Por Canuto  

Long Beach trabaja con Bluecore Energy en un proyecto todavía preliminar para instalar reactores modulares pequeños sobre barcazas y suministrar electricidad a puertos, centros de datos de IA y embarcaciones. La iniciativa enfrenta las restricciones vigentes para nuevas plantas de fisión en California, obstáculos regulatorios y dudas sobre seguridad y costos, mientras Estados Unidos impulsa un marco para la energía nuclear marina.
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  • El Puerto de Long Beach y Bluecore Energy estudian barcazas flotantes con reactores modulares pequeños de 10 megavatios.
  • La legislación de California restringe desde 1976 la certificación estatal de la mayoría de las nuevas plantas de fisión nuclear, en medio de preocupaciones de seguridad, ambiente y residuos radiactivos.
  • Estados Unidos y el OIEA impulsan nuevas reglas e iniciativas para reactores destinados al transporte marítimo mercante y comunidades costeras.

 


El Puerto de Long Beach, en California, estudia una alternativa poco convencional para atender el crecimiento de la demanda eléctrica: instalar reactores modulares pequeños sobre barcazas flotantes. El proyecto, desarrollado junto con la startup Bluecore Energy, busca suministrar electricidad sin emisiones operativas a puertos, centros de datos de inteligencia artificial y embarcaciones, aunque todavía se encuentra a varios años de un posible despliegue comercial.

La propuesta adquiere un carácter especialmente llamativo porque la legislación de California aprobada en 1976 restringe la certificación estatal de la mayoría de las nuevas plantas de fisión nuclear, en medio de preocupaciones ambientales y de seguridad que también incluían la gestión de los residuos radiactivos. El Puerto de Long Beach reconoce que cualquier avance dependerá de aprobaciones estatales y federales, mientras legisladores del estado debaten posibles cambios a esas restricciones, indica un reporte publicado por Fortune.

Una apuesta nuclear frente a los puertos y la IA

Long Beach y Los Ángeles operan instalaciones portuarias contiguas que, en conjunto, forman el mayor complejo portuario de contenedores de Estados Unidos. Ese volumen de actividad, sumado a la expansión de los centros de datos que procesan cargas de inteligencia artificial, plantea una necesidad creciente de electricidad constante y confiable, una condición que los impulsores del proyecto consideran difícil de satisfacer únicamente con fuentes intermitentes.

Bluecore Energy fue fundada en enero y recaudó USD $10.000.000 en una ronda presemilla. La empresa se convirtió en una de las startups que trabajan en el desarrollo de reactores nucleares marinos, mientras que la Administración Marítima del Departamento de Transporte de Estados Unidos, conocida como MARAD, mantiene una iniciativa separada con Core Power para estudiar tecnología y reglas destinadas a futuros buques mercantes propulsados por energía nuclear. Su fundador y director ejecutivo, Kofi Asante, tiene 31 años y previamente trabajó en Uber Freight, Elroy Air y Arc, compañías vinculadas con logística, drones de carga y barcazas eléctricas.

Asante sostiene que la lógica del proyecto parte de una restricción práctica: los centros de datos necesitan grandes cantidades de energía y los terrenos disponibles cerca de zonas industriales son limitados. Según explicó a Fortune, el agua puede funcionar como espacio adicional para ubicar las plantas, mientras los cables submarinos permitirían conectarlas a instalaciones situadas a varios kilómetros, sin colocarlas necesariamente dentro de los puertos o cerca de los vecindarios.

La empresa plantea utilizar versiones más pequeñas de reactores tradicionales de agua ligera, una tecnología que considera suficientemente desarrollada para avanzar hacia diseños marinos. Cada reactor de 10 megavatios podría abastecer el equivalente a unas 10.000 viviendas, transportarse mediante remolcadores y combinarse con otras unidades para ampliar la generación, aunque la compañía todavía debe superar las etapas técnicas, regulatorias y comerciales antes de construir una central operativa.

El impulso internacional para la energía nuclear marina

La idea de poner reactores en el mar no carece de precedentes. Submarinos y portaviones militares han utilizado pequeños reactores durante décadas, y Rusia puso en servicio en 2020 la primera central nuclear flotante del mundo sobre una barcaza, destinada a abastecer a Pevek, una ciudad ártica de aproximadamente 4.000 habitantes, además de su puerto.

La escala de Long Beach y Los Ángeles sería muy distinta a la de Pevek, tanto por el tamaño de la actividad portuaria como por la densidad de infraestructura que rodea la costa. Aun así, Max Hopkins, analista de energía nuclear en CITIC CLSA, considera que la fabricación estandarizada y la posibilidad de remolcar las unidades hacia distintos lugares podrían convertir a las barcazas en una opción atractiva para aplicaciones militares, transporte marítimo y centros de datos de IA.

Hopkins advirtió, sin embargo, que la energía nuclear marina todavía está a años de alcanzar un despliegue comercial amplio. La industria necesita construir marcos regulatorios específicos, cadenas de suministro y sistemas de manufactura capaces de producir reactores repetibles, en lugar de depender de proyectos diseñados de manera individual para cada ubicación.

