Por Canuto  

Google y Xcel Energy proponen sumar generación renovable y baterías para respaldar un centro de datos de 780 megavatios en Minnesota. El acuerdo contempla compromisos de pago de Google, mientras funcionarios estatales han planteado preocupaciones sobre los costos y la transparencia.
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  • El proyecto de Pine Island contempla 1.400 megavatios eólicos, 200 solares y 300 de almacenamiento, por encima de la capacidad del centro de datos propuesto.
  • Google aceptaría pagar al menos el 75% de la capacidad contratada y afrontar cargos mínimos si cancela anticipadamente el acuerdo.
  • Especialistas advierten que construir nuevas instalaciones puede no ser la única opción; la oficina del fiscal general de Minnesota también expresó preocupaciones sobre costos y transparencia.


La expansión de la inteligencia artificial está empujando a Estados Unidos a replantear cómo produce y distribuye electricidad, justo cuando una parte importante de su infraestructura acumula décadas de uso. En Pine Island, Minnesota, Google y Xcel Energy proponen vincular un centro de datos de 780 megavatios con nuevas fuentes renovables y almacenamiento, aunque especialistas debaten si hace falta construir tanto para atender esa demanda.

El plan combina una promesa de inversión con una pregunta que afecta a hogares y empresas: quién debe pagar por las ampliaciones de la red eléctrica. Google sostiene que asumirá compromisos para evitar que los costos recaigan sobre los clientes actuales, mientras críticos del modelo señalan que algunas necesidades podrían cubrirse aprovechando infraestructura que ya existe.

Un proyecto de IA ligado a nuevas fuentes de energía

Pine Island, una localidad de unos 4.000 habitantes al sureste de Minneapolis, es el escenario elegido para el proyecto de Google con Xcel Energy. La instalación propuesta alcanzaría 780 megavatios, una escala que la convierte en un nuevo caso de la disputa nacional sobre cómo alimentar centros de datos sin trasladar sus costos a la comunidad o a otros usuarios de electricidad.

El plan prevé incorporar a la red de Xcel 1.400 megavatios de energía eólica, 200 megavatios de energía solar y 300 megavatios de almacenamiento en baterías. Esas capacidades suman 1.900 megavatios, por encima de los 780 megavatios del centro de datos, porque, según Google, la generación eólica y solar no produce electricidad de manera continua. Xcel anunció el proyecto el 24 de febrero de 2026 y describió la iniciativa como una forma de llevar 1.900 megavatios de nueva energía limpia a Minnesota.

Xcel afirma que la nueva energía quedaría disponible para todos los clientes de la zona, no exclusivamente para Google, y que las mejoras ayudarían a avanzar hacia una red local con menos emisiones. La compañía tecnológica, por su parte, presenta el acuerdo como una manera de asociar el crecimiento de la IA con energía más limpia y una red más confiable.

La propuesta también encaja con el objetivo declarado por Google de operar con energía libre de carbono las 24 horas del día y los siete días de la semana para 2030. El negocio de nube de la empresa, que da soporte a su propio sistema de IA Gemini, generó casi USD $25.000 millones en el segundo trimestre, un aumento interanual del 82%, según la información difundida sobre el proyecto.

Las garantías de pago y la aprobación pendiente

El acuerdo contempla cargos mínimos por demanda y tarifas de salida, mecanismos que buscan mantener a Google comprometida con la infraestructura construida para atender su consumo. La empresa pagaría al menos el 75% de la capacidad contratada incluso si utiliza menos electricidad de la prevista, una cláusula que pretende reducir el riesgo de que la inversión quede sin respaldo si cambia la demanda.

Si Google rescinde el acuerdo antes de tiempo, podría adeudar hasta ocho años de esos cargos mínimos por demanda. Amanda Rome, vicepresidenta ejecutiva y directora de atención al cliente de Xcel Energy, defendió las protecciones con un argumento práctico: evitar que se construya una gran cantidad de infraestructura sin un consumidor que pague por la energía asociada.

Las cláusulas tienen relevancia porque los centros de datos requieren inversiones que pueden perdurar más allá de los planes de una sola empresa. Si el auge de la IA se desacelerara o Google redujera su consumo, las obligaciones contractuales servirían, según el diseño propuesto, para que parte del costo de la capacidad reservada no termine distribuida entre los demás usuarios.

