Por Canuto  

En San Francisco, la inteligencia artificial ya aparece en perfiles de citas, influye en las conversaciones sobre hijos y hasta busca encuentros por encargo. La postura frente a la tecnología puede ser un filtro moral, una herramienta para gestionar emociones o una ventaja económica, según quién esté del otro lado del perfil.

***

  • Algunos solteros consideran que trabajar en IA o utilizar chatbots plantea preguntas éticas y de confianza en una relación.
  • Una encuesta de Match y el Instituto Kinsey de 2025, citada en el reportaje, indica que el 26% de los solteros estadounidenses usa herramientas de IA para mejorar sus experiencias de citas.
  • El auge de los empleos de IA también atrae interés por sus salarios, mientras otros temen el impacto social y la incertidumbre sobre el futuro.

 


 

En San Francisco, hablar de inteligencia artificial (IA) ya puede definir si una cita avanza o se queda en un perfil descartado. Mientras algunos solteros rechazan a quienes usan estas herramientas o trabajan en el sector, otros las incorporan a sus conversaciones, sus planes de futuro e incluso a la búsqueda de pareja.

Un reciente reportaje de The Verge retrata una escena amorosa atravesada por preguntas que van más allá de la compatibilidad habitual: qué significa trabajar en una empresa de IA, si es aceptable confiarle emociones a un chatbot y cómo imaginar una familia ante un futuro tecnológico incierto. Las respuestas no forman un bloque uniforme, pero muestran que la IA ya funciona como marcador de valores, además de como herramienta cotidiana.

La IA como señal de valores y dilema de pareja

Irene, una analista de 25 años que se mudó a San Francisco, cuenta que encontró perfiles de Hinge con declaraciones explícitas contra la inteligencia artificial. En el espacio donde algunos usuarios explican con quién podrían llevarse bien, vio frases como «Que se joda la IA»; en otro perfil, una persona advertía que no se debía salir con ella si se usaba esa tecnología. Irene observó ese tipo de mensajes entre personas que, según su experiencia, trabajaban en áreas como las artes, la enfermería y el diseño gráfico.

La postura frente a la IA puede adquirir un peso parecido al de una afiliación política u otros signos de identidad que aparecen en los perfiles, plantea el reportaje. En una ciudad asociada estrechamente con la industria tecnológica, la discusión no se limita a preferencias sobre herramientas: también puede expresar desacuerdo con el poder de las empresas, sus consecuencias sociales o la forma en que la tecnología se integra en la vida diaria.

Kyle, cuyo nombre fue cambiado para proteger su vida privada, trabaja en una iniciativa sin fines de lucro dedicada a la seguridad de la IA. Aunque tiene poco más de 20 años, dice que el desarrollo acelerado de la tecnología influye en decisiones íntimas como dónde vivir y si tener hijos. En su comunidad, explica, algunos expertos estiman en 10% la posibilidad de que la IA provoque la extinción humana. Se trata de una estimación que forma parte de sus preocupaciones sobre el futuro, no de una probabilidad establecida como un hecho.

Ese temor también influye en cómo Kyle evalúa a posibles parejas que trabajan en empresas de IA de frontera. Considera que algunos empleados priorizan el salario o el interés técnico y no prestan suficiente atención al impacto social de sus acciones; por eso, le costaría decidir si salir con alguien del sector. Sin embargo, intenta hablar de estos asuntos en persona, donde la otra persona puede preguntar y entender mejor por qué la posibilidad de un futuro incierto pesa tanto para él.

Salarios atractivos, objeciones éticas y emociones

Bryan, quien trabaja en una empresa de IA de frontera y también pidió usar un seudónimo, sostiene una posición distinta: para él, las opiniones sobre la inteligencia artificial tienen poca importancia al elegir pareja. Dice que pesan más la manera de comunicarse, la forma de afrontar problemas y la capacidad de divertirse juntos. También cree que cuidar la apariencia y hacer ejercicio puede ayudar más a conseguir una cita que declararse a favor o en contra de la IA.

Aun así, Bryan reconoce una ventaja práctica asociada con el sector: algunas personas se están enriqueciendo gracias a la IA, y el dinero puede ser atractivo en el mundo de las citas. El reportaje relaciona esa percepción con la expansión del empleo de IA en el Área de la Bahía. Según cifras de CBRE citadas en la nota, la región sumó más de 20.000 empleos de IA, mientras que entre 2022 y 2025 el empleo tecnológico general del Área de la Bahía cayó 6%.

La remuneración también ayuda a explicar el interés de algunos clientes de casamenteros por perfiles de ingenieros de IA y otros trabajadores del sector. La nota señala que un investigador de IA puede ganar en promedio alrededor de USD 300.000 y cita el caso de una clienta que reservó una estancia de seis meses en San Francisco con la esperanza de conocer a una pareja vinculada a una empresa de IA que preparaba una oferta pública inicial. Es un atractivo económico que convive con las dudas éticas, no una garantía de compatibilidad.

La discusión también alcanza el uso de chatbots para procesar asuntos personales. Un estudio de la Universidad Elon citado por el reportaje encontró que 27% de los estadounidenses recurre a chatbots de IA con consultas personales, emocionales o sociales; entre ese grupo, 38% dijo que a veces comparte con la IA cosas que no contaría a otras personas, incluidas sus parejas. Estas cifras ayudan a explicar por qué el uso emocional de los asistentes digitales puede convertirse en un tema de confianza dentro de una relación.

Andromeda, que trabaja como técnica de emergencias médicas, técnica conductual registrada y analista de seguridad de IA, no descarta salir con alguien que use un chatbot para ordenar pensamientos intensos o expresarse con mayor claridad. Sin embargo, le preocupa que esa herramienta sustituya la conexión humana o se convierta en un recurso disfuncional. Su inquietud abarca también la forma en que las personas tratan a los modelos: bromea con que, si alguien maltrata a ChatGPT hoy, mañana podría tratarla mal a ella.

