Estados Unidos y China se preparan para abrir un canal formal de diálogo sobre seguridad en inteligencia artificial, en un momento en que Washington insiste en que mantiene la delantera tecnológica. Las declaraciones de Scott Bessent, en plena cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping en Beijing, mezclan cooperación, competencia por chips avanzados y una renovada tensión alrededor de Taiwán.
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- Scott Bessent dijo que EE. UU. y China crearán un protocolo sobre mejores prácticas para el avance seguro de la IA.
- El funcionario sostuvo que Washington puede mantener un diálogo saludable con Beijing porque considera que EE. UU. va por delante en la carrera tecnológica.
- La cumbre Trump-Xi también reactivó temas sensibles como Taiwán, exportaciones de chips Nvidia y la cooperación económica en Asia.
🚨EE. UU. y China abrirán diálogo sobre seguridad de IA🚨
Scott Bessent afirma que EE. UU. tiene ventaja tecnológica y busca establecer un protocolo conjunto.
El objetivo es prevenir que actores no estatales accedan a modelos avanzados de IA.
Mientras tanto, las tensiones… pic.twitter.com/QYEOY5jagK
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) May 14, 2026
Estados Unidos y China comenzarán conversaciones orientadas a definir mejores prácticas de seguridad para la inteligencia artificial, según afirmó el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, durante la reunión de alto nivel que sostienen en Beijing el presidente Donald Trump y el presidente Xi Jinping.
La declaración llega en un momento clave para la competencia tecnológica global. La IA se ha convertido en un eje de poder económico, militar y geopolítico, y cualquier intento de coordinación entre Washington y Beijing será observado de cerca por la industria, los mercados y los gobiernos aliados.
Bessent explicó que ambas potencias buscarán establecer un protocolo sobre cómo avanzar con la tecnología. El objetivo, dijo, es reducir el riesgo de que actores no estatales logren apoderarse de modelos avanzados, una preocupación que ha ganado peso a medida que las capacidades de los sistemas más recientes se aceleran.
En declaraciones a CNBC al margen de la cita bilateral, el funcionario resumió la postura de Washington con una frase directa: Estados Unidos puede dialogar con China sobre IA porque va por delante. A su juicio, esa ventaja hace posible una conversación que describió como saludable.
“Las dos superpotencias de la IA van a empezar a hablar. Vamos a establecer un protocolo en términos de cómo avanzamos con las mejores prácticas para la IA para asegurarnos de que actores no estatales no se apoderen de estos modelos”, dijo Bessent.
El secretario del Tesoro añadió que “la razón por la que podemos tener conversaciones saludables con los chinos sobre IA es porque vamos por delante”. También sostuvo que, si China estuviera tan adelantada como Estados Unidos, probablemente no estarían teniendo el mismo tipo de intercambio.
La relevancia de esas palabras no se limita a la diplomacia. Para el ecosistema tecnológico y financiero, la disputa por la IA ya influye sobre cadenas de suministro, valoraciones bursátiles, restricciones comerciales y decisiones de inversión en semiconductores, centros de datos y software avanzado.
Washington, de hecho, ha intentado frenar el desarrollo chino en IA mediante restricciones a la venta de semiconductores avanzados, especialmente los producidos por Nvidia. Esa política ha sido una de las herramientas centrales de la estrategia estadounidense para conservar ventaja en cómputo de alto rendimiento.
Modelos más potentes y preocupación por su uso
La preocupación por el uso indebido de sistemas avanzados de IA se ha intensificado tras las alertas que despertó Mythos, un modelo de Anthropic al que se atribuyen capacidades poderosas de ciberataque. La empresa indicó que su despliegue inicial sería limitado a socios empresariales seleccionados.
Ese tipo de anuncio ha encendido alarmas en Washington y en otros países. El temor no se centra solo en la competencia comercial, sino en la posibilidad de que herramientas altamente sofisticadas queden fuera de controles suficientes y se utilicen para fines ofensivos o desestabilizadores.
En ese contexto, la idea de un protocolo entre las dos mayores potencias de IA apunta a generar una base mínima de gobernanza compartida. Aunque no se han divulgado detalles técnicos ni plazos concretos, la sola intención de avanzar en mejores prácticas ya marca un giro importante dentro de una relación dominada por la rivalidad.
Bessent también anticipó un gran “salto escalonado” en los próximos lanzamientos de grandes modelos de lenguaje de Gemini, de Google, y de OpenAI. Su comentario sugiere que la administración estadounidense espera una nueva ola de avances significativos en rendimiento y capacidades.
