Por Canuto  

El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años tocó 5,34%, su nivel más alto desde 2002, en medio de una venta global de deuda que encarece el financiamiento de gobiernos, empresas y hogares. El alza refleja presiones inflacionarias, expectativas de tasas más elevadas y preocupación por las cuentas públicas, aunque las bolsas mostraron por ahora una reacción contenida.
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  • El rendimiento del Tesoro de EE. UU. a 10 años llegó a 5,34%, máximo desde 2002, tras su mayor avance trimestral de este siglo.
  • Los costos de financiamiento también marcaron niveles destacados en Francia, Reino Unido y Japón, mientras la inflación y el gasto público preocupan a los mercados.
  • Pese al nerviosismo en bonos y crédito, las acciones registraron movimientos más moderados y algunos analistas aún ven impulso en las inversiones ligadas a la IA.


El rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a 10 años alcanzó 5,34% el jueves 1 de octubre, su nivel más alto desde 2002, mientras se profundizaba la venta de deuda pública en distintos mercados. El movimiento encareció el financiamiento desde Estados Unidos hasta Francia y Japón, y volvió a poner bajo presión a gobiernos que deben destinar más recursos al pago de intereses.

El aumento ocurre en un entorno de inflación persistente, mayores costos de energía y expectativas de tasas de interés más elevadas. Reuters informó que el referente estadounidense registró su mayor subida trimestral de este siglo durante los tres meses que terminaron en septiembre, aunque algunos compradores aprovecharon los precios más bajos y moderaron el avance de los rendimientos.

El costo de endeudarse vuelve al centro de la escena

Los rendimientos de los bonos se mueven en sentido contrario a sus precios: cuando los inversionistas venden deuda, su precio cae y el retorno que ofrece a quienes la compran sube. Por eso, el avance de la tasa estadounidense a 10 años importa más allá de los mercados financieros, ya que sirve como referencia para diversos costos de financiamiento y para la valoración de activos.

Un rendimiento más alto puede elevar los pagos de intereses de gobiernos, empresas y personas que toman préstamos hipotecarios, mientras reduce el margen presupuestario disponible para otros gastos públicos. El fenómeno preocupa especialmente cuando coincide con elevados niveles de deuda, porque una porción mayor de los ingresos fiscales debe cubrir el servicio de las obligaciones existentes.

La venta no se limitó a Estados Unidos. Los costos de financiamiento subieron también en países europeos y asiáticos, y el rendimiento de referencia global rondaba 5,32% después de retroceder desde los máximos alcanzados durante la jornada, una señal de que algunos compradores empezaron a regresar al mercado.

Para Fred Neumann, economista jefe para Asia de HSBC, los mercados atraviesan un proceso para determinar cuál será el nuevo nivel de referencia de largo plazo. En su evaluación, los años de inflación por encima de los objetivos han llevado a los inversionistas a exigir una prima mayor por prestar dinero durante períodos prolongados.

Inflación, energía y gasto público alimentan la presión

El encarecimiento de la energía está reforzando las expectativas de inflación, uno de los factores que impulsan al alza los rendimientos. Cuando los inversionistas creen que la inflación seguirá erosionando el valor de los pagos futuros, pueden exigir retornos superiores para mantener bonos de largo plazo, lo que presiona los costos de endeudamiento de los emisores.

La actividad económica también contribuye a la revisión de las expectativas. Los datos mostraron que la actividad fabril se expandió en Europa y Asia durante el mes anterior, con apoyo de inversiones relacionadas con inteligencia artificial, y ese crecimiento llevó a algunos participantes a considerar que las economías pueden resistir tasas más altas durante más tiempo.

Neumann advirtió que no sería justo atribuir toda la persistencia inflacionaria a los bancos centrales y señaló también el papel de las políticas fiscales expansivas. Su comentario pone el foco en el equilibrio entre gasto público, inflación y política monetaria: si los gobiernos sostienen una demanda elevada mientras los precios permanecen bajo presión, los mercados pueden pedir una compensación mayor para financiar deuda de largo plazo.

El Instituto de Finanzas Internacionales, con sede en Washington, estimó que las economías avanzadas pagaron más de USD $3,3 billones en intereses por bonos gubernamentales negociados internacionalmente durante el último año. La cifra superó las estimaciones de gasto global en inteligencia artificial, de USD $2,6 billones, y energía limpia, de USD $2,3 billones, aunque quedó por debajo de los USD $3,1 billones destinados a defensa.

