La deuda estadounidense llegó a USD $40,3 billones y la directora del FMI sostiene que un mayor crecimiento ayudaría, pero no corregiría el problema sin reducir también el déficit. La CBO estimó que el déficit federal alcanzó USD $2,0 billones en el año fiscal 2026.
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- Kristalina Georgieva advirtió que el crecimiento económico no permitiría ajustar la deuda con suficiente rapidez.
- La deuda bruta ronda el 126% del PIB y los pagos netos de intereses consumieron cerca del 15% del gasto federal en el año fiscal 2026.
- Scott Bessent apuesta por un crecimiento sostenido del 3%, mientras el FMI y otras autoridades señalan que también hacen falta cambios fiscales.
🚨 La deuda de EE. UU. supera los USD 40,3 billones
El FMI advierte que crecer no bastará: también habría que reducir el déficit.
La CBO estima un déficit de USD 2 billones en 2026. La deuda bruta ronda el 126% del PIB y los intereses consumen cerca del 15% del gasto federal. pic.twitter.com/6LyXhyvDQD
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 17, 2026
La deuda de EE. UU. supera los USD $40 billones y el FMI advierte que crecer no bastará
El crecimiento ayuda, pero no corrige por sí solo la deuda
La deuda nacional de Estados Unidos llegó a USD $40,3 billones, un máximo histórico que reavivó el debate sobre cómo contener el endeudamiento y sus costos. Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), advirtió durante las reuniones anuales del organismo en Bangkok que acelerar la economía puede aliviar la carga, pero no resolverla con suficiente rapidez. La advertencia apunta a una diferencia fundamental: una economía más grande puede facilitar el pago de obligaciones, aunque no necesariamente evita que estas crezcan si el gobierno sigue gastando más de lo que recauda.
Los datos del Departamento del Tesoro citados por Fortune sitúan la deuda bruta estadounidense en torno al 126% del producto interno bruto. La deuda en manos del público, una medida más acotada que excluye obligaciones intragubernamentales, equivale aproximadamente al 100% del PIB y se ubica en su nivel más alto desde poco después del final de la Segunda Guerra Mundial, según el Committee for a Responsible Federal Budget. Ambas cifras describen una carga elevada, aunque corresponden a definiciones distintas y no deben confundirse.
El déficit federal también fue elevado en el año fiscal 2026. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) estimó que llegó a USD $2,0 billones, USD $218.000 millones más que en el año fiscal anterior, según su revisión presupuestaria mensual de septiembre de 2026. Georgieva reconoció que el crecimiento puede contribuir a mejorar la dinámica fiscal, pero sostuvo que no produciría por sí solo los ajustes necesarios a tiempo. En su planteamiento, Washington también debe reducir el déficit presupuestario, es decir, la diferencia entre los ingresos del gobierno y sus gastos en un período determinado.
Si esa brecha persiste, el país puede seguir acumulando deuda incluso cuando su economía avance, porque el endeudamiento puede aumentar más rápido que la producción. La preocupación no se limita al tamaño total de las obligaciones, sino a la relación entre la deuda y la capacidad de la economía para sostenerla. Un PIB creciente amplía la base económica frente a la cual se mide la deuda, pero no garantiza una mejora si el gobierno continúa financiando déficits mediante nuevos préstamos.
Además, los pagos de intereses ocupan una parte creciente de los recursos públicos y dejan menos margen para otras prioridades, como los servicios gubernamentales.
La apuesta de Bessent y las dudas sobre un crecimiento del 3%
Scott Bessent, secretario del Tesoro, ha defendido que un crecimiento económico sostenido del 3%, impulsado en parte por la inteligencia artificial, podría ayudar a Estados Unidos a manejar la deuda. En agosto, afirmó en una entrevista con CNBC que el país podía salir del problema creciendo y que la cifra de USD $40 billones no tenía nada de mágica. Su argumento pone el foco en expandir la actividad económica, aunque Georgieva y otros funcionarios han advertido que esa estrategia no sustituye los ajustes fiscales.
