Xlinks propone un campus de centros de datos para inteligencia artificial y almacenamiento energético en Devon. El complejo ocuparía algo más de un tercio de un sitio de 850 acres y, según la BBC, podría tener un valor de hasta £3.600 millones. La promesa de empleos choca con preocupaciones vecinales por el agua, el ruido y el paisaje rural.
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- El campus se propone en un sitio de 850 acres cerca de Great Torrington, pero ocuparía algo más de un tercio del terreno; Xlinks calcula entre 650 y 1.200 empleos.
- Vecinos y organizaciones locales cuestionan sus posibles efectos sobre el ambiente, el suelo, el agua y el carácter rural de la zona.
- La propuesta también reabre el debate sobre empleo e inversión en una localidad con un salario promedio inferior al nacional y antecedentes de cierres empresariales.
🏗️ Xlinks plantea un campus de IA de hasta £3.600 millones en Devon
Ocuparía más de un tercio de un terreno de 850 acres e incluiría baterías.
La empresa estima entre 650 y 1.200 empleos. Vecinos advierten sobre agua, ruido y efectos ambientales.
El proyecto aún debe… pic.twitter.com/YpfXzgmof5
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 20, 2026
Xlinks propone construir cerca de Great Torrington, en el norte de Devon, un campus de centros de datos para inteligencia artificial, junto con una instalación de almacenamiento de energía en baterías. El sitio, situado entre Great Torrington, Weare Gifford y Huntshaw, abarca 850 acres; según la BBC, el campus ocuparía algo más de un tercio de esa superficie. La empresa calcula que generaría entre 650 y 1.200 empleos una vez terminado, mientras que la BBC informa que el proyecto podría tener un valor de hasta £3.600 millones. La propuesta ha convertido una discusión sobre infraestructura tecnológica en un debate local sobre empleo, ambiente y uso del suelo.
La resistencia surgió con rapidez en una comunidad de unos 6.000 habitantes. De acuerdo con la información publicada por KuCoin, un grupo opositor se organizó pocos días después de que los planes se hicieran públicos en junio, mientras residentes manifestaron inquietud por el ruido, la contaminación, el agua y la posible alteración de los cielos oscuros de la zona. A la controversia ambiental se suma la pregunta de quién asumiría los costos y quién recibiría los beneficios económicos del desarrollo.
Un campus de IA en tierras agrícolas
Los centros de datos albergan los equipos informáticos que entrenan y ejecutan sistemas de inteligencia artificial, operaciones que requieren grandes cantidades de energía y espacio para realizar cálculos complejos. Ese procesamiento también produce calor, por lo que estas instalaciones suelen necesitar agua para refrigerar sus equipos. En Devon, la combinación de un centro de datos de gran escala y una planta de baterías sitúa en primer plano tanto la demanda de recursos como la forma en que se integraría la infraestructura en el entorno rural.
Xlinks sostiene que el campus ayudaría a proporcionar capacidad de cómputo al sector tecnológico británico, al que presenta como una fuente de crecimiento económico. El Gobierno del Reino Unido, por su parte, ha prometido ampliar considerablemente la capacidad de centros de datos de inteligencia artificial para 2030 con el objetivo de impulsar la economía. Esa prioridad nacional da contexto a la propuesta, pero no elimina las preguntas locales sobre su ubicación, sus impactos ni las condiciones que acompañarían una eventual autorización.
La empresa plantea dos propuestas de planificación distintas ante el Consejo del Distrito de Torridge: una para el centro de datos optimizado para inteligencia artificial y otra para el almacenamiento de energía en baterías, según la página del proyecto de Xlinks. La empresa afirma que el complejo usaría terrenos pertenecientes a varios propietarios locales y que consultará estrechamente con los residentes. Sin embargo, la magnitud del proyecto también ha alimentado especulaciones sobre las ofertas que podrían recibir quienes vendan sus propiedades. Giles Atton, de 36 años, vive en una granja situada a unos cientos de metros del límite propuesto y señaló que los pagos podrían cambiar la vida de algunos propietarios, aunque eso no resolvería las preocupaciones de quienes viven alrededor.
Mark Acton, director ejecutivo de Data Center Alliance, defendió que el sitio rural tendría sentido si quedara cerca de la instalación de baterías que suministraría energía al campus. También afirmó que el proyecto reciclaría fluidos para limitar el uso de agua, a diferencia de centros de datos ubicados en algunas partes de Estados Unidos. Esas son explicaciones atribuidas a un representante del sector; no despejan por sí solas las dudas de los residentes sobre el consumo de recursos ni describen en detalle cómo se medirían los impactos en el lugar.
Preocupaciones ambientales y organización vecinal
Atton dijo que la comunidad se sintió tomada por sorpresa cuando conoció la propuesta y teme consecuencias vinculadas con el ruido, la contaminación y la interrupción de los cielos oscuros. Su preocupación tiene una dimensión inmediata para quienes habitan cerca del sitio, pero también refleja una inquietud más amplia sobre cómo un complejo de esta escala cambiaría una localidad agrícola. El proyecto sigue siendo una propuesta: Xlinks indica que presentaría las solicitudes de planificación ante el consejo distrital.
Steve Crowther, quien preside una delegación local del Consejo para la Protección de la Inglaterra Rural, afirmó que los residentes se organizaron en 48 horas tras conocer los planes. La organización benéfica respalda a los manifestantes, mientras la rapidez de la movilización muestra el grado de alarma que produjo el anuncio. Para los opositores, no se trata únicamente de aceptar o rechazar una inversión, sino de decidir qué tipo de desarrollo resulta compatible con el entorno y las necesidades de la comunidad.
