Por Canuto  

China está convirtiendo sus fábricas y centros de formación en laboratorios de automatización, con más de dos millones de robots industriales operativos en 2024. La estrategia puede aliviar el impacto del envejecimiento poblacional, pero también genera incertidumbre para los trabajadores manufactureros.
***

  • China superó los dos millones de robots industriales operativos en 2024, la mayor cifra registrada por cualquier país.
  • El país representa más de la mitad de las instalaciones mundiales de robots industriales, según datos citados en la evidencia disponible.
  • La automatización busca sostener la producción ante el envejecimiento poblacional, aunque sus efectos sobre el empleo siguen siendo inciertos.


China está impulsando una transformación industrial que ocurre lejos de los escenarios donde sus robots humanoides boxean, corren o marchan. En fábricas, centros de formación y laboratorios de ingeniería, máquinas especializadas ya sueldan, pintan, levantan y ensamblan durante jornadas continuas, mientras una nueva generación aprende a programarlas y mantenerlas. El proceso promete elevar la productividad y compensar la futura escasez de trabajadores, pero también abre una pregunta incómoda para la segunda mayor economía del mundo: ¿cuántos empleos humanos sobrevivirán a la automatización?

La BBC recorrió instalaciones industriales y academias técnicas vinculadas con esta estrategia, que forma parte de la apuesta del presidente Xi Jinping por las llamadas “nuevas fuerzas productivas”. El reportaje valora el plan en USD $20.000 millones y lo presenta como un esfuerzo para colocar a China en la primera línea de la innovación y sostener su competencia tecnológica con Estados Unidos. La magnitud del proyecto resulta especialmente relevante para los mercados de tecnología, porque combina política industrial, inteligencia artificial, robótica y una cadena de suministro capaz de producir componentes a gran escala.

Una industria que ya funciona con millones de máquinas

China superó los dos millones de robots industriales operativos en 2024, una cifra superior a la de cualquier otro país, según la Federación Internacional de Robótica. Además, el país concentra más de la mitad de las instalaciones mundiales de robots industriales, lo que le proporciona una posición privilegiada para integrar motores, baterías, sensores, engranajes y sistemas electrónicos en nuevas líneas de producción. La automatización ya no aparece como una promesa distante, sino como una infraestructura cotidiana dentro de la manufactura china.

La ciudad de Hangzhou resume parte de este cambio. Allí, una fábrica de Leapmotor utiliza robots en prácticamente cada etapa del ensamblaje de sus vehículos eléctricos, mientras cientos de trabajadores realizan controles finales cuando los automóviles salen de la línea. Cao Li, vicepresidenta de la empresa, explicó que los talleres de estampado, soldadura y pintura ya alcanzaron básicamente una automatización total, aunque la compañía todavía emplea a más de 25.000 personas.

Cao también advirtió que la capacidad de las máquinas no debe confundirse con una operación sin costos ni interrupciones. Los robots pueden trabajar 24 horas al día, señaló, pero requieren mantenimiento diario y revisiones periódicas de las líneas de producción. Esta dependencia de técnicos, ingenieros y supervisores muestra que la automatización elimina ciertas tareas, pero al mismo tiempo crea otras posiciones especializadas cuya disponibilidad será determinante para que las fábricas funcionen.

El contraste aparece en Chengdu, donde una línea de ensamblaje todavía reúne a unos 30 hombres y mujeres de mediana edad que atornillan, perforan y pulen brazos robóticos. Cerca de ellos, cuatro jóvenes ingenieros trabajan sobre el código de un prototipo diseñado con una ambición mayor: ayudar a construir otros robots. Pang Kai, integrante de ese equipo de investigación y desarrollo, estimó que la máquina podría ejecutar otra tarea en aproximadamente medio año, aunque cada avance representa una pequeña victoria en un proceso todavía largo.

