El presidente de la Fed de Nueva York, John Williams, advirtió que la guerra con Irán ya está empezando a traducirse en más inflación y menor crecimiento en Estados Unidos, en un entorno de mayor presión sobre energía, cadenas de suministro y actividad económica.
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- John Williams dijo que el conflicto con Irán ha intensificado la incertidumbre y ya muestra efectos sobre precios y crecimiento.
- La Fed de Nueva York detecta mayores tensiones en las cadenas de suministro, especialmente en energía y bienes relacionados.
- Los mercados esperan que la Reserva Federal mantenga las tasas sin cambios y no prevén recortes este año.
El presidente de la Reserva Federal (FED) de Nueva York, John Williams, expresó su preocupación por el impacto económico de la guerra con Irán, al advertir que el conflicto ya comenzó a presionar al alza los precios y a debilitar el crecimiento.
Sus comentarios apuntan a un escenario incómodo para la política monetaria de Estados Unidos, en un momento en que la inflación todavía no regresa por completo a la meta del banco central.
Williams habló este jueves ante banqueros de su distrito y sostuvo que la guerra ha “intensificado la incertidumbre” en torno a las condiciones económicas nacionales y locales. Aunque señaló que todavía espera crecimiento para este año y una moderación gradual de la inflación, también reconoció que existen amenazas para ambos lados del doble mandato de la Fed: estabilidad de precios y máximo empleo.
El funcionario planteó que, si las disrupciones en el suministro energético se alivian en un plazo razonable, los precios de la energía deberían bajar y parte del impacto actual podría revertirse más adelante en el año. Sin embargo, también advirtió que el conflicto podría derivar en un shock de oferta de gran magnitud, con efectos pronunciados sobre costos, inflación y actividad económica.
“Esto ya ha comenzado a desarrollarse”, afirmó Williams. En su evaluación, el alza de los costos intermedios y de los precios de las materias primas podría elevar la inflación al mismo tiempo que debilita la producción, una combinación que históricamente representa uno de los dilemas más complejos para los bancos centrales.
Un riesgo que recuerda a la estanflación
La combinación de crecimiento lento y precios altos suele describirse como estanflación. Para las autoridades monetarias, este entorno es especialmente difícil porque obliga a balancear dos objetivos que pueden entrar en tensión. Subir tasas ayuda a contener la inflación, pero también puede golpear más a la actividad. Bajarlas puede apoyar al crecimiento, pero a costa de tolerar presiones inflacionarias.
Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, rechazó recientemente esa caracterización para la economía de Estados Unidos. Aun así, las declaraciones de Williams muestran que el riesgo sigue presente dentro del debate de política monetaria, aunque no con la gravedad del episodio vivido a fines de la década de 1970 y comienzos de la de 1980.
Ese matiz es importante para inversionistas y operadores de mercado, incluidos los participantes de los mercados cripto y de riesgo. Cuando la Fed enfrenta un entorno de inflación resistente y crecimiento más débil, suele aumentar la volatilidad de los activos, ya que se vuelve más difícil anticipar el rumbo de las tasas, del dólar y de la liquidez financiera.
Williams no dijo que Estados Unidos ya esté en una fase de estanflación, pero sí dejó claro que el conflicto bélico eleva la probabilidad de un choque negativo por el lado de la oferta. En economías grandes como la estadounidense, ese tipo de perturbaciones suele transmitirse rápidamente por energía, transporte, alimentos e insumos industriales.
Cadenas de suministro más tensas y energía más cara
Uno de los puntos centrales de su discurso fue el deterioro de las cadenas de suministro. Williams señaló que han surgido “disrupciones crecientes”, especialmente en torno a la energía y a bienes relacionados. Ese factor es clave porque, incluso si el consumo sigue mostrando resiliencia, los cuellos de botella pueden encarecer la producción y reducir la disponibilidad de mercancías.
El propio Índice de Presión de la Cadena de Suministro Global de la Fed de Nueva York mostró que las condiciones en marzo fueron las más tensas desde comienzos de 2023. Ese dato sugiere que el problema no se limita a una reacción puntual del mercado petrolero, sino que empieza a reflejarse en una red más amplia de transporte, abastecimiento y costos logísticos.
