El Banco Central Europeo prepara una infraestructura para llevar las reservas de los bancos centrales a redes DLT, con Pontes y Appia como piezas centrales de su estrategia de tokenización financiera.
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- Piero Cipollone sostiene que el dinero central tokenizado será clave para preservar la soberanía monetaria europea.
- El proyecto Pontes conectaría plataformas DLT con TARGET Services durante el tercer trimestre de 2026.
- El Eurosistema ya acepta ciertos activos comercializables emitidos mediante DLT como garantía monetaria.
El BCE quiere llevar la liquidación a las redes DLT
El Banco Central Europeo ya no se limita a observar el avance de la tokenización financiera, sino que empieza a diseñar la infraestructura necesaria para acompañarlo. Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, sostiene que el dinero del banco central también debe llegar a las redes basadas en tecnología de registro distribuido, conocidas como DLT, si Europa quiere aprovechar sus beneficios sin ceder control sobre la política monetaria.
La tokenización convierte activos financieros tradicionales, como bonos y otros valores, en representaciones digitales negociables dentro de registros distribuidos. Según Cryptobriefing, Cipollone considera que este cambio puede generar eficiencias importantes en los mercados europeos, favorecer una integración más profunda y reforzar la transmisión de la política monetaria, pero advierte que esos beneficios dependen de contar con una forma segura de liquidar las operaciones.
En el sistema financiero convencional, las reservas depositadas por los bancos comerciales en el banco central funcionan como un activo de liquidación con el menor riesgo disponible. Si los mercados tokenizados utilizan exclusivamente stablecoins privadas o tokens emitidos por bancos comerciales, la autoridad monetaria perdería una herramienta crítica para influir en el funcionamiento del sistema financiero, justo cuando una parte creciente de las operaciones podría trasladarse a plataformas DLT.
El BCE ejecutó más de 50 proyectos piloto en nueve jurisdicciones durante 2024, y los resultados apuntaron hacia una demanda concreta de los participantes del mercado. Las instituciones quieren utilizar dinero del banco central para liquidar transacciones basadas en DLT, en lugar de depender de stablecoins respaldadas por papel comercial, dólares sintéticos vinculados mediante algoritmos u otros pasivos privados cuya seguridad debe evaluarse bajo condiciones de mercado.
Reservas tokenizadas y soberanía monetaria
La propuesta de Cipollone parte de una preocupación institucional: la infraestructura de pagos puede influir tanto como los instrumentos financieros en la distribución del poder monetario. A medida que los activos tokenizados ganen uso, quien controle el medio de liquidación tendrá una posición decisiva para definir cómo se mueven los fondos, qué riesgos se aceptan y qué tan directamente puede actuar el banco central.
El dinero central tokenizado no eliminaría necesariamente a las stablecoins privadas ni a los depósitos bancarios representados mediante tokens, pero introduciría una referencia pública de liquidación dentro de los mercados DLT. Esa alternativa permitiría que las operaciones se beneficien de procesos digitales más rápidos o integrados sin reemplazar la confianza asociada a un pasivo directo del banco central, según el argumento expuesto por el funcionario europeo.
La diferencia entre una stablecoin privada y una reserva del banco central no es únicamente tecnológica, porque cada instrumento tiene un emisor, una estructura de respaldo y un perfil de riesgo distinto. Una moneda estable garantizada con papel comercial depende de la calidad de sus activos y de la capacidad de su emisor, mientras que las reservas centrales representan un pasivo institucional del banco central y ocupan un lugar específico dentro de la política monetaria.
La publicación también presenta la participación del banco central como una condición para superar la etapa experimental de la tokenización, no como una reacción destinada a bloquearla. Sin activos de liquidación considerados libres de riesgo, el ecosistema podría seguir acumulando demostraciones piloto, pero tendría dificultades para sostener los flujos de capital reales que conectan a bancos, inversionistas y mercados financieros.
Pontes y Appia forman la hoja de ruta europea
El primer componente de esta estrategia es Pontes, una iniciativa cuyo lanzamiento está previsto para el tercer trimestre de 2026. Su objetivo es conectar plataformas DLT con la infraestructura existente de TARGET Services del BCE, de modo que las instituciones puedan liquidar operaciones con activos tokenizados utilizando las mismas reservas de euros que ya mantienen en el banco central, aunque el enrutamiento se realice mediante una nueva capa tecnológica.