El dilema demográfico y laboral

CRP Technology, la empresa donde se desarrolla ese prototipo, emplea a unas 300 personas y lleva nueve años fabricando brazos robóticos para automóviles, productos electrónicos y turbinas eólicas. La compañía afirma que un solo brazo puede programarse para ejecutar más del 90% de las labores repetitivas de una fábrica. Pang planteó incluso la posibilidad de que, dentro de una década, China no tenga suficientes trabajadores y necesite robots capaces de pensar por sí mismos para cubrir ese vacío.

El argumento demográfico explica buena parte de la urgencia de Pekín. Estimaciones oficiales citadas en el reportaje señalan que más de un tercio de la población china tendrá más de 60 años para 2035, mientras algunas proyecciones anticipan una pérdida cercana a 60 millones de habitantes durante la próxima década. Para el Gobierno y para las empresas, la robótica puede convertirse en una herramienta para sostener la producción cuando la población activa empiece a reducirse con mayor intensidad.

Sin embargo, la transición también expone una vulnerabilidad social considerable. Cerca de 120 millones de personas todavía trabajan en el sector manufacturero, por lo que una automatización demasiado rápida podría provocar pérdidas de empleo con consecuencias severas para hogares dependientes de los salarios industriales. El desafío consiste en llenar el déficit demográfico sin convertir la modernización tecnológica en un choque laboral capaz de debilitar el consumo y aumentar la inseguridad económica.

La incertidumbre resulta difícil de medir porque el control de la información en China limita la visibilidad sobre las experiencias de los trabajadores desplazados o amenazados. El reportaje plantea que no existe una respuesta clara sobre si los robots generarán prosperidad compartida o simplemente retirarán numerosos puestos de trabajo. Esa falta de datos independientes complica la evaluación del costo real de una política que el Estado presenta como una ruta inevitable hacia el progreso.

La ventaja china en el cuerpo del robot

Susanne Bieller, secretaria general de la Federación Internacional de Robótica, sostuvo que China cuenta con una ventaja estructural frente a Estados Unidos y Europa gracias a su enorme base manufacturera. Un fabricante ubicado en Shenzhen puede acceder rápidamente a los componentes necesarios dentro de un ecosistema industrial concentrado, mientras que en Europa conseguir esas piezas podría tardar hasta una semana. Esa proximidad reduce costos, acelera los prototipos y facilita que las empresas conviertan la investigación en productos comerciales.

La planificación central también ocupa un lugar importante en la estrategia. Bieller describió un sistema que fija objetivos nacionales y luego los distribuye entre regiones y municipios, de modo que las autoridades locales puedan desarrollar capacidades específicas. El Instituto Técnico de Hangzhou representa esa visión desde la educación: sus estudiantes, algunos desde los 15 años, reciben formación en programación, robótica, motores, aeronáutica y procesamiento de tierras raras.

La apuesta educativa busca responder tanto a la demanda empresarial como al desempleo juvenil, que en el reportaje aparece descrito como una situación en la que uno de cada cinco jóvenes enfrenta dificultades para encontrar trabajo. Chen Tianyu, un profesor de 28 años, afirma que las empresas pueden reservar a sus estudiantes con anticipación y que las competiciones forman parte del entrenamiento. Su mensaje es que los jóvenes deben encontrar su lugar dentro de la ola tecnológica, porque los cambios estructurales inevitablemente crearán nuevas oportunidades y eliminarán otras.

Estados Unidos, no obstante, conserva una ventaja relevante en el llamado cerebro de los robots: el desarrollo de inteligencia artificial capaz de programar y dirigir máquinas. China domina buena parte del hardware, pero todavía intenta cerrar la brecha en modelos avanzados, una tarea complicada por los controles estadounidenses a la exportación de chips críticos. El avance de empresas chinas como DeepSeek y Moonshot, junto con el uso de enfoques de código abierto, ha reducido esa distancia más rápido de lo que muchos analistas esperaban.

