Por Canuto  

Sumario: El petróleo por encima de USD $100 por barril y las preocupaciones inflacionarias coincidieron con un avance de los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. a máximos de varias décadas. Una subasta de deuda a 10 años y nuevas señales sobre la política de la Reserva Federal concentraron la atención de los operadores.
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  • El rendimiento del bono a 10 años avanzó hasta 5,35%, su nivel más alto desde 2002, mientras el de 30 años llegó a 5,724%.
  • El Tesoro tenía prevista una subasta de USD $39.000 millones en bonos a 10 años, en una semana con otras dos operaciones relevantes.
  • Los ataques iraníes contra embarcaciones en el estrecho de Ormuz coincidieron con un alza del Brent por encima de USD $102 y reavivaron los temores inflacionarios.


El petróleo sobre USD $100 impulsa los bonos del Tesoro a máximos de 2002

Un repunte que sacude al mercado de deuda

Los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos subieron el miércoles 7 de octubre, mientras el petróleo superó los USD $100 por barril y volvieron las dudas sobre la inflación. El bono de referencia a 10 años avanzó casi 8 puntos básicos, hasta 5,35%, su nivel más alto desde 2002, y el rendimiento a 30 años alcanzó 5,724%, también en máximos de 24 años. En el tramo corto, la tasa a dos años aumentó 2,7 puntos básicos, hasta 4,818%.

Los rendimientos y los precios de los bonos se mueven en direcciones opuestas, por lo que el avance de las tasas refleja una caída en el valor de los títulos existentes. El aumento coincidió con nuevos ataques iraníes contra embarcaciones en el estrecho de Ormuz y con el alza del crudo Brent por encima de USD $102 por barril, según Bloomberg, citado por Quartz. El encarecimiento de la energía pudo reforzar la preocupación de que la inflación persista y complique las decisiones de política monetaria, aunque no permite atribuir por sí solo el movimiento de los bonos a ese factor.

La subida también debilitó la tesis de algunos inversionistas que consideraban que la deuda pública estadounidense ya había perdido suficiente valor como para resultar atractiva. Evelyne Gomez-Liechti, estratega multiactivo de Mizuho International, describió al mercado como atrapado entre rendimientos que parecen atractivos y una historia del petróleo que no desaparece. Esa tensión importa porque un mayor retorno potencial no garantiza una recuperación de los precios si las tasas siguen subiendo.

El movimiento del miércoles prolongó una escalada que ya había llevado los rendimientos a máximos de varias décadas al comienzo de la semana. El título a 10 años había alcanzado 5,342% y el de 30 años, 5,683%, sus niveles más altos en 24 años, de acuerdo con CNBC. Entre los factores que los analistas han vinculado con la venta figuran los déficits fiscales crecientes, las tensiones geopolíticas y la posibilidad de que las tasas se mantengan elevadas durante más tiempo. No se identificó un único motivo para el avance.

La subasta de deuda bajo la lupa

En ese contexto, el Departamento del Tesoro tenía previsto ofrecer USD $39.000 millones en bonos a 10 años durante una subasta el miércoles. El resultado, programado para la 1 p. m., hora del Este, serviría como prueba para medir si los rendimientos vigentes bastaban para atraer compradores o si estos exigirían una prima mayor por asumir riesgos de inflación, deuda y plazo. La demanda podía influir en el tono del mercado de tasas estadounidense.

La venta a 10 años era la segunda de tres operaciones del Tesoro previstas para esa semana. El martes, el gobierno colocó USD $58.000 millones en bonos a tres años, mientras que para el jueves tenía programada una oferta de USD $22.000 millones en títulos a 30 años. La secuencia puso bajo observación distintos vencimientos y ofreció a los inversionistas más de una ocasión para mostrar cuánto apetito conservaban por la deuda pública.

Ian Lyngen, jefe de estrategia de tasas estadounidenses de BMO, señaló que la recepción de la subasta de tres años había sido alentadora: el resultado quedó ligeramente por debajo de lo esperado, pero no registró el llamado tail que había caracterizado a operaciones anteriores. Aun así, el estratega advirtió que la oferta a 10 años era más importante para marcar el rumbo del mercado y que podía requerirse una concesión adicional para atraer compradores. En ese contexto, el precio exigido por los inversionistas sería una señal central.

