Por Canuto  

Una propuesta opositora busca convertir al dólar estadounidense en la moneda oficial de Venezuela, mientras el bolívar pierde valor y las stablecoins ya cumplen parte de esa función en la economía cotidiana.

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  • El diputado Antonio Ecarri y el economista Steve Hanke impulsan una iniciativa para eliminar oficialmente el bolívar.
  • La inflación anual venezolana supera el 500% según estimaciones privadas, después de años de hiperinflación y reconversiones monetarias.
  • La dolarización formal podría estabilizar precios, pero también limitaría la soberanía monetaria y modificaría el papel de las stablecoins.

 


Una propuesta legislativa para convertir al dólar estadounidense en la moneda oficial de Venezuela gana espacio en Caracas, en momentos en que la inflación anual supera el 500% según estimaciones privadas.

El plan representa el intento más ambicioso de la oposición para retirar formalmente al bolívar, una moneda que perdió casi todo su valor durante los últimos años y que ya comparte buena parte de las transacciones con divisas extranjeras.

El diputado opositor Antonio Ecarri, dirigente de Alianza del Lápiz, elaboró la iniciativa junto con Steve Hanke, economista de la Universidad Johns Hopkins conocido por defender la dolarización de economías golpeadas por crisis monetarias.

El debate ocurre en un país donde comercios, propietarios de viviendas y consumidores utilizan dólares desde hace años, aunque el bolívar todavía conserva reconocimiento oficial.

Una propuesta contra la política monetaria discrecional

El proyecto plantea eliminar por completo el bolívar y adoptar el dólar estadounidense como moneda oficial de Venezuela. Según el enfoque atribuido a Ecarri y Hanke, la medida buscaría atacar el origen de la inestabilidad monetaria: la posibilidad de aplicar políticas discrecionales que, en su opinión, han contribuido a la pérdida recurrente de valor de la moneda nacional.

El marco propuesto no pretende desaparecer las instituciones monetarias del país, sino preservar la autonomía institucional del banco central mientras se elimina la capacidad de emitir y administrar una moneda nacional. Esa combinación intenta responder a una de las críticas habituales contra la dolarización, porque sus promotores presentan el cambio como una reforma monetaria profunda, pero no necesariamente como la eliminación de toda estructura financiera pública.

La iniciativa también provocó una respuesta política inmediata. A finales de agosto, el oficialismo chavista retiró a Ecarri de la presidencia del Grupo de Amistad Parlamentaria Venezuela-Estados Unidos y abrió una investigación parlamentaria formal después de que anunciara públicamente su propuesta de dolarización.

El enfrentamiento muestra que la moneda funciona en Venezuela como un asunto económico y también como un símbolo de soberanía política. Para la oposición, sustituir el bolívar podría ofrecer una barrera contra nuevas pérdidas de poder adquisitivo; para sus críticos, entregar la política monetaria a una moneda extranjera limitaría la capacidad del país para responder a sus propias crisis.

Una economía que ya utiliza dólares

La discusión sobre una dolarización oficial parte de una realidad que ya transformó la vida económica venezolana: el país funciona parcialmente con dólares desde aproximadamente 2018. En numerosos comercios los precios se expresan en la divisa estadounidense, los propietarios cobran alquileres en dólares y, en los centros comerciales de Caracas, el bolívar puede aceptarse legalmente, aunque a menudo ocupa un papel secundario.

Esta dolarización de facto surgió después de años de inflación extrema y de una profunda erosión de la infraestructura bancaria tradicional. Las personas y los negocios recurrieron a monedas extranjeras para preservar referencias de valor, facilitar pagos y reducir la exposición a una moneda nacional que perdió capacidad para funcionar como unidad de cuenta.

Las criptomonedas y las stablecoins también encontraron un espacio en ese sistema paralelo de pagos. Activos vinculados al dólar, como USDT, han servido como alternativas para remesas y operaciones transfronterizas, especialmente cuando los usuarios no pueden acceder con facilidad a billetes físicos o necesitan mover fondos fuera de los canales bancarios convencionales.

Una dolarización formal podría modificar ese ecosistema sin necesariamente eliminarlo de inmediato. Si los ciudadanos obtuvieran un acceso más amplio a dólares bancarios y en efectivo, las stablecoins podrían perder parte de su función como sustituto digital de la divisa, aunque seguirían ofreciendo ventajas para transferencias, custodia y pagos internacionales.

El costo de abandonar el bolívar

Venezuela ya aplicó varias reformas para intentar contener el deterioro de su moneda. El bolívar fue reconvertido en 2008, 2018 y 2021, con sucesivos recortes de ceros en su denominación, mientras la moneda perdió casi el 100% de su valor durante un período de cinco años.

La inflación superior al 500% que recoge la información de origen resulta especialmente significativa por el historial reciente del país. Aunque la cifra continúa siendo catastrófica para los hogares y las empresas, la comparación con los máximos de la hiperinflación venezolana hace que algunos observadores la interpreten como una mejora relativa, no como una señal de estabilidad.

Los defensores de la dolarización suelen citar el caso de Ecuador, que abandonó el sucre y adoptó el dólar en 2000, durante una crisis económica severa. La transición fue dolorosa, pero posteriormente estabilizó la economía, mientras que El Salvador siguió un camino similar en 2001 y mantuvo el dólar como moneda oficial.

Sin embargo, los críticos advierten que Venezuela renunciaría de manera permanente a su soberanía monetaria y quedaría expuesta a las decisiones de tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos. Esa dependencia podría resultar especialmente difícil para una economía petrolera, porque una caída de las materias primas reduciría sus ingresos sin permitirle devaluar su propia moneda como mecanismo de ajuste.

El impacto sobre mercados y activos digitales

La economía venezolana depende fuertemente de las exportaciones de petróleo, por lo que una dolarización oficial tendría consecuencias más amplias que el simple cambio de billetes. Si el país enfrentara una caída de los precios de las materias primas, tendría menos herramientas monetarias para amortiguar el impacto, y una contracción podría sentirse con mayor intensidad en empleo, consumo e inversión.

El debate también interesa al mercado de activos digitales porque las stablecoins ya cumplen funciones asociadas a una moneda fuerte. USDT opera como una referencia digital del dólar para usuarios que necesitan recibir remesas, ahorrar o realizar transacciones internacionales en una economía donde el acceso a la banca tradicional se ha debilitado.

Con una moneda estadounidense reconocida oficialmente, el uso de stablecoins podría cambiar de naturaleza. En lugar de funcionar principalmente como una puerta de entrada a una representación digital del dólar, podrían competir por eficiencia, velocidad y alcance transfronterizo frente a cuentas bancarias y medios de pago denominados directamente en la divisa estadounidense.

La propuesta todavía enfrenta una fuerte resistencia política y no implica que la adopción formal esté garantizada. Su avance dependerá de la capacidad de sus promotores para superar la oposición del oficialismo, justificar el costo de renunciar a la política monetaria y demostrar que una medida aplicada de manera legal puede mejorar la estabilidad sin profundizar la vulnerabilidad externa de Venezuela.

Por ahora, el país mantiene una brecha entre lo que establece su sistema monetario y lo que ocurre en las calles. El bolívar continúa existiendo como moneda oficial, pero el dólar y las stablecoins ya ocupan espacios centrales en una economía que busca protegerse de una inflación superior al 500%.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.

 


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