El miembro del Comité Ejecutivo del BCE Piero Cipollone sostiene que Europa debe derribar barreras dentro de su mercado único, impulsar la productividad y reducir su dependencia energética. También defendió el diseño del euro digital, que según explicó complementará al efectivo y ofrecerá una protección de privacidad superior a la de las transferencias actuales.
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- Piero Cipollone pidió eliminar restricciones a la libre circulación de bienes y servicios para permitir que las empresas europeas alcancen mayor escala.
- El funcionario consideró que las medidas fiscales frente a shocks energéticos deben ser temporales y focalizadas, mientras las renovables ofrecen una solución estructural.
- El BCE afirma que el euro digital no sustituirá al efectivo y que su sistema no podrá vincular directamente a personas físicas con transacciones concretas.
Europa debe aprovechar con mayor intensidad su mercado único para fortalecer a sus empresas frente a nuevos shocks externos, según Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo.
En una entrevista realizada por Lorenzo Torrisi y publicada el 24 de agosto de 2026, el funcionario sostuvo que la libre circulación de bienes y servicios todavía enfrenta restricciones que impiden a las compañías expandirse, reducir costos y competir con los grandes actores globales.
Cipollone señaló que el mercado europeo reúne aproximadamente a 452 millones de consumidores y constituye una de las principales ventajas estructurales del continente. Sin embargo, las barreras que persisten incluso dentro del mercado único dificultan que las empresas alcancen economías de escala, especialmente en sectores como tecnología de la información, finanzas y manufactura tradicional, incluida la industria automotriz.
Un mercado único todavía incompleto
El planteamiento del funcionario coincide con diagnósticos incluidos en los informes de Mario Draghi y Enrico Letta, quienes han documentado obstáculos que limitan la integración económica europea. Para Cipollone, la primera tarea no consiste en diseñar nuevas ayudas, sino en eliminar las restricciones internas que frenan la expansión transfronteriza de las compañías y reducen su eficiencia.
Una mayor integración permitiría que surgieran empresas capaces de producir a una escala suficiente para competir internacionalmente, siempre dentro de las normas europeas de competencia. El crecimiento no tendría que producirse necesariamente mediante adquisiciones, ya que las propias empresas podrían elegir entre distintas formas de expansión, cooperación o combinación de negocios.
El ejecutivo del BCE también destacó la importancia de la demanda interna. A su juicio, el amplio superávit por cuenta corriente del área del euro indica que todavía existe margen para que el consumo y la inversión domésticos crezcan sin provocar desequilibrios externos significativos.
La debilidad de la demanda, añadió, puede estar relacionada con las dificultades para invertir y operar a través de las fronteras europeas. Cuando una empresa no puede ampliar con facilidad su actividad dentro del mercado regional, también disminuyen los incentivos para comprometer capital en nuevos proyectos productivos.
Estabilidad de precios y shocks de oferta
Cipollone recordó que el mandato estatutario del BCE es mantener la estabilidad de precios, una tarea que forma parte de la estabilidad macroeconómica. El objetivo de inflación del banco central es del 2% a medio plazo y su compromiso con esa meta es simétrico. Una inflación controlada reduce la incertidumbre y los costos de planificación, mientras que unas tasas nominales más estables facilitan que las empresas proyecten inversiones, contratación y producción con mayor claridad.
El funcionario matizó, sin embargo, la respuesta que corresponde a un shock de oferta, como un aumento abrupto del precio del petróleo. Elevar las tasas de interés para llevar rápidamente la inflación al objetivo puede frenar una economía que ya sufre el impacto negativo de un shock, por lo que la política monetaria debe calibrarse cuidadosamente.
Los bancos centrales no pueden controlar directamente el precio internacional de las materias primas energéticas, pero sí pueden evitar que un incremento temporal se convierta en expectativas de inflación persistente. La meta consiste en mantener ancladas las previsiones de mediano plazo, de modo que hogares y empresas confíen en que la inflación regresará al 2% cuando desaparezca la perturbación inmediata.
Ante este tipo de episodios, Cipollone atribuyó a la política fiscal un papel complementario, aunque advirtió que las medidas de apoyo deben ser temporales, focalizadas y dirigidas a quienes realmente las necesitan. La experiencia, explicó, muestra que estos programas suelen ser costosos y difíciles de diseñar sin generar efectos regresivos que terminen favoreciendo a los hogares más ricos.
La transición energética como estrategia de competitividad
Las ayudas fiscales de emergencia tampoco resuelven la dependencia estructural europea de los combustibles fósiles, según el miembro del Comité Ejecutivo del BCE. Reducir esa dependencia representaría una política de largo plazo capaz de proteger de forma permanente a hogares y empresas frente a nuevos shocks externos.
El funcionario consideró sólido el argumento para flexibilizar las reglas fiscales nacionales cuando los recursos se destinan a la seguridad energética, una modificación que atribuyó a la Comisión Europea a comienzos de octubre. La inversión en energías renovables no solo reduciría la exposición a los precios internacionales, sino que también podría disminuir los costos energéticos de las empresas europeas.
Cada aumento en el precio del crudo transfiere recursos desde los hogares y las compañías europeas hacia los países productores de petróleo. Si la participación de las renovables crece dentro de la matriz energética, una mayor proporción de ese dinero podría permanecer en Europa y redistribuirse mediante políticas fiscales adecuadas.
