Estados Unidos financiará un estudio de viabilidad para un cable submarino que podría conectar Tailandia con su territorio y otros países del Sudeste Asiático sin atravesar el Mar de China Meridional, en una apuesta por la resiliencia digital y la competencia tecnológica con Beijing.
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- La USTDA financiará el estudio de viabilidad de un cable liderado por la estatal tailandesa National Telecom.
- El proyecto podría conectar a Tailandia, Estados Unidos, Indonesia, Singapur, Malasia, Vietnam y Filipinas, aunque la ruta definitiva aún no está confirmada.
- Operadores y aseguradoras prefieren evaluar rutas alternativas por los riesgos de mantenimiento, las disputas territoriales y las posibles interrupciones en el Mar de China Meridional.
🌐🇺🇸 EE. UU. financiará un estudio para un cable submarino entre Tailandia y EE. UU.
Podría conectar Indonesia, Singapur, Malasia, Vietnam y Filipinas, evitando el Mar de China Meridional.
El AAG registra cortes frecuentes. Coste estimado: +USD 14.000 millones, sin confirmación… pic.twitter.com/du1rrQaOhQ
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 22, 2026
La infraestructura que sostiene el internet mundial se ha convertido en un nuevo frente de la rivalidad entre Estados Unidos y China. Washington financiará un estudio de viabilidad para un cable submarino que podría conectar Tailandia, Estados Unidos y otros cinco países del Sudeste Asiático, con una ruta diseñada para evitar el Mar de China Meridional. La iniciativa busca mejorar la resiliencia de las comunicaciones, pero también refleja la intención estadounidense de limitar la exposición de la región a la infraestructura digital bajo influencia de Beijing.
La Agencia de Comercio y Desarrollo de Estados Unidos, conocida como USTDA, anunció el financiamiento el 14 de septiembre. El proyecto prospectivo estaría liderado por la telefónica estatal tailandesa National Telecom, que busca reunir capital mediante un consorcio internacional de coinversores procedentes de naciones asiáticas vecinas. Según estimaciones citadas por Bloomberg y recogidas por Fortune, la obra podría costar más de USD $14.000 millones, aunque esa cifra no ha sido confirmada oficialmente por la USTDA y el proyecto todavía se encuentra en la etapa de estudio.
La USTDA indicó que el estudio incluirá el diseño de la ruta, un análisis económico, la planificación de su comercialización y una revisión regulatoria. La ruta propuesta podría pasar por Indonesia, Singapur, Malasia, Vietnam y Filipinas antes de conectar con Estados Unidos. Esa configuración ofrecería una alternativa a las conexiones existentes y reduciría la dependencia de corredores expuestos a disputas territoriales, restricciones regulatorias y dificultades de reparación. Para los países involucrados, la decisión no representa únicamente una inversión en capacidad, sino también una definición estratégica sobre quién administrará los sistemas que transportan sus datos.
El debate ocurre mientras el Sudeste Asiático intenta equilibrar sus relaciones con las dos mayores potencias tecnológicas. Singapur se incorporó en diciembre pasado a Pax Silica, una alianza impulsada por Washington, pero también estaría evaluando una invitación para unirse a la Organización de Cooperación Mundial en Inteligencia Artificial, liderada por China. Filipinas forma parte de Pax Silica, mientras Camboya, Indonesia, Laos, Malasia y Myanmar participan en la alianza china de inteligencia artificial, una división que muestra cómo la competencia va más allá de los cables submarinos.
Una ruta para reducir riesgos bajo el mar
Los cables submarinos son líneas de fibra óptica instaladas en el lecho oceánico y transportan más del 99% del tráfico de internet a escala mundial. Aunque suelen permanecer fuera de la conversación pública, su funcionamiento resulta esencial para los servicios financieros, las plataformas de inteligencia artificial, los centros de datos, el comercio electrónico y las comunicaciones cotidianas. Una interrupción puede obligar a redirigir grandes volúmenes de información por rutas más largas, costosas o limitadas.
En la actualidad, el Asia-America Gateway, construido en 2009, conecta directamente a Estados Unidos con Tailandia. El sistema ha sufrido cortes frecuentes, especialmente en su tramo intraasiático entre Singapur y Hong Kong, mientras que la mayoría de sus fallas se concentra en el segmento cercano a Vietnam. Cuando la conexión se interrumpe, países como Camboya y Malasia cuentan con pocas alternativas para desviar el tráfico sin enfrentar una reducción significativa de capacidad o mayores costos operativos.
Asha Hemrajani, investigadora sénior de la Universidad Tecnológica de Nanyang, consideró natural que se construya un nuevo sistema por razones de resiliencia y capacidad. La especialista describió al AAG como un cable envejecido que ha experimentado varios cortes graves y señaló que el proyecto parece concebido como un sucesor de nueva generación. La necesidad de una ruta adicional, por tanto, responde tanto a la expansión prevista del tráfico digital como a las vulnerabilidades acumuladas en la infraestructura actual.
El diseño también responde a los problemas prácticos que enfrentan los operadores cuando deben reparar un cable en aguas disputadas. China reclama soberanía sobre buena parte del Mar de China Meridional, en superposición con reclamaciones de Vietnam, Brunéi, Indonesia, Malasia y Filipinas. Bajo la normativa interna china, los trabajos relacionados con cables en sus aguas interiores, mar territorial y plataforma continental requieren aprobación previa y notificación, condiciones que pueden añadir incertidumbre a una reparación urgente.
