Emad Mostaque, fundador de Stability AI, planteó una visión extrema pero detallada sobre el avance de la inteligencia artificial: desde la irrelevancia económica de gran parte del trabajo frente a una pantalla hasta la posible desaparición del modelo SaaS, el auge de robots baratos y una futura economía donde la lucha central ya no sería por productividad, sino por poder, propiedad y sentido humano.
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- Emad Mostaque dijo que para 2027 gran parte del trabajo digital podría volverse económicamente irrelevante frente a modelos de IA más capaces y baratos.
- El empresario prevé una fuerte presión sobre las empresas SaaS, una expansión de clones digitales y una migración del valor hacia activos escasos e infraestructura física.
- También advirtió que el desenlace podría dividirse entre una IA controlada por pocos actores o un modelo más abierto, con robots e inteligencia artificial “propiedad de la gente”.
🚨 La IA transformará el trabajo digital hacia 2027.
Emad Mostaque de Stability AI advierte que muchas profesiones se volverán irrelevantes.
Se anticipa una colapso en modelos SaaS y el surgimiento de "clones digitales" en entornos laborales.
El trabajo humano será… pic.twitter.com/rVNPqQSbDv
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 30, 2026
Emad Mostaque, fundador de Stability AI, ofreció una de sus visiones más contundentes hasta la fecha sobre el futuro inmediato de la inteligencia artificial. En una conversación publicada por Milk Road AI, el empresario sostuvo que la sociedad ya entró en un punto de inflexión donde la IA dejará de ser una simple herramienta y comenzará a alterar trabajo, riqueza, poder político y vida cotidiana.
Su tesis central no fue moderada. Mostaque afirmó que para el próximo año la mayor parte del trabajo que pueda hacerse “del lado de una pantalla” podría volverse económicamente irrelevante, no necesariamente porque todos los empleos desaparezcan de golpe, sino porque sistemas de IA ya serían capaces de ejecutar mejor esas tareas.
La entrevista giró en torno a una pregunta mayor: cómo se vería un mundo gobernado por inteligencia artificial o profundamente organizado por ella. La respuesta de Mostaque combinó promesas de abundancia material con advertencias sobre concentración de poder, pérdida de identidad laboral y riesgos sistémicos que, en su opinión, ya no pertenecen a la ciencia ficción.
Según explicó, esta evolución sigue una trayectoria que él mismo anticipó años atrás. Recordó que en 2023 había dicho que en cinco años ya no habría programadores en el sentido tradicional, y aseguró que el desarrollo actual de los modelos hace que esa predicción parezca encaminada.
Para lectores nuevos en el tema, el punto de fondo es simple pero disruptivo. Si la inteligencia artificial puede replicar a un buen trabajador intelectual, entonces deja de ser solo software de apoyo y pasa a convertirse en un nuevo medio de producción.
La tesis de Mostaque: del asistente digital al reemplazo laboral
Mostaque argumentó que la transición decisiva comenzó cuando los modelos pasaron de ser demostraciones llamativas a convertirse en inteligencias “realmente competentes”. Mencionó como referencia a Claude Sonnet 4.5 y sostuvo que ese nivel marcó el inicio de una ola en la que ya no se trata de automatizar fragmentos de trabajo, sino funciones completas.
En su lectura, esto cambia la lógica económica de la industria. Si una empresa puede replicar un trabajador eficaz mediante IA, obtiene una ventaja cuantitativa y cualitativa sobre sus rivales, algo especialmente sensible en ciberseguridad, desarrollo de software y tareas administrativas.
Mostaque también dijo que en algún momento de este año podrían aparecer “clones digitales” de equipos de trabajo con solo presionar un botón. Según su descripción, esos sistemas podrían revisar historiales, documentos y comunicaciones, e incluso presentarse en videollamadas de forma tan convincente que muchos usuarios no notarían la sustitución.
La idea no se limitó a asistentes superficiales. El empresario sostuvo que modelos como Mythos GPT 5.6, Gemini 3.5/4 y otros sistemas recientes ya permiten reemplazar por completo a un trabajador humano en ciertos entornos, lo que llevaría a las grandes plataformas a capturar para sí mismas el excedente económico en lugar de alquilar toda esa capacidad a terceros.
