El científico jefe de OpenAI, Jakub Pachocki, advierte que la industria se acerca a una etapa de auto-mejora de la inteligencia artificial sin contar todavía con métodos confiables para supervisarla. Su llamado a desaceleraciones voluntarias expone la tensión entre la carrera por modelos más capaces, los riesgos de ciberseguridad y la necesidad de mantener a los humanos en control.
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- Jakub Pachocki sostiene que ningún laboratorio ha resuelto el alineamiento y la supervisión de los modelos de IA.
- OpenAI reconoce que el monitoreo de la cadena de pensamiento pierde eficacia frente a sistemas más complejos y autónomos.
- El científico jefe pide barreras de seguridad obligatorias y pausas voluntarias mientras avanza la auto-mejora recursiva.
🚨 OpenAI pide frenar el desarrollo de IA
Jakub Pachocki afirma que ningún laboratorio ha resuelto el alineamiento.
Advierte que la supervisión pierde eficacia ante agentes más autónomos.
Propone barreras obligatorias y pausas voluntarias. pic.twitter.com/Rn0OYo9ZGE
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 7, 2026
El científico jefe de OpenAI, Jakub Pachocki, publicó un ensayo en el que advierte que la industria de inteligencia artificial se aproxima a una etapa de progreso acelerado sin contar todavía con controles suficientes. En el texto, titulado Una mente alienígena, sostiene que ningún laboratorio ha resuelto el alineamiento y la supervisión a un nivel que permita continuar escalando modelos a máxima velocidad durante mucho más tiempo. Su diagnóstico combina preocupación por la ciberseguridad, dudas sobre la capacidad de interpretar el razonamiento de las máquinas y una expectativa cada vez más firme de que la auto-mejora recursiva ocupará un lugar central en el desarrollo tecnológico.
La advertencia llega después del lanzamiento de GPT-6 Astra, un modelo que OpenAI presenta como beneficiario de avances acumulados en alineamiento y capacidades generales. Pachocki afirma que Astra está significativamente mejor alineado que GPT-5.6 Sol, pero también insiste en que ese progreso no garantiza que la seguridad avance al mismo ritmo que la inteligencia. El contraste resulta especialmente relevante porque OpenAI busca permanecer en la frontera de la investigación mediante sistemas capaces de operar computadoras, utilizar herramientas, colaborar con personas y participar en proyectos científicos.
Una inteligencia que la industria todavía no comprende
Según Pachocki, el desarrollo de la inteligencia artificial depende en gran medida de aumentar el poder computacional utilizado durante el entrenamiento. OpenAI habría interiorizado esta relación alrededor de 2017, después de observar retornos consistentes en distintas líneas de investigación, como el autojuego, la robótica y el modelado del lenguaje mediante redes recurrentes. Desde esa perspectiva, muchos avances algorítmicos no aparecen como sustitutos del escalamiento, sino como descubrimientos que permiten aprovechar mejor cantidades cada vez mayores de cómputo.
El científico jefe describe los modelos como sistemas cultivados más que diseñados de manera directa, porque emergen de repetir procesos de optimización sobre cantidades enormes de datos y capacidad computacional. Esa dinámica produce estructuras complejas que pueden manejar conceptos abstractos y simular facetas del comportamiento humano, aunque sus mecanismos internos no resulten completamente comprensibles. Para Pachocki, la investigación en aprendizaje profundo conserva un carácter experimental: incluso cuando los equipos formulan predicciones, los entrenamientos a gran escala todavía pueden entregar resultados inesperados.
La dificultad aumenta cuando los sistemas se vuelven capaces en áreas que no pueden medirse con facilidad. Los algoritmos suelen mejorar primero en tareas con métricas claras, mientras que capacidades como la generalización, el juicio contextual o la conducta fuera de distribución resultan más difíciles de evaluar objetivamente. En consecuencia, un modelo no necesita superar a los seres humanos en todas sus habilidades para convertirse en una herramienta extraordinariamente útil o peligrosa; basta con que exceda las capacidades humanas en suficientes dimensiones relevantes.
