Por Canuto  

El cobre, el aluminio y el zinc atraviesan una semana de fuertes oscilaciones mientras los temores inflacionarios presionan a los mercados de bonos y elevan la incertidumbre sobre la demanda global. En el centro del tablero aparece el cobre, termómetro clásico de la economía mundial, atrapado entre una oferta minera frágil, tasas más altas en Estados Unidos y una recuperación china que todavía no convence.
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  • Los futuros del cobre para agosto bajaron 1,3% el martes en la London Metals Exchange y luego rebotaron 0,5% el miércoles hasta USD $13.477 por tonelada.
  • Analistas ven una combinación compleja de oferta restringida, demanda débil en algunos mercados y presión macro por el alza de los rendimientos de bonos.
  • Wood Mackenzie ubica al cobre en un rango volátil de USD $13.200 a USD $13.800 por tonelada, a la espera de mayor estabilidad en bonos y una mejora industrial en China.


Los metales industriales han entrado en una fase de alta volatilidad esta semana, en medio de un entorno marcado por temores inflacionarios y nuevas presiones sobre los mercados globales de bonos. El cobre, el aluminio, el níquel, el estaño y el zinc han alternado entre ganancias y pérdidas, reflejando un mercado que intenta procesar señales mixtas desde la macroeconomía y desde la oferta física.

Entre todos ellos, el cobre sigue siendo el foco principal. Su relevancia trasciende al propio mercado de materias primas, porque suele ser visto como un indicador adelantado de la actividad económica global. Cuando este metal sube o baja con fuerza, muchos inversionistas lo interpretan como una señal sobre manufactura, construcción, electrificación y comercio internacional.

Según reportó CNBC, los futuros del cobre para entrega en agosto cayeron 1,3% el martes en la London Metals Exchange. Luego recuperaron 0,5% el miércoles, hasta ubicarse en USD $13.477 por tonelada. Aunque el movimiento parezca moderado, ocurre dentro de una dinámica mucho más nerviosa en bonos y acciones a escala global.

El trasfondo de esa volatilidad es amplio. Las bolsas han mostrado oscilaciones mientras los inversores revisan resultados corporativos y digieren el ascenso de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, que han subido a máximos de varias décadas. Para los metales, eso se traduce en un doble golpe: un dólar fuerte y una mayor cautela sobre el crecimiento futuro.

Zinc y aluminio enfrentan presiones distintas, pero convergentes

En el caso del zinc, la preocupación se concentra más en la demanda que en la oferta. Estrategas de Macquarie indicaron la semana pasada que los riesgos potenciales para este metal están sesgados hacia una desaceleración del consumo, dado que alrededor del 55% de su demanda final proviene de la construcción.

Ese detalle es clave. Si la actividad económica pierde fuerza, el zinc podría resentirse de manera rápida, porque depende de un sector muy sensible al ciclo. Macquarie también señaló que el aumento en los costos de diésel, ácido y explosivos está afectando los márgenes del lado de la oferta, aunque aclaró que eso no debería ser un problema con los precios actuales del metal.

Otro frente de riesgo para el zinc está en Europa. Los precios energéticos del continente siguen siendo un factor de atención para las fundiciones europeas. Sin embargo, los analistas señalaron que la electricidad aún no ha reaccionado con fuerza a la situación en Oriente Medio, por lo que ese riesgo todavía no se ha trasladado plenamente a precios.

En aluminio, el panorama tiene otra forma, aunque también es incierto. Shashank Sriram, analista sénior de metales en Wood Mackenzie, dijo que este mercado enfrenta una oferta estructuralmente ajustada al mismo tiempo que una demanda final débil en Europa y Norteamérica. Esa mezcla impide una lectura simple del precio.

El aluminio es fundamental para industrias como la electrónica, el transporte, la construcción, los paneles solares y el embalaje. Por eso, cualquier alteración en su oferta repercute en múltiples cadenas productivas. En este momento, una parte importante del mercado sigue observando el impacto logístico y geopolítico en Medio Oriente.

Alrededor del 9% del suministro mundial de aluminio proviene del Golfo. De acuerdo con Wood Mackenzie, la mayoría de las empresas de esa región no ha podido exportar el metal fuera del área desde que Irán cerró de facto el estrecho de Ormuz. Sriram advirtió que, si el conflicto persiste, los riesgos para la oferta se consolidarán aún más.

Incluso si el estrecho reabriera, la normalización no sería inmediata. El analista explicó que el shock de oferta no puede revertirse rápido, porque además de las dislocaciones en el transporte marítimo y las materias primas, la reanudación de las fundiciones tras cierres controlados o daños no controlados sería gradual. En ese contexto, Wood Mackenzie no ve impulso suficiente de demanda para llevar al aluminio hacia USD $4.000 por tonelada en el corto plazo.