El Tesoro también planeaba una operación de recompra el jueves, enfocada en vencimientos de entre 20 y 30 años. La transacción, concebida como apoyo a la liquidez, tendría un tamaño de al menos USD $4.000 millones, el doble de lo habitual, mientras que la recompra anterior en ese rango superó apenas los USD $4.000 millones. Estas operaciones se sumaron a la atención sobre la oferta de nuevos bonos, aunque no eliminaron las inquietudes sobre el costo de financiar al gobierno.

Inflación, tasas y señales de la Reserva Federal

La presión sobre la deuda coincidió con un cambio en las expectativas de política monetaria. Los mercados de swaps asignaban una probabilidad de 24% a que la Reserva Federal subiera las tasas durante ese mes y descontaban un incremento completo para el cierre del año, según la información recogida por Quartz. Ese cálculo no equivale a una decisión de la Fed: expresa las apuestas de mercado ante el riesgo de que la inflación energética dificulte una flexibilización monetaria.

Las actas de la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto de septiembre estaban previstas para las 2 p. m., hora del Este, y los operadores buscaban en ellas pistas sobre las deliberaciones de política monetaria. En esa reunión, los responsables votaron a favor de elevar las tasas por primera vez desde 2023. La publicación podía dar contexto a las expectativas sobre los próximos pasos, aunque no anticipaba por sí sola qué decisión tomaría el banco central.

La Reserva Federal de Nueva York también tenía previsto divulgar a las 11 a. m. su encuesta mensual de expectativas de los consumidores, con perspectivas de inflación a uno, tres y cinco años. Los datos llegaban cuando el petróleo estadounidense acumulaba un alza de 20% desde finales de julio, mientras el rendimiento del bono a 10 años había subido 60 puntos básicos en ese periodo. La coincidencia reforzaba el interés por conocer si los hogares anticipaban que las presiones sobre los precios serían persistentes.

Otro componente del avance fue la prima de plazo, es decir, la compensación adicional que los inversionistas reclaman por mantener bonos de vencimiento largo y exponerse a más incertidumbre. Esa medida para los títulos del Tesoro a 30 años no había estado tan elevada desde 2011, según datos de Bloomberg Economics al martes, y venía acumulándose desde la reunión de septiembre de la Fed. Ralf Preusser, estratega de tasas de Bank of America, atribuyó la caída de los bonos desde comienzos de año principalmente a una reevaluación de los bancos centrales.

El contagio internacional y los efectos para inversionistas

La presión no quedó circunscrita a Estados Unidos y también alcanzó a los mercados europeos de deuda. Los rendimientos de los bonos británicos a 30 años volvieron a 6%, mientras los títulos franceses comparables subieron hasta 14 puntos básicos, de acuerdo con la información citada por Bloomberg. En el segmento a 10 años, CNBC reportó que el rendimiento francés ganó 12 puntos básicos, hasta 4,876%, y el británico aumentó 7 puntos básicos, hasta 5,447%.

La diferencia entre los datos a 10 y 30 años es relevante: se trata de vencimientos distintos y no de cifras contradictorias para un mismo bono. En ambos casos, el aumento mostró que los inversionistas exigían retornos mayores para prestar a los gobiernos, en un contexto de preocupación por la inflación y las necesidades de financiamiento. El movimiento sincronizado amplió el alcance de la venta de deuda más allá de la curva estadounidense.

Ed Yardeni, presidente de Yardeni Research, había advertido que unos rendimientos más altos podían empeorar las perspectivas fiscales a escala global. La alerta conecta el costo de endeudamiento con los déficits públicos: cuando los gobiernos deben refinanciar deuda a tasas mayores, el gasto destinado al servicio de esos pasivos puede ganar peso. La fuente también señaló que los déficits en expansión, las tensiones geopolíticas y la expectativa de tasas altas contribuyeron al alza, sin atribuir el movimiento a un solo factor.

El episodio también presionó a los inversionistas que buscan ingresos en activos sensibles a las tasas, entre ellos servicios públicos, bienes raíces y materiales, cuyos sectores perdieron atractivo relativo ante rendimientos más elevados. Al mismo tiempo, los bonos corporativos con grado de inversión ofrecían retornos cercanos a 6%, una referencia que intensifica la competencia por el capital. Para los compradores de deuda del Tesoro, la subasta y las señales de inflación serían claves para evaluar si esos niveles compensaban los riesgos o si el mercado todavía exigiría tasas mayores.


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