Por Canuto  

Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft presentan resultados en un momento incómodo: la guerra entre EE. UU. e Irán elevó el petróleo, tensó el mercado de helio y agravó la escasez global de memoria. Pese al golpe en costos, Wall Street todavía apuesta a que los gigantes de la nube mantendrán intacta su expansión en inteligencia artificial.

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  • Los inversores buscan saber si el alza del petróleo, el diésel y la memoria impactará el capex, los márgenes y el flujo de caja.
  • Analistas aún no recortan de forma relevante sus previsiones de gasto en IA para Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft.
  • La escasez de memoria, el freno al helio en Catar y la incertidumbre energética añaden presión a los centros de datos.

 


Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft publicarán sus resultados trimestrales tras el cierre del mercado del miércoles, en la primera gran actualización para los inversores desde que comenzó la guerra entre Estados Unidos e Irán en febrero.

El momento no es menor. Desde entonces, el petróleo se disparó, la producción global de helio sufrió un golpe relevante y la crisis de memoria para centros de datos se intensificó.

Para entender la relevancia hay que mirar el contexto. Hace apenas tres meses, los llamados hyperscalers, las compañías capaces de construir y operar enormes infraestructuras de nube y cómputo, dijeron a Wall Street que gastarían en conjunto bastante más de medio billón de dólares este año para seguir ampliando su capacidad de IA. Esa promesa ahora enfrenta una prueba real de costos y ejecución.

La presión se siente en varios frentes a la vez. El alza del petróleo encarece el diésel y el transporte, mientras que la interrupción del helio afecta una materia prima crítica para la fabricación de semiconductores. A eso se suma una escasez global de memoria que ya venía creciendo antes del conflicto y que obliga a pagar más por componentes esenciales para servidores, GPU y almacenamiento en centros de datos.

Aun así, el mercado no ha castigado con fuerza a las grandes tecnológicas. Según la información reportada por CNBC, pese a un salto aproximado de 50% en los precios del petróleo desde el inicio de la guerra y de casi 80% en lo que va del año, el grupo se ha mantenido sólido en bolsa. Solo Microsoft cotiza en negativo en 2026 dentro de ese grupo.

Wall Street sigue apostando a la expansión de la IA

La gran pregunta para los accionistas es si esos mayores costos se reflejarán ya en las previsiones financieras o si las empresas todavía cuentan con suficientes palancas para absorber el impacto. Por ahora, la mayoría de analistas no ha cambiado de forma drástica sus modelos de capex para 2026, lo que sugiere que el consenso sigue creyendo en la tesis de crecimiento de la inteligencia artificial.

En Alphabet, Amazon y Meta, las estimaciones promedio recopiladas por FactSet siguen dentro de los rangos planteados por las propias compañías a inicios de año. Microsoft no entregó una guía formal de capex, pero los analistas esperan en promedio un crecimiento de 66% en su ejercicio fiscal que termina en junio, hasta USD $107.500 millones. Aun con ese salto, sería el gasto esperado más bajo entre los hyperscalers mencionados.

La postura pública de los ejecutivos tampoco sugiere retroceso. A principios de mes, el CEO de Amazon, Andy Jassy, defendió en su carta anual a accionistas el plan de invertir USD $200.000 millones en 2026, más de 50% por encima de 2025. Su mensaje fue directo: “no vamos a ser conservadores en cómo jugamos esto”. No hizo referencia a la guerra en Irán ni al encarecimiento energético.

En marzo, el presidente de Microsoft, Brad Smith, declaró en CNBC que cuando la demanda supera a la oferta, la respuesta lógica es aumentar la oferta. Esa idea resume el dilema actual de la industria: aun si los costos suben, las grandes tecnológicas consideran que frenar ahora podría resultar más caro a largo plazo, dada la popularidad creciente de ChatGPT, Gemini, Claude y herramientas asociadas.

Ted Mortonson, estratega tecnológico de Baird, describió el mercado como una “fase de complacencia”. En su visión, muchos inversores apuestan a que el presidente Donald Trump terminará moderando su postura en Medio Oriente y que las disrupciones serán temporales. Lo vinculó con la idea del “trade TACO”, siglas de Trump Always Chickens Out. Aun así, el propio Mortonson dijo estar muy preocupado y afirmó que este es probablemente uno de los ciclos con peor valoración de precios que ha visto en su carrera.

