Un laboratorio del Departamento de Energía de Estados Unidos examina si los sensores lidar fabricados en China podrían exponer a vehículos y carreteras a riesgos de espionaje, interrupciones o filtraciones de datos. La revisión ocurre mientras legisladores impulsan restricciones y fabricantes enfrentan la presión de competir con precios chinos mucho más bajos.
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- El Laboratorio Nacional de Idaho realiza una revisión cuyo financiamiento y alcance técnico no han sido identificados públicamente, según las fuentes citadas en el borrador.
- Legisladores estadounidenses temen que el lidar chino pueda utilizarse para espionaje militar o industrial, o incorporar vulnerabilidades difíciles de detectar.
- La caída de los precios del lidar chino ha convertido estos sensores en una alternativa atractiva para fabricantes que buscan reducir costos.
Un laboratorio del Departamento de Energía de Estados Unidos investiga si los sensores lidar fabricados en China podrían representar un riesgo de seguridad si su uso se generaliza en vehículos dentro del país. La revisión está a cargo del Laboratorio Nacional de Idaho, según dos personas familiarizadas con el esfuerzo que hablaron bajo condición de anonimato. No se ha identificado públicamente a los financiadores ni el alcance técnico del trabajo.
La información fue reportada por TechCrunch, que consultó a fabricantes y empresas relacionadas con la conducción autónoma. Rivian, General Motors, Ford, Kodiak, Lucid Motors, Nuro y Uber dijeron que no conocían la revisión, mientras que Nvidia, Zoox y Aurora no respondieron a las solicitudes de comentarios sobre una posible participación. El Laboratorio Nacional de Idaho tampoco quiso ofrecer detalles y señaló en junio y julio que no podía hablar con periodistas sobre el proyecto.
Qué se está examinando
El lidar, acrónimo de “detección y medición de distancias por luz”, utiliza pulsos láser para calcular la distancia entre un sensor y los objetos que lo rodean. La tecnología se volvió popular entre las compañías de vehículos autónomos porque puede generar una representación de alta resolución del entorno, como complemento de cámaras, radares y otros sistemas de percepción.
La revisión parece concentrarse en la ciberseguridad y en determinar si los sensores fabricados en China ofrecen garantías suficientes para su despliegue a gran escala, de acuerdo con las fuentes citadas por TechCrunch. La evaluación ocurre en un momento de creciente presión política para impedir que estos dispositivos se incorporen a automóviles y carreteras estadounidenses, mientras varios legisladores impulsan proyectos de ley sobre el tema.
Hesai y RoboSense, dos de los principales proveedores chinos de lidar, no respondieron a múltiples solicitudes de comentarios. La falta de una explicación pública deja abiertas preguntas sobre los productos analizados y sobre si el estudio busca emitir una recomendación regulatoria o servir como evaluación privada para fabricantes del sector.
Temores de espionaje y sabotaje
La senadora Tammy Baldwin, demócrata por Wisconsin, impulsa junto con el senador Ted Budd, republicano por Carolina del Norte, la Securing Infrastructure from Adversaries Act, una iniciativa que busca impedir que el Departamento de Transporte compre o despliegue determinadas tecnologías lidar extranjeras vinculadas con China.
En declaraciones recogidas por TechCrunch, Baldwin advirtió que, a medida que la infraestructura se vuelve más sofisticada, Estados Unidos no puede ignorar los posibles riesgos de la tecnología lidar china para las comunidades y la seguridad nacional. También sostuvo que el país debe evitar que el dinero de los contribuyentes se destine a tecnologías que podrían emplearse para espiar.
El congresista John Moolenaar, republicano por Michigan y copatrocinador de otro proyecto contra el uso del lidar chino, expresó una preocupación similar ante CNBC. Según el legislador, podrían existir “puertas traseras” capaces de transmitir información por cable directamente a intereses vinculados con el Partido Comunista chino, una acusación que los fabricantes mencionados no han respondido públicamente en el material citado.
Los proyectos legislativos reflejan una preocupación política y preventiva; por ahora, no constituyen una prueba de que los sensores chinos estén transmitiendo información de manera clandestina ni de que hayan sido utilizados para sabotear vehículos.
La amenaza de los datos
Omer Keilaf, director ejecutivo y cofundador de Innoviz, explicó que los riesgos pueden dividirse en varios niveles. El primero corresponde a la cadena de suministro: si un fabricante construye toda su plataforma de conducción autónoma sobre proveedores chinos, una interrupción, una restricción comercial o una dependencia tecnológica podría afectar una parte importante del sistema.