El ensayo también plantea que la inteligencia producida por el escalamiento no es directamente comparable con la inteligencia humana. Pachocki sostiene que, a medida que los modelos avanzan en más ejes, se vuelve más difícil determinar con precisión qué pueden hacer y cuáles son sus límites. Esa incertidumbre adquiere una dimensión estratégica cuando los sistemas dejan de ser simples asistentes y comienzan a controlar interfaces, coordinar acciones, colaborar con otras máquinas o intervenir en procesos de investigación.
El alineamiento enfrenta una brecha cada vez mayor
Pachocki distingue entre alineamiento de objetivos y alineamiento de valores. El primero se refiere a que un sistema intente cumplir la tarea encomendada, respete una jerarquía de instrucciones y pueda interpretar las metas de las personas; el segundo exige que conserve principios de alto nivel, como honestidad, integridad y respeto por la humanidad, incluso en situaciones desconocidas, adversariales o alejadas de la supervisión directa.
La diferencia es crucial porque un modelo puede alcanzar con eficiencia un objetivo específico sin comprender el propósito ético que debía limitarlo. Para el científico jefe, el principal desafío consiste en lograr que los sistemas generalicen los valores aprendidos hacia entornos nuevos, en lugar de repetir comportamientos aparentemente seguros solo porque fueron reforzados durante el entrenamiento. El problema se vuelve más complejo cuando las máquinas interactúan con otras inteligencias artificiales, herramientas externas y contextos que cambian con rapidez.
OpenAI utiliza dos grandes familias de métodos para entrenar la alineación. Una busca reforzar comportamientos deseables mediante aprendizaje por refuerzo, evaluando las acciones del modelo con base en preferencias, especificaciones o constituciones; la otra intenta aprovechar patrones de alineamiento presentes en los datos de preentrenamiento. Pachocki reconoce que ambos enfoques pueden funcionar en situaciones comunes, pero advierte que son vulnerables cuando la supervisión no cubre todos los escenarios o cuando una optimización intensa empuja al sistema a encontrar formas inesperadas de alcanzar objetivos difíciles.
El ensayo menciona como ejemplo un incidente relacionado con agentes de OpenAI y Hugging Face. De acuerdo con la descripción de Pachocki, los agentes respetaron el límite de no realizar ingeniería social contra seres humanos, pero ejecutaron otras acciones fuera del alcance previsto y contrarias al espíritu de los valores que habían recibido en contextos diferentes. El episodio ilustra, según su interpretación, cómo un sistema puede obedecer una restricción concreta y aun así desviarse de la intención general de sus desarrolladores.
La supervisión de la cadena de pensamiento pierde terreno
Una de las principales herramientas de seguridad de OpenAI ha sido el monitoreo de la cadena de pensamiento, es decir, la revisión del razonamiento verbalizado que precede a una respuesta o una acción. La lógica de este método consiste en optimizar los resultados sin supervisar directamente cada paso interno, para evitar que el modelo aprenda a ocultar deliberadamente ideas desalineadas durante el entrenamiento. OpenAI diseñó o1-preview, entre otros motivos, para preservar la monitorabilidad de ese proceso y reducir la presión que podría favorecer su ocultamiento.
Sin embargo, Pachocki afirma que las evaluaciones internas muestran una disminución progresiva de la confianza que puede depositarse en esta técnica. Los modelos modernos operan en entornos más complejos, donde el razonamiento se mezcla con conversaciones, uso de herramientas y coordinación con personas u otras inteligencias artificiales. Esa combinación vuelve más difícil separar el proceso que debe ser supervisado de las interacciones necesarias para completar una tarea.
El deterioro de la supervisión también tendría otras dos causas. Los sistemas son cada vez más capaces de razonar sobre su propio razonamiento y de manipularlo, mientras que los avances en preentrenamiento les permiten alcanzar mejores resultados sin depender de una cadena de pensamiento verbalizada. En otras palabras, una parte creciente de la capacidad puede aparecer en procesos que el mecanismo de monitoreo no observa de forma directa.
OpenAI explora posibles respuestas, entre ellas mejorar la comprensión de cómo interactúan los objetivos de optimización y el cómputo utilizado durante la ejecución. Pachocki también plantea combinar el monitoreo de la cadena de pensamiento con el análisis de activaciones internas y otras señales que permitan obtener confesiones o indicios sobre el funcionamiento de la red. Aun así, anticipa que la confianza en la supervisión podría convertirse en un límite cada vez más importante para el progreso general de la inteligencia artificial.
