Por Canuto  

Google mantiene conversaciones con SpaceX y otras firmas de lanzamiento para estudiar el despliegue de centros de datos orbitales, una idea que gana tracción por el auge de la IA, pero que todavía enfrenta fuertes dudas por sus costos y su viabilidad técnica.

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  • Google analiza acuerdos de lanzamiento con SpaceX y otros proveedores para llevar capacidad de cómputo al espacio.
  • Project Suncatcher prevé satélites prototipo antes de inicios de 2027 como parte de la apuesta de Alphabet por la computación orbital.
  • Aunque SpaceX promociona los centros de datos orbitales ante inversionistas, expertos siguen cuestionando si hoy pueden competir con instalaciones terrestres.

 


Google está en conversaciones con SpaceX para un posible acuerdo de lanzamiento de cohetes que ayudaría a la subsidiaria de Alphabet a poner centros de datos en órbita.

La iniciativa se produce en medio del crecimiento explosivo de la demanda de infraestructura para inteligencia artificial, una tendencia que ha disparado el interés por nuevas fuentes de energía, nuevas ubicaciones físicas y nuevas arquitecturas de cómputo.

La idea de mover parte de esa capacidad al espacio todavía parece futurista, pero ya entró en la conversación estratégica de algunas de las mayores tecnológicas y compañías aeroespaciales. En este caso, el posible acuerdo también conectaría dos empresas que mantienen una relación financiera desde hace años y que ahora podrían coincidir en uno de los proyectos más ambiciosos dentro de la industria de IA.

Según informó The Wall Street Journal, Google también mantiene conversaciones con otras compañías de lanzamiento. Esto sugiere que Alphabet no estaría apostando por un solo proveedor, sino evaluando varias rutas para desplegar infraestructura experimental en órbita mientras avanza una carrera que aún está en una etapa temprana.

Una apuesta espacial impulsada por la IA

El interés por los centros de datos orbitales responde a un problema muy concreto: la demanda de cómputo para IA está creciendo con tal velocidad que las instalaciones tradicionales enfrentan presión por consumo eléctrico, disponibilidad de terrenos, tiempos de construcción y resistencia local a nuevas expansiones. Para los promotores del concepto, el espacio ofrece una vía alternativa, apoyada en energía solar y libre de varios cuellos de botella que afectan a la infraestructura terrestre.

SpaceX ha presentado esa visión como una oportunidad relevante para inversionistas. De acuerdo con los reportes, la empresa ha incluido los centros de datos orbitales como un punto de venta destacado en sus presentaciones previas a una oferta pública inicial (IPO) prevista para este verano, una operación que se espera figure entre las mayores IPO de la historia con una valoración de hasta USD $1,75 billones.

Elon Musk ha impulsado públicamente el entusiasmo alrededor de esta idea. Su argumento central es que los centros de datos orbitales podrían llegar a ser más baratos de operar con el tiempo. Además, sus defensores sostienen que este tipo de instalaciones evitarían parte de la reacción adversa que suele aparecer en Estados Unidos cuando se intentan expandir grandes complejos tecnológicos en tierra.

Sin embargo, el debate está lejos de resolverse. TechCrunch señaló recientemente que los centros de datos terrestres actuales siguen siendo mucho más baratos que las alternativas en órbita cuando se toman en cuenta los costos de construir y lanzar satélites. Esa diferencia subraya el principal obstáculo del modelo: la distancia entre la narrativa de largo plazo y la economía real de los proyectos en el presente.

Project Suncatcher y los planes de Google

Google no llega tarde a esta conversación. En noviembre del año pasado reveló Project Suncatcher, una iniciativa con la que busca desarrollar su propia posición en la computación basada en el espacio. El proyecto contempla el lanzamiento de dos satélites prototipo antes de comienzos de 2027, una hoja de ruta que muestra que la empresa no solo explora alianzas, sino también activos propios.

Como parte de ese programa, Planet Labs fue incorporada como fabricante de satélites. El diseño inicial parece seguir una lógica prudente y progresiva: probar primero equipos pequeños en órbita y escalar más adelante si los resultados técnicos y económicos acompañan. Ese enfoque es consistente con el nivel de incertidumbre que todavía rodea al sector.

