El Banco de Inglaterra calcula que la IA elevó apenas 0,5% la productividad británica en tres años, mientras el gasto empresarial sigue creciendo y los costos de algunos insumos ya presionan las importaciones.
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- El banco central estima que la IA añadió entre 0,1 y 0,2 puntos porcentuales al crecimiento anual de la productividad del Reino Unido desde comienzos de 2024.
- La actividad ligada al desarrollo y despliegue de IA contribuyó a casi una quinta parte del crecimiento del PIB británico desde principios de 2026, pero eso no equivale a mejoras generalizadas para quienes la adoptan.
- Las empresas esperan mayores ganancias en los próximos tres años, aunque la demanda de chips de memoria ya encarece exportaciones asiáticas y eleva los costos de importación británicos.
Banco de Inglaterra enfría las expectativas de productividad impulsada por la IA
La inversión en inteligencia artificial todavía no se traduce en una transformación amplia de la productividad empresarial británica, pese a las enormes sumas destinadas a la tecnología.
Una mejora modesta frente a las promesas de la industria
La inteligencia artificial elevó la productividad del Reino Unido en un estimado de 0,5% durante los últimos tres años, según el más reciente Informe de Política Monetaria del Banco de Inglaterra. El avance equivale a una contribución de entre 0,1 y 0,2 puntos porcentuales al crecimiento anual de la productividad desde comienzos de 2024, un resultado modesto frente a las expectativas de una revolución económica impulsada por la tecnología.
El análisis reconoce que la inversión en IA parece estar contribuyendo a la fortaleza actual de la demanda, pero distingue ese impulso del rendimiento que obtienen las empresas al usar las herramientas. Hasta ahora, el banco central encuentra solo señales de un incremento limitado en el crecimiento de la productividad atribuible a la IA, no una aceleración extensa que confirme las promesas más ambiciosas de la industria.
La diferencia importa porque comprar infraestructura, contratar servicios o desarrollar modelos puede generar actividad económica sin que, de inmediato, las compañías produzcan más con los mismos recursos. El reporte sostiene que parte importante de la contribución de la IA al crecimiento provino de firmas que desarrollan e implementan la tecnología, mientras los beneficios derivados de su adopción en otros sectores siguen siendo menos visibles.
Desde comienzos de 2026, la actividad relacionada con la IA representó poco menos de una quinta parte del crecimiento del producto interno bruto británico, de acuerdo con la estimación del banco. Sin embargo, esa cifra no debe leerse como prueba de que una quinta parte de las empresas se haya vuelto más eficiente: incluye el trabajo de quienes construyen y despliegan sistemas de IA, además de sus efectos en otras áreas.
Los sectores y el empleo aún no muestran un cambio profundo
Los sectores considerados más expuestos a la IA tampoco exhiben todavía un salto que los separe de las tendencias históricas. La productividad mejoró en actividades intensivas en tecnología, como información y comunicaciones, pero su crecimiento no ha superado los promedios registrados antes de la pandemia, según el Banco de Inglaterra.
El organismo también pide cautela al atribuir a la IA los recientes avances de productividad del país. Parte de la mejora parece relacionarse con empresas que mantienen o elevan su producción con menos trabajadores, una dinámica que el banco vincula, entre otros factores, con ajustes posteriores a las decisiones de contratación tomadas durante la pandemia y con mayores costos laborales.
Por ahora, las compañías que respondieron al Panel de Tomadores de Decisiones del Banco de Inglaterra informaron un efecto general prácticamente nulo de la IA sobre el empleo. Aun así, algunas empresas dicen que la tecnología reduce su disposición a contratar personal nuevo o a reemplazar a quienes dejan sus puestos, lo que apunta a cambios graduales en la contratación antes que a una ola generalizada de despidos.
Ese matiz contrasta con las predicciones de que la IA volvería redundantes a grandes sectores de la fuerza laboral. Los datos citados por el banco no respaldan, hasta el momento, una transformación de esa escala en el empleo agregado, aunque sí muestran que algunas decisiones de contratación podrían estar cambiando antes de que se manifiesten ganancias de productividad más amplias.