El Tesoro respondió a la advertencia de Georgieva cuestionando la fiabilidad de las proyecciones del FMI. David Zervos, asesor de Bessent, señaló que el organismo había realizado pronósticos optimistas antes de la crisis financiera global de 2008 y de la crisis financiera asiática de 1997. El FMI no respondió de inmediato a la solicitud de comentarios de Fortune, por lo que la réplica del Departamento del Tesoro quedó como la respuesta oficial recogida en la publicación.
Alcanzar una expansión anual del 3% tampoco está garantizado. Un análisis del Council on Foreign Relations citado por Fortune indicó que Estados Unidos solo llegó a ese ritmo en cinco años calendario, con 2019 como el más reciente, durante el primer mandato de Donald Trump. La previsión mencionada para el año en curso sitúa el crecimiento del PIB en 2,2%, frente al 2% registrado en 2025, una diferencia que muestra cuánto tendría que acelerarse la economía para cumplir la apuesta de Bessent.
Phillip Swagel, director de la Oficina Presupuestaria del Congreso, también puso en duda que el crecimiento pueda estabilizar por sí solo la trayectoria fiscal. Según sus declaraciones recientes, eso probablemente no sería plausible sin un crecimiento real del PIB de 5% o 6%, tasas muy superiores a las previstas en la noticia. Swagel sostuvo que harían falta cambios en los ingresos y el gasto, un enfoque que devuelve la discusión a las decisiones presupuestarias y no solo a las perspectivas económicas.
El costo de los intereses y los riesgos para el sistema financiero
El aumento de la deuda tiene una consecuencia inmediata en el presupuesto: cada vez más recursos deben destinarse a pagar intereses. Durante el año fiscal 2026, los pagos netos de intereses representaron alrededor del 15% del gasto federal y cerca del 20% de los ingresos del gobierno, de acuerdo con las cifras citadas en el informe. Cuando ese componente absorbe una porción mayor del presupuesto, se reduce el espacio para financiar otros programas sin recurrir a nuevos préstamos, recortes o aumentos de ingresos.
El Committee for a Responsible Federal Budget proyectó que, para el año fiscal 2031, la tasa de interés promedio de la deuda federal superaría la tasa de crecimiento de la economía. Esa diferencia puede complicar la estabilización de la relación entre deuda y PIB, porque el costo de financiar las obligaciones avanzaría más rápido que la capacidad económica que sirve de respaldo. El comité advirtió que una dinámica así podría alimentar una espiral de deuda y conducir, eventualmente, a recortes de gasto o subidas de impuestos más drásticos.
La advertencia sobre los intereses no significa que esos ajustes ya estén decididos ni que el resultado sea inevitable. Describe un riesgo que aumenta si la deuda continúa creciendo y el costo de financiarla supera de forma persistente el avance de la economía. En ese escenario, el gobierno tendría menos margen para responder a nuevas presiones presupuestarias sin agrandar el déficit, mientras que los cambios tardíos podrían exigir medidas más pronunciadas que una corrección gradual.
Bessent ha dicho que él y Russell Vought, director de presupuesto de la Casa Blanca, trabajan con Trump en un plan más amplio para reducir el déficit. Sin embargo, los detalles de esa iniciativa aún no se habían divulgado en la información disponible, por lo que no es posible evaluar su alcance ni estimar cuánto alteraría la trayectoria de la deuda. La propuesta, cuando se conozca, permitirá contrastar la apuesta por el crecimiento con medidas concretas sobre ingresos y gasto.
El FMI ya había señalado en abril, durante su revisión anual de la economía estadounidense, que la creciente deuda podía representar un riesgo tanto para Estados Unidos como para el resto del mundo. Sus directores ejecutivos destacaron la importancia del mercado de bonos del Tesoro para el sistema financiero global y alertaron sobre un riesgo creciente para la estabilidad financiera. Esa preocupación explica por qué la discusión fiscal estadounidense trasciende sus fronteras: la evolución de la deuda también importa para los mercados que dependen de esos instrumentos.
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