En términos operativos, Pontes funcionaría como un puente entre dos entornos que hasta ahora han evolucionado con reglas e infraestructuras distintas. Por un lado estarían los registros distribuidos donde se emiten o intercambian valores tokenizados; por el otro, los sistemas tradicionales del Eurosistema, que seguirían proporcionando el dinero central utilizado para completar la liquidación de las operaciones.
La segunda pieza es Appia, una hoja de ruta publicada en marzo de 2026 con un alcance más amplio que el de una conexión técnica puntual. El plan busca establecer una visión integral para un ecosistema financiero europeo tokenizado hacia 2028, aunque su cumplimiento dependerá de la cooperación entre instituciones públicas y participantes privados para acordar estándares comunes y protocolos de interoperabilidad.
La interoperabilidad será especialmente relevante porque la existencia de múltiples plataformas DLT puede fragmentar la negociación, la liquidación y la gestión de garantías. Si cada red utiliza formatos incompatibles, la tokenización podría reproducir las barreras que pretende reducir; por eso Appia requiere coordinación entre actores públicos y privados, mientras Pontes representa un paso más concreto dentro de esa transformación.
Los valores DLT ya entran en las operaciones monetarias
El Eurosistema comenzó a aceptar a finales de marzo de 2026 ciertos activos comercializables emitidos mediante DLT como garantía para operaciones de política monetaria. La medida es relevante porque permite que determinados bonos o valores tokenizados cumplan una función que antes estaba reservada, en la práctica, para instrumentos emitidos y administrados a través de registros tradicionales.
La aceptación como garantía no significa que todos los activos digitales reciban automáticamente el mismo tratamiento ni que cualquier token pueda utilizarse ante el banco central. El alcance señalado se limita a ciertos activos comercializables emitidos mediante DLT, una precisión que mantiene la evaluación institucional sobre qué instrumentos pueden respaldar operaciones y bajo qué condiciones.
La decisión, sin embargo, envía una señal clara al mercado europeo: los registros distribuidos pueden integrarse gradualmente en la arquitectura de la política monetaria. Cuando un valor tokenizado puede presentarse como garantía, su emisión deja de ser únicamente una prueba tecnológica y empieza a relacionarse con procesos centrales de financiación, liquidez y gestión de riesgos.
El calendario de Pontes será el próximo punto de observación para bancos, emisores de activos digitales y operadores de infraestructura financiera. Un despliegue exitoso durante el tercer trimestre de 2026 demostraría la viabilidad técnica del enlace con TARGET Services y podría acelerar el objetivo de 2028 planteado por Appia, aunque la adopción generalizada seguirá dependiendo de la coordinación regulatoria y operativa.
Una señal para la tokenización más allá de Europa
La postura europea resulta significativa porque no presenta la DLT como una amenaza que deba contenerse, sino como una tecnología que puede incorporarse bajo condiciones institucionales claras. Cipollone plantea que la presencia del banco central puede aportar la seguridad necesaria para que la tokenización avance desde los experimentos hacia mercados con operaciones de mayor escala y consecuencias económicas más amplias.
Este enfoque coloca el debate en la infraestructura de liquidación, un aspecto menos visible que la emisión de stablecoins o la creación de bonos tokenizados, pero decisivo para su funcionamiento cotidiano. Un activo puede existir digitalmente en una red distribuida; aun así, los participantes necesitan saber qué dinero recibirá el vendedor, qué riesgo asume el comprador y qué mecanismo garantiza que ambas partes cumplan simultáneamente.
La propuesta también establece una tensión entre innovación y soberanía monetaria que otros bancos centrales podrían seguir con atención. Si los mercados adoptan medios privados de liquidación antes de que exista una alternativa pública en las mismas redes, las autoridades tendrían que adaptarse a una infraestructura construida alrededor de instrumentos que no controlan directamente.
Por ahora, la hoja de ruta combina un proyecto de conexión previsto para 2026, una planificación integral con horizonte de 2028 y la incorporación inicial de valores DLT como garantía. El resultado dependerá de que las instituciones europeas y el sector privado conviertan esos hitos en estándares interoperables, pero el mensaje político ya está definido: para el BCE, la migración de los mercados a la tecnología distribuida también exige modernizar el dinero que los liquida.
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