Por Canuto  

El mercado de deuda estadounidense enfrenta una nueva fuente de presión: Japón, el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro, podría repatriar parte de su capital ante el repunte de los rendimientos locales y el giro del Banco de Japón. Si esa tendencia se acelera, Washington podría verse obligado a ofrecer tasas aún más altas debido a su deuda.

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  • Los inversionistas japoneses poseen cerca de USD $1 billón en bonos del Tesoro y son los mayores tenedores extranjeros de deuda de EE. UU.
  • El alza de tasas del Banco de Japón y el repunte de los rendimientos de los JGB están haciendo más atractivos los activos domésticos.
  • Una salida de capital desde EE. UU. podría elevar aún más los rendimientos del Tesoro, encareciendo el financiamiento del déficit estadounidense.

 


Durante años, la enorme diferencia entre los rendimientos de Japón y Estados Unidos empujó a los grandes inversionistas japoneses a buscar mejores retornos fuera de su país. Ese flujo ayudó a sostener la demanda por bonos del Tesoro estadounidense y consolidó a Japón como el mayor tenedor extranjero de deuda de Washington.

Ahora ese equilibrio podría estar cambiando. El aumento de la inflación en Japón, junto con las sucesivas subidas de tasas del Banco de Japón, ha elevado el atractivo de los bonos soberanos locales y está abriendo la puerta a una repatriación de capital que podría sentirse con fuerza en el mercado estadounidense.

De acuerdo con la información publicada por Fortune, los inversionistas japoneses poseen en conjunto alrededor de USD $1 billón en bonos del Tesoro. Si una parte relevante de ese dinero comienza a regresar al mercado doméstico, el Tesoro de EE. UU. podría enfrentar mayores dificultades para colocar nueva deuda sin ofrecer rendimientos más altos.

El posible cambio ocurre además en un contexto particularmente delicado para los mercados globales de renta fija. Reuters reportó este lunes que la venta masiva de bonos soberanos se ha intensificado desde Tokio hasta Nueva York, impulsada por el aumento de los precios energéticos y el temor a nuevas presiones inflacionarias derivadas de la guerra con Irán.

Los rendimientos de los bonos estadounidenses han seguido escalando rápidamente. El bono del Tesoro a 10 años alcanzó recientemente 4,631%, su nivel más alto desde febrero de 2025, mientras el rendimiento del papel a 30 años superó 5,15%, máximos de aproximadamente un año.

Japón deja atrás años de tasas ultrabajas

Para entender el posible cambio, conviene recordar que Japón pasó décadas con una política monetaria extraordinariamente laxa. El Banco de Japón mantuvo tasas ultrabajas, e incluso negativas durante varios años, en un intento por combatir la deflación y estimular una economía que avanzó con debilidad durante largo tiempo.

Ese contexto reducía el atractivo de los bonos japoneses para grandes gestoras, aseguradoras y fondos de pensiones. Como resultado, muchos actores institucionales buscaron rendimiento en el exterior, especialmente en Estados Unidos, donde los bonos del Tesoro ofrecían retornos superiores y un mercado profundo y líquido.

Sin embargo, el panorama ha cambiado con rapidez. Los rendimientos de los bonos del gobierno japonés a 10, 20 y 30 años se han disparado hasta niveles no vistos desde la década de 1990, modificando el cálculo de riesgo y retorno para el capital japonés.

Bloomberg reportó la semana pasada que el rendimiento del bono japonés a 20 años alcanzó 3,495%, su nivel más alto desde 1997. Al mismo tiempo, los rendimientos de los bonos a 10 y 30 años avanzaron hasta 2,59% y 3,86%, respectivamente.

La presión continuó aumentando este lunes. Reuters indicó que el rendimiento del bono japonés a 30 años llegó a 4,20%, un máximo histórico, mientras el bono a 10 años tocó niveles no vistos desde octubre de 1996.

Mercado espera otra subida de tasas desde Japón

El próximo movimiento esperado por el mercado es otra subida de tasas del Banco de Japón, que llevaría la tasa de referencia desde 0,75% hasta 1%. De concretarse, sería la quinta modificación de política monetaria desde 2024 y confirmaría un giro que hace poco parecía improbable.

Ese endurecimiento monetario está siendo reforzado por nuevas presiones inflacionarias. Tanto Fortune como Bloomberg señalan que la guerra con Irán ha elevado los precios del petróleo, aumentando el costo de la energía e intensificando expectativas de inflación más persistente dentro de Japón.

Además, crecen las expectativas de mayor gasto público bajo el gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi, quien busca impulsar la economía y amortiguar el impacto energético sobre consumidores y empresas.

La combinación de inflación, mayores rendimientos y perspectivas de más emisión de deuda japonesa está transformando nuevamente el mercado local en una alternativa atractiva para los inversionistas nacionales.

Señales de repatriación de capital

Las primeras pistas de este viraje ya están apareciendo en los flujos de inversión. En marzo se registró la mayor entrada mensual de la historia hacia fondos japoneses de bonos soberanos, una señal que sugiere que parte del capital está comenzando a moverse de vuelta hacia instrumentos locales.

Mark Dowding, director de inversiones de BlueBay Asset Management, resumió ese cambio ante Financial Times con una frase contundente: el nuevo dinero que se está poniendo a trabajar no irá al extranjero. Según su lectura, ese capital no se dirigirá ni a bonos corporativos estadounidenses ni a bonos del Tesoro, sino a asignaciones domésticas.

