Por Canuto  

La NASA prepara dos nuevas misiones tripuladas de Starliner y apoyará sus reparaciones y la certificación de otro cohete, ante la posible retirada de Crew Dragon antes de 2030.
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  • La agencia planea contratar dos vuelos tripulados adicionales de Starliner y compartir con Boeing parte de los costos para corregir fallas del sistema de propulsión.
  • SpaceX ha indicado que podría retirar Crew Dragon para 2030, lo que dejaría a la NASA con una capacidad limitada para transportar astronautas a órbita baja.
  • La NASA evaluaría los cohetes Vulcan y New Glenn como reemplazos del Atlas V, mientras Blue Origin desarrolla en silencio un vehículo tripulado propio.


La NASA se prepara para devolverle un papel central a la nave Starliner de Boeing, pese a los problemas técnicos que marcaron su desarrollo y su primer vuelo tripulado. Según información publicada por Ars Technica, la agencia anunciaría dos misiones tripuladas adicionales, aportaría fondos para corregir fallas del sistema de propulsión y ayudaría a certificar un nuevo cohete que permita mantenerla en servicio después del retiro del Atlas V.

La decisión responde a una preocupación estratégica: SpaceX ha dejado claro que pretende retirar gradualmente Crew Dragon para 2030, o incluso antes, mientras concentra recursos en Starship, Starlink y proyectos de infraestructura orbital. Crew Dragon es actualmente la única nave operativa de la NASA para misiones rutinarias de astronautas a la órbita terrestre baja, por lo que Boeing vuelve a ser una pieza necesaria aunque su cápsula todavía arrastre un historial accidentado.

El giro coloca a la agencia frente a una contradicción difícil de ignorar. Después de reconocer deficiencias de diseño, ingeniería y liderazgo relacionadas con Starliner, la NASA ahora busca sostener el programa para evitar que su dependencia de un solo proveedor se convierta en una vulnerabilidad operativa.

La NASA intenta conservar una segunda opción

SpaceX ha realizado 13 misiones tripuladas a la Estación Espacial Internacional para la NASA y tiene otro vuelo previsto para octubre, todos exitosos hasta la fecha. La compañía, sin embargo, pretende orientar su capacidad hacia proyectos de mayor escala y rentabilidad, especialmente Starship, que apunta a transportar satélites Starlink y respaldar una futura megaconstelación enfocada en centros de datos orbitales.

Gwynne Shotwell, presidenta y directora de operaciones de SpaceX, evitó comprometerse a mantener Crew Dragon durante más tiempo cuando fue consultada en el All-In Podcast. La ejecutiva dijo que la nave no se retirará de inmediato, pero añadió que Boeing debería cumplir con el desarrollo por el que recibió pagos sustanciales del Gobierno de Estados Unidos.

Desde 2010, la NASA ha pagado aproximadamente USD $3.100 millones a SpaceX y USD $5.100 millones a Boeing para desarrollar y certificar vehículos del programa Commercial Crew. El contrato de precio fijo trasladó a las empresas la responsabilidad de entregar sistemas aptos para transportar astronautas, aunque los problemas de Starliner ya llevaron a Boeing a registrar cargos superiores a USD $2.000 millones.

La agencia no parece dispuesta a abrir de inmediato una nueva competencia completa para reemplazar el programa, debido a los costos y al tiempo que exigiría certificar otro vehículo tripulado. En ese contexto, respaldar parcialmente a Boeing representa un término medio: conserva una segunda capacidad potencial sin iniciar desde cero un proceso industrial comparable al que produjo Crew Dragon y Starliner.

El accidente de 2024 sigue condicionando el programa

Starliner enfrentó problemas en sus vuelos de prueba no tripulados de 2019 y 2022, pero la situación más grave ocurrió durante su primera misión tripulada, lanzada en junio de 2024. Las fallas de los propulsores hicieron temer por la seguridad de Butch Wilmore y Suni Williams, quienes finalmente regresaron a la Tierra a bordo de una Crew Dragon.

