Por Canuto  

Los precios del petróleo cerraron con fuertes pérdidas este jueves tras una sesión marcada por giros bruscos, dudas sobre un acuerdo entre Estados Unidos e Irán y nuevas señales de tensión en el estrecho de Ormuz. El retroceso ocurrió pese a un repunte inicial de hasta 4%, en un mercado cada vez más sensible a la geopolítica, la caída de inventarios y el riesgo de escasez durante el verano.
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  • El Brent cerró en USD $102,58 y el WTI en USD $96,35, ambos en su nivel más bajo en casi dos semanas.
  • Las dudas sobre un acuerdo entre Estados Unidos e Irán y el control iraní sobre Ormuz mantuvieron al mercado en alta volatilidad.
  • La caída de inventarios, el uso acelerado de reservas y el riesgo para la oferta global elevan la preocupación para julio y agosto.


Los precios del petróleo terminaron la jornada del jueves con una caída cercana al 2%, luego de una sesión de alta volatilidad marcada por la incertidumbre sobre las perspectivas de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán. El movimiento reflejó la sensibilidad extrema del mercado a cualquier novedad sobre Oriente Medio, una región que sigue siendo clave para el suministro global de crudo y gas.

En este contexto, los futuros del Brent cerraron en USD $102,58 por barril, con una baja de USD $2,44, equivalente a 2,3%. Por su parte, los futuros del West Texas Intermediate de Estados Unidos finalizaron en USD $96,35, tras perder USD $1,90, o 1,9%.

Ambos contratos terminaron en su nivel más bajo en casi dos semanas. La corrección se produjo pese a que, más temprano en la sesión, los precios habían llegado a subir hasta 4%, lo que deja en evidencia el nerviosismo de los inversionistas frente a señales contradictorias sobre el curso diplomático y militar del conflicto.

Para quienes siguen los mercados energéticos desde otros sectores, incluida la industria cripto y financiera, este tipo de movimientos importa porque el petróleo influye sobre inflación, tasas de interés, costos logísticos y apetito por riesgo. Cuando el crudo se encarece o se vuelve más volátil, también cambian las expectativas sobre bancos centrales, consumo y crecimiento global.

Una jornada dominada por señales cruzadas sobre Irán

El repunte inicial del petróleo se aceleró después de que Reuters reportara que el líder supremo de Irán emitió una directiva que redujo las esperanzas de una resolución rápida de la guerra. Según ese informe, que citó a dos fuentes iraníes de alto nivel, Teherán está endureciendo su posición sobre una exigencia clave de Washington.

La directiva del ayatolá Mojtaba Khamenei podría complicar aún más las negociaciones y frustrar los esfuerzos del presidente estadounidense Donald Trump por negociar el fin del conflicto. Ese endurecimiento fue interpretado por el mercado como una señal de que la disrupción en la oferta podría extenderse más de lo esperado.

Más tarde en el día, Trump declaró que Estados Unidos eventualmente recuperará la reserva iraní de uranio altamente enriquecido. Washington considera que ese material está destinado a un arma nuclear, mientras que Teherán sostiene que su objetivo es exclusivamente pacífico.

La jornada también estuvo marcada por las declaraciones del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Los precios ampliaron sus ganancias momentáneamente después de que afirmara que el sistema de peaje propuesto en el estrecho de Ormuz haría inviable un acuerdo diplomático.

Sin embargo, el mercado recortó esas alzas más tarde, luego de que Rubio añadiera que funcionarios de Pakistán, que actúa como mediador, viajarán a Irán para mantener conversaciones. Esa combinación de amenaza y posible contacto diplomático empujó a los operadores a rebalancear posiciones varias veces en una sola sesión.

Los analistas de ING resumieron esa cautela con una frase directa: “Hemos estado en esta situación múltiples veces antes, lo que en última instancia llevó a la decepción”. La firma mantuvo su previsión de un precio promedio del Brent de USD $104 por barril para el trimestre actual.

Ormuz sigue siendo el punto crítico del mercado

Un elemento central de la tensión sigue siendo el estrecho de Ormuz, una arteria energética vital para la economía mundial. Antes de la guerra, por allí transitaban envíos de petróleo y gas natural licuado equivalentes a cerca del 20% del consumo global, por lo que cualquier interrupción tiene impacto inmediato sobre precios y expectativas.

Irán anunció un día antes la creación de una nueva “Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico”, encargada de supervisar una “zona marítima controlada” dentro de Ormuz. La medida fue interpretada como un nuevo paso para consolidar su influencia sobre uno de los corredores marítimos más sensibles del planeta.

Teherán también advirtió contra nuevos ataques y reveló medidas orientadas a afianzar su control del estrecho, que sigue mayormente cerrado. La guerra comenzó el 28 de febrero, cuando ataques de Estados Unidos e Israel desencadenaron el conflicto. Aunque la mayor parte de los combates se ha detenido desde un alto el fuego en abril, la normalidad comercial no se ha restablecido.