La propia firma lanzó su primer fondo de bonos japoneses en marzo, una decisión que sirve como indicio del cambio estructural percibido por los gestores. Cuando una gestora global crea nuevos productos para capturar demanda local, suele ser porque identifica un ciclo con potencial de sostenerse.

El yen podría moverse al alza

Matt Smith, gestor de fondos en Ruffer, también dijo al Financial Times que está apostando por una apreciación del yen a medida que los inversionistas japoneses aumenten su exposición a activos nacionales.

Según explicó, la presión está creciendo porque los rendimientos domésticos de largo plazo siguen subiendo y el marco institucional ahora favorece que el dinero “vuelva a casa”.

Esa posibilidad resulta especialmente relevante porque un yen más fuerte podría reforzar todavía más el incentivo de los inversionistas japoneses a reducir exposición externa y priorizar activos domésticos.

Bloomberg también destacó que las autoridades japonesas habrían intervenido recientemente en el mercado cambiario para intentar frenar la debilidad del yen frente al dólar. Personas familiarizadas con el asunto estiman que las intervenciones podrían haber alcanzado alrededor de ¥10 billones, equivalentes a unos USD $63.400 millones.

Más tensión para el Tesoro estadounidense

La cuestión de fondo es qué ocurriría si esa repatriación se amplía. Si los inversionistas japoneses se desprenden de deuda estadounidense en volumen, el Tesoro tendría que atraer a otros compradores con rendimientos más altos, elevando el costo de financiamiento de la mayor economía del mundo.

El mercado ya está mostrando señales de deterioro. En la última semana, varias subastas de deuda reflejaron una demanda moderada, obligando al Departamento del Tesoro a vender USD $25.000 millones en bonos a 30 años con un rendimiento de 5%, algo que no ocurría desde 2007.

Antes de esa colocación, ningún bono del Tesoro a 30 años tenía una tasa superior a 4,75%. El contraste resulta llamativo porque a mediados de febrero, justo antes de la escalada del conflicto con Irán, una emisión del Tesoro había registrado la mayor demanda de la historia para subastas a 30 años.

La debilidad no se limita al extremo largo de la curva. En marzo, las subastas de notas del Tesoro a dos, cinco y siete años también registraron una demanda floja, llevando los rendimientos por encima de lo esperado por el mercado.

A esa presión se suma otro elemento: una avalancha de bonos corporativos compite con el Tesoro por los mismos dólares de los inversionistas. Cuando la oferta de deuda privada aumenta al mismo tiempo que el gobierno necesita financiar déficits elevados, los rendimientos tienden a subir para equilibrar el mercado.

También ha cambiado la composición de los compradores. Los bancos centrales extranjeros han reducido su presencia en el mercado de bonos de EE. UU. durante los últimos años, mientras fondos de cobertura más sensibles al precio han tomado parte de ese espacio. Eso suele implicar una demanda menos estable y más reactiva ante cambios en tasas y riesgo.

Reuters además señaló que los mercados ahora descuentan una probabilidad superior al 50% de que la Reserva Federal (FED) vuelva a subir tasas antes de diciembre, un cambio significativo respecto a las expectativas previas al conflicto en Medio Oriente, cuando muchos inversionistas anticipaban recortes durante este año.

La deuda, el déficit y el mensaje del mercado

Los rendimientos más altos tienen efectos directos sobre las finanzas públicas de Estados Unidos. El aumento del costo de los intereses agrava un problema que ya es significativo, con pagos anuales que rondan USD $1 billón, incrementando aún más la presión sobre el déficit presupuestario y la carga total de deuda.

El propio Departamento del Tesoro reconoció recientemente que espera pedir prestado más de lo previsto este trimestre. La razón fue que el flujo de caja entrante resultó más débil de lo proyectado inicialmente, una señal incómoda en un momento en que el mercado exige una prima cada vez mayor para absorber nueva oferta.

Mark Malek, director de inversiones de Siebert Financial, interpretó esa actualización como otra prueba de la enorme cantidad de deuda que está emitiendo el Tesoro. En una publicación titulada “El mercado de bonos está gritando”, el ejecutivo advirtió que existe una desconexión inusual entre la política monetaria de la Reserva Federal y los rendimientos de largo plazo.

Según Malek, la Fed ha recortado la tasa de referencia en 175 puntos básicos desde mediados de 2024, pero el rendimiento del Tesoro a 10 años apenas ha caído unos 35 puntos básicos, mientras el bono a 30 años alcanzó 5%. Para el ejecutivo, esa divergencia no es normal y representa una señal de advertencia sobre inflación, exceso de emisión de deuda y sostenibilidad fiscal.

El fenómeno además ya muestra efectos de contagio global. Bloomberg recordó que una fuerte venta de bonos japoneses en enero terminó impactando también al mercado estadounidense, especialmente al segmento de deuda a 20 años, lo que incluso atrajo atención del secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent.

Para los inversionistas globales, el tema trasciende la relación bilateral entre Tokio y Washington. Un ajuste en los flujos de capital japoneses puede influir sobre tasas, monedas, acciones y activos de riesgo en todo el mundo, incluidas las criptomonedas, que suelen reaccionar con sensibilidad a cambios bruscos en liquidez global, costos de financiamiento y percepción macroeconómica.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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