En febrero, la NASA clasificó formalmente aquel vuelo como un accidente de Tipo A, la categoría utilizada para los incidentes más serios dentro de sus investigaciones de seguridad. El informe posterior, de 311 páginas, examinó decisiones y errores tanto de Boeing como de la propia agencia, en lugar de atribuir el resultado exclusivamente al fabricante.

Jared Isaacman, administrador de la NASA, reconoció que la cápsula tiene deficiencias de diseño e ingeniería que deben corregirse, pero señaló que el hallazgo más preocupante no estaba únicamente en el hardware. En una carta al personal, advirtió que las fallas de toma de decisiones y liderazgo podrían crear una cultura incompatible con los vuelos espaciales tripulados si no se controlan.

Ahora la agencia planea compartir con Boeing parte del costo de solucionar los problemas del sistema de propulsión detectados en los dos últimos vuelos, aunque todavía no se conoce el monto. La medida modifica en la práctica la presión financiera de un programa de precio fijo, porque la compañía ya absorbió pérdidas importantes y podría haber abandonado el proyecto sin respaldo adicional.

El Atlas V obliga a buscar un nuevo lanzador

Starliner todavía depende del Atlas V, un cohete ensamblado por United Launch Alliance que utiliza motores rusos y se acerca a su retiro. Quedan seis unidades disponibles: una se reservaría para el vuelo de prueba no tripulado Starliner 1 y las cinco restantes para misiones tripuladas posteriores.

La NASA también ayudaría a pagar la certificación de un vehículo de lanzamiento adicional para la cápsula, una decisión que podría definir la continuidad del programa durante la década de 2030. La competencia probablemente enfrentaría al Vulcan de United Launch Alliance con el New Glenn de Blue Origin, aunque el proceso final todavía no está anunciado.

La elección tendría consecuencias que van más allá de Starliner. Certificar un cohete para misiones humanas exige pruebas, infraestructura y procedimientos específicos, de modo que el vehículo seleccionado podría obtener una ventaja duradera en contratos de transporte hacia estaciones espaciales privadas y otras plataformas orbitales.

New Glenn ofrece además una posible ventaja logística, porque su mayor capacidad podría permitir el lanzamiento simultáneo de una nave tripulada y un vehículo de carga, como Cygnus de Northrop. Esa combinación reduciría costos para los operadores de estaciones privadas, aunque la información disponible no indica que Vulcan tenga la misma capacidad de carga doble.

Blue Origin aparece como alternativa futura

Blue Origin ha mantenido bajo perfil un equipo dedicado al desarrollo de un vehículo tripulado que sería lanzado sobre New Glenn. Personas familiarizadas con el programa aseguran que el diseño está avanzado y que la empresa ya trabaja en demostraciones relacionadas con recipientes a presión para la cabina, paracaídas, protección térmica y sistemas de soporte vital.

La NASA podría haber convocado una nueva competencia entre Boeing, Blue Origin y otros participantes, incluida The Exploration Company, para atender las misiones tripuladas de la década de 2030. Sin embargo, la agencia aparentemente no quiso asumir poco después de Commercial Crew los costos asociados con otra carrera completa de desarrollo y certificación.

Si Boeing eligiera lanzar Starliner en New Glenn, Blue Origin obtendría un beneficio estratégico considerable: la certificación del cohete para vuelos tripulados llegaría como consecuencia de una misión de otro fabricante. Además, las empresas tendrían que construir un brazo de acceso para astronautas y otras instalaciones que Blue Origin podría reutilizar para su propio vehículo tripulado.

El escenario deja a la NASA con una capacidad de respaldo necesaria, pero también con una competencia más limitada y posibles presiones sobre los precios. Para los operadores de estaciones espaciales comerciales, el apoyo a Starliner ofrece mayor seguridad sobre el transporte de astronautas, aunque todavía no garantiza que Boeing cumpla sus plazos ni que el mercado tenga suficientes proveedores.

La agencia está intentando comprar tiempo y redundancia mientras define el futuro de la órbita terrestre baja. El éxito de esa estrategia dependerá de que Boeing resuelva los propulsores, certifique un nuevo lanzador y transforme una nave cuestionada en un servicio confiable para astronautas.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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