Esa lógica desemboca en un escenario desigual. Mostaque cree que el público general recibirá versiones limitadas de esos modelos, mientras que las capacidades más avanzadas quedarán en manos de grandes actores con incentivos para competir directamente contra empresas tradicionales y erosionar sus márgenes.
Por qué anticipa una “apocalipsis SaaS”
Uno de los puntos más duros de la conversación fue su diagnóstico sobre las compañías SaaS. Mostaque aseguró que el costo de producir software tiende a cero y que los elementos de servicio que antes justificaban contratos largos perderán relevancia a medida que los agentes de IA puedan construir integraciones, verificar resultados y resolver tareas complejas sin intervención humana constante.
Para ejemplificarlo, mencionó integraciones con plataformas empresariales como Workday o Salesforce. En su opinión, trabajos que hoy son costosos, lentos y dependientes de consultores podrían ser absorbidos por agentes que ejecuten esas tareas de forma autónoma.
También sostuvo que el mercado ya empieza a tratar esas rentabilidades como oportunidades de ataque. Si las grandes firmas de IA priorizan flujo de caja por encima de márgenes y además cuentan con financiamiento externo amplio, podrían entrar agresivamente en verticales de software donde antes dominaban proveedores con contratos y barreras comerciales.
En esa visión, el alivio reciente para parte del sector sería apenas temporal. Mostaque dijo que la tesis de colapso para muchas empresas SaaS sigue siendo, a su juicio, “casi inevitable”.
El contexto aquí importa. En los mercados tecnológicos, el software como servicio fue durante años uno de los modelos más valorados por su previsibilidad, escalabilidad y recurrencia de ingresos. La advertencia de Mostaque apunta justamente a que la IA puede socavar cada una de esas ventajas estructurales.
Modelos más baratos, IA local y hardware especializado
Otra parte central de su argumento se enfocó en la caída acelerada del costo de inferencia. Mostaque comparó modelos de distintos precios y afirmó que ya se observan brechas de hasta 100 veces entre opciones como DeepSeek y otras herramientas de gama más alta, además de citar que Sam Altman habría dicho que el costo de una futura versión 5.5 sería 100 veces menor para el año siguiente.
Su tesis es que el mercado todavía subestima cuánta eficiencia adicional queda por descubrir. Según dijo, no se conoce el límite inferior de compresión y razonamiento en estos sistemas, y su estimación es que aún podrían volverse entre 10 y 100 veces más eficientes.
Esa tendencia, a su juicio, llevará capacidades muy avanzadas a dispositivos de consumo. Mostaque planteó que hacia finales del próximo año podría existir un modelo a nivel “fable” funcionando en una MacBook Air o Mac mini base, y agregó que muchos usos prácticos no requerirán un “genio en un centro de datos”.
Para tareas concretas, como preparar impuestos o responder a necesidades médicas especializadas, cree que bastarán modelos pequeños y optimizados. Incluso relató que el año pasado entrenaron un modelo médico que superaba a doctores humanos y que podía operar en una Raspberry Pi.
Además describió un futuro de chips especializados, en los que los modelos quedarían “grabados” en silicio para correr a velocidades enormes. Mostaque citó como ejemplo a ChatJimmy.ai y explicó que ese tipo de arquitectura podría producir hasta 16.000 tokens por segundo, muy por encima de la velocidad de lectura humana.
Su conclusión fue clara. El cuello de botella en muchos casos no será la velocidad de cómputo, sino la memoria RAM necesaria para modelos dispersos o “sparse”, especialmente aquellos construidos con arquitecturas de mezcla de expertos.
Trabajo, lectura, identidad y el riesgo social
Mostaque no presentó el cambio solo como una cuestión de eficiencia. También habló de la transformación cognitiva y cultural que podría acompañar a la IA, incluida una pérdida de hábitos como la lectura profunda y un desplazamiento de habilidades humanas hacia formas más superficiales de reconocimiento de patrones.
Según explicó, las personas más avanzadas en el uso de estos sistemas no necesariamente trabajan menos. Lo que hacen, dijo, es moverse a un nivel más alto de abstracción mientras delegan la lectura base y el procesamiento inicial a la máquina.