El movimiento también se extiende a Europa, donde la empresa danesa Saltfoss Energy desarrolla barcazas con reactores nucleares similares. En Estados Unidos, MARAD y Core Power trabajan en una propuesta para desarrollar y desplegar un buque mercante de bandera estadounidense propulsado por energía nuclear, además de estudiar las reglas necesarias para una futura flota. El programa conecta la estrategia energética con la descarbonización del transporte marítimo, aunque todavía se encuentra en una fase de desarrollo y definición regulatoria.

Regulación, seguridad y costos todavía pendientes

El transporte marítimo representa cerca del 3% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, una proporción que equivale aproximadamente al total de las emisiones de África. Los defensores de la propulsión nuclear destacan que los buques podrían repostar cada dos o tres años, en lugar de hacerlo durante cada travesía, reduciendo el consumo de combustibles fósiles y, potencialmente, permitiendo viajes más rápidos.

El Organismo Internacional de Energía Atómica lanzó en 2026 la iniciativa Atomic Technologies Licensed for Applications at Sea, conocida como ATLAS. El programa pretende impulsar tecnologías nucleares para aplicaciones marítimas, incluidos reactores modulares pequeños y microrreactores para el transporte mercante, bajo estándares de seguridad nuclear, protección y no proliferación.

El OIEA también señaló que las centrales nucleares flotantes podrían suministrar electricidad a comunidades costeras o remotas y a industrias que necesitan una fuente estable. Ese argumento amplía el mercado potencial más allá de los puertos y centros de datos, aunque cada aplicación requerirá definir reglas sobre licencias, supervisión, mantenimiento, respuesta a emergencias y manejo del combustible.

La seguridad frente a tsunamis y fenómenos meteorológicos extremos constituye una de las principales preguntas sobre las barcazas nucleares. Hopkins afirmó que los diseños modernos pueden encapsular las pastillas de combustible de uranio en varias capas de cerámica y grafito de alta resistencia, mientras Asante aseguró que las unidades de Bluecore podrían reposicionarse ante condiciones severas, resistir situaciones extremas y apagarse automáticamente mediante varios mecanismos de control.

Asante considera que el agua ofrece una ventaja adicional porque funciona como mecanismo de refrigeración y proporciona disponibilidad constante para los sistemas de la planta. No obstante, estas afirmaciones representan la visión de la startup y deberán contrastarse con evaluaciones independientes, permisos formales y pruebas que demuestren cómo respondería una instalación flotante ante accidentes, daños estructurales o interrupciones en la conexión submarina.

Una tecnología modular en un estado antinuclear

Bluecore intenta desarrollar su propuesta en un estado que mantiene desde hace medio siglo restricciones importantes para la aprobación de nuevas construcciones nucleares. La normativa estatal no constituye una prohibición absoluta de toda tecnología nuclear, pero limita la certificación de la mayoría de las nuevas plantas de fisión. El Puerto de Long Beach reconoce que el proyecto no puede avanzar sin autorizaciones estatales y federales, por lo que el acuerdo actual debe entenderse como una etapa de investigación y desarrollo, no como la confirmación de una planta próxima a operar.

Noel Hacegaba, director ejecutivo del Puerto de Long Beach, afirmó que la energía nuclear atraviesa un momento relevante para la institución y que el puerto trabaja con el sector privado y con legisladores estatales y federales. También subrayó que los avances tecnológicos y los obstáculos regulatorios hacen que la eventual materialización del proyecto todavía se encuentre a varios años de distancia.

La startup presenta la fabricación en serie como una posible respuesta al alto costo histórico de las plantas nucleares. Asante comparó los proyectos anteriores con construir una fábrica completa para fabricar un solo automóvil, mientras que los reactores modulares permitirían producir múltiples unidades en una instalación más parecida a una fábrica, una lógica en la que su equipo incorpora experiencia de Rivian y Toyota.

Hopkins respaldó esa perspectiva desde la ingeniería de materiales y sostuvo que construir un motor de reacción puede ser más complejo que construir un reactor nuclear en determinados aspectos técnicos. La comparación, sin embargo, no elimina los desafíos financieros: las barcazas deberán competir con el gas natural y la energía solar, y aún no está claro si podrán ofrecer electricidad a un precio atractivo después de incorporar regulación, seguros, mantenimiento y protección nuclear.

El interés por los reactores flotantes refleja la presión que ejercen la inteligencia artificial, la electrificación portuaria y la transición energética sobre las redes existentes. Para Long Beach, la oportunidad consiste en añadir generación sin consumir grandes extensiones de suelo; para California, el desafío será decidir si una tecnología que alguna vez quedó excluida puede regresar bajo reglas capaces de responder a sus riesgos ambientales y de seguridad.

Por ahora, el proyecto de Bluecore no tiene una fecha de operación ni una autorización definitiva, y la propia empresa reconoce que aún debe recorrer un proceso prolongado. Su importancia está en haber colocado la energía nuclear marina dentro de la conversación sobre puertos y centros de datos, justo cuando Estados Unidos y organismos internacionales comienzan a construir el marco que podría determinar si esas barcazas llegan a convertirse en infraestructura energética real.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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