La diseñadora de productos y agricultora orgánica Daisy Snow, de 30 años, advirtió sobre un futuro que considera potencialmente distópico y expresó preocupación por el agua, la salud del suelo y la seguridad alimentaria. Cerca de 200 personas protestaron frente a un edificio municipal en Bideford, en medio de temores públicos sobre la inteligencia artificial. La protesta reunió inquietudes ambientales con una discusión social más amplia sobre el papel de la IA, aunque la fuente no atribuye a los asistentes una posición única sobre la tecnología.
La oposición también teme que aprobar este proyecto siente un precedente para instalar centros de datos en cualquier zona rural. Ange Wilson-Duffy, maestra jubilada de 61 años, formuló esa preocupación en relación con las consecuencias de autorizar el emplazamiento de Devon. A la vez, el debate ha profundizado divisiones locales: en una reunión del Consejo del Distrito de Torridge, celebrada el mes anterior a la publicación de la información, su presidente acusó a algunos opositores de dirigir abusos, acoso e intimidación contra funcionarios.
Empleo e inversión frente al costo local
Los defensores de explorar el proyecto subrayan la falta de oportunidades laborales y la necesidad de atraer inversión a una zona relativamente aislada. Great Torrington perdió dos empleadores importantes, una empresa láctea y una fábrica de carne, durante la década de 1990. Brian Conrad, de 58 años y exconsultor de proyectos energéticos, instó a los residentes a buscar formas de hacer viable la iniciativa y destacó las dificultades que enfrentan los jóvenes para encontrar trabajo.
Las cifras salariales ayudan a explicar por qué la promesa de empleo resulta atractiva para algunos habitantes, aunque no demuestran por sí solas qué puestos ofrecería el campus ni quién podría acceder a ellos. El Consejo del Distrito de Torridge sitúa el salario semanal local promedio antes de impuestos en alrededor de £620, frente a £682 como promedio nacional. Xlinks calcula que el proyecto generaría entre 650 y 1.200 puestos una vez finalizado, una estimación de la empresa y no una cifra de empleos ya disponibles.
Conrad también argumentó que el Reino Unido necesita centros de datos para proteger la seguridad nacional de sus datos y que no puede depender continuamente de Estados Unidos. Ann Shuttleworth, gerente de cuentas de 60 años que vive en la cercana Ashreigney, cuestionó el tipo de oportunidades que el desarrollo ofrecería y sugirió que se limitarían principalmente al mantenimiento de jardines y a tareas de seguridad. El contraste muestra que la cifra total de empleos no basta para responder qué perfiles se contratarían, cuánto durarían esos puestos o qué beneficios llegarían a los residentes.
Para Mark Acton, la inversión en centros de datos responde a la búsqueda de una economía digital sólida y a la dependencia británica de plataformas digitales en una economía basada en servicios. También calificó de mal informados a los manifestantes, aunque reconoció que el sector había hecho un trabajo deficiente al explicar sus proyectos a la población. Esa admisión apunta a una dificultad de fondo: la aceptación local depende no solo de las promesas económicas, sino también de información accesible sobre consumo de agua, energía, efectos ambientales y oportunidades laborales.
Un antecedente energético y una decisión pendiente
Parte de la desconfianza local se relaciona con un plan anterior de Xlinks, que buscaba importar electricidad solar generada en Marruecos mediante cables submarinos hasta una subestación en Alverdiscott, a unas 10 millas de Great Torrington. El Gobierno británico anunció en junio de 2025 que no avanzaría con un contrato por diferencia para ese proyecto, según Xlinks. Algunos críticos creen que la empresa eligió la región para reutilizar recursos comprometidos con esa iniciativa, una interpretación que la información disponible atribuye a los opositores.
El Consejo del Distrito de Torridge mantenía conversaciones privadas con Xlinks desde abril de 2025, aunque los planes se hicieron públicos en junio. Las conversaciones previas no son inusuales en procesos de planificación, pero su divulgación alimentó la ira de quienes sintieron que la comunidad se enteró tarde de una iniciativa capaz de modificar el uso de cientos de acres. El momento y la forma en que se comunica un proyecto pueden influir en la confianza pública, incluso antes de que se resuelvan sus méritos técnicos.
La propuesta también se enmarca en cambios recientes del sistema de planificación. Desde el 8 de enero de 2026, los centros de datos quedaron incorporados al régimen de proyectos de infraestructura de importancia nacional en Inglaterra, según Travers Smith. Ese cambio no significa por sí mismo que el campus de Devon haya recibido esa designación ni que esté aprobado. Los activistas temen que el Gobierno británico pueda intervenir en la decisión, mientras Xlinks aún debe tramitar sus propuestas ante el consejo distrital.
Los activistas confían en que pueden convencer al municipio para que rechace las solicitudes, pero temen que el Gobierno británico pueda aprobar el desarrollo como infraestructura de importancia nacional. Esa posibilidad aparece en la información como un temor de los opositores, no como una decisión ya tomada. Mientras tanto, la promesa de Xlinks de consultar con los residentes tendrá que coexistir con una comunidad dividida y con preguntas todavía abiertas sobre los efectos concretos del campus.
El caso reúne dos prioridades que no se resuelven con la misma medida: ampliar la capacidad digital y económica del Reino Unido, y preservar la calidad de vida y los recursos de una localidad rural. Los residentes pueden valorar la inversión y, a la vez, cuestionar la ubicación, la distribución de empleos o el impacto sobre el agua y el suelo. La decisión sobre Devon dependerá de cómo avance la planificación y de si las explicaciones de la empresa responden a las inquietudes planteadas por quienes vivirían junto al proyecto.
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