Por Canuto  

El BCE avanza con un proyecto que aspira a ofrecer una alternativa pública a Visa y Mastercard, pero su éxito dependerá de que comerciantes, bancos y consumidores lo adopten frente a opciones ya consolidadas.
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  • Visa y Mastercard procesaron 47% del valor de los pagos con tarjeta de la zona euro en 2025, según GlobalData.
  • El piloto del euro digital está previsto para la segunda mitad de 2027 y 36 empresas financieras participarán en las pruebas.
  • El proyecto promete pagos sin comisiones de intercambio para los comercios, aunque implica costos elevados y compite con alternativas como Wero y las stablecoins.


Europa impulsa el euro digital para reducir su dependencia de Visa y Mastercard

La Unión Europea quiere que una moneda pública digital se convierta en una alternativa de pago común en la zona euro, en un mercado donde Visa y Mastercard procesan casi la mitad del valor de las transacciones con tarjeta. El Banco Central Europeo (BCE) prepara un piloto para la segunda mitad de 2027, mientras enfrenta un desafío más amplio: convencer a consumidores, bancos y comercios de que el euro digital resuelve problemas concretos y no duplica soluciones existentes.

Una apuesta por la autonomía de los pagos europeos

El respaldo político al proyecto tomó impulso en junio, cuando la comisión de asuntos económicos del Parlamento Europeo votó 43 a 14 a favor de apoyar el euro digital. Gilles Boyer, miembro francés de esa institución, advirtió que los sistemas de pago no son neutrales y sostuvo que Europa ha recibido suficientes señales sobre los riesgos de depender de infraestructura estadounidense. Para los defensores de la iniciativa, la soberanía de los pagos se ha convertido en un asunto estratégico, no solo tecnológico.

El euro digital sería una forma electrónica de dinero del banco central, concebida para complementar los billetes y monedas, no para reemplazarlos. El BCE plantea que personas y empresas de la zona euro puedan utilizarlo como una opción gratuita y aceptada de manera universal, tanto en transacciones presenciales como en línea. De acuerdo con el calendario divulgado, 36 empresas financieras se sumarán al piloto de 12 meses, entre ellas Deutsche Bank, Revolut, Adyen y UniCredit.

La preocupación europea se apoya en la concentración actual de los pagos. GlobalData calcula que Visa y Mastercard procesaron 47% del valor de las transacciones con tarjeta de la zona euro en 2025, mientras que en Reino Unido la proporción llega a 95%. Además, el BCE señala que 15 de los 21 países que usan el euro todavía no cuentan con una solución digital doméstica, y que ningún sistema europeo existente funciona de forma fluida en todo el bloque.

La dependencia también preocupa por la posibilidad de una interrupción del servicio o de restricciones vinculadas a decisiones políticas. El director ejecutivo de RS2, Radi El Haj, empresa de tecnología de pagos que participa en el piloto, dijo que Europa no podría reemplazar de un día para otro las redes existentes si una de ellas dejara de operar en la región. La inquietud creció bajo la presidencia de Donald Trump, cuya administración ha recurrido con mayor intensidad a las sanciones financieras como herramienta de política exterior.

Comercios, bancos y costos de implementación

El retroceso del efectivo añade urgencia al debate, porque es la única forma de dinero que el BCE controla plenamente en la vida cotidiana. Según el banco central, la proporción de empresas de la zona euro que no acepta efectivo se triplicó en los últimos tres años hasta alcanzar 12%; además, el BCE ya dejó de emitir billetes de € 500. En 2025, los pagos sin efectivo de la zona euro sumaron € 233,8 billones, una escala que ilustra el peso creciente de la infraestructura digital.

Para los comerciantes, uno de los atractivos potenciales consiste en evitar las comisiones de intercambio y recibir liquidaciones al instante. En mayo de 2025, organizaciones comerciales que representan a Amazon, Carrefour, H&M, Ikea y otras empresas solicitaron a la Comisión Europea que actuara frente a las comisiones de Visa y Mastercard, que, según las investigaciones citadas en su carta, aumentaron 33,9% entre 2018 y 2022. Martin Dowdall, abogado especializado en regulación financiera de Winston Taylor, considera que menores costos podrían hacer de Europa un lugar más atractivo para operar.

Una red común también podría simplificar la gestión de pagos para compañías que hoy deben integrar distintos sistemas nacionales, como iDEAL en Países Bajos, Bizum en España y Blik en Polonia. Carlo Bravin, director de asociaciones de pagos para EMEA en Adyen, describió esa diversidad como una fuente de complejidad para las empresas y señaló que existe una demanda constante de flexibilidad, aunque todavía no observa una fuerte petición específica por el euro digital. Rebecca Christie, investigadora sénior de Bruegel, advirtió que los comercios querrán conocer y reducir los costos de procesamiento antes de sumarse.

