Starcloud busca construir centros de datos en el espacio y también pretende minar BTC en órbita. La propuesta enfrenta dudas por el costo de la energía, la gestión del calor, los lanzamientos, la radiación y el mantenimiento, mientras la empresa mantiene el respaldo de inversionistas privados.
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- Starcloud ha anunciado una ronda de USD $250 millones y alcanzó una valoración de USD $2.300 millones, según reportes publicados sobre la compañía.
- La minería de BTC en órbita enfrentaría costos de lanzamiento, refrigeración, mantenimiento y suministro energético superiores a los de las operaciones terrestres.
- Starcloud ya envió una GPU Nvidia H100 al espacio, pero operar hardware de alto rendimiento en órbita plantea importantes desafíos de energía y gestión térmica.
🚀🛰️ Starcloud quiere minar BTC en órbita
Anunció USD 250 millones y una valoración de USD 2.300 millones.
Ya envió una GPU Nvidia H100 al espacio.
El proyecto enfrenta costos de lanzamiento, energía, refrigeración, radiación y mantenimiento. pic.twitter.com/ByloXo2hWB
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 7, 2026
Starcloud, una empresa enfocada en construir centros de datos en el espacio, sumó una nueva ambición a su proyecto: minar BTC en órbita. La idea aparece mientras la compañía intenta captar capital alrededor del crecimiento de la inteligencia artificial, pero su propuesta enfrenta una pregunta básica para cualquier operación de minería: ¿de dónde saldrá la energía más barata y cómo se controlarán los costos operativos?
Starcloud ha anunciado una ronda de financiación de USD $250 millones y una valoración de USD $2.300 millones, de acuerdo con reportes publicados sobre la compañía. Esta cifra es muy inferior a la afirmación de casi USD $500.000 millones incluida en versiones previas sobre el proyecto. Aun con el capital captado, llevar equipos al espacio, mantenerlos en funcionamiento y disipar su calor añade capas de gasto que no existen en una instalación convencional sobre la Tierra, detalla Protos.
La energía define la viabilidad de la minería
La minería de BTC depende de equipos especializados, conocidos como ASIC, que compiten para procesar operaciones y obtener recompensas dentro de la red. Como esos dispositivos consumen grandes cantidades de electricidad, las compañías del sector suelen buscar fuentes de energía más baratas y ajustar sus ubicaciones cuando cambian los costos, las condiciones regulatorias o la disponibilidad de generación.
Ese comportamiento puede llevar a una empresa a abandonar una instalación que antes resultaba rentable, reemplazar sus equipos o modificar por completo la fuente energética utilizada. Una operación puede pasar de la energía solar al carbón o al gas natural, o priorizar generación hidroeléctrica y eólica frente a combustibles más costosos, siempre que el cambio reduzca el gasto total por unidad minada.
En el caso de Starcloud, la ubicación orbital elimina buena parte de esa flexibilidad. Los ASIC tendrían que operar dentro de una infraestructura lanzada desde la Tierra, dependerían de sistemas solares instalados en el espacio y no podrían cambiar con facilidad hacia otra fuente energética si la economía de la operación se deteriora.
El resultado, según el planteamiento atribuido al análisis de Protos, sería una de las operaciones de minería de BTC más caras jamás intentadas. A los equipos habría que sumar el precio de cada lanzamiento, la complejidad de refrigerar componentes en órbita y los costos de reparación, factores que dificultan competir con centros terrestres ubicados cerca de energía abundante y barata.
El calor y la escala complican el proyecto
La apuesta de Starcloud no se limita a instalar algunos equipos en un satélite, sino que apunta a crear centros de datos espaciales con capacidad de procesamiento medida en gigavatios. Un despliegue de esa magnitud exigiría decenas de miles de lanzamientos y una infraestructura de paneles solares y radiadores de escala extraordinaria, de acuerdo con las estimaciones citadas sobre el proyecto.
La comparación con la capacidad actual de la industria espacial muestra el tamaño del desafío. SpaceX ha superado las 100 misiones en 2026, según reportes sobre sus lanzamientos, pero una infraestructura orbital de decenas de miles de satélites requeriría una cadencia sostenida durante años. La Estación Espacial Internacional, por su parte, necesitó 13 años para construirse y mide aproximadamente 100 metros por casi 100 metros, una escala muy inferior a la infraestructura que requeriría el plan descrito.
El problema no es únicamente transportar materiales, sino mantener los componentes dentro de rangos térmicos aceptables. La operación de procesadores de alta potencia genera calor, y una plataforma orbital necesita radiadores capaces de expulsarlo, una tarea que se vuelve especialmente exigente cuando los equipos trabajan de manera continua.