Williams explicó que los altos precios de la energía ya se reflejan en el mayor costo del combustible, pero también en tarifas aéreas más elevadas, comestibles, fertilizantes y otros productos de consumo. Es decir, el efecto no se queda en el barril de petróleo o en el gas, sino que se traslada a distintos eslabones de la economía real.
Para el público general, esto importa porque una suba en energía suele terminar afectando el presupuesto cotidiano. El transporte se encarece, los alimentos pueden subir y muchas empresas enfrentan mayores costos operativos. Para los mercados, además, un repunte sostenido en materias primas tiende a reforzar la idea de que la inflación podría tardar más en volver al objetivo.
La Fed mantiene su postura, pero el panorama es incierto
Pese a estos riesgos, Williams consideró que la política monetaria actual “está bien posicionada” para equilibrar las amenazas sobre empleo y precios. El Comité Federal de Mercado Abierto, del cual es miembro con voto permanente, decidió en marzo dejar sin cambios su tasa de referencia en un rango de 3,5% a 3,75%.
Los mercados descuentan una probabilidad de 100% de que el comité vuelva a mantener las tasas sin cambios en la reunión del 28 y 29 de abril. Además, no esperan recortes durante este año. Esa lectura refleja que los inversionistas ven a la Fed atrapada en una posición de cautela, con poco margen para flexibilizar mientras persistan las presiones inflacionarias y la incertidumbre geopolítica.
Williams evitó comprometerse con una trayectoria futura de tasas. Subrayó que las perspectivas siguen siendo “altamente inciertas”, una expresión que refleja el dilema actual del banco central. Si el conflicto escala o prolonga las perturbaciones energéticas, la inflación podría mantenerse elevada por más tiempo. Si, por el contrario, las disrupciones ceden, parte de esos efectos podría moderarse en el segundo semestre.
En cualquier caso, su mensaje fue que la Reserva Federal no puede asumir que el proceso desinflacionario seguirá intacto sin sobresaltos. La guerra con Irán introdujo un factor exógeno que complica el escenario y obliga a vigilar tanto el comportamiento de los precios como la fortaleza de la actividad.
Las proyecciones de Williams para 2026 y lo que vigilan los inversionistas
Aun con ese telón de fondo, Williams dijo que todavía prevé que el producto interno bruto real de Estados Unidos crezca entre 2% y 2,5% este año. También estimó una inflación de entre 2,75% y 3%, antes de retornar finalmente al objetivo de 2% de la Fed en 2027.
Ese pronóstico revela una visión todavía relativamente constructiva, aunque más cautelosa. No describe una recesión inminente, pero sí una economía expuesta a nuevos choques de costos. Para los participantes del mercado, eso significa que la política monetaria podría permanecer restrictiva por más tiempo del que se esperaba meses atrás.
Williams añadió que las expectativas de inflación de largo plazo se mantienen, en gran medida, bajo control. Ese punto es crucial para la Fed. Cuando hogares, empresas e inversionistas creen que la inflación terminará convergiendo a la meta, el banco central conserva más credibilidad y tiene mejores herramientas para evitar una espiral de alzas persistentes.
Según informó CNBC, las palabras de Williams refuerzan la idea de que la guerra ya no es solo un riesgo geopolítico, sino también un factor con efectos económicos visibles. En momentos de alta sensibilidad para los mercados globales, esa combinación entre costos energéticos, cadenas de suministro bajo presión y tasas estables puede ser determinante para acciones, bonos, divisas y activos digitales.
Para los lectores que siguen bitcoin, criptomonedas y mercados financieros, el mensaje de fondo es claro. Si la inflación resiste y la Fed no puede bajar tasas, el apetito por riesgo podría seguir condicionado. Al mismo tiempo, la incertidumbre macro suele aumentar la atención sobre activos alternativos, coberturas y estrategias defensivas en portafolio.
Por ahora, la Reserva Federal mantiene una postura de espera. Pero el discurso de Williams deja ver que el conflicto con Irán ya entró de lleno en el radar monetario de Estados Unidos y que su impacto podría sentirse mucho más allá del mercado energético.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
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