Por Canuto  

El cofundador de Google, Sergey Brin, ha destinado más de USD $100 millones a una campaña contra la Proposición 40 de California, un impuesto del 5% sobre la riqueza de los multimillonarios. Mientras otros magnates huyen del estado, la medida podría financiar programas de salud y enfrenta la oposición de Gavin Newsom, que propone un gravamen nacional. Jensen Huang, de Nvidia, acepta pagar. ¿Qué está en juego?
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  • Sergey Brin donó otros USD $20 millones a Build a Better California, sumando USD $100 millones contra la Proposición 40.
  • La Proposición 40 impondría un impuesto del 5% sobre el patrimonio neto de unos 200 multimillonarios en California, generando estimados USD $13.300 millones para Brin.
  • Mientras Brin, Zuckerberg, Thiel y Page abandonan el estado, Jensen Huang dice estar ‘perfectamente de acuerdo’ con pagar el impuesto.

 


El cofundador de Google, Sergey Brin, ha cruzado un nuevo umbral en su batalla contra el impuesto a los multimillonarios de California. Según una declaración reciente, Brin donó otros USD $20 millones a Build a Better California, una organización que lidera la oposición a la Proposición 40.

Con este aporte, su inversión total alcanza los USD $100 millones, según reportó TechCrunch. La cifra es significativa no solo por su magnitud, sino porque contrasta con la factura fiscal que enfrentaría el empresario si la medida se aprueba: aproximadamente USD $13.300 millones.

Brin, considerado la cuarta persona más rica del mundo con un patrimonio neto cercano a los USD $267 mil millones, ha optado por financiar una maquinaria política para frenar la iniciativa. La Proposición 40, conocida como el impuesto a los multimillonarios, fue diseñada para gravar con un 5% el patrimonio neto de unos 200 residentes más acaudalados de California.

El objetivo principal del impuesto es recaudar fondos para los programas de salud del estado, que enfrentan recortes severos. Según datos citados en la noticia, el programa Medicaid de California podría perder hasta USD $30 mil millones en financiamiento federal cuando los recortes presupuestarios de Trump entren en vigor el próximo año.

La noticia destapa una creciente confrontación entre el poder tecnológico y el Estado, con Silicon Valley como escenario. Mientras Brin intensifica su ofensiva financiera, otros magnates han tomado caminos distintos para eludir el gravamen.

La guerra de Brin contra la Proposición 40

La donación de USD $20 millones fue revelada en una declaración pública que confirma la prolongación de su estrategia de oposición. Build a Better California, el vehículo financiado por Brin, ha propuesto medidas electorales contrarias que, de aprobarse, podrían bloquear la Proposition 40 al limitar la introducción de nuevos impuestos.

La estrategia consiste en cambiar las reglas del juego para que cualquier futuro impuesto a la riqueza requiera una supermayoría en el Legislativo o un proceso más complejo. De esa manera, incluso si la Proposición 40 llega a las urnas en noviembre, podría quedar invalidada por reglas colaterales.

Brin no ha hecho declaraciones públicas recientes, pero su inversión de USD $100 millones evidencia una determinación sin precedentes. La cantidad es considerable incluso para alguien de su fortuna, y supera lo gastado por cualquier individuo en campañas de este tipo en California.

El monto representa aproximadamente un 0,4% de su patrimonio neto, una proporción que podría parecer modesta, pero que tiene un efecto multiplicador en la política local. Analistas señalan que la campaña contra la Proposición 40 podría ser la más cara en la historia del estado desde la lucha contra las propuestas de servicios públicos.

La Proposición 40 fue presentada como una solución para cerrar la brecha fiscal que dejarán los recortes federales. Su redacción impone un gravamen único del 5% sobre el patrimonio neto de los multimillonarios que residen en California, un grupo que incluye a fundadores de gigantes tecnológicos, inversores y herederos.

La fuga de multimillonarios y el eco de Zuckerberg

Brin no está solo en su rechazo al impuesto, aunque su método sea el más visible. Mark Zuckerberg, fundador de Meta, habría comprado una mansión de USD $170 millones cerca de Miami este año, según reportes citados por TechCrunch. Ese movimiento, visto como una salida estratégica, coincide con la escalada de la discusión fiscal.

Travis Kalanick, ex director ejecutivo de Uber; Peter Thiel, capitalista de riesgo; y Larry Page, cofundador de Google, también han dejado California en los últimos años. La salida de estos multimillonarios ha alimentado el temor de que la Proposición 40 acelere un éxodo de talentos y capitales, impactando la economía estatal.

El gobernador Gavin Newsom ha expresado su preocupación por ese efecto. En un blog publicado recientemente, Newsom pidió un intercambio por un impuesto nacional a los multimillonarios, argumentando que una medida estatal solo provocaría una fuga de riqueza hacia otros estados o países.

Newsom destacó una paradoja: hoy, una persona que trabaja como oficinista puede soportar una tasa impositiva más alta que una heredera, gracias a los préstamos contra carteras de acciones que no se consideran ingresos. El gobernador calificó esa práctica como un “préstamo de estilo de vida libre de impuestos” y pidió reformas federales.