Energía, helio y gas: los nuevos cuellos de botella

Una parte central del problema está en la energía. El fuerte aumento del petróleo elevó también el precio del diésel, que subió cerca de 42% desde el inicio de la guerra, de acuerdo con datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos citados en el reporte. Eso repercute en transporte, manufactura y operación de instalaciones vinculadas a centros de datos.

Los costos energéticos ya eran relevantes antes del conflicto. Cerebras, fabricante de chips para IA, dijo en su folleto de salida a bolsa a principios de mes que los cargos de energía de centros de datos representan una parte significativa de sus gastos operativos. En otras palabras, cualquier tensión prolongada en petróleo, gas o electricidad puede alterar el cálculo económico de infraestructura digital.

El helio es otro punto crítico. En marzo, ataques iraníes dañaron una planta de gas natural licuado en Catar que producía helio y forzaron la detención de la producción. El Servicio Geológico de Estados Unidos estimaba que, antes de la guerra, Catar aportaba más de un tercio del suministro mundial de helio. La pérdida de ese volumen golpea una cadena ya exigida por el boom de semiconductores.

Además, el azufre, otro químico clave para la producción de chips, se ha encarecido por las preocupaciones sobre los envíos a través del estrecho de Ormuz. El tráfico de petroleros por esa ruta sigue muy deprimido pese a un frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán. Baker Hughes dijo la semana pasada que opera bajo la suposición de que el estrecho podría no reabrirse por completo durante meses.

Ahmed Moghal, CFO de Baker Hughes, dijo a inversores durante la conferencia de resultados del primer trimestre que persiste un gran grado de incertidumbre sobre la duración y la profundidad del conflicto. Si los precios globales del gas natural licuado siguen subiendo como lo han hecho desde el ataque en Catar, las tarifas eléctricas para alimentar centros de datos también podrían dispararse, advirtió Benjamin Lee, profesor de ingeniería eléctrica e informática de la Universidad de Pensilvania.

No todos ven el panorama con el mismo nivel de alarma. Robert Thummel, gestor de carteras en Tortoise Capital, sostuvo que Estados Unidos podría estar relativamente aislado de la inestabilidad global porque es el mayor proveedor mundial de GNL. Según su lectura, esa abundancia convierte a la energía doméstica en una ventaja competitiva para empresas como Microsoft, Meta y Google frente a rivales internacionales.

Aun así, incluso con gas abundante, construir centros de datos a escala de gigavatios requiere nuevas instalaciones eléctricas, permisos regulatorios, enlaces a redes de transmisión y acuerdos sobre quién asume los costos. Lee subrayó que esos obstáculos prácticos siguen ahí y pueden ralentizar el ritmo de ejecución, aun cuando el capital esté disponible.

Memoria cara y presión sobre márgenes

El otro gran dolor de cabeza es la memoria. La escasez vinculada a la IA ya impulsó las acciones de Micron más de 550% en el último año. En marzo, el CEO de Micron, Sanjay Mehrotra, dijo que la empresa espera una demanda superior a la oferta durante todo 2026 para memoria de servidores informáticos estándar, chips de Nvidia y unidades de estado sólido para centros de datos.

Eso se traduce en un alza pronunciada de costos. IDC prevé que la DRAM costará USD $9,71 por gigabyte en 2026, frente a USD $3,76 en 2025. Marta Norton, estratega jefa de inversión en Empower Investments, dijo que la magnitud de estos aumentos es sorprendente y que las implicaciones alcanzan tanto a los proveedores de nube como a Nvidia.

Los precios spot de las GPU H200 de Nvidia también reflejan ese entorno. Según datos de Ornn, una startup que recopila información de mercado y construye una bolsa de potencia de cómputo, esas GPU alcanzaron USD $3,82 por hora este mes, frente a USD $2,27 en enero. El mensaje es claro: alquilar capacidad para IA cuesta más, y montar infraestructura propia también.

