JPMorgan abandonó su escenario base sobre la guerra con Irán porque los umbrales de petróleo, combustibles y bonos que esperaba que presionaran a Donald Trump ya fueron superados. Mientras el banco reconoce que no puede modelar el desenlace, los consumidores estadounidenses enfrentan una factura energética cada vez mayor.
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- JPMorgan ya no cuenta con un escenario base para anticipar el final del conflicto con Irán.
- El rendimiento del Tesoro a 10 años superó el 5%, mientras el diésel estadounidense alcanzó un récord de USD $6,31 por galón.
- Un monitor de la Universidad de Brown calcula que la guerra añadió más de USD $40.000 millones a los costos de combustible en Estados Unidos, con una carga superior a USD $300 por hogar.
JPMorgan abandonó el escenario base que utilizaba para proyectar el desenlace de la guerra con Irán, después de que varias de las señales económicas que esperaba que limitaran la escalada fueran superadas. Natasha Kaneva, jefa de estrategia global de materias primas del banco, informó a sus clientes que la institución ya no puede modelar con claridad cómo terminará el conflicto, una incertidumbre que golpea directamente las previsiones sobre petróleo, combustibles y mercados de renta fija.
La guerra comenzó el 28 de febrero y, de acuerdo con la información citada, ahora entra en su séptimo mes. El supuesto de JPMorgan era que el deterioro en los mercados energéticos y de bonos terminaría ejerciendo suficiente presión sobre el presidente Donald Trump para alcanzar un acuerdo que permitiera reabrir el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el transporte mundial de petróleo, informa BeInCrypto.
El banco había identificado varios umbrales como posibles puntos de quiebre para esa presión política y financiera: un precio del petróleo superior a USD $100, una gasolina cercana a USD $5 por galón y un rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años por encima de 5%. Sin embargo, esos niveles dejaron de ser advertencias hipotéticas y pasaron a formar parte del escenario observado en los mercados.
El rendimiento del Tesoro a 10 años superó esta semana el 5%, mientras el diésel estadounidense alcanzó un récord de USD $6,31 por galón. Kaneva también señaló que los inventarios de diésel se encuentran en mínimos históricos, una combinación que eleva el costo para transportistas, empresas y hogares, al mismo tiempo que reduce la capacidad del mercado para absorber nuevas interrupciones.
Por primera vez desde el inicio del conflicto con Irán, la estratega escribió que JPMorgan no tiene un escenario base y que simplemente desconoce cómo modelar el final de la guerra. La declaración no equivale a una predicción de que el conflicto continuará indefinidamente, pero sí muestra que las variables que sostenían el pronóstico original ya no ofrecen una guía confiable para los clientes del banco.
Los mercados cruzaron las líneas rojas
El razonamiento inicial de JPMorgan dependía de que el impacto económico alcanzara un nivel capaz de modificar los incentivos políticos. En ese marco, el encarecimiento del crudo, la presión sobre la gasolina y el aumento de los rendimientos soberanos debían funcionar como límites prácticos para la duración de la confrontación, pero la persistencia de esos costos debilitó esa hipótesis.
Un acuerdo provisional llegó en junio, aunque solo ofreció un alivio temporal para los mercados y el conflicto. Los combates se reanudaron pocas semanas después, y la escalada continuó desde entonces, lo que dejó en evidencia que una pausa diplomática no bastaba para garantizar la reapertura estable del estrecho de Ormuz ni para restablecer las condiciones utilizadas en el pronóstico anterior.
El precio del Brent ilustra esa tensión entre el valor actual y el nivel que JPMorgan considera sostenible en un escenario menos extremo. Kaneva estimó que el valor justo del Brent se encuentra cerca de USD $90, frente a un precio actual de aproximadamente USD $105, una diferencia que refleja la prima asociada con el riesgo geopolítico y con la posibilidad de nuevas pérdidas de suministro.
Según el cálculo atribuido a Kaneva, cada millón de barriles diarios de suministro perdido podría añadir cerca de USD $4 a los precios de los futuros. Con los precios actuales, el mercado estaría incorporando aproximadamente 4 millones de barriles diarios de pérdidas adicionales, además de los 10 millones de barriles diarios que ya se encontrarían afectados por la situación.
Esa lectura no significa que todo el volumen implícito vaya a desaparecer de inmediato ni que el mercado haya confirmado una interrupción de esa magnitud. Más bien, muestra cómo los precios incorporan una prima por el riesgo de que el conflicto se prolongue, se amplíe o impida recuperar rápidamente flujos energéticos que los operadores consideran necesarios para equilibrar la oferta.
La factura llega a consumidores e inventarios
Los inventarios de petróleo todavía pueden amortiguar parte del impacto si la interrupción se prolonga, aunque ese colchón se ha reducido con rapidez. Las existencias han caído en 555 millones de barriles, una disminución muy inferior a la estimación anterior de JPMorgan, que calculaba una reducción de 1.600 millones de barriles bajo un escenario más severo.
Kaneva describió esas reservas restantes como suficiente munición seca para mantener contenidos los precios, al menos por ahora. La expresión refleja un equilibrio frágil: los inventarios ofrecen margen para compensar interrupciones adicionales, pero cada barril utilizado reduce la protección disponible si la guerra continúa y limita la capacidad de responder a un nuevo choque en el suministro.
La presión ya se trasladó a los consumidores estadounidenses mediante los precios de las estaciones de servicio. Un monitor de la Universidad de Brown, que compara el costo observado de los combustibles con un escenario hipotético sin guerra, calcula que el conflicto añadió más de USD $40.000 millones a los costos de combustible en Estados Unidos, con una carga adicional superior a USD $300 por hogar.
Desde febrero, la gasolina aumentó 48,9% y el diésel subió 74,3%, según las cifras recogidas en el reporte. El salto del diésel resulta especialmente relevante porque afecta el transporte de mercancías y otros costos logísticos, de modo que una interrupción prolongada puede extender sus efectos más allá de la bomba de combustible y presionar los precios de bienes y servicios.
La diferencia entre el Brent de aproximadamente USD $105 y el valor justo cercano a USD $90 también revela que el mercado no solo está pagando por el consumo presente, sino por la incertidumbre sobre el futuro. Mientras los inventarios sigan disponibles, podrían contener una parte de la presión, pero la ausencia de un escenario central en JPMorgan deja abierta una gama más amplia de resultados para los precios energéticos y los bonos.
El caso expone los límites de los modelos que dependen de umbrales económicos para anticipar decisiones políticas durante una guerra. Cuando el petróleo supera USD $100, el diésel alcanza un récord y el rendimiento del Tesoro rebasa 5% sin producir el desenlace esperado, las señales dejan de operar como límites y se convierten en evidencia de que la crisis puede resistir costos cada vez mayores.
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