Por Canuto  

El fabricante estadounidense RYAM suspenderá el 15 de septiembre las operaciones de su planta en Témiscaming, Quebec, una decisión que afectará a 425 trabajadores y que la empresa atribuye directamente a los aranceles impuestos por Estados Unidos. La medida se produce mientras Washington y Ottawa intercambian nuevas tarifas, acusaciones y paquetes de apoyo en una guerra comercial que amenaza con elevar costos y reducir oportunidades para empresas de ambos países.
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  • RYAM detendrá temporalmente el 15 de septiembre las operaciones de su planta en Témiscaming, Quebec, afectando a 425 trabajadores.
  • La empresa atribuyó el cierre a un entorno comercial insostenible tras los aranceles estadounidenses de hasta 50% sobre bienes canadienses.
  • Canadá anunció tarifas de represalia por USD $27.600 millones y un paquete de apoyo de USD $7.500 millones para trabajadores y empresas.


El cierre de la planta en Quebec

RYAM, fabricante estadounidense de cartón prensado, anunció que suspenderá temporalmente las operaciones de su instalación en Témiscaming, Quebec, a partir del 15 de septiembre. La decisión afectará a 425 trabajadores y representa uno de los impactos laborales más visibles de la nueva escalada arancelaria entre Estados Unidos y Canadá, dos economías profundamente conectadas por sus cadenas industriales y comerciales.

La empresa explicó que el cierre responde directamente a las condiciones creadas por los aranceles estadounidenses sobre productos canadienses. En una declaración citada por Newsweek a partir de un correo electrónico visto por el medio local North Bay Nugget, un portavoz afirmó que el entorno comercial se volvió insostenible y que mantener la operación dejó de ser económicamente viable.

El fabricante sostuvo que intentó adaptarse a la nueva realidad antes de tomar la medida, pero la magnitud de las tarifas terminó superando su capacidad de operar de forma sostenible. La compañía no detalló en la información disponible cuánto tiempo permanecerá detenida la planta ni ofreció una cifra sobre el impacto financiero del cierre, por lo que el alcance definitivo para la instalación y sus trabajadores todavía no está claro.

Alain Gauthier, alcalde de Témiscaming y antiguo trabajador de la empresa, describió los aranceles como una “bomba nuclear” para los sectores que dependen de los mercados estadounidenses. En declaraciones a CTV News, el funcionario calificó la situación como una “guerra económica”, una expresión que refleja la preocupación local por las consecuencias de una disputa decidida en los niveles más altos de ambos gobiernos.

La escalada de tarifas entre Washington y Ottawa

Las nuevas medidas estadounidenses llegaron después de que las negociaciones destinadas a aliviar las tensiones comerciales se rompieran durante las dos semanas previas al anuncio. El 22 de agosto, la administración de Donald Trump impuso aranceles de hasta 50% sobre bienes canadienses valorados en USD $27.600 millones, con productos agrícolas, manufacturados y de consumo entre los sectores alcanzados.

Esas tarifas se sumaron a medidas estadounidenses que ya afectaban al acero, el aluminio y los automóviles. Para las empresas que venden, compran o procesan insumos a través de la frontera, la acumulación de gravámenes puede alterar precios, márgenes y decisiones de producción, aunque la información de origen no establece que cada uno de esos factores haya determinado por separado el cierre de la planta de RYAM.

El Representante de Comercio de Estados Unidos, Jamieson Greer, acusó previamente a Canadá de aplicar restricciones a productos estadounidenses de alcohol, ofrecer acceso preferencial a los lácteos de la Unión Europea y limitar algunas exportaciones de vehículos de Estados Unidos. Greer defendió las medidas como parte de un esfuerzo para reequilibrar el comercio y proteger industrias estadounidenses consideradas sensibles para la seguridad nacional.

La Casa Blanca responsabilizó a Ottawa por el fracaso de las conversaciones y afirmó el 25 de agosto que Canadá había presentado “demandas irrazonables, retrocesos y un rechazo total”. Según esa versión, Trump había ofrecido acceso preferencial al mercado estadounidense, junto con reducciones propuestas para los aranceles aplicados al acero, el aluminio, los automóviles y la madera, aunque Canadá sostuvo que los términos no resultaban aceptables.

La respuesta de Canadá y el costo para las empresas

El primer ministro canadiense Mark Carney afirmó el 22 de agosto que Ottawa estaba dispuesto a eliminar sus aranceles de represalia restantes sobre acero, aluminio y automóviles si Washington reducía sustancialmente sus propios gravámenes. Sin embargo, Carney señaló que la propuesta posterior de Estados Unidos era “antieconómica, injusta” y capaz de socavar los beneficios que un acuerdo comercial tendría para Canadá.

Después del quiebre de las negociaciones, el gobierno canadiense anunció que respondería “dólar por dólar, tarifa por tarifa”. A partir del 8 de septiembre, Ottawa prevé imponer aranceles de 15%, 25% y 50% sobre importaciones estadounidenses valoradas en USD $27.600 millones, incluyendo acero, productos lácteos, electrodomésticos, equipos agrícolas, pulpa y papel y artículos electrónicos.

La respuesta canadiense también incluye un paquete adicional de apoyo de USD $7.500 millones para trabajadores y empresas afectados por los aranceles. El anuncio reconoce que la represalia busca proteger la posición negociadora de Ottawa, pero también puede trasladar parte del costo a consumidores y compañías canadienses mediante precios más altos y una menor variedad de productos disponibles.

Carney dijo que Canadá tomó la decisión con renuencia porque las tarifas elevarán costos y reducirán opciones para los canadienses. También advirtió que algunas empresas y estados estadounidenses son espectadores inocentes de una disputa que no provocaron, mientras la confrontación impide que ambos países cooperen en áreas donde podrían obtener beneficios conjuntos.

Un conflicto con dimensiones económicas y políticas

La disputa actual comenzó pocas semanas después del inicio del segundo mandato de Trump, cuando la Casa Blanca anunció en febrero de 2025 un arancel adicional de 25% para la mayoría de las importaciones canadienses y otro de 10% para productos energéticos de Canadá. Washington presentó inicialmente esas medidas como una respuesta a la migración ilegal y al ingreso de fentanilo a Estados Unidos, mientras Ottawa reaccionó con sus propios gravámenes.

Desde entonces, el conflicto comercial se desarrolló junto con un deterioro más amplio de la relación política entre los países vecinos. Antes de asumir nuevamente la presidencia, Trump sugirió repetidamente que Canadá debería convertirse en el estado 51 de Estados Unidos y, en enero de 2025, se negó a descartar el uso de la “fuerza económica” para impulsar esa idea.

El entonces primer ministro canadiense Justin Trudeau rechazó la posibilidad y respondió que había “más posibilidades de que un cabo de nieve sobreviviera en el infierno” de que Canadá pasara a formar parte de Estados Unidos. La confrontación simbólica continuó esta semana, cuando Trump firmó una orden ejecutiva para renombrar el Lago Ontario como Lago América, una medida que generó indignación al otro lado de la frontera.

Carney afirmó el 21 de agosto que Canadá había reconocido desde el principio que Estados Unidos había cambiado y que ambos países no regresarían a su relación anterior. El cierre temporal de la planta de Témiscaming convierte esa tensión diplomática en una consecuencia concreta para una comunidad industrial, mientras los gobiernos todavía deben decidir si vuelven a negociar o profundizan el intercambio de aranceles.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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