Keilaf también identificó posibles riesgos de seguridad relacionados con el funcionamiento y los datos que recopilan estos sensores. Uno de los escenarios sería la capacidad de deshabilitar grandes cantidades de dispositivos al mismo tiempo, aunque no está claro cómo podría ejecutarse un ataque de esa escala contra una flota completa de robotaxis.
Existen antecedentes de pruebas en las que un lidar individual puede quedar inutilizado mediante la aplicación directa de láseres, pero ese resultado no demuestra que un atacante pueda provocar una interrupción masiva a distancia. La diferencia entre afectar un dispositivo aislado y coordinar una falla en miles de vehículos constituye precisamente uno de los puntos técnicos que una evaluación de seguridad tendría que aclarar.
El segundo riesgo mencionado por Keilaf es la recopilación y transmisión de información detallada sobre la ubicación de los vehículos y su entorno. El ejecutivo sostuvo que los datos generados por las arquitecturas modernas de conducción autónoma pueden comprimirse y enviarse mediante módulos celulares, lo que abriría un debate sobre quién controla esa información, dónde se almacena y bajo qué jurisdicción puede ser analizada.
Keilaf afirmó que su experiencia de siete años en la inteligencia militar israelí le permite considerar factible la extracción de grandes volúmenes de datos. Sin embargo, sus comentarios representan una evaluación de riesgo y no una prueba de que los sensores chinos estén transmitiendo información de manera clandestina, una distinción relevante ante la ausencia de conclusiones públicas del Laboratorio Nacional de Idaho.
El factor precio
La discusión de seguridad coincide con una transformación económica del mercado del lidar. Durante años, estos sensores fueron considerablemente más costosos que las cámaras y el radar, lo que llevó a fabricantes como Tesla a rechazar su uso y a defender una arquitectura de autonomía basada principalmente en cámaras.
Los proveedores chinos, incluidos Hesai y RoboSense, han escalado su producción y reducido los precios con rapidez. Un equipo que hace una década podía costar cerca de USD 75.000 ahora puede venderse por unos cientos de dólares, una caída que cambia los incentivos de los fabricantes y vuelve más difícil para las empresas estadounidenses competir con estructuras de producción de mayor costo.
La ventaja de precio puede ser especialmente relevante para las compañías que desarrollan vehículos autónomos y eléctricos, porque el lidar permite añadir capacidad de percepción sin elevar tanto el costo total del vehículo. Esa presión comercial explica por qué algunos fabricantes estadounidenses estudian integrar sensores chinos, incluso cuando crece el escrutinio político sobre la procedencia de los componentes.
Rivian, por ejemplo, ha sido vinculada con planes para incorporar una versión de su nuevo vehículo R2 con lidar integrado, aunque la empresa no confirmó a TechCrunch conocer la revisión del laboratorio. La posibilidad de utilizar componentes más económicos plantea una tensión entre competitividad industrial, control de la cadena de suministro y exigencias de seguridad nacional.
Una disputa que apenas comienza
El caso combina dos debates que hasta ahora avanzaban por separado: la dependencia tecnológica de China y la seguridad de los sistemas autónomos. Si el lidar se convierte en un componente central de vehículos, robotaxis y eventualmente infraestructura vial, una vulnerabilidad podría tener consecuencias más amplias que las de un dispositivo convencional instalado en un automóvil.
Al mismo tiempo, una prohibición general podría elevar los costos de los vehículos autónomos y ralentizar el despliegue de tecnologías que dependen de sensores de bajo precio. Los fabricantes tendrían que buscar proveedores alternativos, rediseñar plataformas existentes o absorber gastos adicionales, mientras el mercado estadounidense intenta desarrollar una capacidad de producción comparable.
Por ahora, no existe una conclusión pública del Laboratorio Nacional de Idaho ni una confirmación sobre qué empresas financian el trabajo. Tampoco hay una determinación pública que pruebe la existencia de puertas traseras o transmisiones clandestinas en los productos mencionados, por lo que las alegaciones políticas siguen siendo preocupaciones que deberán contrastarse con análisis técnicos.
El resultado de la revisión podría influir en futuros proyectos de ley, decisiones de compra de los fabricantes y criterios de seguridad para vehículos conectados. Mientras tanto, la caída del precio del lidar asegura que la pregunta no desaparecerá: Estados Unidos deberá decidir cuánto riesgo está dispuesto a asumir para no quedar fuera de una tecnología estratégica.
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