Por Canuto  

Una encuesta del Pew Research Center muestra que la opinión de los estadounidenses sobre los centros de datos se deterioró con rapidez desde enero, especialmente por sus efectos percibidos sobre el ambiente, las facturas de energía y la calidad de vida local.
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  • El 54% de los encuestados considera que los centros de datos son mayormente malos para el ambiente, frente al 39% registrado en enero.
  • La preocupación por los costos de energía del hogar subió del 38% al 50% entre enero y agosto.
  • El 60% dijo sentirse poco o nada cómodo con un nuevo centro de datos operando cerca de su comunidad.


La opinión pública en Estados Unidos se ha vuelto considerablemente más crítica frente a los centros de datos, instalaciones esenciales para servicios digitales, inteligencia artificial y computación en la nube. Una encuesta del Pew Research Center muestra que las preocupaciones aumentaron desde enero, sobre todo por el impacto ambiental, los costos de energía de los hogares y la calidad de vida de las comunidades cercanas.

El estudio consultó a 10.548 adultos estadounidenses entre el 20 de julio y el 9 de agosto. Sus resultados aparecen mientras crece el debate sobre la electricidad y el agua que requieren estas instalaciones, así como sobre quién debe asumir sus costos cuando la infraestructura tecnológica llega a una comunidad.

La preocupación ambiental gana terreno

El 54% de los participantes dijo que los centros de datos son mayormente malos para el ambiente, un aumento notable frente al 39% que expresó esa opinión en enero. En contraste, apenas el 4% describió su impacto ambiental como mayormente bueno, lo que revela una percepción ampliamente desfavorable entre quienes respondieron.

La preocupación no se limita a un grupo social específico, porque hombres y mujeres, adultos de distintas edades y personas con diferentes niveles educativos se volvieron más negativos desde comienzos de año. El mismo movimiento se observó entre residentes urbanos, suburbanos y rurales, pese a que cada uno enfrenta condiciones distintas frente a la expansión de infraestructura.

El debate ambiental incluye el consumo de electricidad y agua, dos recursos que pueden convertirse en puntos de fricción con los residentes. The Register ha informado sobre investigaciones de senadores estadounidenses relacionadas con el aumento de las facturas de energía, además de cuestionamientos sobre las emisiones y el uso de agua declarado por los operadores.

La encuesta no prueba por sí misma que los centros de datos hayan causado un aumento específico en las facturas de cada hogar, pero sí muestra que esa asociación está ganando fuerza entre los ciudadanos. Esa percepción puede influir en los permisos, las negociaciones locales y la disposición de las comunidades a recibir nuevas instalaciones tecnológicas.

El costo energético se convierte en una preocupación política

La mitad de los encuestados considera que los centros de datos son mayormente malos para los costos de energía del hogar, frente al 38% que opinaba lo mismo en enero. Solo el 4% los calificó como mayormente buenos en esta categoría, mientras el resto mantuvo una posición diferente o no expresó una valoración positiva.

Los costos de energía han adquirido relevancia porque los centros de datos necesitan un suministro eléctrico constante para operar servidores y sistemas de enfriamiento. Cuando una comunidad discute nuevas instalaciones, la conversación ya no se limita a los empleos prometidos, sino que también incluye la posibilidad de que la infraestructura y los servicios públicos deban ampliarse.

La calidad de vida de los residentes cercanos también recibió una evaluación más negativa. El 49% dijo que los centros de datos son mayormente malos en ese aspecto, frente al 30% de enero, y nuevamente solo el 4% describió su efecto como mayormente bueno.

En total, el 60% de los encuestados afirmó que se sentiría poco o nada cómodo con un nuevo centro de datos operando cerca. Las mayorías urbanas, suburbanas y rurales coincidieron en esa incomodidad, una señal de que la resistencia no depende exclusivamente de vivir en una gran ciudad o en una zona donde ya existe actividad tecnológica.

El respaldo partidista tampoco elimina la tensión

El cambio de opinión atraviesa las líneas partidistas, aunque los demócratas y los independientes con inclinación demócrata continúan siendo más críticos que los republicanos y quienes simpatizan con ese partido. Incluso entre estos últimos, la evaluación negativa de la calidad de vida local aumentó con fuerza, desde el 24% en enero hasta el 42% en la medición más reciente.

Las opiniones estuvieron más divididas cuando los participantes evaluaron el empleo local y los ingresos fiscales asociados con los centros de datos. Ese contraste sugiere que los posibles beneficios económicos todavía forman parte de la discusión, aunque no compensan automáticamente las preocupaciones ambientales, energéticas y comunitarias expresadas por una proporción creciente de ciudadanos.

La industria reconoce desde hace tiempo el desafío de convencer a las comunidades que reciben nuevas instalaciones. En el Datacloud Global Congress del año pasado, ejecutivos analizaron maneras de ganar respaldo local, mientras la directora de sostenibilidad de Amazon sostuvo esta semana que las comunidades deben exigir responsabilidades a la empresa y mayor transparencia sobre los efectos de sus centros de datos.

Los funcionarios republicanos también han mostrado posiciones diferentes frente a la expansión. Trump ha apoyado de manera consistente la construcción de centros de datos como parte de la competencia de Estados Unidos con China, mientras el gobernador de Texas, Greg Abbott, ordenó en agosto una pausa en la aprobación de nuevos proyectos para permitir una auditoría integral. Según la directiva estatal, la auditoría debe completarse antes de que cualquier proyecto de centro de datos avance.

La expansión tecnológica enfrenta una prueba de confianza

Trump también atribuyó la oposición a los centros de datos a la propaganda china, una explicación que coloca el conflicto dentro de la competencia tecnológica entre ambas potencias. Sin embargo, los resultados de Pew muestran una preocupación extendida entre grupos demográficos y partidistas, por lo que el rechazo no aparece limitado a una campaña política o a un sector específico del electorado.

Otro dato relevante es que el 12% de los encuestados dijo no haber oído hablar de los centros de datos. La cifra indica que todavía existe un segmento de la población poco familiarizado con estas instalaciones, pero también deja abierta la posibilidad de que la opinión cambie cuando los proyectos se vuelvan más visibles o afecten directamente a los servicios locales.

Para los operadores, la dificultad no consiste únicamente en explicar la utilidad de la computación en la nube o de la inteligencia artificial. También deben responder preguntas sobre consumo eléctrico, agua, emisiones, facturas domésticas y calidad de vida, asuntos que la encuesta coloca en el centro de la conversación pública.

El resultado plantea un desafío para las empresas tecnológicas y para los gobiernos que consideran estratégica la expansión de la infraestructura digital. La aceptación social dependerá cada vez más de la información que las compañías entreguen, de la claridad sobre sus impactos y de la capacidad de demostrar que los beneficios locales no recaen únicamente en los operadores.

Mientras Estados Unidos busca aumentar su capacidad de cómputo, la encuesta sugiere que la velocidad de construcción puede chocar con una tolerancia ciudadana cada vez menor. La batalla por los centros de datos ya no se libra solo en los mercados tecnológicos, sino también en las comunidades que deben convivir con sus costos y consecuencias.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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