El gasto continúa pese a los rendimientos inciertos
Encuestas empresariales citadas en el análisis sugieren que las expectativas siguen muy por delante de los resultados. Un sondeo de Gartner encontró que tres cuartas partes de los miembros de consejos corporativos esperaban que la IA aumentara la productividad y redujera costos, pero solo 3% de las organizaciones había alcanzado sus objetivos.
La misma encuesta dejó ver una brecha entre presupuesto y resultados: 38% de las organizaciones ya gastaba más de lo previsto en IA, mientras 85% planeaba aumentar su inversión durante el año siguiente. Estas cifras describen una apuesta que continúa creciendo incluso cuando una pequeña proporción de las compañías afirma haber cumplido las metas que se había fijado.
Otra investigación, publicada en febrero y basada en casi 6.000 ejecutivos, encontró que más de 80% de las empresas no había observado un impacto discernible de la IA ni en el empleo ni en la productividad. El dato refuerza la lectura de que la adopción y el gasto avanzan más rápido que la capacidad de demostrar resultados concretos en el funcionamiento cotidiano de las compañías.
La cobertura de The Register sobre el informe del banco central subraya esa paradoja: las organizaciones siguen financiando la tecnología aunque muchas todavía esperan obtener un rendimiento claro. El Banco de Inglaterra no concluye que la IA carezca de utilidad, pero sus cifras indican que, por ahora, la construcción y puesta en marcha de sistemas aportan más a la actividad económica que las mejoras de eficiencia entre sus usuarios.
Riesgos financieros y costos que ya se sienten
La distancia entre el gasto y los retornos también preocupa a organismos financieros internacionales. El Fondo Monetario Internacional advirtió el mes anterior que el frenesí de inversión en IA podría perjudicar a los inversionistas si no se materializan las ganancias prometidas, con la posibilidad de que las consecuencias se extiendan a la economía en general.
En junio, el Banco de Pagos Internacionales planteó una advertencia similar al comparar el actual auge de inversiones con el de las empresas de internet durante la década de 1990. El riesgo señalado es que las grandes tecnológicas destinen sumas enormes a infraestructura bajo la expectativa de obtener retornos igualmente cuantiosos, y queden expuestas si los beneficios no alcanzan lo que anticipan.
El auge ya repercute en otro frente: los precios de ciertos insumos. El Banco de Inglaterra indicó que la creciente demanda de productos vinculados con la IA, incluidos los chips de memoria, ha impulsado los precios de exportación en China y otras economías asiáticas, lo que aumenta los costos de importación para el Reino Unido.
Así, las empresas británicas todavía esperan que la IA mejore de forma sustancial su productividad, pero algunos costos asociados al auge ya se reflejan en la economía. El reporte no presenta esa presión como prueba de que la tecnología vaya a fracasar, sino como una consecuencia actual de la demanda de componentes, frente a beneficios empresariales que aún no se han extendido ampliamente.
Qué esperan las empresas para los próximos años
El Banco de Inglaterra tampoco descarta que la tecnología termine generando ganancias más visibles. Las compañías encuestadas esperan que la IA aporte alrededor de 0,9 puntos porcentuales al crecimiento anual de la productividad durante los próximos tres años, una previsión considerablemente mayor que la contribución observada hasta ahora.
Según esas expectativas, las ganancias se repartirían aproximadamente por igual entre un crecimiento más rápido de la producción y un crecimiento más lento del empleo. Se trata de una proyección empresarial, no de un resultado ya comprobado, por lo que su materialización dependerá de que las herramientas produzcan mejoras operativas que superen los costos de inversión y despliegue.
La distancia entre la estimación histórica de 0,5% en tres años y la expectativa de un impulso anual de 0,9 puntos porcentuales muestra cuánto podría cambiar el panorama si las previsiones se cumplen. También deja claro por qué el banco mantiene una evaluación prudente: los datos actuales registran una contribución limitada, mientras que la aceleración futura sigue dependiendo de resultados que las empresas todavía esperan alcanzar.
Por ahora, el caso británico ofrece una advertencia contra equiparar inversión tecnológica con productividad garantizada. El Banco de Inglaterra observa actividad económica alrededor del desarrollo de IA, un efecto laboral agregado casi nulo y algunos aumentos de costos, mientras la promesa de elevar de forma sostenida la producción por trabajador permanece como una expectativa empresarial para los próximos años.
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