Starcloud ya envió una GPU Nvidia H100 al espacio. La compañía afirma que el satélite StarCloud-1 entrenó un modelo de inteligencia artificial en órbita, una demostración tecnológica que no equivale por sí sola a probar la viabilidad de una infraestructura de minería a gran escala. La operación continua de hardware intensivo en procesamiento todavía plantea interrogantes sobre la gestión térmica, el consumo energético y la durabilidad de los equipos.
Mantenimiento, radiación y financiamiento
Los centros de datos terrestres necesitan un flujo constante de repuestos, técnicos y tareas de mantenimiento para reemplazar componentes averiados o actualizar sistemas. En una órbita situada a unos 500 kilómetros de la Tierra, cada reparación exigiría coordinar una misión o desarrollar mecanismos capaces de realizarla sin intervención humana directa, con un costo muy superior al de enviar un equipo a una instalación en tierra.
La distancia también vuelve más delicada la gestión de fallas pequeñas. Un componente defectuoso puede detener una parte del sistema y exigir el reemplazo de módulos completos, mientras que cualquier demora en el suministro de piezas reduciría el tiempo efectivo de operación y afectaría los ingresos esperados por los centros de datos o la minería de BTC.
La radiación representa otro riesgo para las GPU y los circuitos electrónicos. Los equipos en órbita reciben una exposición mayor que los dispositivos instalados en un edificio terrestre climatizado, por lo que Starcloud tendría que considerar blindaje, redundancia y reemplazos más frecuentes, aunque la información disponible no detalla cómo resolvería cada uno de esos problemas.
El análisis de Protos también cuestiona el respaldo que la empresa recibe de inversionistas privados. En una entrevista con fundadores y socios de Y Combinator, el grupo de inversionistas adinerados que acompañaba a Philip Johnston, director ejecutivo de Starcloud, no planteó preguntas difíciles, mientras parecía dispuesto a aportar más capital a la iniciativa.
Una apuesta de más de una década
La empresa todavía tendría que superar simultáneamente los obstáculos de lanzamiento, generación eléctrica, refrigeración, radiación y mantenimiento antes de construir una operación espacial de gran escala. Resolver uno de esos elementos no garantiza que los demás resulten económicamente viables, porque cada nuevo módulo aumentaría el peso, la complejidad y la dependencia de misiones de transporte.
El tamaño proyectado de la infraestructura también obliga a separar la demostración tecnológica de un negocio rentable. Enviar una GPU al espacio puede servir para probar un concepto, pero operar miles de dispositivos de forma continua requeriría una cadena logística, energética y de reparación que la empresa todavía no ha demostrado públicamente.
La minería de BTC añade una presión económica específica, ya que los ingresos dependen de la recompensa de la red, del precio del activo y de la competencia global entre mineros. Una instalación que no pueda reducir sus costos eléctricos ni sustituir rápidamente hardware ineficiente quedaría expuesta a cambios del mercado que las operaciones terrestres enfrentan con mayor flexibilidad.
Según la evaluación citada, incluso una ejecución parcial de los objetivos de Starcloud podría tardar más de una década y costar mucho más que los USD $250 millones anunciados en su última ronda de financiación. La combinación de una valoración de USD $2.300 millones y una propuesta todavía sometida a obstáculos fundamentales refleja la distancia entre el entusiasmo del capital y la dificultad de construir infraestructura industrial en órbita.
El límite entre innovación y exageración
La idea de centros de datos espaciales conecta dos tendencias que atraen grandes inversiones: la demanda de capacidad para inteligencia artificial y la búsqueda de nuevas infraestructuras digitales. Sin embargo, el hecho de que exista una demanda creciente de cómputo no demuestra que trasladar los servidores fuera de la Tierra sea la respuesta más eficiente, especialmente cuando el traslado introduce problemas de energía, refrigeración y mantenimiento.
La minería de BTC puede parecer compatible con una plataforma solar orbital porque necesita electricidad y equipos automatizados, pero la disponibilidad de luz solar no equivale a electricidad barata. El costo de fabricar, lanzar, ensamblar, proteger y reparar los paneles puede superar cualquier ventaja energética, sobre todo si los ASIC no operan a plena capacidad por restricciones térmicas.
El respaldo financiero permite a Starcloud continuar con pruebas y presentaciones, aunque no elimina la necesidad de demostrar resultados medibles. Para convertir el entusiasmo inversor en un negocio sostenible, la compañía tendría que mostrar que sus equipos pueden funcionar durante largos periodos, soportar la radiación, evacuar calor y generar ingresos que compensen el costo orbital.
Por ahora, el proyecto combina una visión de largo plazo con señales de fragilidad técnica y económica. La decisión de incorporar la minería de BTC convierte una apuesta ya ambiciosa en un desafío todavía mayor, porque obliga a justificar no solo la utilidad de los centros de datos espaciales, sino también la rentabilidad de producir el BTC más costoso de la historia de la criptomoneda.
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