La propuesta contempla dos mecanismos para ampliar su alcance: los comercios deberán aceptar euros digitales y los bancos tendrán que ofrecerlos a sus clientes una vez que el sistema se lance, previsto para 2029. Sin embargo, Pierre-Antoine Vacheron, director ejecutivo de Worldline y participante del piloto, señaló que la prueba decisiva será lograr un uso cotidiano amplio. El BCE estima costos de implementación de € 1.300 millones y gastos operativos de alrededor de € 300 millones anuales, mientras que el costo conjunto para los bancos podría situarse entre € 4.000 y € 6.000 millones durante cuatro años.

Una adopción incierta frente a alternativas privadas

Los bancos podrían recuperar parte de sus gastos cobrando a los comercios por procesar transacciones, pero esa posibilidad alimenta una crítica central: el nuevo sistema podría terminar reproduciendo una comisión similar a la que pretende desplazar. Las entidades también temen que sus clientes trasladen depósitos a billeteras digitales del BCE en lugar de mantenerlos en cuentas remuneradas, además de tener que sostener una segunda infraestructura junto a sus redes actuales. El riesgo, según los críticos, es que el sector financiero pague por una plataforma con poca demanda.

El euro digital tampoco llegará a un mercado vacío. BNP Paribas, Commerzbank y Rabobank respaldan Wero, una billetera financiada por bancos que ya cuenta con 50 millones de usuarios. Jacob Rider, director sénior de programas de Projective Group, planteó que Wero podría consolidarse como un sistema europeo omnicanal antes de la emisión del euro digital, lo que abre interrogantes sobre la conveniencia de desarrollar dos soluciones para una misma necesidad estratégica.

Otros analistas cuestionan que el público perciba una necesidad clara. Apostolos Thomadakis, investigador sénior del Centre for European Policy Studies, dijo que los argumentos oficiales sobre estabilidad financiera, autonomía estratégica y ancla monetaria pueden resultar abstractos para la población. La experiencia internacional tampoco garantiza una adopción sencilla: el piloto DCash del Caribe Oriental fue suspendido en 2024, mientras que el eNaira de Nigeria, lanzado en 2021, continúa operativo, pero registra una aceptación limitada.

La infraestructura tendrá que integrarse con herramientas empresariales para procesar reembolsos, conciliar pagos y responder a posibles interrupciones, además de recibir mantenimiento continuo. El Haj señaló que las redes de tarjetas publican actualizaciones dos veces al año y que el euro digital probablemente exigirá ajustes periódicos similares. La presidenta de Mastercard Europe, Kelly Devine, defendió la presencia de la empresa en el continente y afirmó que seguirá invirtiendo para fortalecer la competitividad y generar oportunidades económicas.

La carrera por el dinero digital cambia de escala

El BCE presenta el euro digital como un complemento de los medios de pago actuales y como una forma de conservar el acceso al dinero del banco central en una economía cada vez más digital. Su portavoz, Josephine Nachtsheim, afirmó que el proyecto busca ampliar la libertad de elección y reforzar la resiliencia y la autonomía estratégica de los pagos europeos. Christie, por su parte, defendió la existencia de un ancla pública para evitar que un servicio esencial dependa exclusivamente de una solución privada que podría dejar de estar disponible.

La disputa supera a las tarjetas: las stablecoins vinculadas a monedas fiduciarias ya ganan terreno como instrumentos digitales, y las respaldadas en dólares podrían ampliar la influencia financiera de Estados Unidos. La legislación GENIUS Act, aprobada en ese país para apoyar stablecoins privadas respaldadas en dólares, acompaña un mercado que procesó alrededor de USD $33 billones en transacciones durante 2025. Rider advirtió que, cuando el euro digital llegue en 2029, la preocupación europea podría haber pasado de las redes de tarjetas a la expansión del dinero digital privado denominado en dólares.

La escala del proyecto tampoco elimina el desafío de la adopción. El euro digital tardó seis años en alcanzar la fase piloto y tendrá que competir con hábitos de pago ya arraigados, además de alternativas privadas europeas que están creciendo. En opinión de Rider, la iniciativa llega tarde como rival directo del dominio estadounidense; aun así, el BCE sostiene que su objetivo no es borrar las opciones existentes, sino ofrecer una infraestructura pública disponible en toda la zona euro.

El resultado dependerá de que la promesa de menores costos, aceptación amplia y pagos resilientes se traduzca en una experiencia útil para la vida diaria. Vacheron describió el euro digital como una pieza que llena vacíos, más que como una transformación radical, mientras que varios investigadores insisten en que el argumento público todavía no resulta evidente. Europa busca construir una alternativa antes de depender aún más de sistemas externos, pero su verdadero examen comenzará cuando bancos y comercios deban integrarla y los usuarios decidan si la incorporan a sus hábitos.


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