Por Canuto  

El telescopio espacial Swift de la NASA quedó encaminado hacia una reentrada no controlada después de que la nave LINK no pudiera completar la maniobra para elevar su órbita. La agencia espera que la mayor parte del observatorio se desintegre, aunque algunos componentes podrían sobrevivir y caer en una zona todavía imposible de precisar.

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  • La nave robótica LINK, construida por Katalyst Space Technologies, sufrió problemas de control de actitud y no pudo completar la maniobra para elevar la órbita de Swift.
  • La NASA estima que Swift no reingresará antes de octubre, aunque todavía no existe una fecha ni un lugar definidos.
  • Expertos consideran poco probable que los restos causen daños, pero advierten que algunos instrumentos y tanques podrían sobrevivir.

 


El telescopio espacial Swift de la NASA se dirige hacia una reentrada no controlada en la atmósfera terrestre, después de que fracasara el intento privado de elevarlo a una órbita más segura. El observatorio, lanzado el 20 de noviembre de 2004, dedicó más de dos décadas a estudiar los brotes de rayos gamma y otros fenómenos cósmicos mediante tres instrumentos principales. Ahora, la agencia estadounidense sigue sin precisar cuándo ni dónde terminará el descenso.

La situación se aceleró por la degradación de la órbita, asociada con una actividad solar elevada que incrementó el arrastre atmosférico sobre la nave. Aunque la NASA espera que la mayor parte de Swift se queme durante el reingreso, especialistas consultados por Space.com señalaron que ciertos componentes podrían alcanzar la superficie. El escenario más probable sigue siendo una caída sobre el océano, pero la trayectoria orbital mantiene abierta una franja amplia del planeta.

Un rescate diseñado contra el reloj

En septiembre de 2025, la NASA emitió un llamado a la acción para intentar salvar a Swift antes de que la pérdida de altura hiciera inviable cualquier maniobra. La agencia concluyó que el observatorio necesitaba un impulso hacia una órbita superior en poco tiempo, porque el aumento del arrastre provocado por el Sol podía acelerar su caída hacia la atmósfera. La respuesta llegó desde Arizona, donde Katalyst Space Technologies propuso una misión robótica de intervención orbital.

Katalyst obtuvo un contrato de NASA por USD $30 millones para ejecutar el reimpulso y construyó la nave LINK con el objetivo de acercarse a Swift, establecer un encuentro orbital y llevar el telescopio a una trayectoria más elevada. El proyecto se desarrolló bajo una presión temporal extraordinaria, pues la ventana para actuar se reducía a medida que la órbita descendía. La empresa intentó convertir en meses una misión que normalmente exigiría una preparación mucho más prolongada.

LINK fue lanzada el 3 de julio de 2026, pero registró problemas de control de actitud después de alcanzar el espacio. Esa clase de control resulta esencial para orientar una nave, estabilizar sus paneles y coordinar un acercamiento seguro con otro objeto orbital, por lo que las dificultades impidieron completar el encuentro con Swift. NASA y Katalyst cancelaron la captura y el impulso del observatorio, dejando a Swift sin una maniobra capaz de prolongar su vida en órbita.

Ghonhee Lee, director ejecutivo de Katalyst Space Technologies, reconoció que el resultado no era el esperado, aunque defendió la dimensión del desafío durante una entrevista con CNN News Central el 24 de agosto. Lee describió la misión como ambiciosa, de alto riesgo y alta recompensa, y destacó que la compañía diseñó, construyó y lanzó un robot espacial en nueve meses. Según su evaluación, disponer de 12 meses, apenas tres adicionales, habría marcado una diferencia considerable.

La caída de Swift sigue sin fecha ni lugar

Alise Fisher, especialista en asuntos públicos de astrofísica dentro de la Oficina de Comunicaciones de la sede de la NASA en Washington, confirmó que Swift tendrá una reentrada no controlada. La funcionaria explicó que el momento dependerá de varios factores, entre ellos la evolución de la órbita y las condiciones atmosféricas que encuentre el observatorio durante su descenso. Por ahora, la NASA considera poco probable que el reingreso ocurra antes de octubre.

La ausencia de una fecha exacta no constituye una anomalía en el seguimiento de objetos que pierden altura sin capacidad de maniobra. La atmósfera superior cambia con la actividad solar y puede ejercer un arrastre distinto sobre una nave incluso durante periodos relativamente cortos, alterando las proyecciones de tiempo. Por esa razón, una estimación confiable suele aparecer únicamente cuando el objeto se aproxima a las últimas etapas de su trayectoria.

Fisher indicó que la NASA compartirá más información a medida que se acerque la reentrada y seguirá los procedimientos interinstitucionales establecidos para este tipo de notificaciones. Esos avisos permiten coordinar el monitoreo orbital y comunicar los riesgos potenciales cuando la incertidumbre sobre la trayectoria comienza a reducirse. Hasta entonces, cualquier ubicación específica para el descenso de Swift sería una especulación y no una previsión oficial.

