La carrera por adoptar inteligencia artificial está pasando una factura devastadora. Uber reventó su presupuesto en abril, Microsoft retiró licencias y una empresa olvidó poner límites y recibió una cuenta de USD $500 millones. La industria se despierta con resaca financiera y corre a construir herramientas para domar el gasto en tokens.
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- Tras meses de acceso ilimitado, las empresas descubren facturas de IA hasta 5 veces más altas y presupuestos pulverizados en el primer trimestre de 2026.
- Nace la Fundación Tokenomics, impulsada por la Fundación Linux, para estandarizar métricas y devolver la disciplina de costos al mundo de los tokens.
- El consumo por desarrollador se ha multiplicado por 18,6 en nueve meses, pero el retorno de inversión sigue siendo una incógnita para la mayoría.
🚨 La factura de IA se dispara 🚨
Uber destrozó su presupuesto IA, Microsoft recortó licencias, y una firma recibió USD $500 millones sin límites de uso.
Las empresas buscan desesperadamente herramientas para controlar el gasto.
Adopción sin control está causando una resaca… pic.twitter.com/8oEwYryXJB
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 5, 2026
Apenas unos meses atrás, la consigna era clara: usar los mejores modelos de inteligencia artificial, moverse rápido y no preocuparse por los costos. Hoy, el panorama es radicalmente distinto. Empresas de todos los tamaños se están dando de bruces con la realidad de los tokens y descubren que la factura puede ser aterradora.
Uber superó todo su presupuesto de codificación con IA para 2026 en abril. Microsoft revocó las licencias de Claude Code a sus desarrolladores pocos meses después de habilitarlas. Un empleado de Priceline reveló a TechCrunch que una renovación rutinaria de Cursor regresó de 4 a 5 veces más costosa que antes. Lo que parecía una ganga se ha convertido en una hemorragia.
Alexander Embiricos, jefe de empresas de OpenAI, lo resumió con claridad en un evento en Nueva York. “Hace seis meses las conversaciones eran sobre qué podía hacer la IA, si era suficientemente buena. Ahora todas giran en torno al control: ¿qué visibilidad tienes? ¿Qué auditabilidad? ¿Qué controles de tokens ofreces?”. La luna de miel terminó.
Una resaca de miles de millones
El fenómeno tomó por sorpresa incluso a los más entusiastas. Los precios por token siguieron cayendo, pero el hambre de adopción —y la llegada de agentes cada vez más autónomos— disparó el consumo de manera exponencial. Los nuevos modelos presentados en noviembre, como Claude Opus 4.5 de Anthropic, GPT-5.1 de OpenAI y Gemini 3 Pro de Google, trajeron mejoras tan significativas en las herramientas de agentes que multiplicaron el uso.
Esa combinación explosiva llevó a que una empresa, según reportó TechCrunch, se encontrara con una factura de USD $500 millones por usar Claude. Simplemente olvidaron establecer límites de uso para los empleados. Chris Reed, director senior de finanzas de TI en Priceline, no se anda con rodeos: “Es como la epidemia de crack-cocaína. Te dejan probarlo para engancharte, y ahora estás un poco obligado a ello”. Reed confirmó que la empresa empezó a imponer límites de tokens en ciertos grupos para contener la sangría.
La metáfora de la adicción recorre los pasillos corporativos con crudeza. Vitaly Gordon, CEO de Faros AI, contó la anécdota de un CTO que le confesó: “Uno de mis ingenieros gastó USD $40.000 en tokens el mes pasado, y realmente no sé si debería detenerlo o decirle a todos los demás que hagan lo mismo”. La paradoja es que mayor gasto no se traduce automáticamente en mayor productividad medible.
Un sondeo de Faros entre 20.000 desarrolladores halló que la producción aumentó, pero también lo hicieron los errores y las reescrituras. Jellyfish, una plataforma de gestión de ingeniería, descubrió que los ingenieros que más tokens usaban eran aproximadamente el doble de productivos que los de bajo consumo, pero gastaban 10 veces más tokens para conseguirlo. Nicholas Arcolano, jefe de investigación en Jellyfish, señaló a TechCrunch que el consumo por desarrollador subió alrededor de 18,6 veces en nueve meses, impulsado sobre todo por las características de los agentes.
Arcolano advirtió que la justificación del gasto extremo depende del valor empresarial final del código enviado, algo que la mayoría de las empresas todavía no puede medir. La euforia inicial dio paso a una resaca financiera que obliga a repensar todo el esquema.
