar a los representantes durante el receso. No obstante, ese escenario no se considera actualmente probable, de modo que la ventana previa al 17 de septiembre aparece como la oportunidad más clara para una votación.

Vlasiuk vinculó la urgencia legislativa con la situación militar y humanitaria que enfrenta Ucrania, que se prepara para otro invierno después de meses de ataques rusos con misiles y drones. El funcionario afirmó que 160 personas murieron en esos ataques durante los últimos meses y pidió incrementar la presión para obligar a Moscú a modificar sus planes y negociar.

La delegación ucraniana sostiene que el respaldo a Ucrania sigue siendo amplio en el Capitolio, aunque el propio Vlasiuk evitó presentar el desenlace como seguro. Su mensaje combinó confianza en el apoyo bipartidista con una advertencia sobre el tiempo disponible, porque una nueva demora podría aplazar la decisión hasta después de las elecciones y del regreso de los legisladores en noviembre.

El desenlace dependerá de si los demócratas aceptan las disposiciones arancelarias, de si los republicanos están dispuestos a negociar cambios y de si Johnson decide priorizar el proyecto en una agenda legislativa reducida. Mientras tanto, Kyiv intenta convertir el consenso del Senado en una votación efectiva de la Cámara antes de que el receso cierre la puerta política a nuevas sanciones durante el periodo electoral.


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