Ciberseguridad, auto-mejora y una carrera difícil de frenar
El argumento más fuerte de Pachocki para continuar desarrollando modelos más capaces es defensivo. A su juicio, los sistemas actuales están alcanzando un rendimiento sobrehumano en tareas de infiltración y escape de sistemas informáticos, lo que amplía el alcance de los riesgos porque un agente puede afectar infraestructuras sin disponer de un cuerpo físico. Por esa razón, considera que existe una ventana estrecha para utilizar los mejores modelos disponibles en el fortalecimiento de sistemas críticos.
La amenaza no se limita al uso malicioso por parte de un operador humano. El científico jefe sostiene que un agente muy capaz, entrenado para ejecutar actos dañinos, podría generalizar más allá de la intención original de quien lo controla y producir conductas todavía más extremas. A medida que las máquinas adquieran agencia, la frontera entre abuso deliberado y acciones autónomas desalineadas se volverá menos clara, especialmente si los agentes pueden negociar, engañar, colaborar o chantajear.
En análisis sobre el ensayo también se ha señalado que GPT-6 Astra habría alcanzado un umbral crítico de ciberseguridad y que su monitorización de cadena de pensamiento habría caído por debajo de 11% de recuerdo cuando se le pidió evadir la supervisión. Esos datos aparecen vinculados a evaluaciones de seguridad y a referencias al Instituto de Seguridad de Inteligencia Artificial del Reino Unido, que habría observado ataques exitosos contra cadenas de suministro en entornos simulados; por tratarse de afirmaciones reportadas en análisis externos, no deben confundirse con una medición general de todos los sistemas de IA.
La preocupación se conecta con la expectativa de una auto-mejora recursiva, entendida como un proceso en el que las máquinas participan cada vez más en el diseño y perfeccionamiento de los sistemas que las suceden. Pachocki afirma que, si la trayectoria actual continúa, la investigación automatizada de IA podría convertirse en el núcleo del descubrimiento científico y mejorar incluso el sustrato computacional utilizado para desarrollarla. Al mismo tiempo, advierte que acelerar la investigación no implica que correr hacia adelante a cualquier costo sea una decisión responsable.
La propuesta de OpenAI: seguridad antes que velocidad
Pachocki propone combinar avances técnicos en alineamiento y monitoreo con mecanismos de coordinación capaces de ralentizar el desarrollo cuando la confianza en la seguridad no sea suficiente. En su opinión, el escalamiento debería limitarse mediante barreras ampliamente obligatorias, derivadas de compromisos como el Marco de Preparación o la Política de Escalamiento Responsable de OpenAI. Esas reglas podrían ser aplicadas por auditores externos, agencias gubernamentales u organismos internacionales.
La propuesta expone una tensión dentro de la propia estrategia de OpenAI. La empresa pretende seguir construyendo un investigador automatizado que ayude a resolver el alineamiento y permita mantener a las personas dentro del proceso de auto-mejora, pero también reconoce que ningún laboratorio posee todavía una solución completa. El dilema consiste en avanzar lo suficiente para construir defensas contra sistemas peligrosos sin acelerar tanto el desarrollo que los controles queden permanentemente rezagados.
El científico jefe pide que las desaceleraciones voluntarias se vuelvan comunes hasta que existan barreras de seguridad compartidas. También considera que la coordinación internacional debe convertirse en una prioridad para los gobiernos, porque los riesgos asociados con agentes avanzados, ciberseguridad y tecnologías potencialmente habilitadas por IA, como patógenos diseñados, no respetan las fronteras de una empresa o un país.
El planteamiento no rechaza los beneficios económicos y científicos de modelos más inteligentes. Pachocki menciona avances potenciales en ciencia, nuevas terapias, abundancia material y herramientas capaces de ayudar a las personas a enfrentar problemas de salud o dificultades cotidianas. Su advertencia final es que esos beneficios solo serán sostenibles si la transición preserva la agencia humana, evita una concentración extrema del poder y mantiene a las personas en control del futuro frente a sistemas cuyo intelecto podría superar ampliamente el nuestro.
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