Elon Musk sostiene que la inteligencia artificial podría superar la suma de la inteligencia humana en aproximadamente cinco años y dejar a las personas fuera del control en una década. Aunque calcula un riesgo de 10% a 20% de extinción por robots asesinos, el empresario dice que la abundancia podría ser el resultado más probable.
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- Musk estima que la IA superará la inteligencia humana acumulada en unos cinco años.
- El empresario considera poco probable que los humanos mantengan el control en diez años.
- Propone reuniones semanales o quincenales entre empresas rivales para revisar riesgos de seguridad.
Elon Musk afirmó que la inteligencia artificial podría superar la suma de la inteligencia humana en aproximadamente cinco años. La declaración apareció en Elon Musk on AI: humans will no longer be in control in ten years | The Economist, una conversación entre el entrevistador de The Economist y el empresario.
Según Musk, ese cambio significaría que casi no existiría una tarea que la IA no pudiera realizar mejor que las personas. La única excepción, planteó, sería la capacidad de ser humano.
Una predicción de abundancia
Musk describió el escenario más probable como una época de abundancia extraordinaria. En su visión, cualquier persona podría obtener aquello que fuera capaz de imaginar.
El empresario presentó esa posibilidad desde una perspectiva optimista. Invitó a comparar la situación del año 2026 con la que podría existir en 2036, aunque reconoció que distintos acontecimientos podrían alterar esa trayectoria.
Entre los factores capaces de descarrilar el futuro, Musk mencionó una guerra termonuclear global. También condicionó su pronóstico a que no ocurriera una nueva guerra mundial.
Su mensaje combinó entusiasmo y cautela. Musk sostuvo que la sociedad se dirige hacia una abundancia extraordinaria, pero admitió que el avance de la IA y los robots implica riesgos que no pueden considerarse inexistentes.
La posibilidad de que las máquinas produzcan bienes, servicios y soluciones a una escala inédita plantea una transformación profunda de la vida cotidiana. Sin embargo, la conversación no detalló cómo se distribuiría esa abundancia ni qué papel conservarían las personas en la economía.
El temor a perder el control
Cuando el entrevistador le preguntó si estaba seguro de que los humanos dejarían de tener el control en diez años, Musk respondió que ese resultado le parecía poco probable de evitar. Comparó la relación futura entre humanos y máquinas con la diferencia de inteligencia entre los humanos y los chimpancés.
Su argumento partió de una diferencia de capacidades. Si la distancia entre una IA avanzada y los humanos llegara a ser mucho mayor que la distancia actual entre los humanos y los chimpancés, Musk consideró difícil imaginar que los primeros continuaran al mando.
El empresario recordó que la humanidad es, desde una perspectiva evolutiva, una forma desarrollada de primate. Con ironía, señaló que no hace tanto tiempo los humanos se desplazaban entre árboles para comer bananas y que todavía las consumen.
Musk también fue consultado por su estimación previa de una probabilidad de 10% a 20% de que robots asesinos acabaran con la humanidad. Aclaró que mantiene una evaluación de riesgo asociada con la IA y los robots, aunque no la considera igual a cero.
Su postura actual consiste en mirar el lado positivo y aceptar que el avance parece imparable. Incluso sugirió que, si existiera un botón para detener la IA y los robots, quizá no habría que presionarlo, porque la abundancia para todos podría ser el desenlace más probable.
Al ser cuestionado sobre la posibilidad de abordar una nave espacial con un riesgo de 10% a 20% de morir, Musk respondió que lo haría si no existiera ninguna acción capaz de modificar el resultado. Aun así, indicó que la humanidad debe intentar reducir la probabilidad de un desenlace negativo.
La carrera tecnológica y la regulación
Musk sostuvo que detener la inteligencia artificial parece inviable debido al impulso acumulado del sector. Según explicó, se producen anuncios de avances con tanta frecuencia que, en ocasiones, aparecen varios en un mismo día.
El empresario reconoció que sus propias decisiones contribuyeron a acelerar el desarrollo de la IA. Contó que inicialmente creó OpenAI como una fuerza de equilibrio frente a Google, que entonces tenía una posición cercana al monopolio en inteligencia artificial.
También recordó que la evolución de OpenAI estuvo relacionada con la aparición de Anthropic. En su evaluación, esas acciones generaron efectos indirectos que aceleraron el sector, aunque esa no fuera su intención original.
Musk explicó que durante mucho tiempo decidió no participar en la IA. Sin embargo, al concluir que todos los caminos parecían conducir a una aceleración del desarrollo, optó por incorporarse a la competencia.