Ese patrón tendría un costo. Mostaque advirtió que, si ciertas “capacidades musculares” del pensamiento dejan de ejercitarse, podrían atrofiarse, mientras otras se adaptan para responder a un entorno de reacción más rápida y menor elaboración desde primeros principios.
La reflexión se conectó con un problema mayor: la identidad. En What A World Governed By AI Could Actually Look Like w/ Emad Mostaque, el entrevistado sostuvo que profesiones enteras podrían dejar de servir como ancla personal en pocos años, lo que obligaría a replantear qué significa el trabajo significativo en un mundo de abundancia automatizada.
Su ejemplo más concreto fue el del camionero en Estados Unidos. Dijo que cerca de 1 millón de conductores sostienen entre 2 millones y 3 millones de empleos relacionados, y que podrían ser reemplazados por un robot Tesla Optimus capaz de abrir la puerta de un camión, subir y conducir por apenas USD $1,50 por hora.
Desde allí trazó un dilema social. Si esos trabajadores no pueden reconvertirse y tampoco existe una red de seguridad proporcional a la magnitud del desplazamiento, el problema ya no será técnico, sino político, comunitario y civilizatorio.
Mercados, especulación y el dinero en la era de la IA
La conversación también entró en terreno financiero, un ángulo especialmente relevante para lectores que siguen criptomonedas, IA y mercados de capitales. Mostaque reiteró una idea desarrollada en su libro The Last Economy: hoy no existiría una burbuja aislada, sino una “burbuja de todo” impulsada por energía especulativa en activos como arte, cripto, acciones y bonos.
Su expectativa es que la IA reduzca progresivamente la varianza explotable en mercados líquidos. En otras palabras, a medida que más agentes automatizados hagan análisis fundamental y operen sin sesgos emocionales, el espacio para obtener ventaja humana tendería a comprimirse.
Explicó que el mayor enemigo del trader humano suele ser el propio trader. La IA, en cambio, no tendría sesgo de arrepentimiento, miedo ni impulsividad, por lo que competiría con ventaja informacional y lógica frente a operadores emocionales.
Aun así, no planteó un mundo sin especulación. Dijo que, si la abundancia digital y luego material se expande, el capital buscará con más intensidad activos escasos, porque el dinero no desaparece, sino que fluye desde unos sectores a otros.
En ese marco dijo ser cada vez más optimista sobre infraestructura física y hasta sobre el cemento, una de las frases más inesperadas de la entrevista. Su razonamiento fue que, si en pocos años existen ejércitos de robots constructores operando 24 horas, surgiría un auge de construcción y un posible plan de infraestructura al estilo de 1929 para absorber desplazamientos laborales.
ASI, poder político y el escenario de fondo
Mostaque afirmó además que ya existe prácticamente todo lo necesario para alcanzar AGI o incluso ASI, según cómo se definan esos conceptos. En su interpretación, cuando los modelos ya muestran desempeño de nivel humano superior en tareas creativas, analíticas y multimodales, el salto restante depende más de integración, memoria, coordinación y formulación de preguntas que de una pieza mágica faltante.
Incluso vinculó esta idea con la computación cuántica. Dijo que el problema central no será cuánto tarda una máquina cuántica, sino qué preguntas se le hacen, y sugirió que la IA podría volverse especialmente buena para descomponer problemas y dirigir ese tipo de sistemas.
Sin embargo, su balance final estuvo lejos del triunfalismo. Mostaque se definió como “50/50”: ve un 50% de posibilidades de que la humanidad termine en un gran futuro y un 50% de que no sobreviva o quede sometida a escenarios de control extremo.
Entre los riesgos citó desde errores masivos de firmware en robots hasta una concentración de poder cada vez mayor en gobiernos y grandes organizaciones. En su opinión, si no se hace nada, lo más probable es que estas tecnologías sirvan para consolidar a los poderosos y restringir libertades antes que para emancipar a la población.
La alternativa positiva, insistió, pasa por una IA y una robótica “propiedad de la gente”. Su mejor escenario para los próximos 20 años sería uno en el que humanos y máquinas colaboren para eliminar hambre y enfermedad, fortalezcan comunidades y permitan que las personas orienten su vida hacia exploración, vínculos y florecimiento, no solo hacia supervivencia económica.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
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