Cuando el algoritmo toma las riendas de las citas

Joseph, un ingeniero de software de 21 años que trabaja hasta 14 horas al día para lanzar su startup, decidió delegar el deslizamiento en Hinge a un agente de IA. Su asistente virtual humano, que trabaja desde Filipinas, administra la herramienta, ajustada para imitar su forma de hablar y comportarse. El agente revisa perfiles, redacta mensajes personalizados y, después de un intercambio, intenta determinar si la persona es compatible con Joseph.

Si el sistema considera que hay compatibilidad, reserva espacios disponibles en el calendario de Joseph para encuentros presenciales durante el fin de semana. Él presenta la estrategia como una forma de proteger su tiempo y concentrarse en tareas de mayor impacto, porque trabaja intensamente en su empresa. También describe el intercambio inicial como una secuencia repetitiva para conocerse y explicar la propia historia, un proceso que decidió automatizar.

Joseph afirma que el método le ha resultado exitoso y habla de un promedio de dos «conversiones cerradas» por semana, con lo que se refiere a dos citas con personas distintas. Las mujeres con quienes conversa no saben que el agente de IA lleva adelante el contacto inicial, aunque el objetivo final es que ambos se conozcan en persona. Joseph no comparte los detalles técnicos de su agente, pero dice que crear uno resulta bastante sencillo con Claude Code; describe el proceso como una manera de reducir su «costo por eyaculación».

El caso se inserta en una adopción más amplia de herramientas de IA para las citas. Una encuesta de Match y el Instituto Kinsey de 2025 encontró que 26% de los solteros en Estados Unidos usa estas herramientas para mejorar sus experiencias amorosas. Hinge ya ofrece sugerencias de respuestas generadas con IA, mientras que Bumble anunció que eliminaría la función de deslizamiento y apostaría por un emparejamiento apoyado en inteligencia artificial.

Estas funciones pueden ayudar a iniciar conversaciones o reducir tareas repetitivas, pero también abren preguntas sobre la autenticidad y el consentimiento cuando una persona desconoce que conversa con un agente. El contraste es claro: en los perfiles, algunos usuarios ponen el uso de IA como motivo para descartar a alguien; en otros casos, la automatización interviene precisamente en las primeras etapas de una cita sin que la otra parte lo sepa. La tecnología, por tanto, no solo ayuda a encontrar una pareja, también modifica lo que cada persona entiende por una interacción genuina.

La singularidad, los hijos y el regreso a lo presencial

JJ, de 29 años, dejó las aplicaciones de citas y busca pareja en Date-Me Directory, una colección de documentos personales con formato parecido al de un currículum. Antes trabajaba en diseño de productos en Nueva York, pero se pasó al área de seguridad de IA porque consideró que estaba más alineada con sus valores de altruismo efectivo. Al revisar documentos de personas de San Francisco y Berkeley, encontró que varios mencionaban la singularidad como una variable para decidir si querían tener hijos.

En ese contexto, la singularidad se entiende como un punto en que la tecnología supera el control humano; algunas personas vinculan ese umbral con el desarrollo de una inteligencia artificial general. Un documento citado en el reportaje condicionaba la posibilidad de tener hijos a que existiera un futuro posterior a la singularidad. Otros perfiles, según JJ, reflexionaban sobre si sería ético traer niños al mundo en medio de cambios estructurales y de un posible aumento del sufrimiento.

JJ dice que no se considera una pesimista radical, pero aun así siente presión para explicar su propio calendario de la singularidad y calcula, en tono especulativo, que podría ocurrir en 2029. Su respuesta personal ante la incertidumbre no es sencilla: bromea con que la posibilidad de un final cercano podría hacerla más proclive a querer un bebé, porque preferiría sostener a un niño brillante si la alcanzara una catástrofe. La reflexión muestra cómo una discusión técnica puede desplazarse hacia decisiones familiares muy íntimas.

El escepticismo hacia la industria también aparece fuera de las aplicaciones. El reportaje describe protestas de «Stop the AI» en eventos como Dreamforce, de Salesforce, y DevDay, de OpenAI, donde manifestantes señalaron a las empresas tecnológicas y su papel en el desarrollo de centros de datos y en las redadas de ICE. Esa crítica social puede influir en la percepción de una pareja que trabaja en el sector, aunque no determina por sí sola las decisiones de todos los solteros.

En una actividad de citas llamada «Date My Friend», organizada en el Kilowatt Bar del distrito Mission, cerca de una docena de personas presentó a sus amistades y exparejas ante una audiencia de más de un centenar. Hubo aplausos para la presentación de un amigo que trabajaba en tecnología pero estaba descontento con ello, y bromas sobre diapositivas hechas por humanos en vez de IA. Annalise Wulf, una de las tres cofundadoras, dijo que algunos trabajadores tecnológicos con horarios intensos buscan experiencias presenciales y analógicas para recuperar la convivencia y la comunidad.

Lucy Segraves, otra cofundadora, observa que quizá esté de moda adoptar una postura más contraria a la tecnología, sobre todo cuando una empresa es vista como responsable de daños sociales. Sin embargo, también señala que para algunas personas el trabajo tecnológico no es motivo automático para rechazar a alguien, en parte porque ahí se concentra el dinero y muchos solo intentan salir adelante. Entre el temor al futuro, la atracción por los salarios y la búsqueda de contacto humano, la IA ya forma parte de las negociaciones afectivas de San Francisco.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.

 


ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.

Suscríbete a nuestro boletín