En noviembre, el CEO de Google, Sundar Pichai, describió esa visión con una frase concreta: “Enviaremos pequeños bastidores de máquinas y los tendremos en satélites, los probaremos y luego empezaremos a escalar desde ahí”. También añadió que no dudaba de que, dentro de aproximadamente una década, esta sería una forma más normal de construir centros de datos.

La relación entre Google y SpaceX, además, no es nueva. Los registros regulatorios muestran que Google invirtió USD $900 millones en SpaceX en 2015. Otro reporte añade que esa inversión temprana equivale a una participación de 6,1% en la empresa aeroespacial, y que Don Harrison, ejecutivo de Google, ocupa un asiento en la junta directiva de SpaceX.

SpaceX amplía su ofensiva en computación orbital

Mientras Google perfila su hoja de ruta, SpaceX también avanza en varios frentes para construir un negocio alrededor de los centros de datos orbitales. A comienzos de este año, registros regulatorios mostraron que la compañía buscaba aprobación para poner en órbita hasta 1 millón de satélites en apoyo del esfuerzo. Esa cifra refleja la escala extrema que podría requerir un sistema de cómputo espacial realmente competitivo.

La empresa también ha vinculado su estrategia orbital con la infraestructura de IA en tierra. La semana pasada se conoció un acuerdo con Anthropic para entregar 300 megavatios de potencia de cómputo respaldados por más de 220.000 GPU de Nvidia. Según los reportes, ese entendimiento también incluyó el interés de Anthropic en colaborar con SpaceX para llevar centros de datos al espacio en el futuro.

Otro elemento que aparece en este panorama es xAI. Un reporte señaló que SpaceX adquirió xAI en febrero, y que el acuerdo reciente con Anthropic utilizaría recursos de cómputo del centro de datos de xAI en Memphis, Tennessee, con la posibilidad de trabajar juntos en centros orbitales más adelante. Esa conexión apunta a un ecosistema cada vez más integrado entre infraestructura, lanzamientos y modelos de IA.

En conjunto, estos movimientos muestran que SpaceX no trata la computación orbital como una simple idea de laboratorio. La empresa parece estar construyendo una narrativa comercial, una base tecnológica y una cadena de socios que podrían respaldar esta visión si los avances técnicos logran cerrar la brecha frente a los centros de datos tradicionales.

Una carrera emergente con rivales y escepticismo

Google y SpaceX no están solos. El mercado más amplio de la computación orbital ya ha comenzado a atraer a otros jugadores. Baiju Bhatt, cofundador de Robinhood, renombró su startup espacial como Cowboy Space Corporation y recaudó USD $275 millones para construir centros de datos orbitales impulsados por sus propios cohetes.

Bhatt explicó que espera que la capacidad de lanzamiento siga siendo escasa durante los próximos años, razón por la cual optó por desarrollar cohetes en lugar de depender de proveedores externos. Según Bloomberg, Cowboy Space apunta a su primer lanzamiento antes de finales de 2028, otro indicio de que varios emprendedores creen que esta categoría podría madurar en el mediano plazo.

Aun así, el escepticismo técnico sigue siendo fuerte. Los partidarios del modelo afirman que la energía solar podría liberar a estas instalaciones de las limitaciones energéticas y de suelo que afectan a sus equivalentes terrestres. Pero varios expertos dudan de que el enfoque sea viable, al menos con la tecnología y los costos actuales.

Ese contraste entre promesa y realidad es el núcleo de la historia. Por un lado, el auge de la IA está obligando a pensar en soluciones que hace pocos años parecían ciencia ficción. Por otro, el lanzamiento, ensamblaje, mantenimiento y reemplazo de infraestructura de cómputo en órbita siguen siendo retos formidables. La discusión ya dejó de ser teórica, pero todavía no ha demostrado un modelo económico convincente.

Por ahora, las conversaciones entre Google y SpaceX muestran que la computación orbital ha pasado de ser una idea marginal a convertirse en un tema serio dentro de la planificación estratégica de algunas de las compañías más influyentes del sector tecnológico. Si esas pruebas avanzan, la próxima frontera de la infraestructura para IA podría no estar solo en nuevos campus terrestres, sino también mucho más arriba, alrededor de la Tierra.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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