Ese posible salto refuerza la urgencia regulatoria. Cuanto más capaces sean los modelos, mayor será la presión para definir estándares sobre acceso, despliegue, seguridad, supervisión y control del uso dual de estas herramientas.
Chips Nvidia, restricciones y señales cruzadas
La cuestión de los chips avanzados volvió a aparecer durante la visita de Trump a China. Al ser consultado sobre un reporte de Reuters que señalaba que Washington había autorizado ventas de chips de IA H200 de Nvidia a varias grandes tecnológicas chinas, Bessent respondió que había habido “mucho ida y vuelta” sobre el asunto.
La frase refleja lo delicado del tema. Por un lado, Estados Unidos busca limitar el acceso de China a hardware de vanguardia. Por otro, la presión de las empresas, la necesidad de sostener ingresos y la complejidad de las cadenas globales hacen que la política sea menos lineal de lo que parece.
La presencia del director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, en la delegación de Trump a China añadió otra capa de interés. Su incorporación fue descrita como una decisión de última hora, lo que elevó la atención del mercado sobre el posible tono de las conversaciones relativas a semiconductores.
Para los inversionistas, cada señal en torno a Nvidia y a los permisos de exportación puede tener efectos inmediatos. El acceso a chips avanzados define la capacidad de entrenar y desplegar modelos de IA de frontera, por lo que la política comercial se ha convertido en una palanca directa de poder tecnológico.
Taiwán vuelve al centro de la relación bilateral
La cumbre no estuvo enfocada solo en IA. Beijing informó que Xi Jinping subrayó ante Trump que Taiwán es el asunto más importante para la relación bilateral y advirtió que un mal manejo de la cuestión podría empujar a ambos países al “conflicto”.
China considera que Taiwán, una isla democráticamente autogobernada, forma parte de su territorio. Ese desacuerdo ha sido durante años uno de los puntos más sensibles de la agenda entre ambas potencias y sigue siendo una fuente constante de riesgo geopolítico.
Bessent dijo además que espera que Trump hable más sobre Taiwán “en los próximos días”. Según el funcionario, el mandatario entiende la sensibilidad del tema y quienes afirman lo contrario no comprenden su estilo de negociación.
El cruce de mensajes ilustra el tono general del encuentro en Beijing. Mientras se exploran áreas de cooperación práctica, como la seguridad de la IA, persisten temas con alta capacidad de desestabilización, desde el estatus de Taiwán hasta el comercio tecnológico y las ventas de armas.
Trump y Xi concluyeron su primera gran reunión del viaje a las 12 p. m., hora local, del jueves. La cumbre comenzó esa mañana y está previsto que termine el viernes, en la primera visita de un presidente estadounidense en ejercicio a China desde 2017, cuando Trump viajó al país durante su primer mandato.
La gira asiática de Bessent y el frente económico
Antes del encuentro entre Trump y Xi, Bessent mantuvo reuniones en otros puntos de Asia. El miércoles se reunió en Corea del Sur con el viceprimer ministro chino He Lifeng, en una conversación preliminar centrada en la relación económica y comercial entre ambos países.
El Ministerio de Comercio de China describió esas conversaciones como un esfuerzo para resolver asuntos comerciales y ampliar aún más la cooperación pragmática. Bessent, por su parte, compartió una fotografía del encuentro y señaló que ambos discutieron la relación económica y comercial entre sus naciones.
Su agenda también incluyó una parada en Tokio antes de sumarse al viaje de Trump a Beijing. En publicaciones separadas, el secretario del Tesoro indicó que abordó minerales críticos y acuerdos de inversión con el presidente surcoreano Lee Jae Myung y con la primera ministra japonesa Sanae Takaichi.
Ese itinerario muestra que la discusión sobre IA no ocurre en un vacío. Está conectada con comercio, seguridad de suministros, minerales estratégicos, inversión y competencia industrial. En otras palabras, la IA aparece como parte de una arquitectura más amplia de poder económico en Asia.
Para el sector tecnológico, la señal central es clara. Estados Unidos quiere conservar su ventaja en inteligencia artificial, pero al mismo tiempo reconoce que necesitará algún nivel de interlocución con China para gestionar riesgos de seguridad y evitar escenarios más inestables.
Queda por ver si ese protocolo del que habló Bessent se traducirá en compromisos concretos. Por ahora, la cumbre deja una fotografía de equilibrio incómodo: cooperación limitada en seguridad de IA, presión continua sobre chips avanzados y tensión latente por Taiwán.
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