OpenAI comenzó a probar en Estados Unidos una nueva función de finanzas personales que permite a ciertos usuarios de ChatGPT Pro conectar sus cuentas bancarias al chatbot. La propuesta abre la puerta a una asesoría más contextual, pero también vuelve a poner bajo la lupa los riesgos de privacidad, seguridad y uso de datos sensibles por parte de la IA.
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- OpenAI habilitó una vista previa para que usuarios seleccionados de ChatGPT Pro en Estados Unidos conecten cuentas de más de 12.000 instituciones financieras.
- La herramienta permite consultar saldos, transacciones, inversiones y pasivos, además de hacer preguntas basadas en el contexto financiero del usuario.
- Aunque la empresa promete conexiones seguras y acceso limitado, persisten dudas por el entrenamiento de modelos, filtraciones y posibles ataques de phishing.
OpenAI comenzó a probar una nueva función de finanzas personales dentro de ChatGPT que permitirá a ciertos usuarios en Estados Unidos conectar sus cuentas bancarias al chatbot. La herramienta se lanzó el viernes en versión preliminar para usuarios ChatGPT Pro seleccionados, y apunta a convertir al asistente en una especie de panel inteligente capaz de interpretar gastos, pasivos, inversiones y metas financieras.
Según explicó la empresa, la función permitirá enlazar cuentas de más de 12.000 instituciones financieras. Con ello, los usuarios podrán ver un tablero con su actividad reciente y hacer preguntas basadas en su propio contexto financiero, una promesa que OpenAI presentó como una forma de ofrecer respuestas más personalizadas para decisiones complejas de dinero.
El anuncio también incluye una alianza con Intuit. Gracias a esa integración, los usuarios podrán programar sesiones con expertos fiscales locales sin salir de ChatGPT, una señal de que OpenAI busca ampliar el alcance del producto más allá de las respuestas automatizadas y acercarlo a servicios financieros con intervención humana.
La compañía dijo que su objetivo es llevar esta función eventualmente a todos los usuarios. Por ahora, sin embargo, la prueba está restringida a un grupo limitado dentro de su plan de pago en Estados Unidos, lo que sugiere que OpenAI todavía está midiendo tanto la recepción del mercado como los riesgos técnicos y regulatorios de esta expansión.
Qué podrá hacer ChatGPT con los datos financieros
OpenAI sostiene que, una vez conectadas las cuentas, ChatGPT podrá combinar su capacidad de razonamiento con información financiera real y con detalles que el propio usuario ya haya compartido sobre su estilo de vida, prioridades y objetivos. La empresa planteó que eso ayudaría a detectar patrones, entender compensaciones y planificar decisiones grandes de una forma más personal y completa.
Ese contexto puede incluir si una persona tiene una hipoteca, si está ahorrando para comprar un auto o si busca pagar una deuda específica. ChatGPT también podría recordar esa información para futuras conversaciones, de modo que el usuario pueda volver luego y pedirle al sistema nuevas evaluaciones sobre su situación.
Entre los ejemplos que mencionó OpenAI están el análisis de cambios en patrones de gasto, la identificación de los principales riesgos en una cartera de inversiones y la elaboración de un plan para comprar una vivienda dentro de los próximos cinco años. La apuesta de fondo es clara: pasar de un chatbot generalista a una herramienta cada vez más anclada en datos personales y escenarios concretos.
Para nuevos lectores en el tema, el salto es relevante porque la IA generativa ha sido usada hasta ahora sobre todo para consultas abstractas o documentos cargados manualmente. Conectar cuentas bancarias en tiempo real supone un nivel distinto de acceso, ya que el sistema puede observar movimientos recientes, saldos actuales, pasivos e incluso hábitos de consumo que antes no estaban disponibles de forma directa.
Privacidad, entrenamiento de modelos y dudas persistentes
La novedad llega acompañada de una pregunta inevitable: por qué alguien entregaría información financiera sensible a un chatbot de IA. OpenAI argumentó que ya existe una demanda real para este tipo de uso. La empresa afirmó que más de 200 millones de personas al mes recurren a ChatGPT para pedir ayuda con presupuestos, estrategias de inversión y planificación a futuro.