Actualmente, Irán limita el tráfico a través de Ormuz, mientras Estados Unidos mantiene bloqueada su costa. Ese doble estrangulamiento ha reducido de forma drástica la circulación de crudo desde la región y ha elevado el temor a un faltante más serio en plena temporada de mayor demanda de combustibles.

Sultan Al Jaber, director ejecutivo de Abu Dhabi National Oil Company, advirtió que incluso si el conflicto terminara ahora, los flujos completos de petróleo a través del estrecho no regresarían antes del primer o segundo trimestre de 2027. Esa proyección sugiere que el daño logístico y operativo podría tener efectos de largo alcance.

Inventarios en descenso y riesgo de escasez durante el verano

La presión geopolítica coincide con una caída acelerada de las reservas. Desde que comenzó la guerra, las pérdidas de suministro desde la región productora de Oriente Medio han alcanzado casi 10 millones de barriles por día, obligando a los países consumidores a recurrir con mayor velocidad a inventarios comerciales y estratégicos.

Ese uso intensivo de reservas está generando preocupación por el agotamiento de los stocks mundiales de petróleo. Fatih Birol, jefe de la Agencia Internacional de la Energía, dijo el jueves que el inicio de la demanda máxima de combustible en verano, combinado con la falta de nuevas exportaciones desde Oriente Medio y la caída de existencias, podría llevar al mercado a una “zona roja” en julio y agosto.

En Estados Unidos, el informe de la Administración de Información de Energía del miércoles mostró que el país retiró casi 10 millones de barriles de petróleo de su Reserva Estratégica de Petróleo la semana pasada. Se trató de la mayor reducción registrada en esa reserva.

Los inventarios comerciales de crudo en Estados Unidos también cayeron más de lo esperado, según los datos de la EIA. Ese descenso refuerza la idea de que el colchón de seguridad es cada vez menor, justo cuando el mercado enfrenta una combinación de guerra, restricciones marítimas y fuerte demanda estacional.

En paralelo, UBS elevó este jueves sus previsiones para el precio del petróleo en USD $10 por barril. Ahora espera que el Brent alcance USD $105 por barril y que el WTI llegue a USD $97 en septiembre, una revisión que subraya la percepción de un equilibrio más ajustado entre oferta y demanda.

Europa se debilita y la OPEP+ evalúa un aumento modesto

La tensión en energía ocurre además en un momento complejo para la economía global. Encuestas publicadas este jueves mostraron que la actividad económica de la zona euro se contrajo en mayo a su ritmo más fuerte en más de dos años y medio, afectada por el aumento del costo de vida impulsado por la guerra, la debilidad de la demanda de servicios y una aceleración de los despidos.

Ese deterioro europeo agrega una capa adicional de incertidumbre. Por un lado, una economía más débil puede enfriar la demanda de combustibles. Por otro, si los cuellos de botella de oferta persisten, el precio del petróleo puede seguir elevado aunque el crecimiento pierda fuerza, complicando el panorama inflacionario.

En ese equilibrio delicado también pesa la próxima decisión de la OPEP+. Reuters informó, citando a cuatro fuentes, que siete países líderes del grupo probablemente aprobarán un modesto aumento de producción para julio cuando se reúnan el 7 de junio.

Aun así, el mercado parece dudar de que un incremento limitado de producción baste para compensar una disrupción tan severa en Oriente Medio. Cuando un corredor como Ormuz permanece restringido, la disponibilidad física y la logística adquieren tanto peso como el volumen nominal de bombeo.

El vínculo con inflación y tasas mantiene en alerta a los mercados

El comportamiento del petróleo no solo impacta a refinadoras, aerolíneas o exportadores. También condiciona el rumbo de la política monetaria. El jueves, el presidente de la Fed de Richmond, Thomas Barkin, dijo que la forma en que empresas y consumidores respondan a los continuos choques económicos determinará si la Reserva Federal puede “pasar por alto” la actual inflación alta o si tendrá que considerar subir las tasas de interés.

Para los inversionistas, esa advertencia es clave. Un petróleo caro y volátil puede trasladarse a transporte, alimentos, manufactura y servicios, dificultando el trabajo de los bancos centrales. Eso afecta a los mercados tradicionales y también a activos más sensibles al costo del dinero, como acciones tecnológicas, criptomonedas y otros instrumentos de riesgo.

La sesión del jueves dejó así una señal clara. Aunque el precio final cerró en rojo, el mercado no está tranquilo. La amplitud del movimiento intradía, el retroceso desde un avance de 4% y el deterioro de inventarios muestran que cualquier titular sobre Irán, Ormuz o reservas puede cambiar en minutos la dirección del crudo.

Por ahora, la caída de casi 2% no despeja la tensión, sino que refleja un mercado atrapado entre apuestas opuestas. De un lado, persiste la esperanza de mediación y de un aumento moderado de producción. Del otro, siguen presentes el riesgo de escasez, la fragilidad de las rutas marítimas y la posibilidad de que la diplomacia vuelva a fracasar.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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