Mientras tanto, la salida de figuras como Zuckerberg no ha disuadido a los defensores de la Proposición 40. Argumentan que los multimillonarios ya han disfrutado de beneficios enormes gracias a la infraestructura y el talento local, y que un impuesto moderado es una forma de devolver parte de esa riqueza.

Jensen Huang: el contrapunto perfecto

En medio de esta polarización, un multimillonario destaca por su postura servicial. Jensen Huang, cofundador de Nvidia y considerado un “héroe improbable de la clase trabajadora” por su origen humilde, dijo estar “perfectamente de acuerdo” con pagar el impuesto. Huang enfrentaría un cargo de aproximadamente USD $8 mil millones si la Proposición 40 se aprueba.

En una entrevista con Bloomberg en enero, Huang declaró: “Ni siquiera lo he pensado una vez. Elegimos vivir en Silicon Valley, y cualquier impuesto que quieran aplicar, que así sea. Estoy perfectamente de acuerdo con ello”. Sus palabras contrastan con la resistencia de Brin y otros magnates.

La postura de Huang no solo es ética, sino también pragmática. Nvidia, con sede en Santa Clara, depende enormemente del ecosistema de investigación y universidades de California. Un impuesto que fortalezca los programas de salud podría beneficiar a su fuerza laboral y a la comunidad que sustenta su negocio.

Sin embargo, la posición de Huang es minoritaria entre los ultra ricos. La declaración de Brin y la organización financiada por él revelan una estructura de poder dispuesta a invertir fortunas para mantener el statu quo fiscal.

La batalla por la Proposición 40 se extiende más allá de las cifras. En juego está el principio de quién debe contribuir al bienestar público y hasta dónde llega la influencia política de los multimillonarios. La votación de noviembre será un termómetro de la voluntad ciudadana frente a la presión corporativa.

Los californianos decidirán si el impuesto a la riqueza se convierte en ley o si la estrategia de Brin logra sepultarlo. Mientras tanto, el debate ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuánto está dispuesto a pagar cada persona por vivir en una sociedad con acceso equitativo a la salud y la educación?

La respuesta de Brin es clara: USD $100 millones en oposición, una cifra que podría crecer antes de las elecciones. La de Huang es la contraria: aceptar el impuesto sin titubear. Los votantes tendrán la última palabra, pero la confrontación ya ha marcado un precedente en la lucha por la justicia fiscal.

Desde la perspectiva de la salud pública, la Proposición 40 representa una fuente de ingresos crucial. La pérdida potencial de USD $30 mil millones en financiamiento de Medicaid podría dejar a millones de californianos sin acceso a atención médica, un escenario que los defensores del impuesto consideran inaceptable.

Para los opositores, incluyendo a Brin y Newsom, el problema no es la intención, sino la implementación. Newsom prefiere una solución federal para evitar la fuga de capitales, mientras que Brin simplemente quiere minimizar su carga fiscal. Ambas posturas reflejan tensiones más profundas sobre la redistribución de la riqueza en la era de las tecnológicas.

En cualquier caso, la historia de Brin y su gasto de USD $100 millones es un ejemplo de cómo las élites económicas pueden moldear la política. Con los meses previos a la votación, se espera que la campaña se intensifique, atrayendo aún más atención nacional e internacional hacia el experimento californiano.

El resultado no solo afectará a los 200 multimillonarios del estado, sino que podría sentar un precedente para otros estados que contemplan medidas similares. Si la Proposición 40 es bloqueada, será una victoria para la estrategia de Brin; si triunfa, marcará un giro hacia una mayor progresividad fiscal.

En el entretanto, la comunidad de criptomonedas y tecnología observa de cerca. Aunque el impuesto está dirigido a personas físicas, su impacto podría extenderse a empresas y fundadores que mantienen grandes posiciones en acciones o criptoactivos. La decisión de Brin de gastar tanto podría interpretarse como una señal de que los activos digitales y las fortunas tecnológicas están en la mira.

A medida que se acerca noviembre, la tensión sube. Build a Better California ya ha presentado contra-propuestas que podrían confundir a los votantes. Los analistas advierten que la batalla será reñida y que la clave estará en la percepción pública sobre la necesidad del impuesto frente a la amenaza de fuga de capitales.

La ironía no escapa a nadie: Brin, que construyó su fortuna gracias a la innovación y el acceso a la educación pública, ahora invierte millones para evitar contribuir al mantenimiento de esos sistemas. La historia de la Proposición 40 es, en última instancia, una metáfora de la tensión entre el mérito individual y la responsabilidad colectiva.

El dinero de Brin podría no ser suficiente si la opinión pública se inclina hacia la solidaridad. Pero su movimiento ya ha enviado un mensaje: los multimillonarios están dispuestos a luchar cada centavo, incluso si eso significa gastar cien millones en el proceso. El futuro fiscal de California pende de un hilo.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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