La amenaza de las computadoras cuánticas todavía parece lejana, pero gobiernos, custodios y redes blockchain ya enfrentan una costosa carrera para reemplazar la criptografía vulnerable antes de que llegue el llamado Q-Day.
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- Google estima que una computadora cuántica avanzada podría romper en minutos la criptografía de curva elíptica de 256 bits utilizada por buena parte del ecosistema cripto.
- La migración exigirá inventarios criptográficos, reemplazo de hardware, auditorías y sistemas híbridos con firmas mucho más grandes y potencialmente más costosas.
- Los custodios institucionales enfrentan un problema adicional: la computación multipartita no vuelve resistente a una firma ECDSA frente a un ataque cuántico.
La amenaza de las computadoras cuánticas aún no representa un peligro inmediato para los sistemas financieros actuales, pero la preparación ya está generando costos concretos para gobiernos y empresas. Investigadores de Google estimaron en marzo que una máquina suficientemente avanzada podría romper en minutos la criptografía de curva elíptica de 256 bits, un estándar presente en billeteras, custodios, firmas de blockchain y buena parte de la infraestructura financiera.
El llamado Q-Day, nombre utilizado para describir el momento en que una computadora cuántica pueda atacar sistemas criptográficos de uso real, todavía estaría a años de distancia según el contexto presentado por la fuente. Sin embargo, Estados Unidos ya presupuesta miles de millones de dólares para migrar sus sistemas federales, mientras que el NIST busca retirar progresivamente los algoritmos vulnerables para 2035, un calendario que obliga al sector cripto a planificar con anticipación.
El inventario que las instituciones todavía necesitan
La primera dificultad no consiste en elegir un nuevo algoritmo, sino en descubrir dónde se utiliza la criptografía vulnerable dentro de cada organización. Los expertos consultados coinciden en que custodios, exchanges, proveedores de infraestructura y empresas financieras necesitan registrar sus sistemas de firma, hardware, autenticación, recuperación y claves con larga vigencia antes de diseñar una migración.
Nigel Smart, especialista con un doctorado en Teoría Computacional de Números, describió ese registro como una Lista de Materiales Criptográficos. Según su explicación, el inventario debe identificar los algoritmos usados, la forma en que se administran las claves y los puntos concretos donde aparece la criptografía dentro de la organización, una tarea que el NIST también coloca cerca del comienzo de cualquier transición postcuántica.
Nitin Gaur, de la firma de ingeniería blockchain Nethermind, amplió el alcance del problema al incluir RSA, ECC y Diffie-Hellman en TLS, la emisión de tokens JWT, la firma de código, las raíces de autoridades certificadoras, la autenticación de API y el firmware. A su juicio, elaborar ese inventario puede representar entre 10% y 15% del costo de un programa, aunque concentra la totalidad de la ruta crítica porque ningún reemplazo seguro puede comenzar sin conocer las dependencias.
El desafío se vuelve más complejo en las criptomonedas porque algunos activos pueden permanecer inmóviles durante décadas y ciertas billeteras antiguas quizá nunca reciban una actualización. En Bitcoin, un informe de junio de 2026 calculó que alrededor de BTC 1.700.000 permanecen en direcciones tempranas cuyas claves públicas ya están expuestas, por lo que esas monedas podrían quedar en riesgo si el hardware cuántico llega antes de que la red complete su transición.
Custodia institucional y firmas más pesadas
Los sistemas de custodia institucional se construyeron alrededor de la criptografía de curvas elípticas y combinan computación multipartita, módulos de seguridad de hardware, procedimientos de recuperación y aprobaciones internas. Cambiar el algoritmo de firma no implica solamente sustituir una pieza técnica, porque los custodios tendrían que revalidar los controles que rodean cada clave, cada autorización y cada proceso de recuperación.
Akshay Thakur, de BitGo, señaló que la custodia institucional suele utilizar firmas por umbral, en las que la clave nunca se ensambla en un único lugar. El problema es que los estándares postcuánticos del NIST priorizaron la simplicidad de implementación, la compacidad y un enfoque conservador, pero no dieron prioridad a la compatibilidad con esquemas de umbral, una carencia que deja abierta una investigación relevante para el sector.
Thakur mencionó específicamente a Falcon y afirmó que el esquema ha sido adoptado por Solana, Algorand y TRON, pero que actualmente no cuenta con una construcción por umbral viable. En enero de 2026, el NIST organizó el taller MPTS, dedicado a los esquemas de umbral multipartitos; esa iniciativa refleja que la compatibilidad entre firmas postcuánticas y custodia distribuida continúa en investigación. La investigación presentada en el encuentro encontró penalizaciones severas de eficiencia para firmas por umbral basadas en estándares hash.
