Por Canuto  

El oro retrocedió 3,8% en 2026 y cotizaba cerca de USD $4.176, pero Morgan Stanley conserva una perspectiva favorable a 12 meses. Su estratega Amy Gower destacó tres posibles respaldos: compras de bancos centrales y China, una eventual caída de los rendimientos de largo plazo y un alivio inflacionario si baja el petróleo.
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  • Los bancos centrales sumaron 23 toneladas netas de oro en julio; China añadió 20 toneladas ese mes y unas 20,2 en agosto.
  • Gower identificó los rendimientos de los bonos y una posible desescalada en Oriente Medio como factores capaces de influir en el metal.
  • Morgan Stanley considera USD $4.000 un soporte importante; empleo e inflación de septiembre preceden la reunión de la Fed del 27 y 28 de octubre.


El oro afronta una combinación incómoda: acumuló una caída de alrededor de 3,8% en 2026 y esta semana se acercó a un mínimo de siete semanas, aunque Morgan Stanley todavía mantiene una visión favorable para los próximos 12 meses. El jueves, el metal al contado rondaba USD $4.176, después de una fuerte venta el lunes. Para Amy Gower, jefa de estrategia de metales y minería de la entidad, tres factores podrían ofrecer respaldo: la demanda física, una posible moderación de los rendimientos de largo plazo y un alivio de la inflación ligado al petróleo.

La perspectiva no equivale a afirmar que el precio ya encontró un piso definitivo ni que vaya a subir de forma continua. Gower anticipó volatilidad alrededor de las próximas reuniones de la Reserva Federal y de la publicación de datos económicos, pero señaló USD $4.000 como un nivel de soporte que considera sólido. El contraste es relevante para los inversores: la caída reciente convive con compras oficiales persistentes y con posibles cambios en variables que suelen influir en el atractivo de un activo que no paga intereses.

Compras oficiales y apetito de China sostienen la demanda

El primer apoyo que Gower puso sobre la mesa es la demanda física, en particular las adquisiciones de bancos centrales y compradores chinos. Según datos del Consejo Mundial del Oro citados en el reporte, los bancos centrales añadieron 23 toneladas métricas netas en julio. China incorporó 20 toneladas durante ese mes, mientras Polonia sumó otras 8, cifras que muestran que las compras oficiales no se limitaron a un solo país.

Las cifras de China también apuntan a continuidad durante el mes siguiente. Pekín compró alrededor de 20,2 toneladas en agosto, su mayor incorporación mensual desde octubre de 2023, de acuerdo con la información citada. Ese dato importa para la tesis de Morgan Stanley porque amplía la secuencia más allá de julio y presenta a China como un actor que todavía busca aumentar sus reservas, incluso mientras el precio del metal atraviesa una corrección.

La demanda china, sin embargo, no se reduce a las decisiones de su banco central. Las importaciones totales del país, que incluyen compras privadas e institucionales, superaron las 1.000 toneladas métricas durante los primeros ocho meses de 2026. Gower dijo a CNBC que el ritmo observado deja a China encaminada a registrar su mayor nivel desde 2017, una señal que atribuyó a un apetito especialmente fuerte por el oro.

Ese volumen agrega una dimensión distinta a las compras oficiales: sugiere que el interés también involucra a otros participantes del mercado chino. Aun así, las cifras de importación no garantizan por sí solas que la cotización vaya a repuntar, ni eliminan la presión que puede ejercer el costo de oportunidad de mantener oro. La lectura de Gower es más acotada: la demanda física ofrece un respaldo que puede ayudar a explicar por qué Morgan Stanley conserva una visión constructiva pese al retroceso anual.