El entrevistador planteó si las principales empresas de modelos deberían colaborar de manera más activa para reducir los riesgos. La pregunta incluyó una propuesta de regulador público-privado atribuida a Demis y mencionada durante la conversación.
Musk recomendó como medida inmediata que las compañías líderes se reúnan o mantengan una llamada cada pocas semanas. El objetivo sería discutir problemas de seguridad y protección antes de que los nuevos modelos lleguen al público.
Su propuesta contempla que los competidores tengan acceso anticipado a los modelos durante una o dos semanas. En ese periodo, podrían identificar fallas y advertir si un producto presenta riesgos que justifiquen retrasar su lanzamiento.
El empresario considera que las compañías rivales tienen incentivos para vigilarse entre sí. Una empresa competidora podría detectar problemas técnicos y presionar para que otro desarrollador no publique un modelo peligroso.
Después, el gobierno podría intervenir si una compañía ignorara un riesgo relevante. Musk afirmó que los funcionarios sin conocimientos técnicos profundos y sin experiencia en la frontera de la IA podrían tener dificultades para decidir si un modelo debe publicarse.
Rivalidades personales y cooperación
La conversación también abordó la desconfianza entre los líderes de las empresas de inteligencia artificial. Musk reconoció que algunos ejecutivos se insultan en redes sociales y mantienen diferencias personales intensas.
Al referirse a Sam Altman, explicó que su objeción se relaciona con la transformación de OpenAI. Según Musk, la organización fue creada como una entidad sin fines de lucro, de código abierto y perteneciente al mundo, pero terminó convertida en una compañía cerrada con fines de lucro y una valoración mencionada de USD $800.000 millones.
Musk calificó ese cambio como lo opuesto a aquello para lo que había aportado dinero. A su juicio, esa diferencia constituye un reclamo legítimo y explica parte de su desacuerdo con Altman.
También mencionó a Dario, quien, según Musk, tampoco simpatiza con Altman. La explicación ofrecida fue que el equipo de Anthropic abandonó OpenAI porque no confiaba en su antiguo líder.
Musk describió a Dario como una persona de principios, preocupada por el futuro del mundo. Añadió que, hasta ese momento, las personas que había conocido en Anthropic parecían bien intencionadas.
El empresario, sin embargo, advirtió que las buenas intenciones no eliminan los peligros. Para él, el camino hacia el infierno contiene principalmente piedras colocadas con buenas intenciones, por lo que ninguna compañía debería actuar con exceso de confianza.
Pese a sus diferencias, Musk afirmó que los líderes podrían conversar si fuera necesario. Su conclusión fue que deberían apartar los conflictos personales cuando estuviera en juego el interés general.
Un futuro marcado por la incertidumbre
La entrevista dejó una tensión central entre dos escenarios. El primero es una era de abundancia extraordinaria, mientras que el segundo contempla riesgos existenciales vinculados con sistemas autónomos y robots.
Musk estimó que el riesgo de un desenlace catastrófico no es cero. Su cálculo de 10% a 20% para robots asesinos representa una amenaza significativa, aunque el empresario dijo que prefiere concentrarse en el resultado que considera más probable.
El razonamiento también incluyó una reflexión sobre el destino final del universo. Musk mencionó la llamada muerte térmica, un estado de enfriamiento gradual que convertiría la realidad en una especie de sopa gris y fría.
Desde esa perspectiva, afirmó que la humanidad debería concentrarse en el viaje, porque el destino último sería terrible. El entrevistador le recordó que diez años no constituyen un periodo lejano, especialmente cuando el riesgo podría materializarse en ese plazo.
La velocidad del progreso tecnológico fue otro elemento decisivo. Musk consideró que seis meses representan demasiado tiempo para crear mecanismos de coordinación, debido a la frecuencia de los avances en los modelos.
Por eso, defendió una comunicación semanal o quincenal entre empresas rivales. En su opinión, ese mecanismo informal podría comenzar de inmediato, antes de que exista un sistema regulatorio más estructurado.
El planteamiento no resuelve la disputa sobre quién debe controlar la IA. Sí propone una combinación de supervisión entre competidores y capacidad de intervención gubernamental cuando una empresa no atienda un riesgo relevante.
La visión de Musk refleja una paradoja del sector tecnológico. El mismo impulso que podría generar abundancia también puede aumentar la posibilidad de perder el control sobre sistemas cada vez más capaces.
Por ahora, el empresario dice que no ve una manera realista de detener esa dinámica. Su filosofía consiste en reducir los riesgos posibles y, al mismo tiempo, prepararse para disfrutar el viaje hacia un futuro que considera inevitable.
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