Geopolítica de la infraestructura digital
Los operadores y las aseguradoras prefieren evaluar rutas que eviten el Mar de China Meridional porque el mantenimiento de los cables exige intervenciones periódicas y, cuando ocurre una avería, los equipos deben actuar con rapidez. Asha Hemrajani explicó que las incertidumbres regulatorias y territoriales pueden complicar esas tareas, elevar los riesgos y prolongar las interrupciones. Una ruta más al sur podría ofrecer mayor previsibilidad operativa, aunque también implicaría nuevos desafíos técnicos, financieros y logísticos.
Muhammad Faizal Bin Abdul Rahman, investigador de la Universidad Tecnológica de Nanyang, vinculó esta preocupación con los conflictos militares recientes en Medio Oriente y Europa. Según el académico, esas crisis demostraron que las tensiones geopolíticas pueden provocar interrupciones físicas o cibernéticas en los cables submarinos, y Estados Unidos junto con sus aliados del Asia-Pacífico consideran que China podría emplear tácticas similares. La observación expresa un escenario de riesgo, no una acusación de que Beijing haya ejecutado una operación de ese tipo contra este proyecto.
El investigador también afirmó que los países del Sudeste Asiático necesitan reevaluar qué significa la neutralidad para cada uno de ellos. A su juicio, las decisiones de política adoptadas en sectores distintos pueden determinar, en conjunto, si un país se vuelve demasiado dependiente de una gran potencia durante tiempos de paz o en una crisis. Esa evaluación incluye telecomunicaciones, inteligencia artificial, centros de datos, estaciones de aterrizaje y otras instalaciones que conectan los cables oceánicos con las redes terrestres.
Alex Capri, profesor adjunto sénior de la Universidad Nacional de Singapur, sostuvo que Washington intensificará sus esfuerzos para ampliar su influencia y control sobre todo el ecosistema de infraestructura submarina y terrestre. El académico advirtió que China también acelera la construcción de sus propios cables, lo que podría obligar a los países de la región a alojar dos conjuntos tecnológicos paralelos. Desde esa perspectiva, la posibilidad de elegir un bando se convierte en una consecuencia concreta de una competencia que inicialmente se presenta como un proyecto de conectividad.
El vínculo entre cables y estaciones de aterrizaje es central para entender esa disputa. Los sistemas submarinos no terminan en el fondo del mar, sino que llegan a puntos costeros donde se conectan con redes nacionales, centros de datos y operadores locales. Controlar o influir en esas instalaciones puede ofrecer ventajas sobre la gestión del tráfico, la seguridad física, el mantenimiento y la capacidad de respuesta ante incidentes.
Washington y Beijing construyen rutas paralelas
El proyecto tailandés no sería el primer intento de Washington por diseñar rutas que eviten conexiones directas con China. Pacific Light Cable Network comenzó en 2015 con el respaldo de Meta y Google, y originalmente debía enlazar California con Deep Water Bay, en Hong Kong. En 2020, Estados Unidos bloqueó la conexión con Hong Kong por preocupaciones de seguridad nacional relacionadas con la vinculación de PLCN con su matriz china, Dr. Peng Telecom & Media Group.
Después de ese bloqueo, el sistema terminó conectando a Estados Unidos con Taiwán y Filipinas, dos aliados estadounidenses. Otros cables transpacíficos, como Bifrost y Echo, también se trazaron más al sur, a través del Mar de Célebes, para enlazar a Estados Unidos con Singapur e Indonesia. Estas rutas muestran que los operadores ya están ajustando sus planes para reducir la exposición a zonas donde la competencia territorial y militar puede complicar la continuidad del servicio.
China, por su parte, intenta desarrollar una red propia de cables submarinos. Reuters informó en 2023 que empresas estatales de telecomunicaciones trabajaban en una red de fibra óptica valorada en USD $500 millones, con el objetivo de conectar Asia, Europa y Medio Oriente. El proyecto tailandés y la iniciativa china no constituyen sistemas equivalentes en escala o alcance según la información disponible, pero ambos reflejan la creciente importancia estratégica de las rutas físicas que transportan datos.
La competencia también se extiende al ecosistema de inteligencia artificial, donde el acceso a conectividad estable resulta indispensable para entrenar modelos, operar servicios en la nube y distribuir grandes volúmenes de información. La separación entre bloques tecnológicos puede aumentar los costos para países que necesiten mantener compatibilidad con ambos sistemas, además de exigir nuevas reglas sobre seguridad, intercambio de datos y acceso a infraestructura crítica. Para las economías del Sudeste Asiático, la neutralidad podría ser más difícil de sostener si cada inversión tecnológica incorpora condiciones geopolíticas.
Por ahora, la iniciativa se encuentra en la fase de estudio de viabilidad y no existe una confirmación de construcción, calendario definitivo o costo oficial emitido por la USTDA. National Telecom aún debe estructurar el consorcio de financiamiento y definir la participación de los países que podrían integrarse al recorrido. El siguiente paso será determinar si la necesidad de resiliencia y capacidad logra superar los obstáculos financieros, regulatorios y diplomáticos que acompañan a una obra de esta magnitud.
La decisión final tendrá consecuencias que irán más allá de Tailandia y Estados Unidos. Si el cable avanza, podría convertirse en una pieza de la arquitectura digital que separa a Washington y Beijing, al mismo tiempo que ofrece a varios países una alternativa frente a un sistema envejecido y vulnerable. Si fracasa, la región conservará una dependencia mayor de rutas existentes cuyos riesgos ya preocupan a operadores, aseguradoras y gobiernos.
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