Por Canuto  

Informes citados por medios internacionales señalan que Irán estaría dispuesto a reabrir el estrecho de Ormuz en siete días si Estados Unidos reduce la presión militar y levanta el bloqueo sobre sus puertos. La posibilidad de una salida diplomática coincidió con una caída del petróleo, mientras el G7 condenó los ataques hutíes contra el transporte marítimo y crece la preocupación por Bab el-Mandeb.
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  • Irán habría condicionado la reapertura del estrecho de Ormuz a un alivio de la presión militar estadounidense y al levantamiento del bloqueo sobre sus puertos.
  • Los futuros bursátiles estadounidenses reaccionaron de forma mixta y el Brent cayó 2,6%, mientras el WTI retrocedió 3,1%.
  • El G7 exigió el fin de los ataques hutíes, en un contexto de amenazas sobre Bab el-Mandeb, otra ruta estratégica para el transporte de petróleo.


Irán plantea una reapertura condicionada

Irán habría ofrecido reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de siete días si Estados Unidos alivia la presión militar y levanta el bloqueo impuesto sobre los puertos iraníes. La propuesta, atribuida a un alto funcionario del Gobierno iraní cuya identidad no fue revelada, introduce una posible vía de negociación después de casi siete meses de guerra en Oriente Medio.

Reuters y la agencia japonesa Kyodo informaron sobre las condiciones planteadas por Teherán, aunque CNBC indicó que no pudo verificar los reportes de manera independiente. Por esa razón, la eventual reapertura debe entenderse como una oferta comunicada por medios y no como un acuerdo confirmado entre los dos gobiernos.

El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y representa una de las rutas marítimas más sensibles para la energía global. En circunstancias normales, por esa vía circula cerca de 20% del suministro mundial de petróleo y más de 20% del comercio global de gas natural licuado, de acuerdo con estimaciones citadas por organismos y medios especializados. Cualquier interrupción modifica las expectativas de precios, transporte y seguridad energética.

La señal iraní llegó mientras la administración del presidente Donald Trump amenaza con intensificar su campaña económica contra Teherán y aumenta la presión interna en Estados Unidos por la decisión de iniciar la guerra. El presidente estadounidense tenía previsto dirigirse el martes a la Asamblea General de las Naciones Unidas, en un escenario marcado por el impacto internacional del conflicto y por la incertidumbre sobre sus próximos pasos.

El mercado petrolero responde con alivio

La posibilidad de que Ormuz vuelva a operar en una semana coincidió con una disminución del temor a una interrupción prolongada del comercio energético. Los futuros de los principales índices bursátiles de Estados Unidos cotizaban de forma mixta después de conocerse los informes, una reacción compatible con cierta esperanza diplomática, aunque también con cautela ante la falta de confirmación oficial.

El Brent con vencimiento en noviembre retrocedió 2,6%, hasta USD $97,73 por barril, después de haber registrado ganancias más temprano. El West Texas Intermediate estadounidense con vencimiento en octubre cayó 3,1%, hasta USD $92,40, en una reversión que mostró cómo las expectativas geopolíticas pueden cambiar rápidamente las cotizaciones energéticas.

Causas de movimientos recientes

(a) Confirmado: los informes atribuidos a Reuters y Kyodo describieron una propuesta iraní para reabrir Ormuz bajo determinadas condiciones, mientras CNBC señaló que no pudo verificarla de forma independiente. La caída del crudo se produjo después de difundirse esa información, pero no existe confirmación de que la propuesta haya sido la causa exclusiva del movimiento.

(b) Plausible: la expectativa de una reapertura reduciría el riesgo percibido de una interrupción prolongada y podría explicar parte de la presión sobre los precios del petróleo. Sin embargo, la información disponible no permite establecer un catalizador único ni confirmar que Washington y Teherán hayan alcanzado un acuerdo.

Para los mercados, una reapertura no eliminaría de inmediato todos los riesgos acumulados durante la guerra, pero sí reduciría la posibilidad de que la interrupción se convierta en un problema prolongado de suministro. El comportamiento del crudo también puede trasladarse a otras áreas financieras, desde las acciones de compañías energéticas hasta las monedas de países importadores y exportadores.