Cobre: entre la narrativa estructural y los vientos macro

El caso del cobre es más complejo por su peso en la economía mundial y por la narrativa alcista que lo acompañó durante 2025. Alice Fox, estratega de materias primas en Macquarie, explicó que esa tesis sigue sosteniéndose en dos grandes pilares: escasez de oferta en minas y fuerte demanda asociada a la transición energética.

Sin embargo, también advirtió que el precio del metal rojo se ha vuelto muy dependiente del sentimiento del mercado. En otras palabras, el cobre está atrapado entre los fundamentos de largo plazo y los temores de corto plazo vinculados con tasas de interés más altas. Esa tensión ayuda a explicar las oscilaciones recientes.

Charles Cooper, director de investigación de cobre en Wood Mackenzie, dijo que el metal sigue moviéndose con gran volatilidad, aunque permanece en niveles históricamente elevados, cerca de USD $13.500 por tonelada. Recordó además que recientemente el precio llegó a un máximo cercano a récords históricos de USD $14.500 por tonelada, pero ahora se está consolidando por debajo de esa zona.

Cooper sostuvo que los altos precios absolutos han generado una ola de cautela en la demanda al contado en China. Eso ha permitido que los factores macroeconómicos empujen movimientos agresivos en ambas direcciones. Para un mercado que esperaba una nueva pierna alcista, esa prudencia del comprador físico chino es una señal importante.

La divergencia entre los mercados de bonos de Estados Unidos y China también está jugando un papel central. En Estados Unidos, el aumento de las expectativas de inflación está empujando al alza los rendimientos de los bonos del Tesoro. Eso respalda un dólar más fuerte y favorece tomas periódicas de ganancias en las posiciones largas de cobre.

En China ocurre lo contrario. Los rendimientos de los bonos del gobierno se mantienen cerca de mínimos históricos, lo que, según Cooper, refleja un sector manufacturero y un mercado inmobiliario domésticos débiles. Bajo esas condiciones, la economía china no está aportando por ahora la demanda física necesaria para sostener un tramo alcista más duradero.

Oferta minera frágil y una disponibilidad física aún limitada

A pesar de esos vientos macro en contra, el mercado físico del cobre sigue siendo muy sensible a los riesgos de interrupción de oferta. Ese factor impide que la corrección sea más profunda y mantiene viva la narrativa alcista de largo plazo. En otras palabras, el metal no solo depende de China o de la Reserva Federal, sino también de lo que ocurra en minas clave.

Uno de los casos más relevantes es Grasberg, en Indonesia. El retorno a operaciones plenas de la segunda mayor mina de cobre del mundo se retrasó hasta 2028 después de un deslizamiento de lodo mortal ocurrido en 2025. La demora elimina del horizonte una fuente importante de alivio para el suministro global.

También pesan otros antecedentes recientes. Las inundaciones en la mina Kamoa-Kakula, en la República Democrática del Congo, y un accidente en la mina El Teniente, en Chile, afectaron los suministros el año pasado. Estos eventos muestran hasta qué punto la producción global depende de instalaciones de gran escala expuestas a riesgos operativos y climáticos.

Cooper agregó otro elemento menos visible, pero muy relevante: una gran parte del suministro físico de cobre sigue concentrada en almacenes de Estados Unidos tras el acaparamiento impulsado por aranceles. Esa acumulación reduce la disponibilidad para el mercado general y contribuye a que el equilibrio físico siga tenso.

El resultado es un clásico tira y afloja entre factores macro y micro. Por un lado, persisten motores estructurales de demanda relativamente inelásticos al precio, como la expansión de la red eléctrica y la infraestructura de centros de datos de inteligencia artificial. Por otro, todavía no hay evidencia plena de que ese consumo ligado a centros de datos se haya materializado en los mercados físicos.

Para Wood Mackenzie, eso sugiere que el mercado puede estar descontando por adelantado parte de una historia de largo plazo. Bajo condiciones macroeconómicas más débiles e inventarios elevados, el cobre podría estar incorporando expectativas futuras antes de que aparezcan con claridad en el consumo real.

Por ahora, la firma ubica al cobre en un rango volátil de USD $13.200 a USD $13.800 por tonelada. Un nuevo avance sostenido requeriría dos condiciones: estabilización de los rendimientos globales de los bonos y una recuperación más clara de la actividad industrial china. Hasta que eso ocurra, el metal seguirá siendo uno de los mejores termómetros de la tensión entre inflación, crecimiento y oferta global.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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