El nuevo mercado de la transparencia
Como ocurre con cualquier crisis de costos, los emprendedores huelen la oportunidad. Han surgido firmas especializadas como Pay-i, que rastrea y optimiza las inversiones en inteligencia artificial generativa. También está Paid, una herramienta que permite medir el uso real y facturar a los usuarios en función del valor, no de tarifas planas. Mientras tanto, plataformas de monitoreo de ingeniería como Jellyfish, Waydev y Faros AI ya ofrecen seguimiento de agentes de IA para demostrar el retorno de inversión.
Proveedores consolidados también se suben al carro. Ramp se movió hacia la gestión del gasto en IA, y tanto Datadog como New Relic añadieron servicios de observabilidad a nivel de token y monitoreo de GPU. En la conferencia FinOps X de la próxima semana, se espera que AWS presente nuevas funcionalidades de gestión financiera orientadas al gasto empresarial en inteligencia artificial.
J.R. Storment, director ejecutivo de la Fundación FinOps —un proyecto bajo el paraguas de la Fundación Linux—, relató que en abril y mayo empezó a recibir llamadas de empresas que estaban tres veces por encima de su presupuesto de tokens para 2026 cuando apenas corría abril. “Comenzamos a escuchar crisis existenciales, y toda la conversación cambió del ‘tokenmaxxing’ y de ‘ir rápido’ a ‘necesitamos barandas, ¿cómo controlamos esto?’”, dijo a TechCrunch.
Storment explicó que la escala del problema es colosal: rastrear costos en la nube implica cientos de millones de filas al mes, mientras que rastrear tokens supone billones de filas mensuales. “No puedes simplemente poner eso en una hoja de cálculo o en una herramienta básica. Tienes que repensar fundamentalmente tus sistemas contables”, afirmó.
En Priceline, Reed ya detectó discrepancias entre el uso reportado por un proveedor y los datos internos, lo que le recordó a sus inicios en la gestión de gastos de telecomunicaciones. “Siempre que introduces algo nuevo, está propenso a errores de facturación y oportunidades de auditoría y optimización”, señaló.
Fundación Tokenomics: un lenguaje común para la crisis
En medio de este caos, la Fundación Linux presentó esta semana los planes para la Fundación Tokenomics, un organismo de estándares que aspira a implantar la misma disciplina de costos que FinOps logró con el gasto en la nube. La entidad está construyendo una definición canónica de la “tokenomía”, métricas abiertas como costo por inteligencia o tokens por vatio, y especificaciones para la facturación.
Nishant Gupta, director de disponibilidad en Salesforce, describió la economía de tokens como “fundamentalmente más abstracta y opaca que cualquier cosa que hayamos manejado a esta escala antes” y subrayó que requiere un músculo operativo distinto al que se construyó para la nube.
El grupo planea un lanzamiento formal en julio y anunciará más miembros durante la conferencia FinOps X. Sin embargo, Goldman Sachs proyecta que el uso global de tokens se multiplicará por 24 para 2030, lo que añade urgencia a una industria que ya está por encima del presupuesto.
Tiffany Luck, socia en NEA, cree que la eficiencia y la observabilidad de tokens terminarán integrándose en la capa de aplicación. Puso como ejemplo a Factory, una startup que lanzó un enrutador de modelos que selecciona automáticamente el modelo más económico para cada tarea. Gordon, de Faros, anticipa que los grandes laboratorios adoptarán optimizaciones similares al estilo OpenRouter, dirigiendo las consultas a modelos más baratos, una tendencia que ya se refleja en las facturas empresariales de Claude.
El camino más sensato: adopción moderada
Mientras las herramientas de control llegan, el consejo de los expertos es claro. Arcolano subrayó que el mejor retorno de inversión proviene de mover a la amplia mayoría de usuarios hacia un consumo bajo o moderado, no de empujar a los usuarios intensivos todavía más alto. Gordon resumió el momento con una metáfora: “Quizás creamos una máquina de vapor, pero todavía no hemos descubierto la línea de ensamblaje”.
La lección de esta resaca tecnológica es que correr sin control puede salir muy caro. Las empresas que se dieron un festín con suscripciones ilimitadas hoy luchan por entender a dónde se fue el dinero, reducir el gasto y, con suerte, rescatar algún retorno de la inversión antes de que la próxima factura de tokens las deje sin aliento.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.
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