La propuesta requiere la aprobación de la Comisión de Servicios Públicos de Minnesota, por lo que no debe presentarse como una expansión ya autorizada o concluida. El 1 de octubre, la oficina del fiscal general del estado expresó preocupaciones sobre los costos de energía y la transparencia en torno al centro de datos de Pine Island, según el comunicado titulado “October 1, 2026 Press Release”. El debate regulatorio tendrá que considerar las garantías ofrecidas, el beneficio para el conjunto de clientes y el alcance de las obras necesarias para abastecer la instalación.

La presión sobre una red envejecida

La necesidad de electricidad para centros de datos ya figura entre los factores que transforman las previsiones energéticas de Norteamérica. La North American Electric Reliability Corporation estima que esas instalaciones representarán la mayor parte del aumento proyectado en la demanda eléctrica durante la próxima década, una perspectiva que eleva la presión sobre redes diseñadas antes de la actual expansión de la IA.

La infraestructura también plantea un desafío de antigüedad. Un informe del Departamento de Energía de Estados Unidos citado en la cobertura indica que más del 70% de las líneas de transmisión y los transformadores del país tenían al menos 25 años; además, concluyó que las opciones más baratas para cubrir la demanda futura requerirían duplicar el tamaño del sistema de transmisión para 2050.

Ese panorama permite entender por qué las grandes empresas tecnológicas presentan sus inversiones como una oportunidad para financiar mejoras que, de otro modo, igualmente serían necesarias. Amanda Peterson Corio, responsable global de energía y electricidad de Google, sostuvo que la expansión de la IA llega en un momento oportuno para aportar capital a la modernización de infraestructura estadounidense.

Pero la coincidencia entre nuevas necesidades y obras de largo plazo no garantiza por sí sola que cada proyecto sea eficiente o que reparta sus costos de manera justa. La construcción puede mejorar la capacidad y sumar fuentes renovables, aunque las decisiones sobre ubicación, tamaño y financiamiento también determinarán quién asume los riesgos y quién recibe los beneficios.

El debate sobre construir más o aprovechar mejor la red

Jigar Shah, socio de la consultora Multiplier, plantea que algunos operadores podrían instalar centros de datos más pequeños en lugares donde la red ya dispone de capacidad sin utilizar. En vez de concentrar el consumo en instalaciones de gran escala, esa estrategia podría reducir la necesidad de nuevas plantas, líneas de transmisión y otros equipos, según su análisis.

Shah sostiene que ajustar el crecimiento de la demanda a la infraestructura existente podría reducir las tarifas generales, porque la red ya soporta grandes costos fijos asociados con plantas eléctricas, líneas y subestaciones. Cuando un nuevo cliente aporta ingresos y aprovecha esa capacidad, argumenta, puede contribuir a distribuir esos costos entre más usuarios.

El consultor también cuestionó por qué las empresas suelen preferir centros de datos de cientos o miles de megavatios en lugar de repartir sus operaciones entre instalaciones pequeñas. A su juicio, contratar una instalación de gran tamaño resulta más sencillo que coordinar decenas de centros menores, aunque esa comodidad puede implicar más infraestructura nueva de la necesaria.

David Pomerantz, director ejecutivo del Energy and Policy Institute, añadió otro elemento: las empresas eléctricas pueden tener incentivos para construir. Según explicó, las compañías suelen financiar parte de las nuevas inversiones con capital de sus accionistas y obtienen rendimientos que, de acuerdo con su descripción, rondan el 10%; una instalación que encaja en la red existente ofrece menos oportunidades para sumar inversiones rentables.

Pomerantz considera que los centros de datos podrían aportar capital en condiciones más baratas que las empresas de servicios públicos y ayudar así a reducir las facturas, pero advirtió que ese enfoque puede chocar con los intereses de las compañías eléctricas. Shah, en cambio, calificó el proyecto de Google y Xcel como un ejemplo positivo de cómo un gran consumidor puede impulsar tecnologías más limpias que también beneficien a otros usuarios.

La propuesta de Minnesota concentra, por tanto, dos discusiones que suelen avanzar juntas: cómo atender el consumo creciente de la IA y cómo evitar que la transición energética distribuya de forma desigual sus costos. El resultado dependerá de la revisión de los reguladores, de las obligaciones que finalmente asuma Google y de si la expansión propuesta aprovecha de manera eficiente la red existente.


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