Al mismo tiempo, la compañía aseguró que la práctica será segura. Indicó que las cuentas bancarias se conectarán “de forma segura” y que ChatGPT no podrá ver números completos de cuenta ni realizar cambios dentro de las cuentas del usuario. Sin embargo, sí tendrá acceso a saldos, transacciones, inversiones y pasivos para ejecutar las tareas promocionadas.
Ahí aparece uno de los principales focos de preocupación. El artículo original de Gizmodo advirtió que esa información probablemente quedará almacenada por OpenAI y que podría utilizarse, al menos, para entrenar modelos de IA si el usuario tiene activada la opción “mejorar el modelo para todos” en la configuración. Esa opción, además, viene encendida por defecto, aunque puede desactivarse manualmente.
OpenAI no detalló otros posibles usos de esos datos más allá del entrenamiento. Esa falta de precisión pesa especialmente en un contexto en el que la empresa ha sido cuestionada por cambios de postura sobre su producto y su estrategia comercial, mientras busca rentabilidad antes de una presunta oferta pública inicial.
La desconfianza no surge en el vacío. ChatGPT ya enfrentó un sonado episodio de filtración de datos en el pasado, y cualquier expansión hacia información bancaria intensifica el escrutinio sobre cómo se protege, almacena y procesa ese material. En servicios financieros, incluso pequeños márgenes de error pueden traducirse en consecuencias serias para los usuarios.
Los riesgos de seguridad van más allá del acceso directo
Además del debate sobre privacidad, también existe el riesgo de seguridad derivado de un hackeo, filtración o vulneración. En este tipo de escenarios, el problema no siempre pasa por el acceso total a una cuenta, sino por el valor estratégico de los datos expuestos para ataques posteriores más precisos.
Gang Wang, profesor asociado de informática de la Universidad de Illinois, dijo a CNN a comienzos de la semana que, si documentos o datos forman parte del entrenamiento de una IA, existe el riesgo de que esa información pueda inducirse mediante prompts especiales utilizados por actores maliciosos. La declaración fue realizada antes del anuncio formal de OpenAI sobre esta nueva función.
Ese punto importa porque incluso datos parciales pueden alimentar fraudes convincentes. Si un atacante lograra descubrir pagos recientes, fechas exactas de compras o montos abonados a un comercio específico, podría construir correos de phishing mucho más creíbles y dirigidos, aumentando la probabilidad de engañar a la víctima.
En otras palabras, el peligro no se limita a que un chatbot vea información bancaria. También radica en cómo esa información podría amplificar amenazas ya conocidas en el ecosistema digital, desde suplantaciones de identidad hasta estafas personalizadas basadas en hábitos de gasto reales.
Una expansión lógica para la IA, pero especialmente sensible
Desde una perspectiva de negocio, el movimiento de OpenAI encaja con la carrera de las plataformas de IA por convertirse en asistentes cada vez más integrales. Cuanto más contexto personal tengan, más útiles pueden parecer. Esa lógica también está detrás de la integración con calendarios, correos, documentos y ahora cuentas financieras.
Sin embargo, el terreno bancario es uno de los más delicados que puede tocar una IA de consumo. Los datos financieros no solo revelan patrimonio o deudas. También exponen hábitos, relaciones personales, rutinas, prioridades y vulnerabilidades. En un mercado donde la confianza es central, el umbral de tolerancia a errores suele ser muy bajo.
La empresa y su CEO, Sam Altman, además, atraviesan una batalla legal de alto perfil con Elon Musk. Parte de la evidencia y testimonios que han salido a la luz en ese proceso han presentado a Altman como un mentiroso, acusaciones que él niega. Aunque este conflicto no está ligado de forma directa a la nueva herramienta, sí influye en la forma en que el público evalúa la credibilidad de la compañía.
Por ahora, la nueva función de banca personal de ChatGPT abre una posibilidad llamativa para quienes buscan automatizar análisis financieros cotidianos. Pero también reaviva preguntas fundamentales sobre consentimiento, resguardo de datos y límites del uso de IA en ámbitos extremadamente sensibles. En esa tensión entre utilidad y riesgo, OpenAI está entrando a uno de los terrenos más complejos de toda su expansión.
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