La trayectoria de Swift restringe, pero no elimina, el área posible de reingreso. Ewan Wright, estudiante de doctorado en estudios interdisciplinarios de la Universidad de British Columbia y miembro junior del Outer Space Institute, señaló que la inclinación orbital de 21 grados permite que el observatorio vuelva a entrar sobre cualquier zona ubicada entre 21 grados de latitud norte y 21 grados de latitud sur. Esa franja incluye grandes extensiones oceánicas, aunque también atraviesa regiones habitadas.

Qué podría sobrevivir y cuál es el riesgo

Swift tiene una masa seca de 613 kilogramos, equivalente a 1.351 libras, y transporta un Burst Alert Telescope, un telescopio ultravioleta y óptico, además de un telescopio de rayos X. La NASA calcula que el calor y la fricción de la reentrada destruirán una parte considerable de la estructura, reduciendo la cantidad de material que podría llegar al suelo. Sin embargo, la desintegración no necesariamente será completa debido a la masa y a la composición de algunos elementos.

Darren McKnight, miembro técnico sénior de LeoLabs, explicó que la masa seca y los instrumentos de Swift probablemente permitirán una desintegración suficiente para que el observatorio no represente un peligro significativo de víctimas en tierra. La empresa LeoLabs mantiene vigilancia constante sobre la actividad en la órbita terrestre, por lo que sus especialistas siguen la evolución de objetos que pueden regresar a la atmósfera. Aun así, McKnight distinguió entre la destrucción general de la nave y la supervivencia de piezas específicas.

Según McKnight, el funcionamiento interno de los telescopios óptico y de rayos X podría resistir parte del descenso, mientras que las lentes ópticas y los tanques de titanio figuran entre los componentes con mayores posibilidades de llegar a la superficie. El experto añadió que estaba seguro de que se había realizado un análisis de supervivencia, aunque no había visto un informe público con esos resultados. Esa falta de información abierta impide conocer con precisión qué masa podría permanecer intacta.

Wright sostuvo que Swift probablemente no se quemará por completo, pero consideró que la opción más probable sigue siendo que cualquier resto sobreviviente caiga en el mar. También advirtió que existe una posibilidad, aunque reducida, de que algún componente impacte en una zona urbanizada y provoque una víctima. La advertencia no equivale a una predicción de daño inminente, sino a una descripción del riesgo estadístico asociado con una reentrada que nadie puede dirigir.

Una advertencia sobre la basura espacial

El final de Swift llega después de una trayectoria científica relevante para la astronomía de altas energías. Durante sus años de operación, el observatorio estudió los brotes de rayos gamma, considerados las explosiones más poderosas del universo, junto con otros objetos y eventos cósmicos. Su combinación de telescopios permitió observar fenómenos en distintas longitudes de onda, aunque el trabajo científico de la misión ya terminó.

La NASA y Katalyst atribuyeron el fracaso de la maniobra de rescate a problemas persistentes en el control de actitud de LINK. Además, la actividad solar elevó el arrastre atmosférico y aceleró la pérdida de altura de Swift. La combinación de una órbita cada vez más baja y la variabilidad de la atmósfera superior probablemente redujo el margen disponible para intentar otra maniobra.

La pérdida del telescopio también muestra las dificultades de prolongar la vida útil de satélites que no fueron diseñados para recibir asistencia orbital. Un vehículo de rescate debe acercarse a un objeto envejecido, coordinar velocidades y orientaciones con precisión, y completar la maniobra antes de que el objetivo pierda demasiada altura. En el caso de LINK, un problema posterior al lanzamiento bastó para cerrar la oportunidad disponible.

Wright situó el caso dentro de una tendencia más amplia: cada año se producen más reentradas no controladas de satélites y etapas de cohetes, mientras aumenta la probabilidad acumulada de que una persona resulte golpeada. La mayoría de esos objetos cae sobre el océano o se desintegra en la atmósfera, pero la expansión de la actividad espacial incrementa la cantidad de hardware que eventualmente debe regresar. Swift se convierte así en otro ejemplo visible del desafío que plantea la gestión del tráfico y de los desechos orbitales.

Por ahora, la NASA no ha anunciado un punto de impacto ni una fecha definitiva para el regreso de Swift. El seguimiento se intensificará cuando el observatorio se acerque a la atmósfera, momento en que las predicciones podrán acotarse y las autoridades emitirán nuevas comunicaciones. Mientras tanto, el desenlace más probable continúa siendo una reentrada mayormente destructiva sobre el océano, aunque algunos restos, entre ellos posibles elementos ópticos o tanques de titanio, podrían completar el viaje hasta la Tierra.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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