Microsoft ya ha dado una señal visible al consumidor final. Un portavoz de la empresa dijo que los costos de memoria y componentes llevaron a elevar en varios cientos de dólares los precios de las computadoras Surface. En la nube, sin embargo, la dinámica es más compleja. Amazon Web Services no planea subir precios pese a sus mayores costos, según una persona familiarizada con el asunto citada en el reporte.

Gil Luria, analista de D.A. Davidson que cubre Amazon, Google, Microsoft y Oracle, afirmó que los hyperscalers están absorbiendo estos mayores costos. Su preocupación es que los cuellos de botella vuelvan más caro todo el proceso y ejerzan presión sobre cada actor de la cadena. En esa misma línea, Will Power, analista de Baird, elevó el 15 de abril su estimación del capex fiscal 2027 de Microsoft a USD $180.000 millones, desde USD $161.600 millones, y también aumentó su proyección para el año calendario 2026 cerca de 4%, hasta USD $157.500 millones.

Despidos, eficiencia y una fe intacta en la tesis de IA

Los mayores costos también ayudan a explicar por qué varias compañías combinan expansión agresiva con disciplina laboral. Los analistas de Citizens anticiparon la semana pasada que Meta aumentará su guía anual de capex, citando sus recientes acuerdos multimillonarios en centros de datos. Al mismo tiempo, Meta atribuyó sus planes para recortar 10% de la plantilla, unos 8.000 empleados, a sus costosas iniciativas de IA.

En un memorando interno, la empresa dijo que los despidos forman parte del esfuerzo por operar de manera más eficiente y compensar otras inversiones que está realizando. Microsoft siguió una línea parecida. La compañía comunicó a sus empleados el jueves que ofrecería bajas voluntarias, y una persona familiarizada con el plan dijo que cerca de 7% de su plantilla en Estados Unidos, o 8.750 empleados, es elegible.

Para los analistas de KeyBanc, dos temas dominan la lectura sobre Microsoft: los impactos de Medio Oriente y los impactos de los precios de la memoria en la nube. Aun con esa cautela, dijeron que sus revisiones y resultados de encuestas previas al reporte fueron en su mayoría positivos. En Amazon, la misma firma espera ingresos en línea con las estimaciones, pero ve cierto riesgo a la baja para el beneficio operativo por Medio Oriente y el gas.

Más abajo en la cadena, proveedores de infraestructura también sienten la presión. Kumar Sokka, CEO de Acre Security, explicó que el alza del petróleo todavía no ha afectado directamente a su compañía, aunque podría hacerlo. Señaló que, antes incluso de la guerra, los duros aranceles del presidente Trump ya complicaban el abastecimiento de componentes para cámaras y sistemas de detección de intrusiones, obligando a mover producción hacia Portugal, Filipinas, México y partes de Estados Unidos.

Sokka resumió el nuevo entorno como una exigencia de reacción rápida. Entre la velocidad de construcción de centros de datos, los aranceles y otros choques imprevistos, las empresas deben vigilar de cerca su cartera de pedidos, su embudo comercial y su cadena de suministro para no dañar el negocio. Esa observación encaja con el momento actual del sector: fuerte demanda, gran incertidumbre y ejecución cada vez más delicada.

Pese a todo, el mercado accionario sigue premiando la narrativa alcista de la IA. Nvidia marcó un récord el lunes y superó una valoración de USD $5 billones. Intel, que empieza a abrirse paso en el mercado de chips para IA, tuvo el viernes su mejor jornada en Wall Street desde 1987 tras reportar resultados mejores de lo esperado. El Nasdaq avanzó 15% en abril y se encaminaba a su mejor mes desde abril de 2020.

Skanda Amarnath, director ejecutivo del think tank Employ America, dijo que existe un alto nivel de confianza en que estos shocks no durarán mucho o se trasladarán casi perfectamente para mantener intactos los márgenes. Dan Taylor, director de inversiones de Man Numeric, lo resumió con una frase breve: paga más ser alcista que bajista.

Los resultados del miércoles pondrán a prueba esa convicción. Si Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft confirman que sostendrán sus planes de gasto aun con petróleo, memoria y energía más caros, Wall Street podría interpretar que la carrera por la infraestructura de IA sigue intacta. Si aparecen señales de retraso, presión sobre márgenes o ajustes de guía, la complacencia del mercado podría empezar a resquebrajarse.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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