De los humanoides a la automatización invisible

La competencia tecnológica podría definirse menos por quién presenta el mejor modelo de lenguaje y más por quién logra incorporar inteligencia artificial en millones de máquinas. Esa transición desplaza la atención desde las demostraciones llamativas de robots humanoides hacia equipos industriales que realizan tareas específicas con mayor velocidad y precisión. Para China, el objetivo es convertir su escala manufacturera en una plataforma de despliegue masivo, capaz de conectar los avances del software con líneas de producción reales.

La segunda edición de los Juegos Mundiales de Humanoides mostró robots compitiendo en boxeo, fútbol y carreras, pero el impacto económico más profundo ocurre en espacios mucho menos visibles. Brazos industriales trabajan sin descanso ni beneficios laborales, y algunos prototipos fueron concebidos para construir más robots, lo que podría acelerar un ciclo de automatización acumulativa. Cada generación de máquinas, en ese escenario, ayudaría a fabricar la siguiente con menor intervención humana.

La industria automotriz ofrece una muestra concreta de ese cambio. En Leapmotor, los robots colaboran en cada paso del ensamblaje y las áreas de estampado, soldadura y pintura ya operan con automatización prácticamente completa, aunque los controles finales todavía dependen de trabajadores humanos. La permanencia de esas personas evidencia que la sustitución no es instantánea, pero la propia empresa reconoce que podría llegar relativamente pronto a otros segmentos del proceso productivo.

El resultado final dependerá de la velocidad con que China pueda capacitar a los trabajadores y trasladarlos hacia funciones de mantenimiento, programación, supervisión e ingeniería. Chen reconoce que sus alumnos le preguntan qué ocurrirá en el futuro y que no tiene una respuesta definitiva, porque la tecnología cambia con demasiada rapidez. Su conclusión resume el dilema nacional: quedarse quietos puede ser más riesgoso que avanzar, pero avanzar sin protección laboral también puede dejar a millones fuera de la transformación.

Causas de movimientos recientes

En este caso no corresponde hablar de un movimiento de mercado específico. El avance de la robótica china es una tendencia industrial de largo plazo, respaldada por el crecimiento de la base manufacturera, la política tecnológica y la necesidad de responder al envejecimiento poblacional; no hay evidencia suficiente para atribuirlo a un único catalizador reciente.

Una apuesta tecnológica con riesgos económicos

La automatización llega mientras China enfrenta problemas que no se resuelven únicamente con robots. Una crisis inmobiliaria continúa presionando la economía, la deuda de los gobiernos locales permanece elevada y el consumo interno sigue débil, factores que pueden limitar la capacidad de las empresas para absorber los costos de una transición industrial acelerada. Si la productividad aumenta sin una mejora equivalente en los ingresos y la confianza de los hogares, la modernización podría agravar tensiones que ya existen.

La robótica sí puede ofrecer ventajas para sectores que enfrentan escasez de personal, especialmente cuando las labores son repetitivas, peligrosas o físicamente exigentes. También puede ayudar a que las fábricas chinas mantengan su competitividad internacional y reduzcan la dependencia de una población activa cada vez menor. Pero esas ganancias no se distribuirán automáticamente, porque las nuevas plazas suelen exigir habilidades distintas de las que poseen muchos trabajadores desplazados.

El éxito de la estrategia dependerá, por tanto, de la educación, la movilidad laboral y la capacidad de las empresas para combinar máquinas con personas durante la transición. Las academias técnicas intentan crear ese puente al formar estudiantes en código, instrumentos médicos robóticos, aeronáutica y tierras raras, mientras las compañías experimentan con máquinas más autónomas. La pregunta no es solo cuántos robots puede fabricar China, sino cuántos ciudadanos podrá preparar para trabajar junto a ellos.

China está construyendo una revolución mecánica que puede redefinir la manufactura mundial y modificar la relación entre capital, trabajo e inteligencia artificial. Sus fábricas ya muestran el potencial de una producción más veloz y automatizada, pero también el temor de una generación que no sabe si el próximo avance tecnológico será una oportunidad o una amenaza. El desenlace dependerá de si la productividad de las máquinas consigue convertirse en prosperidad para los trabajadores humanos.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.

Suscríbete a nuestro boletín