Francia concentra la atención de los inversores

Francia afrontaba una prueba particular, ya que su gobierno presentaba el jueves un proyecto de presupuesto para 2027 con medidas de austeridad que podrían encontrar dificultades para ser aprobadas en el Parlamento. La incertidumbre política y fiscal se reflejó en el mercado: el rendimiento francés a 10 años llegó a su nivel más alto desde 2002 y se acercó al umbral simbólico de 5%.

El desempeño reciente de la deuda francesa también fue débil: entre junio y septiembre registró su peor trimestre desde 1987. Aunque el rendimiento retrocedió desde el máximo intradiario, la brecha entre los costos de financiamiento franceses y alemanes a 10 años alcanzó su nivel más amplio desde la crisis de deuda de la zona euro de la década de 2010.

El costo de asegurar la deuda francesa frente al riesgo de impago, medido mediante instrumentos de crédito, también llegó a su nivel más alto desde 2013. Ese encarecimiento refleja una mayor percepción de riesgo entre los participantes del mercado, aunque no equivale por sí mismo a una predicción de que Francia dejará de pagar sus obligaciones.

La evolución del mercado incluso generó preguntas sobre si el Banco Central Europeo podría intervenir para respaldar los bonos franceses. Sin embargo, los participantes consultados por Reuters consideraban poco probable una ayuda de ese tipo en ese momento, mientras el gobierno debía defender su presupuesto y convencer a los inversores de la sostenibilidad de sus finanzas.

El ajuste de tasas se extiende a Reino Unido y Japón

La presión también alcanzó al Reino Unido, donde el rendimiento de los bonos gubernamentales a 30 años superó 6%, su mayor nivel desde 1998. Al mismo tiempo, datos sobre vivienda indicaron que el crecimiento de los precios había caído a su ritmo más lento en casi dos años, un indicio de cómo las tasas elevadas pueden trasladarse a la economía cotidiana.

Japón enfrenta otro tipo de transición: después de décadas combatiendo la deflación, la inflación se ha arraigado y los rendimientos soberanos han registrado cinco trimestres consecutivos de avances de dos dígitos, una secuencia sin precedentes. El cambio supone una alteración importante para un mercado acostumbrado durante mucho tiempo a tasas muy bajas.

En Estados Unidos, los operadores abandonaron rápidamente las expectativas anteriores de recortes de tasas para este año. Tras un aumento el mes pasado, los mercados esperaban al menos tres alzas adicionales de la Reserva Federal antes de mediados de 2027, aunque los datos de inflación publicados el miércoles moderaron las previsiones para el corto plazo.

Las expectativas también cambiaron en Europa: los datos de inflación de la semana resultaron más altos de lo previsto, y el Banco Central Europeo ya había elevado las tasas dos veces durante el año. Los mercados incorporaban tres aumentos adicionales de 25 puntos básicos hasta mediados de 2027, según el reporte, una perspectiva que añade presión a quienes dependen del crédito.

Acciones nerviosas, pero sin una liquidación generalizada

A pesar de la intensidad de la venta en bonos, las bolsas mostraron una reacción más moderada durante la jornada. Las acciones europeas tocaron su nivel más bajo desde junio, pero cerraron con una caída de apenas 0,5%, mientras que se esperaba que los mercados estadounidenses abrieran al alza.

El mercado de crédito sí mostró señales de mayor cautela: un índice de swaps de incumplimiento crediticio vinculado a bonos de alto rendimiento alcanzó su nivel más elevado desde principios de abril. Estos instrumentos protegen frente al riesgo de impago, por lo que su encarecimiento puede reflejar una demanda mayor de cobertura entre los inversores.

Afonso Borges, analista de renta fija de Julius Baer, atribuyó parte de la subida de los rendimientos a un crecimiento económico más firme, que llevó a los mercados a concluir que las economías podían sostener tasas elevadas durante más tiempo. Esa lectura contrasta con la posibilidad de que un crecimiento débil obligue a los bancos centrales a relajar su política monetaria.

Chris Scicluna, jefe de investigación económica de Daiwa Capital Markets, afirmó que las tasas más altas todavía no parecían constituir un obstáculo decisivo para los activos de riesgo. A su juicio, las noticias sobre ganancias y el impulso que podrían aportar las inversiones relacionadas con inteligencia artificial en los siguientes trimestres seguían ofreciendo respaldo, aunque la evolución de la inflación y la deuda pública mantendría a los mercados atentos.


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