Washington eleva la presión económica

La oferta atribuida a Irán apareció después de que Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, amenazara con cerrar todas las aerolíneas iraníes a partir del miércoles. En una intervención en el programa Squawk Box de CNBC, Bessent explicó que Washington podría impedir el suministro de combustible, los servicios de aterrizaje y la venta de boletos para excluir a esas compañías del sistema del dólar.

El secretario del Tesoro afirmó que Estados Unidos estaba presionando a Irán como nunca antes y que la estrategia también alcanzaba a sus facilitadores financieros en distintos países. La semana anterior, el Tesoro anunció nuevas sanciones contra VTB Bank, entidad estatal rusa, dentro de un esfuerzo para aislar económicamente a Teherán mediante acciones contra sus socios comerciales y otros intermediarios.

Las medidas económicas agregan una dimensión financiera a la disputa por Ormuz, porque la presión no se limita a operaciones militares o a la navegación comercial. En la práctica, las sanciones buscan reducir las alternativas de Irán para mover recursos, sostener relaciones comerciales y mantener conexiones con empresas o bancos que puedan facilitar sus operaciones internacionales.

El riesgo se extiende hacia Bab el-Mandeb

La tensión no se concentra únicamente en Ormuz, porque los hutíes respaldados por Irán amenazan el transporte marítimo alrededor del estrecho de Bab el-Mandeb. El G7 pidió el lunes el fin de los que calificó como ataques continuos e inaceptables contra Yemen y Arabia Saudita, y exigió al grupo suspender sus acciones militares contra el transporte marítimo civil.

El bloque también instó a Irán a terminar su apoyo a los rebeldes hutíes, mientras informes señalaron que el grupo había atacado durante el fin de semana sitios sensibles en Riad. Se observaron incendios y humo cerca del aeropuerto de la capital saudita, según esos reportes, aunque la información forma parte de un escenario militar que continúa desarrollándose.

Los hutíes tomaron recientemente la isla yemení de Perim, ubicada en el mar Rojo, con lo que ampliaron su control sobre el acceso a Bab el-Mandeb. Esa posición alimenta la preocupación de que Irán y sus aliados puedan ejercer influencia sobre dos puntos de estrangulamiento relevantes para el petróleo: el estrecho de Ormuz, hacia el este, y Bab el-Mandeb, hacia el oeste.

Bab el-Mandeb funciona como una ruta alternativa para parte de las exportaciones que buscan evitar Ormuz, especialmente para Arabia Saudita. El oleoducto Este-Oeste permite al reino desviar una porción de sus flujos hacia terminales del mar Rojo, pero la amenaza sobre la navegación complica también esa opción y mantiene elevada la sensibilidad del mercado energético.

Reino Unido analiza apoyo a Arabia Saudita

La presión regional aumentó después de que el Reino Unido anunciara, según informes, que respaldaría a Arabia Saudita frente a los hutíes. La Real Fuerza Aérea británica proporcionaría reabastecimiento aéreo a los aviones sauditas durante un acuerdo previsto para durar algunas semanas, aunque el Gobierno de Londres señaló que mantendrá la medida bajo revisión.

El primer ministro británico Andy Burnham defendió la decisión como una forma de proteger los intereses del Reino Unido y de la región. También argumentó que Arabia Saudita ha sufrido ataques, enfrenta una posible interrupción mayor y necesita mantener abiertas las rutas utilizadas para transportar petróleo.

La intervención británica se produjo después de que Trump rechazara durante el fin de semana una solicitud de ayuda presentada por Riad contra los rebeldes hutíes. Informes indicaron que el presidente estadounidense canceló un ataque aéreo planeado, una decisión que añadió diferencias entre los gobiernos involucrados sobre la manera de responder a la escalada.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, insinuó la semana pasada que otros países europeos podrían estudiar algún tipo de apoyo a Arabia Saudita. En una entrevista con la BBC, Rutte dijo que no le sorprendería que aliados europeos estuvieran realizando llamadas para evaluar cómo afrontar la situación, una señal de que la seguridad marítima podría exigir una coordinación más amplia.

La reapertura de Ormuz dependerá ahora de si Estados Unidos acepta modificar la presión militar y retirar el bloqueo portuario que Irán identifica como condición. Mientras esas exigencias no se traduzcan en compromisos verificables, el petróleo y los mercados seguirán reaccionando a cada señal diplomática y a cada amenaza sobre las rutas marítimas estratégicas.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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