Nitin Gaur advirtió que la computación multipartita, por sí sola, no proporciona resistencia cuántica, porque distribuye el cálculo sin cambiar el algoritmo utilizado. Una firma ECDSA por umbral entre cinco participantes continúa siendo ECDSA, y una computadora cuántica podría derivar la clave privada a partir de la clave pública sin comprometer a ninguna de las partes ni verse afectada por la distribución de confianza.
El reemplazo también elevaría el tamaño de las transacciones y las exigencias operativas de las redes. El estándar ML-DSA-65 utiliza firmas de 3.309 bytes y claves públicas de 1.952 bytes, frente a las firmas de curva elíptica que normalmente ocupan decenas de bytes, mientras algunas variantes de SLH-DSA alcanzan decenas de kilobytes.
Más datos, tarifas y dificultades para las redes
En una blockchain, cada byte adicional puede traducirse en mayor consumo de ancho de banda, más almacenamiento y una carga superior para la verificación. Thakur espera que una parte importante del costo llegue al usuario en el momento de firmar, cuando los mensajes más pesados atraviesen protocolos multipartitos y añadan latencia a operaciones que hoy parecen casi instantáneas.
Los períodos híbridos podrían aumentar todavía más esa carga, porque durante la transición algunas redes tendrían que validar simultáneamente firmas clásicas y postcuánticas. Esa convivencia permitiría probar los nuevos controles sin abandonar de inmediato los sistemas actuales, pero también podría incrementar el tamaño de los datos, las necesidades de infraestructura y las tarifas de transacción.
Nigel Smart identificó una dificultad adicional para las redes proof-of-stake: las firmas postcuánticas estandarizadas todavía no pueden agregarse con facilidad. La agregación resulta importante en las capas de consenso, ya que permite combinar muchas firmas y reducir el volumen de información que la red debe transmitir y verificar, pero las alternativas actuales no ofrecen una solución sencilla para ese proceso.
El costo de la migración tampoco se limita a la criptografía. Thakur incluyó el reemplazo de hardware que no pueda actualizarse, la operación paralela de sistemas clásicos y postcuánticos, las nuevas auditorías y recertificaciones, además de las tarifas on-chain necesarias para trasladar activos a direcciones protegidas con firmas de mayor tamaño.
La situación introduce una categoría de gasto que no apareció con la misma intensidad en migraciones criptográficas anteriores: mover fondos dentro de una red pública puede costar más precisamente porque las firmas nuevas ocupan más espacio. En cadenas donde el tamaño de las firmas ya presiona las tarifas, una transición masiva podría trasladar una parte de la factura directamente a los propietarios de los activos.
Quién pagará y cuándo debería comenzar
Los expertos no plantean un único responsable para financiar la transición. Smart considera que los desarrolladores de protocolos, custodios, proveedores de servicios y propietarios de activos deberán asumir distintas partes del proceso, porque cada grupo controla una etapa diferente y ninguno puede completar por sí solo una migración que atraviesa software, hardware, gobernanza y fondos inactivos.
Gaur propone una estrategia más centralizada, con una partida plurianual financiada desde la organización, bajo la responsabilidad del director de seguridad de la información y con aprobación del director financiero. Comparó el esfuerzo con las grandes transiciones asociadas al problema del año 2000 y a LIBOR, porque una iniciativa sin ingresos directos ni clientes que exijan el cambio difícilmente recibirá presupuesto voluntario de cada unidad de negocio.
Las blockchains públicas enfrentan un obstáculo adicional frente a los sistemas federales o corporativos: no tienen un titular presupuestario capaz de ordenar la actualización a todos los participantes. Un custodio puede modificar sus propios procesos de firma, pero no puede obligar a los propietarios de activos inactivos a mover sus fondos ni imponer por sí mismo un cambio de consenso en toda la red.
Aun así, otras migraciones tecnológicas muestran que una preparación temprana puede acelerar la adopción. Cloudflare informó que para abril de 2026 más de dos tercios del tráfico TLS generado por humanos que llegaba a su red ya utilizaba protección postcuántica, una señal de que el despliegue puede comenzar mucho antes de que exista una amenaza operativa visible.
Las fechas de planificación ya ofrecen referencias para que las instituciones elaboren presupuestos, aunque nadie conoce con precisión cuándo llegará el hardware cuántico criptográficamente relevante. La hoja de ruta de Ethereum contempla incorporar protecciones postcuánticas, con un horizonte citado alrededor de 2029, mientras el cronograma del NIST se extiende hasta 2035. Ambos horizontes deben convivir con adquisiciones, sustituciones de equipos y rediseños de custodia que normalmente toman años.
La carrera, por tanto, no depende únicamente de demostrar que una computadora cuántica puede romper una curva elíptica, sino de actualizar a tiempo sistemas que sostienen activos por miles de millones de dólares. Si las redes esperan hasta que el Q-Day sea inminente, podrían descubrir que el mayor costo no estaba en el algoritmo, sino en todo lo que debía cambiar alrededor de él.
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