Los rendimientos siguen siendo el principal obstáculo

El segundo elemento de la evaluación tiene que ver con los bonos y, específicamente, con sus rendimientos. Como el oro no genera intereses, unos retornos más altos en instrumentos de deuda pueden restarle atractivo frente a activos que sí ofrecen rendimiento. Gower reconoció que ese factor sigue siendo el mayor obstáculo para el metal, por lo que cualquier cambio en el mercado de bonos podría modificar el equilibrio entre la presión bajista y los apoyos que describió.

La estratega planteó como posibilidad que una mayor intervención en el mercado de deuda de largo plazo contribuya a reducir los rendimientos. En declaraciones recogidas por CNBC, preguntó qué ocurriría si esa intervención hiciera que las tasas de largo plazo volvieran a bajar. Se trata de un escenario condicional, no de una medida que la nota dé por confirmada; su importancia reside en que una caída de los rendimientos podría aliviar una de las principales desventajas del oro.

El vínculo entre bonos y oro también ayuda a entender por qué las perspectivas pueden cambiar incluso sin que se modifique la demanda física. Si los rendimientos permanecen elevados, el metal no remunerado enfrenta una competencia más fuerte; si retroceden, esa presión podría moderarse. Morgan Stanley no presentó en la información citada un calendario o una magnitud para una eventual intervención, de modo que el argumento de Gower funciona como una variable que los inversores deben seguir, no como una predicción segura.

Ese balance explica la cautela que acompaña a la visión favorable de la firma. Gower espera fluctuaciones en torno a las próximas decisiones de la Reserva Federal y a las publicaciones de datos, mientras otros analistas han advertido que el panorama de tasas podría volverse más adverso. En junio, Michael Hsueh, analista de Deutsche Bank, alertó que entre tres y cuatro subidas de tasas de la Fed podrían arrastrar el oro hacia USD $3.800, un escenario de riesgo que contrasta con el nivel de soporte señalado por Morgan Stanley.

Petróleo, inflación y las pruebas que vienen

El tercer apoyo propuesto conecta el precio del petróleo con la inflación y, a través de ella, con las tasas de interés. Según el reporte, funcionarios de Estados Unidos e Irán mantenían conversaciones separadas con mediadores sobre el conflicto de siete meses en Oriente Medio. Una desescalada rápida podría presionar el petróleo a la baja y enfriar las expectativas inflacionarias, lo que limitaría la presión alcista sobre las tasas y los rendimientos; ese encadenamiento es una posibilidad, no un desenlace confirmado.

La hipótesis tiene varios pasos y depende de que se materialicen cambios geopolíticos y económicos. Una caída del crudo podría contribuir a reducir las expectativas de inflación, y una menor presión inflacionaria podría disminuir el incentivo para que las tasas y los rendimientos sigan subiendo. Para el oro, el efecto potencial sería indirecto: una menor competencia de los bonos ayudaría a aliviar el obstáculo que Gower identificó, aunque la cotización también continuaría expuesta a las decisiones de política monetaria y a los datos económicos.

Un dato de inflación más moderado ya dio cierto respiro al metal, según la información citada. La inflación del índice PCE de Estados Unidos se enfrió a 3,4% en agosto y el oro subió unos USD $20 en los minutos posteriores a la publicación del miércoles. La secuencia muestra cómo los indicadores de precios pueden provocar reacciones rápidas, pero un movimiento puntual no basta para demostrar que la tendencia del mercado haya cambiado de forma sostenida.

Antes de la reunión de la Fed prevista para el 27 y 28 de octubre, dos publicaciones pondrán a prueba las expectativas sobre el oro: el informe de empleo de septiembre, que debía conocerse el viernes, y el índice de precios al consumidor de septiembre, programado para el 14 de octubre. La respuesta de los mercados a esos datos podría influir en las expectativas de tasas y rendimientos, dos variables centrales para la tesis expuesta por Gower. Morgan Stanley identifica USD $4.000 como un piso bastante fuerte, pero la advertencia de Deutsche Bank sobre un posible descenso hacia USD $3.800 recuerda que ese nivel no constituye una garantía.


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