Por Canuto  

El ambicioso sistema ruso Rassvet sufrió un revés después de que ninguno de los 16 satélites de su segundo lote alcanzara la altitud operativa prevista. Algunos orbitan a menos de la mitad del objetivo y dos presentan un fuerte decaimiento orbital, un problema que complica los planes de Moscú para construir una alternativa nacional a Starlink.
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  • Ninguno de los 16 satélites del segundo lote de Rassvet llegó a la altitud operativa prevista de 870 kilómetros.
  • Muchos aparatos quedaron entre 300 y 400 kilómetros, mientras dos presentan un fuerte decaimiento orbital.
  • Rusia necesitaría entre 200 y 300 satélites operativos para ofrecer conectividad estable sobre Ucrania durante todo el día.


El proyecto ruso Rassvet, concebido como una alternativa nacional a Starlink, enfrenta un revés técnico después de que ninguno de los 16 satélites de su segundo lote alcanzara la altitud operativa prevista. Los aparatos debían ubicarse a 870 kilómetros sobre la Tierra, pero muchos terminaron entre 300 y 400 kilómetros, mientras dos ya presentan señales de decaimiento orbital y podrían estar emprendiendo su regreso a la atmósfera.

La información fue recogida por el Institute for the Study of War, con sede en Estados Unidos, a partir de datos del rastreador satelital en vivo N2YO. El episodio pone bajo presión los objetivos de Rusia para desplegar una constelación capaz de competir con la red de Elon Musk, especialmente cuando Moscú pretende alcanzar cientos de unidades operativas en los próximos años.

Un despliegue que perdió altura

La altitud orbital no representa un detalle menor para una constelación de internet satelital, porque determina tanto la cobertura como las exigencias de mantenimiento de cada aparato. En el caso de Rassvet, situar los satélites muy por debajo de los 870 kilómetros previstos aumenta la exposición al arrastre atmosférico y puede acortar el tiempo durante el cual permanecen funcionales.

Los datos citados por el instituto indican que una parte importante del segundo lote quedó entre 300 y 400 kilómetros, es decir, a menos de la mitad de la altura objetivo en algunos casos. A esas cotas, los satélites necesitan consumir más combustible para conservar su trayectoria, una exigencia que puede reducir sus vidas útiles y complicar la estabilidad de la red.

La situación resulta todavía más delicada para los dos satélites que ya muestran un descenso orbital. Si continúan perdiendo altura, la resistencia de la atmósfera acelerará su caída hasta provocar la reentrada, lo que dejaría al proyecto con menos capacidad precisamente cuando intenta ampliar sus operaciones.

El segundo lote fue lanzado el 19 de julio de 2026, después de que el primer grupo de 16 unidades comenzara a revelar sus propias dificultades. Según la evaluación citada, solo 12 satélites del primer lote alcanzaron realmente las altitudes previstas, y uno de ellos, conocido como Objeto 4, ya había salido de órbita.

La apuesta rusa por una red propia

Rusia busca desarrollar un sistema propio de internet satelital en un contexto de restricciones al uso de Starlink en Ucrania. En paralelo, Ucrania ha aplicado un sistema de lista blanca para autorizar terminales Starlink específicas, una medida que ha limitado el uso de dispositivos rusos, según reportes publicados durante 2026.

La empresa aeroespacial Bureau 1440 desarrolla Rassvet y trabaja con una meta de expansión considerable: llegar a 900 satélites para 2035. Las proyecciones divulgadas para 2027 han incluido cifras superiores a 250 unidades, aunque el calendario dependerá de que la compañía pueda colocar los satélites en sus órbitas y mantenerlos operativos.

Cada satélite Rassvet-3 pesa 370 kilogramos, aproximadamente 815 libras, una masa que exige capacidad de lanzamiento, control orbital y sistemas de propulsión confiables. Cuando un aparato de ese tamaño queda por debajo de su trayectoria prevista, la corrección puede demandar recursos adicionales y no garantiza que consiga finalmente la posición para la cual fue diseñado.

La diferencia entre una demostración tecnológica y una red comercial completa es especialmente amplia en el ámbito satelital. Una constelación útil requiere numerosos equipos coordinados, enlaces de comunicación estables y una reposición constante frente a fallas, reentradas o pérdidas de rendimiento, factores que vuelven más exigente el objetivo ruso de construir una alternativa independiente.

El impacto sobre la conectividad

En su estado actual, Rassvet ofrece sobre Ucrania dos ventanas de conectividad que pueden durar hasta 90 minutos cada día. Esa disponibilidad está muy lejos de una conexión permanente y limita el valor de la constelación para usuarios que necesitan servicio continuo, además de mostrar la distancia entre la capacidad actual y las aspiraciones estratégicas de Moscú.

El Institute for the Study of War calcula que Rusia necesitaría entre 200 y 300 satélites Rassvet completamente operativos para obtener una conectividad estable sobre Ucrania durante las 24 horas. La estimación no implica que ese número garantice por sí solo el éxito comercial, pero ilustra la escala del despliegue requerido frente a una red que todavía cuenta con problemas en sus primeros grupos.

La cobertura permanente depende de que suficientes satélites pasen sobre una determinada zona en el momento adecuado, mientras otros mantienen los enlaces y transmiten el tráfico. Por eso, las unidades que permanecen en órbitas más bajas o que abandonan la constelación reducen la continuidad del servicio y obligan a compensar la pérdida con nuevos lanzamientos o maniobras orbitales.

Los inconvenientes también pueden afectar la percepción de confiabilidad del sistema entre posibles usuarios. En un servicio de comunicaciones, una ventana limitada y la incertidumbre sobre la vida útil de los satélites representan obstáculos técnicos y comerciales, sobre todo cuando el proyecto pretende cubrir un territorio amplio y operar frente a una red internacional ya consolidada.

Una meta cada vez más difícil

Rusia había planteado como objetivo intermedio contar con más de 250 satélites Rassvet operativos en algún momento de 2027. El desempeño del segundo lote hace probable que esa meta deba revisarse, porque el proyecto aún necesita demostrar que puede colocar grupos completos en sus órbitas y mantenerlos allí durante el tiempo previsto.

El problema no se limita a una cifra menor de unidades disponibles, ya que el fallo de un lote completo plantea preguntas sobre el proceso de lanzamiento y la capacidad de elevar los satélites hasta su posición final. Sin una explicación técnica pública sobre la causa, cualquier evaluación debe mantenerse prudente y diferenciar los datos orbitales observados de las conclusiones sobre el origen de la falla.

El proyecto también enfrenta un entorno de seguridad complejo. La evaluación citada señala que los estrategas ucranianos probablemente consideran las instalaciones rusas de producción y lanzamiento de satélites dentro de sus posibles objetivos, una circunstancia que añadiría riesgos físicos y operativos a una constelación todavía pequeña.

El siguiente paso será observar si los satélites que permanecen en órbitas bajas consiguen elevarse, estabilizarse o prestar algún servicio antes de agotar sus reservas de combustible. Mientras tanto, el decaimiento orbital de dos unidades y el desempeño insuficiente de los 16 nuevos aparatos dejan a Rassvet ante una prueba decisiva: convertir una ambición geopolítica en una infraestructura espacial capaz de funcionar de forma sostenida.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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