La transición energética aparece así vinculada a dos objetivos que suelen debatirse por separado: la seguridad económica y la competitividad industrial. Para Cipollone, invertir en fuentes renovables permitiría reducir una vulnerabilidad externa y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones de producción de las empresas radicadas en el continente.
Productividad, salarios e inteligencia artificial
El aumento de los precios energéticos amenaza el poder adquisitivo porque reduce la renta disponible, afecta la rentabilidad y puede limitar las horas trabajadas, explicó Cipollone. Frente a un shock exógeno de estas características, la respuesta estructural consiste en disminuir la dependencia de productos energéticos importados, mientras que la productividad determina en el largo plazo cuánto pueden crecer los salarios reales.
El ejecutivo europeo advirtió que la palabra competitividad puede conducir a políticas de distinto signo. En teoría, una empresa podría elevar su producción extendiendo la jornada sin aumentar salarios o debilitando las normas de seguridad, pero consideró que esa no debería ser la dirección de la política económica europea.
El objetivo, sostuvo, debe ser producir más con los mismos costos y estándares de seguridad, mediante una utilización más eficiente de la capacidad instalada y una mejor organización del trabajo. Esa visión coloca la eficiencia, la innovación y la calidad de la producción por encima de una reducción de derechos laborales como vía para competir.
Cipollone también subrayó el papel del sistema educativo y de formación profesional, especialmente ante la expansión de las nuevas tecnologías. La calidad de la educación será esencial para que los trabajadores y las empresas puedan adaptarse al papel presente y futuro de la inteligencia artificial dentro del tejido productivo.
Sin señales actuales de estanflación
Al ser consultado sobre una posible repetición de la estanflación de los años setenta durante la crisis del estrecho de Ormuz, Cipollone respondió que el riesgo parece lejano con la información disponible. Reconoció que nadie puede anticipar con certeza la evolución de la economía, pero señaló que existen señales de una posible solución de la crisis y que los precios del petróleo parecen reflejar esa expectativa.
Los últimos datos, agregó, muestran una desaceleración de la economía europea, aunque también una resiliencia mayor de la esperada. Mientras tanto, las proyecciones del BCE publicadas en junio contemplan, en su escenario de referencia, un crecimiento del PIB real del 0,8% en 2026, del 1,2% en 2027 y del 1,5% en 2028. La evidencia disponible no permite afirmar que la inflación se mantenga alineada con un escenario base concreto más allá de esas proyecciones.
La evaluación no implica que el banco central deje de vigilar los riesgos macroeconómicos, en particular porque un shock energético puede afectar simultáneamente el crecimiento, los costos y las expectativas. Por ahora, no obstante, Cipollone afirmó que no observa señales de un escenario de estanflación.
La diferencia entre un episodio transitorio y una crisis prolongada dependerá, entre otros factores, de que las presiones energéticas no se incorporen de forma permanente a salarios, precios y expectativas. En ese equilibrio, la política monetaria, la política fiscal y la inversión en energía tendrán funciones distintas, pero conectadas.
El euro digital y la privacidad
La entrevista también abordó el Reglamento para el euro digital aprobado por el Parlamento Europeo el mes anterior, una iniciativa que podría permitir su emisión en 2029. Cipollone insistió en que la moneda digital del banco central (CBDC) no reemplazará al efectivo, sino que lo complementará en situaciones como las compras en línea, donde el dinero físico no suele utilizarse. La fecha de 2029 debe entenderse como una posibilidad o preparación prevista, no como una fecha definitiva de emisión.
El BCE mantiene además una consulta pública para rediseñar los billetes de euro, un proceso que, según Cipollone, sería incompatible con la idea de abandonar el efectivo. El funcionario presentó ambos instrumentos como opciones destinadas a convivir, de manera que los ciudadanos puedan elegir entre dinero físico y una alternativa digital respaldada por el Eurosistema.
En las operaciones fuera de línea, el euro digital está diseñado para funcionar de forma semejante al efectivo, con la transacción realizada directamente entre las partes y los datos visibles únicamente para quien paga y quien recibe. Esta característica busca ofrecer un nivel de privacidad distinto al de los pagos digitales convencionales.
Para las operaciones en línea, Cipollone aclaró que el sistema del euro no podrá identificar a los usuarios de una transacción concreta. Los bancos que participen en la operación sí podrán conocer a sus clientes, incluso para cumplir obligaciones relacionadas con la prevención del lavado de dinero, pero el sistema del Eurosistema no podrá vincular directamente a personas físicas con transacciones específicas del euro digital.
La diferencia con una transferencia bancaria actual radica en que, en ese caso, las entidades involucradas conocen todos los datos de la operación. Según Cipollone, el euro digital ofrecerá la máxima protección de privacidad que permite la tecnología disponible, sin eliminar los controles que corresponden a las entidades financieras.
La propuesta combina, por tanto, una infraestructura digital europea con límites explícitos sobre la visibilidad de los datos dentro del sistema central. Su aceptación dependerá no solo de la fecha de una eventual emisión, sino también de la confianza que genere entre usuarios preocupados por la privacidad, bancos responsables del cumplimiento normativo y empresas que buscan nuevos medios de pago.
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